Sostén YT

Sin duda, el sostén es una prenda con un significado político, cultural y emocional que ha renovado su connotación a través del tiempo. Comenzó como un símbolo de libertad al ser la alternativa al corsé a principios del siglo XX, pero luego tomó un tinte opresivo cuando comenzó la lucha del feminismo.

Para quienes nacieron con sexo femenino, da cuenta de la transición de niña a mujer. Sin embargo, para los transexuales puede tiene un significado totalmente distinto, que apunta más a la liberación y la honestidad con uno mismo en una faceta totalmente personal.

El sitio i-D conversó con tres transexuales que relataron su primera vez con un sostén.

1. Ruby Burns, co-fundadora del salón y spa Bachelorette Beauty Services: “Creo que para mí el primer brasier fue un momento de liberación. Fue un momento fuera del enfoque binario de géneros, un momento fuera de las normas de género y un momento de libertad”, cuenta.

Indica que esto “fue en secreto porque en ese entonces tenía una pareja y aún no le había hablado del asunto. ¡Ese bra era una mierda! Lo encontré en eBay, era como tres tallas más chico y el maldito se me encajaba”.

Además admite que “mi primer brasier fue de cierta forma como un primer paso en mi transición”.

Para Burns, se trató de una “iniciación privada, en la cual supe que estaba en camino de hacer más femeninas mi forma de sentir y de vestir”. Esto, sumado a que “los brasieres son prendas de ropa útiles en algunas ocasiones y para algunas personas; pero como artículos obligatorios sin más razón de ser que hacer ver al busto con buena forma o para ocultar los pezones, me parecen ridículos -más aún porque mis pechos en realidad no han cambiado, de alguna manera, ¿ahora son socialmente inapropiados?”.

“El capitalismo de alguna forma había facilitado particularmente esta opción de acentuar la feminidad”, añade.

Eso sí, cuenta que actualmente dejó de usar esta prenda: “ya no uso sostén porque las tetas pequeñas lucen mejor sin él”

2. Bailey, músico: “Mi primer brasier fue un top deportivo del Kmart. Entré, tomé el primero que vi de mi talla en color negro y me salí. No me lo probé; de hecho, pasó tiempo antes de que me diera cuenta de que la gente se probaba los brasieres”, recuerda.

Y reflexiona: “creo que en mi cabeza patéticamente había hecho esta relación: soy una chica y las chicas usan brasier, así que debo comprar uno. Y eso hice”.

3. Dakota, promotora: Gracias a la experiencia que sus hermanas tuvieron con diferentes tipos de sostenes, asegura que “tengo facilidad para recordar atuendos, así que ya tenía un catálogo mental de estilos de lencería que quería probarme y de lugares dónde conseguirla; pero esperaba que mi familia hubiera estado más involucrada”.

Respecto a la aceptación por parte de su familia de su transición, cuenta que ésta “permaneció en silencio durante gran parte de mi transición, en particular durante la parte física. Pienso que una cosa era escucharme hablar de mi transición y teorizar al respecto; pero ya verme con boobies y usando un vestido era algo muy distinto”.

“Como feminista me sentía un poco molesta conmigo misma por lo mucho que me importaba. (…) Yo quería con desesperación usar eso que todas las mujeres a mi alrededor había usado; quería ese sentido de comunidad que te da el hacer lo mismo que todos a tu alrededor están haciendo. De alguna manera me sentí como si finalmente me hubiera ʽunido al clubʼ”, remata.

Aclara también que “el feminismo les da a las mujeres el espacio y la oportunidad para hacer, decir y elegir lo que les parezca mejor sin ser juzgadas, sin sentirse avergonzadas y sin la necesidad de justificarse” (…). Sé que la gente que ve al feminismo desde una perspectiva tradicional me critica porque me encanta el maquillaje, el sexo y las compras; pero el feminismo justamente trata de contrarrestar la pretensión de decirle a las mujeres lo que es correcto para ellas según un marco social”.