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Nacional

4 de agosto de 2022

Nayib Bukele: El autoritario presidente de El Salvador que idolatra Gaspar Rivas y que es acusado de «masivas» violaciones a los derechos humanos

Agencia UNO / Nayib Bukele en Twitter

El parlamentario del PDG se autodenominó como el «Bukele chileno», alabando las políticas de seguridad del mandatario salvadoreño. Medidas que, sin embargo, han sido ampliamente criticadas por la comunidad internacional.

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La jornada de este miércoles 3 de julio, el diputado del Partido de la Gente, Gaspar Rivas, anunció que presentará una serie de proyectos para aumentar las medidas cautelares a imputados por delitos violentos. En una extravagante conferencia de prensa, el parlamentario se autodenominó como el «Bukele chileno, el comisario contra las lacras asquerosas que inundan de drogas a nuestros jóvenes, a quienes la izquierda tiene el desparpajo de defender».

Esto, haciendo referencia al presidente de El Salvador, Nayib Bukele. Un personaje controvertido, que desde que asumió en 2019 centró el trabajo de su gobierno en el combate a las pandillas y el crimen organizado. Un objetivo que le ha otorgado una gran popularidad en su país, pero por el cuál es acusado como el responsable de una «crisis de derechos humanos».

En la sesión realizada este miércoles 3 de agosto en la Cámara de Diputadas y Diputados para discutir el compromiso gubernamental con la labor que desempeñan fuerzas de orden y seguridad pública, el parlamentario sostuvo que «cuando la gente grita en la calle que está aburrida de la delincuencia y quiere mano dura, aparecen infaltablemente los derechohumanistas de izquierda, a defenderle los derechos humanos a los delincuentes».

«Yo les quiero recordar que para ser titular de derechos humanos, primero hay que calificar como ser humano. Y los delincuentes no son humanos, son lacras con forma humana», sostuvo en su intervención en sala», continuó. Todo esto después de presentarse como «Comisario Gaspar Bukele Rivas».

Pero, ¿quién es realmente el ídolo de Rivas? ¿Por qué Nayib Bukele es tildado de dictador y autoritario? Aquí te contamos algunas claves de su gestión para entender la figura del controversial mandatario salvadoreño.

Sin color político

Nayib Bukele asumió la presidencia de El Salvador el 1 de junio de 2019. El empresario de origen pelestino llegó al poder con 37 años, siendo por ese entonces uno de los presidentes más jovenes del mundo entero. Con una carrera ligada al marketing y la publicidad, su figura pública se ha potenciado mucho por el uso de redes sociales. Varios de sus anuncios oficiales, de hecho, han sido a través de Twitter. Tal como cuando semanas antes de asumir, informó a sus ministros por esa plataforma.

En general, sus verdaderas inclinaciones políticas no son muy conocidas. En el pasado fue alcalde dos veces como miembro del partido izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. De esa colectividad salió por discrepancias internas, y se posicionó como líder del movimiento Nuevas Ideas. Sin embargo, no pudo ser candidato representando a ese grupo porque no alcanzó a ser partido político y terminó postulando con el apoyo de la Gran Alianza por la Unidad Nacional. Pacto con una tendencia conservadora y que lo llevó al triunfo de la elección presidencial bajo el lema «El dinero alcanza cuando nadie roba».

Plan de Control Territorial y pandemia

Una de sus puntas de lanza de su gobierno, fue el impulso de un Plan de Control Territorial, medida con la que buscaba combatir a «las maras». Estas organizaciones de crimen organizado tenían hace décadas a El Salvador sumido en una crisis de violencia, y Bukele ocupó todas las herramientas que tenía para derrotar a estas pandillas.

Así, presentó un controvertido plan de seguridad que llevó a cabo bajo altísimas presiones al poder legislativo. De hecho, en febrero de 2020 llegó hasta la Asamblea Legislativa acompañado de militares, para presionar al Congreso en la aprobación del financiamiento a sus proyectos. Aquel hecho fue conocido como «Bukelazo».

Posteriormente, con la llegada de la pandemia, se abrió otro flanco de conflicto. Bukele interpuso respuestas muy estrictas ante el coronavirus. Policías y militares detuvieron a miles de personas por incumplir las cuarentenas, encerrándolos en centros de detención con mínimas condiciones de salubridad.

La Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema frenó estas detenciones, acusándolas de «arbitrarias», lo que elevó la tensión entre la relación del poder Ejecutivo y Judicial.

Triunfo en elecciones y pérdida de contrapeso

En marzo de 2021, Nuevas Ideas -que ya era partido político- arrasó en las elecciones de la Asamblea Legislativa. Bukele obtuvo el poder en ese órgano, donde antes no tenía represetación y significaba un contrapeso a su influencia.

De esta forma, podría aprobar sus leyes y presupuestos, ni necesitar el apoyo de la oposición. Fue así como el Congreso salvadoreño, en su ceremonia de instalación que se realizó el 1 de mayo de ese año, tomó la decisión de destituir a los magistrados de la Sala de lo Constitucional -máximo órgano judicial del país- y al fiscal general. Se acusó que este hecho correspondía a un «golpe a la democracia», pero Bukele defendió el actuar de la asamblea. Además, en septiembre volvió a impactar en el poder judicial. Su asamblea reformó la Ley de Carrera Judicial, para así jubilar a un tercio de los 690 jueves del país y a decenas de fiscales.

Todas estas acciones, desde la oposición, han acusado que genera una acumulación de poder en su figura.

Bitcoin como moneda oficial

Por ese tiempo, también en septiembre de 2021, El Salvador se convirtió en el primer país del mundo en adoptar el Bitcoin como moneda de curso legal. De esa forma, empresas y negocios salvadoreños quedaron obligados, en la medida de lo posible, a aceptar la controvertida divisa digital como forma de pago.

Además, durante el primer semestre Bukele se ha concentrado en adquirir más y más bitcoins, confiando en que su país liderará una revolución financiera. De hecho, en julio El Salvador compró 1,5 millones de dólares en la moneda cibernética, lo que econonomistas a nivel mundial consideran un riesgo implacable.

Esto porque últimamente el valor de la moneda se ha depreciado muchísimo. Bukele recientemente no logró recaudar fondos de nuevos inversores en criptodivisas, con lo que provocó un desplome de su uso en el país.

Estado de excepción y violaciones a derechos humanos

Continuando con sus medidas en pro de la seguridad en El Salvador, Bukele decretó un régimen de excepción el 27 de marzo tras un incremento en homicidios cometidos por pandillas que dejó 87 víctimas. La Asamblea Legislativa apoyó esta decisión y aprobó la suspensión de algunas garantías constitucionales para darle poderes especiales al Ejecutivo.

Un período donde, según Amnistía Internacional denunció el 2 de junio, las autoridades salvadoreñas han cometido violaciones masivas de derechos humanos. «Entre ellas miles de detenciones arbitrarias y violaciones al debido proceso, así como tortura y malos tratos, y al menos 18 personas han muerto bajo tutela del Estado», comunicaron como resultado de una investigación llevada a cabo en ese país.

Sin embargo, este miércoles 3 de julio, Bukele sostuvo que El Salvador pasó de ser «el país más seguro del mundo, al país más seguro de América Latina».

«Aunque algunos gobiernos y ONG nos exigen proteger a los pandilleros,nosotros estamos para proteger a la población honrada, que por primera vez en décadas puede sentir lo que significa vivir verdaderamente en paz (…) quien salva un lobo, sacrifica a las ovejas», señaló.

A pesar de que sus medidas han dado resultado, la comunidad internacional denunció que muchas detenciones arbitrarias ocurren sin garantías de un juicio justo. Vulnerando así los derechos humanos de la población. Encarcelando durante su gestión a más de 60 mil personas, que hoy se encuentran hacinadas en las cárceles.

De hecho, el Mandatario ordenó hace unas semanas la construcción de un mega centro penitenciario exclusivamente para encerrar 40 mil pandilleros.

Es así como el diputado Rivas imita a Bukele, quien se ha denominado en Twitter como «el dictador más cool del mundo mundial». El parlamentario del PDG pretende instalar una fuerte agenda antidelincuencia -que incluye la pena de muerte- para resolver los problemas de seguridad en Chile.

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