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“Dejemos algo claro: No me podría importar menos si van a la universidad. De hecho, hay una parte de mí que espera cualquier cosa menos eso después de la secundaria. Personalmente, preferiría que agarraran una mochila e hicieran dedo hasta Siberia, iniciaran un negocio de jabones naturales, fueran de voluntarios a Haití, lo que sea”.

Así parte la carta abierta que la estadounidense Cathy Brown le escribió a su hijos, texto que ya se ya viralizado por todo el mundo.

La mujer les dice que su consejo parte de la raíz de que ella misma se reconoce como “una ex obsesionada con ser la más inteligente”. “Puede que lo encuentren difícil de imaginar ahora, pero en mis tiempos era una desagradable que lograba superar las expectativas y se decepcionaba profundamente si recibía cualquier cosa menos una A+ y una estrella dorada”.

“Fui a la universidad, conseguí ese papel, y les estoy diciendo de primera mano que no importa una mierda la educación que recibí respecto a mi potencial y valor para la sociedad”, afirma.

“La idea de que se inscriban, sólo “porque es lo que deben hacer, para pagar miles de dólares y esperar encajar en un sistema en que su educación está en los confines de una habitación me hace encogerme hasta mi núcleo”, agrega.

“Un lugar en que una pieza de papel y una fiesta al final se supone que deba hacerte sentir como que lograste “valer la pena”. Ustedes son más grandes que eso. Por favor reconozcan que sus oportunidades para educarse a sí mismos son absolutamente ilimitadas”, les aconseja.

Según prosigue, “fui a la universidad para hacer felices a mi papá y a mi mamá, para hacerles sentir que hicieron un buen trabajo criando una chica muy buena. Por favor no decidan ir a la universidad porque creen que me haría orgullosa o feliz. Ya estoy orgullosa”.

Cathy Brown llama a sus a hijos a probar, a equivocarse.

“Prueben. Vean cómo funciona para ustedes. No es necesario que funcione . Y si van, vayan sólo cuando estén listos y entusiasmados, sea eso a los 18, 25 o 53”.

Luego prosigue con su único de deseo para la educación de sus hijos es éste:

“Deseo que hagan cosas aparentemente irracionales pero llevadas adelante por la pasión, como tomar un vuelo a Perú para tratar de encontrar a ese tipo que conociste por 15 minutos en la ruta de bicicleta y al que no puedes sacar de tu cabeza. Espero que les rompan el corazón al menos una vez para que puedan saber qué tan grande es, y qué tan resiliente es”.

“Espero que se den cuenta de que hay un millón de maneras de apoyarse financieramente y que no les importe una mierda lo que piensen otros de sus opciones profesionales. Si criar cabras o ser un contador o vender cocos en la playa de Indonesia o ser una agente de bienes raíces les hace sentir felices de levantarse cada día para ir a trabajar, rock on. Espero que tengan el auto respeto y las pelotas para renunciar en el momento en que empiecen a sentir que se están muriendo dentro energéticamente”.

“Espero que aprendan no sólo a abrazar, sino celebrar y valorar la espontaneidad. Que hagan otras cosas en su vida por el sólo hecho de “¿Por qué diablos no?”, esa es una razón completamente válida”.

“Aprendan a no matar buenas ideas por pensar demasiado. Seriamente, siempre puedes dar la vuelta el auto y deducir dónde devolverte. No aumentemos el drama de la situación”.

“Deseo que se sientan perdidos y de verdad, de verdad, de verdad asustados e inseguros para que puedan llegar a la bella realización de que tienen el coraje de afrontarlo”.

“Espero que ganen mucho dinero y luego lo pierdan. Y luego descubran cómo ganarlo de nuevo, pero esta vez sabiendo que aunque el dinero hace las cosas más fáciles, no es tan todo poderoso como pensaban que era (…) Espero que nutran un amor por los libros – que lean no porque tienen, sino que quieren”.

Casi al final, les confiesa que “si pueden verdaderamente lograr completar esta lista, incluso parte de esta lista, en mis ojos son mejores que el 95% de la gente que termina en deudas universitarias por la oportunidad de un “mejor” futuro, un “mejor” sueldo, un “mejor” trabajo, más estabilidad, convenciéndose a sí mismos que de alguna forma son más inteligentes que el resto de las personas que no fueron a la universidad”.

“No busquen sólo ser inteligente por libros. No se atrapen en certificados o en lo que la sociedad les dice es lo “correcto”. Evolucionen. Sean fieros. Sean fascinantes. Sean un gran pensador fabuloso. Sean absurdos. Sean apasionados. Y por Dios, no lleguen al final de su vida sin historias que contar a sus nietos, de esas que ellos no puedan creer por lo extrañas que parecen. Sepan que hay gran valor, grandes lecciones, en solamente vivir una vida interesante y verdadera para uno mismo, sin importar qué camino te lleve abajo”, cierra.