Casa central PUC YT

Cuica “es la hueona que se quiere casar desde que nació, pero no tiene idea de por qué. Pesa dos kilos, estudia Comercial y no sabe por qué, y está buscando un gallo en Ingeniería para casarse. Se pone pantalones más sueltos que la chucha y esos zapatos zancos de este volao”.

Semanas atrás, en entrevista con La Tercera, así describía Bernardita Danús, creadora del blog “Polera de perro”, a la mujeres de la llamada cota mil, que por esas circunstancias geográficas bajan de sus barrios para ir a estudiar al Campus San Joaquín de la PUC, ubicado en Vicuña Mackenna, frente a la estación de la Línea 5 del Metro del mismo nombre.

Danús habla de las cuicas porque creció en ese mundo, estudió en el Villa María y es alumna de la Ponti, donde dice que abundan esas lais que quieren puro casarse y pesan dos kilos.

Hurgando en su blog, encontramos precisamente un post de la Bernie, en donde cuenta cómo es que dos cuicas, que histéricamente se mantiene flacas, hablan de las enjutas colaciones que engullen en los jardínes de la PUC.

“Era un día común y corriente en la universidad. Llegué primera a la sala de clases y me senté adelante. Mientras sacaba mi cuaderno y organizaba mis cosas se sientan dos mujeres cisgénero promedio PUC al lado mío. La clase tomó su curso normal: tomar apuntes, ver memes, comer chocolate, fingir que entiendo, y repetición. Repentinamente las dos amigas ya mencionadas comienzan a hablar. Llamémoslas Isi y Trini para simplificar. Isi abre la conversación hablando sobre su dieta”, presenta la bloguera. Lo que sigue, los cuenta así:

-Cacha mi almuerzo, estoy a dieta. – dice mientras saca de su bolso un pan integral de dimensiones 3x3cm con jamón de pavo y lechuga.

-¿Eso es jamón? – responde Trini con tono despectivo

-Sí…

-Pero el jamón no es sano.

-Pero es de pavo – afirma Isi asustada

Una pausa ocurre. Trini ríe sarcásticamente y con aires de superioridad dice:

-El jamón de pavo tampoco es sano, weona. Yo no como nada de eso. Mira, quiero que sepai que eso no te hace bien. Cómete tu pan, haz lo que querai, pero por último sabe que esa weá no es sana mientras te lo comís.

Isi calla, al parecer temerosa de las reveladoras palabras de su sabia compañera. Ambas continúan tomando apuntes. Unos minutos después, Isi finalmente se atreve a hablar:

-Pero el pan sí, ¿verdad?

-Sí, eso sí.

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