El impactante testimonio de Iván Núñez sobre las mentiras de Rafael Garay

El periodista, examigo del ingeniero comercial, además de ser uno de los supuestos estafados, reveló cómo se dio cuenta que Rafael Garay se apropiaba de sus historias y las replicaba en entrevistas televisivas. Además, rememoró una agitada tarde en que el ahora prófugo de la justicia pasa por todos lo estados de ánimo y termina regalándole una colleras. “Estas colleras son de mi padre, son de zafiro, se las regaló Frank Sinatra”, le dijo.

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El periodista de Chilevisión y radio ADN, Iván Núñez, vuelve a hablar del caso del desaparecido ingeniero comercial, Rafael Garay, con quien compartió una amistad, además de ser una de las personas afectadas por la supuesta estafa. En esta oportunidad, el comunicador lo hace con el matinal de su casa televisiva. Núñez revela todas las mentiras que inventaba el ex candidato al Senado. Acá parte del testimonio.

“Efectivamente tengo una dualidad, soy su amigo, pero tambien soy víctima de la estafa que comete”, afirma el periodista antes de ahondar en cómo se forjó el lazo.

“Siempre nos quedábamos conversando despues de la radio (…) yo empecé a entrenar en su casa”, dice Núñez, que a fines de la semana pasada ya había hecho referencia a esos detalles.

Para Núñez, con todo lo que ha sucedido los últimos días, “es como tener la sensación que tú tienes al frente a una persona que jamás conociste”.

Luego, profiere el momento en que se enteró de la ahora dudosa enfermedad.

“A mí me contó telefónicamente, un par de días antes de esta publicación que hace en Facebook. Ahí me enteré yo, entonces, bueno naturalmente fue una situación traumática, fue portada de diarios, titulares de noticiarios. Entonces yo partí a su casa, naturalmente para saber cómo estaba, a hablar con él, él estaba desolado, al menos eso es lo que representaba, estar desolado. Tenía una convicción, y se la había dicho también a su abogado, cuestión que el abogado me confesó a mí, que él se iba a quitar la vida, él no estaba dispuesto a enfrentar un tratamiento médico que significara el encarnizamiento médico; es decir, si esto resultaba bien decía, que él no iba a querer terminar sus días postrado. Yo esa vez. en su casa, intenté convencerlo de que efectivamente había una mínima oportunidad de obtener buenos resultados médicos”.

“Ahí parte todo, ahí también me comenta que también iba a ser papá”, sostiene.

Consultado por si lo vio después de que declarara la supuesta enfermedad, Núñez responde: “lo vi muchas veces después de eso. Se cambia de casa. Se va a un departamento de La Dehesa. En una oportunidad lo vi, ingresó al baño, vomitó. No lo vi administrándose morfina, ni tampoco vi cambios físicos importantes en él”.

“Te garantizo que el está al tanto de todo lo que se dice, se escribe, de lo que se comenta de él, en los medios, en la redes sociales, él debe estar en una suerte de callejón, en algún momento él va a tener que enfrentar esta situación”.

Las mentiras

Luego de referir aspectos de la amistad y la enfermedad, Núñez destapa que en dos oportunidades sorprendió a Garay apropiándose, en entrevistas televisivas, de historias que él le había contado.

“Yo creo que sí tiene algún tipo de patología, no soy especialista y creo que por lo bajo tiene una cierta mitomanía y les quiero contar un par de antecedentes. Yo, muchas veces conversé con él, a propósito de los viajes que yo como periodista hago, ustedes han visto los despachos; terremotos, volcanes, conflictos armados, en fin. Y a él le llamó mucho la atención, una vez que estábamos entrenando, el viaje que yo hice a Libia, yo fui el primer periodista chileno que ingresó en medio de la guerra civil cuando estaba tratando de derrocar al dictador y le conté cómo entré; viajé por Egipto, ingresé a la frontera, tuvimos que sobornar a un militar, nuestro ingreso quedó registrado en un cuaderno y él me preguntaba detalles de ese viaje. y bueno, yo no veo todas las entrevista que él daba, pero hace poco escuché relatar su viaje a Libia que era el periplo que yo le había contado pero en la voz y figuración de él, no recuerdo en qué programa fue, pero ahí yo dije ‘espérate’…”

“Después otra, ese día que yo recuerdo que Rafa estaba con esa descompensación anímica, lo llama al teléfono, Martín Cárcamo, porque le iba a hacer una entrevista en ese minuto, en el departamento a Rafael. Entonces Rafael estaba absolutamente imposibilitado de hilvanar dos ideas, de tener un discurso estructurado, coherente, entonces yo tomo el teléfono, hablo con Martín, le digo ‘Martín, Rafa está súper mal, me parece que no es el momento de hacer la entrevista, yo te propongo, si a ti te parece, que la posterguen”.

