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Opinión

28 de Septiembre de 2016

Columna de Juan José Santos: Las siete diferencias

Que nos represente en Venecia un artista que nunca ha dejado de trabajar en el país, y que aborda un tema local, me parece más adecuado a que lo haga un artista que lleva fuera de Chile décadas y aborda una instalación sin ningún asidero para el público nacional.

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venecia

Recientemente un jurado internacional ha deliberado quién representará a Chile en la Bienal de Venecia. Bernardo Oyarzún, con un proyecto curado por Ticio Escobar. La instalación, titulada “Werken”, está compuesta por 1.500 máscaras araucanas y una pantalla que irá reproduciendo 6.906 apellidos mapuches. El proceso de selección ha sido ejemplar, y no sólo para Latinoamérica. La exposición elegida, al menos en el plano teórico, destaca por su idoneidad y contingencia. Hablamos de novedades, porque los trabajos seleccionados para Venecia en años anteriores no siempre fueron los más idóneos, y los trámites de elección no han sido, ni mucho menos, íntegros. Un ejercicio de contraste entre este último, y el peor de todos, el de Alfredo Jaar, muestra las evidencias. Juguemos a las siete diferencias:

1. El proceso de selección. En este caso, un jurado con miembros de prestigio como Cuauhtemoc Medina o Ivo Mesquita, analizaron, compartieron y decidieron al ganador convocado por concurso público. El único pero, que hubo poco tiempo entre la publicación de las bases y la entrega de ideas. En el caso de Alfredo Jaar, se seleccionó a un comité a puertas cerradas que estudió propuestas solicitadas a priori, pero se impuso a dicho comité, a última hora y desde fuera, el nombre de Jaar.

2. Se trata de una obra nueva. En el caso de Jaar, era una vuelta de tuerca de trabajos anteriores.

3. “Werken” habla de un problema chileno. Jaar (una maqueta de la Bienal de Venecia que se inundaba de agua, titulada “Venezia, Venezia”) hablaba de un asunto ajeno, ligado a la intrahistoria de la Bienal.

4. La honestidad en el tratamiento de las minorías. Bernardo Oyarzún lleva décadas trabajando con el tema indígena chileno (él mismo tiene antecedentes mapuches). En el trabajo de Alfredo Jaar no se hablaba de ninguna minoría, sin embargo, en su texto introductorio, decía que la obra hacía referencia a la falta de representación de países africanos en la Bienal. Es decir, su obra iba por un lado, y su reivindicación por otro. Por cierto, en su edición, el premio de la Bienal se lo llevó Angola.

5. Curador. En el caso del proyecto de Alfredo Jaar, y tras varias vicisitudes desagradables, se situó como curadora Madeleine Grynsztejn, que nunca ha trabajado en Chile. Oyarzún trabajó codo con codo junto con Ticio Escobar, quien no sólo ha trabajado en el país (Trienal de Chile), sino que lleva toda su vida dedicado a temáticas indígenas.

6. ¿En qué punto de la carrera del artista llega esta representación? En el caso de Jaar, estando en la cumbre a nivel internacional, sin necesidad de demostrar nada a nadie. En el caso de Bernardo Oyarzún, de trayectoria emergente a nivel internacional, esta responsabilidad es un estímulo para que su carrera dé un salto de prestigio.

7. Que un artista chileno de ascendencia mapuche, que nunca ha dejado de residir y de trabajar en el país, represente a Chile abordando una cuestión que incluso intramuros es poco y mal tratada, me parece más adecuado a que lo haga un artista que lleva fuera de Chile décadas y aborda una instalación sin ningún asidero para el público nacional. Obviamente el objetivo de uno es generar discurso y reflexión, y el del otro, ganar el León de Oro.

*Curador y crítico de arte.

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