Un mes ya fuera del segundo piso. Se han pasado volando estas primeras cuatro semanas, viejito. Si así transcurre el tiempo pues, uno no se da ni cuenta cuando ya pasaron cuatro años y no hiciste la nueva Constitución que prometiste, no reformaste el sistema de pensiones ni creaste la AFP estatal, no acabaste con el CAE, no cerraste Punta Peuco y no dejaste bien amarrada la ley para prohibir terminantemente el lucro en la educación superior. No es culpa del gobierno de Michelle “The Queen” Bachelet, es que a veces simplemente no hay tiempo para hacer las cosas; el período presidencial de cuatro años es muy corto, deberíamos volver a los decenios. Pero los chiquillos ultrones de moledera no entienden los tiempos de la política, ellos lo quieren todo ahora y no aceptan un “no” por respuesta. Es que sus papás nunca les pusieron límites. Ellos no vivieron nuestros tiempos difíciles, Boric y Jackson no cargaron con derrotar a la dictadura con un lápiz y un papel ni tuvieron que ir al colegio con chalas y sin cuadernos, consiguiéndose hojitas con sus compañeros para escribir; porque Chile era un país pobrísimo. Bueno, a mí tampoco me tocó, pero de seguro a los hijos de mi nana de niño sí. Anyway.

Comenzaron por fin las vacaciones. Obligadas, claro. Gente malagradecida que no votó por nuestro gran candidato: Guillermo… ¿Alejandro? Bueno, como sea que se llamara. ¿Todavía es senador? A quién le importa en realidad. Me ha sido difícil acostumbrarme a este ritmo más cansino en Inacción Consultores. Y si bien todavía prestamos asesoría a este Gobierno, lo he tenido que hacer con otra razón social. Es que los “compañeros” son muy re peladores, pues. Mire que reclaman contra el doctor Accorsi por seguir siendo asesor del Ministerio de Salud luego de su fallida candidatura por el distrito 11. ¿De qué va a vivir el pobre Enrique? ¿Acaso quieren que se quede en la calle o durmiendo bajo un puente? Si lo que uno busca es el chequ… digo que a Chile le vaya bien, no importa quién sea Presidente. Además, después de tantos años trabajando en el Estado uno no sólo siente nostalgia, sino que no sabe bien qué más hacer. Yo todas las noches despierto agitado por una pesadilla donde me grita Mahmud Aleuy. ¡Esto es como el Síndrome de Vietnam, viejito! Les decía que me ha sido difícil enfrentar este descenso del ritmo del trabajo en mi consultora. El otro día mandé a Miguel, el junior, a repartir sobres vacíos. Para que no pierda la costumbre de hacer trámites, si a estos chascones egresados de filosofía de la Usach uno tiene que enseñarle el rigor del trabajo y el ser útiles para la sociedad. ¡María, venga a buscarme las pantuflas! Tampoco uno puede relajarse con estas nanas peruanas. Ay, Sofi, da igual si la María es del Perú o de Arica, eso no es importante, no sea xenófoba. Además Arica fue de Perú, así que da lo mismo, a esta gente no le importa que uno los confunda, si de Antofagasta hacia el norte son todos igualitos, como del Medioevo… medio Evo Morales. Es un chiste, Sofi, un chiste. Si no lleváramos tantos años casados pensaría que el exceso de Clonazepam le está pasando la cuenta.
Pero no todo es tan malo. Dentro de lo bueno está que estas semanas he podido experimentar emociones que antes nunca me atreví. Por ejemplo, me inscribí en un club de trekking, para sentir lo mismo que Fidel y el “Che” Guevara cuando cruzaban Sierra Maestra liberando al pueblo cubano. Las puras zapatillas Merrell me costaron 300 lucas. ¡Qué caro era ser guerrillero, viejito!