Recuerda que la respuesta de Cárcamo fue positiva y que la entrevista se realizó con posterioridad. Ahora, este último fin de semana, vio parte de la conversación, momento en que Núñez -admite- queda para adentro.

“Cuento corto, él le hizo la entrevista días después, yo no la había visto, pero ahora el fin de semana empezó a aparecer Rafael Garay Fukushima,… bueno, si ustedes recurren al archivo de prensa, recordarán que nosotros, y digo nosotros porque no fui sólo yo, que llegamos primero a Tokio, producto del terremoto, el terremoto de Japón de 2011 estamos hablando, y nosotros llegando a Tokio, tomando un vehículo, nos fuimos directo hasta el pueblo de Fukushima, donde está la central que colapsó producto del maremoto. Y nosotros llegamos a 30 kilómetros de la central propiamente tal, porque había controles militares en todas partes, esto es igual que en la películas de Hollywood, tipos vestidos con esos trajes blancos enormes, y efectivamente no puedes pasar. Yo esa historia se la conté a Rafael, el camino a Fukushima, hay que tomar un desvío, si tú quieres ir a Sendai, que es lo que él describe que rescató a dos amigos, puedes seguir directo; de hecho, yo llegué a Sendai. Yo estuve en Sendai, yo me quedé incluso atrapado con bencina en Sendai (…) Entonces, él relata que tuvo que ingresar a la central, si esa cuestión… yo lo vi ayer o anteayer, para que ustedes se hagan una idea, nosotros cuando estuvimos en el pueblo de Fukushima y llegamos a 30 kilómetros de la planta nos bajamos dos personas, el camarógrafo, y yo, y al resto les pedimos que permanecieran con las ventanas abiertas, las puertas cerradas y nos miramos con Cristián y dijimos ‘cinco minutos’, teniendo super claro que había un peligro evidente. Entonces, yo me bajo cinco minutos, hacemos las imágenes, nos subimos al auto donde se produce un silencio sepulcral, donde tú dices ‘aquí evidentemente asumimos un riesgo’, pero bueno, uno a veces asume riesgos”.

“Entonces esta historia que yo también se la cuento a Rafael, después yo la veo en la entrevista que le hace, a la que el accede con Martín Cárcamo. Entonces yo digo, ‘pero si esa es mi historia’, pero además con un condimento que también es muy irracional, nadie en su sano juicio puede pensar que un civil va a pasar esa barreras de militares, va a ingresar a la central…, para que ustedes se hagan una idea, un presentador japonés hizo un reportaje para darle tranquilidad a la gente, tomó agua del pueblo Fukushima, y a esa persona le dio cáncer y falleció. Nosotros estuvimos en el pueblo y estuvimos a 30 km de la central y estuvimos en Sendai, para llegar allá tú no necesitas saltar como superman por la central nuclear, e ir a rescatar a esos amigos, entonces cuando yo veo esta cuestión dije… bueno, evidentemente acá hay una personalidad que por lo bajo es mitómano, pero también tiene una cuestión que es bien singular, un cierto tipo de psicopatía, yo ahí es lo que más me da susto, porque estuvo aquí, en mi casa, compartiendo con mis hijos, compartiendo con mi familia, de haber metido a mi casa a una persona que yo hoy día tampoco conozco nada. No se quién es, me tiene completamente perplejo, lo de la plata me duele, pero me duele infinitamente más el haberme equivocado tan groseramente con una persona”.

Como corolario, vuelve a recordar una tarde en que va a visitar a Garay y éste pasa por todos los estados de ánimo, llora, le pega, le dice que lo defraudará, le regala unas colleras, herencia de su padre.

“Estas colleras son de mi padre, son de zafiro, se las regaló Frank Sinatra. Entonces, yo dije no te preocupí Rafa, se las devolví, y me insistió, me insistió, la mujer miraba las colleras, que eran plástico, me insistió medio hora. Entonces ahí yo dije evidentemente está perdiendo el juicio”.

 

 

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