Finalmente pasó lo que tenía que pasar, porque en la vida rara vez no pasa lo que debe pasar. En fin, el gigantesco iceberg de 5.800 kilómetros cuadrados, que es algo así como diez veces la ciudad de Santiago, terminó por desprenderse de la Antártida y ya flota a la deriva por el océano.

Según recoge una publicación de El País, la monumental masa de hielo pesa un billón de toneladas y será bautizado como A68. Esto según la organización de científicos del proyecto Midas.

“Es uno de los mayores icebergs registrados y su futuro es difícil de predecir. Puede mantenerse como una sola pieza, pero es más plausible que se rompa en varios fragmentos. Una parte del hielo puede permanecer en la zona durante décadas, mientras que otras partes podrían ir a la deriva hacia el norte”, explica en un comunicado el glaciólogo Adrian Luckman, líder del citado proyecto Midas.

Pese al volumen del iceberg se dice que el nivel del mar no debería variar mayormente, pues es como un cubo de hielo ya presente en un vaso.

Los científicos calculan que el momento del desprendimiento se habría producido el lunes de esta semana.