A raíz del Caso Sophie, la lactante brutalmente asesinada por su padre en Puerto Montt el pasado 25 de enero, muchos chilenos han alzado la voz para pedir el regreso de la pena de muerte en el país.

Los partidarios de restablecer la medida apuntan que el progenitor de la menor, Francisco Ríos (26), merece pagar con la misma moneda el resultado de la violación y golpiza que habría propinado a Sophie.

Los detractores, en tanto, se rehúsan a esta idea por considerar que sería un retroceso volver a aplicar la pena de muerte a casi dos décadas de suspendida.

Con el debate instalado, The Clinic y el Doctor en Historia Moderna de Oxford, Alejandro San Francisco, revisan los momentos históricos de esta controversial medida.

“Es una pena tradicional que se aplicaba desde antes de la independencia y que se siguió aplicando después de 1810, y en algunos casos se usaban fórmulas que eran bastante regresivas desde el punto de vista humano, por ejemplo a una persona en los delitos de incendio se les metía en un saco junto con una culebra, un gato, un mono, era tortura y muerte a la vez”, afirma el profesional.

Guerra Civil 1891

“En la guerra de 1891 se enfrentaron los Balmacedistas con los antibalmacedistas, en la parte final del conflicto, un grupo de opositores al Gobiernos estaba en el Fundo de Lo Cañas, preparando un acto de sabotaje; al ser descubiertos, fueron sometidos a proceso de sumario y como resultado fueron ejecutados en menos de 24 horas, al menos un par de decenas de personas, entre ellos trabajadores del campo y jóvenes de altos sectores, esto es conocido como la matanza de Lo Cañas”, relata San Francisco.

“Luego de ser ejecutados, varios de los cuerpos fueron incinerados, con el drama de que a los pocos días se acabó la guerra, pero esta sanción es irreversible”, prosigue el historiador. “Este es un tipo de pena de muerte curiosa, porque sigue vigente en Chile, en caso de guerra, si se puede ejecutar”, complementa.

El Chacal de Nahueltoro

Uno de los casos emblemáticos sobre pena de muerte en Chile durante el siglo XX, fue el del Chacal de Nahueltoro, quien en 1960 mató a su pareja Rosa Rivas y a las cinco hijas de esta.

“Después que se supo el delito y que la persona confesó, finalmente él se arrepintió y aprendió a leer en la cárcel y se dio cuenta de que lo que había hecho era inaceptable, pero cuando ya se había como reinsertado de alguna manera, se le aplicó la pena de muerte igual”, explica el profesional, junto con recordar que este hecho causó mucha controversia en la época.

En el libro El último suplicio de Antonio Correa, se ahonda en el caso Jorge del Carmen Valenzuela –verdadero nombre del Chacal-, quien “estaba destinado a ser una persona ignorada en la historia de Chile, un hombre marginal, sin trabajo fijo, alcohólico, indeseable, pero su condena se transformó en un caso de proyección nacional, que excedió ampliamente la importancia que habían tenido los numerosos fusilamientos de criminales ocurridos con anterioridad”.

“El crimen fue feroz, no solo por involucrar a cinco menores, sino por algunos datos que extremaban la violencia: por ejemplo, que la más pequeña de las hijas fue pisoteada por Valenzuela. Luego el autor de los hechos cubrió el cuerpo con piedras y se fue del lugar.” narra el libro. En la cárcel y con la ayuda de un sacerdote, el Chacal “se convirtió en persona”.

“Me despido de la prensa y también le ruego que ayuden a madre, y que nunca más vuelva a suceder lo que me pasó a mí”, fueron las últimas palabras de Jorge del Carmen Valenzuela, publicada Las Últimas Noticias, el 30 de abril de 1963; ese mismo día, a las 7:22 horas, en la cárcel de Chillán, fue fusilado.

Esta trágica historia fue llevada al cine, de la mano de Miguel Litin, quien en 1968 declaró para la revista chilena de cine Ecrán que “hay que ir a Nahueltoro o San Fabián de Alico para saber que el medio puedo ser condicionamiento de para la muerte. Aquí matar a una o seis personas no es cuestión de moral, es cuestión de oportunidad. Y todos somos culpables y responsables de que esta realidad exista”.

“Luego de este suceso, la pena de muerte se siguió aplicando entre las décadas del 70 y 80, en algunos casos emblemáticos y después se produjo una cuestión curiosa, porque cuando les llegaba los casos de pena de muerte a gobernantes como Eduardo Frei, él señalaba que los iba a meditar, los evaluaba y finalmente decretaba el indulto, porque a su juicio no debía existir la pena de muerte. Esto refleja que era una norma en desuso porque el derecho internacional estaba eliminando esta práctica”, explica San Francisco.

Últimos fusilamientos

Hay dos casos que volvieron a estremecer Chile y concluyeron con la pena de muerte. En 1982 dos pelotones ejecutaron a dos exfuncionarios de la Central Nacional de Informaciones (CNI), en Calama. Los sentenciados habían robado 45 millones de pesos a un Banco del Estado en Chuquicamata, además de haber asesinado a un agente y al cajero de la sucursal.

El otro caso, es el de los psicópatas de Viña del Mar, Jorge Sagredo Pizarro y Carlos Topp Collins, ambos excarabineros, ejecutados en Quillota en enero de 1985, por haber cometido 4 violaciones y 10 asesinatos.

La Derogación

La pena de muerte fue derogada en 2001 por Ley Nº 19.734, durante el gobierno de Ricardo Lagos Escobar. Las razones según el historiador, son “la evolución de la doctrina de los derechos humanos, que indica que la sociedad no puede matar a uno de sus miembros, lo segundo, es que mirando los países que ejercen la pena de muerte, podemos ver que el efecto disuasivo que esta tiene, no es muy significativo y lo último, es que la norma en Chile fue cayendo en desuso”.

En cuanto a la restauración de la pena de muerte, Alejandro cree que “es difícil revertir una norma así, pero es probable que esto se siga discutiendo, porque la discusión recién está empezando”. “Como la opinión pública está bastante favorable a la pena de muerte, algunos dirigentes políticos van a querer participar entre los que son partidarios de que esta vuelva, movidos por populismo, convicciones personales y por la gravedad de las situaciones que han ocurrido”, agrega.

Consultado por su postura sobre el castigo capital, el Doctor en Historia Moderna respondió que “a título personal, soy contrario a la pena de muerte en cualquiera de los casos que se están evaluando”.