Columna: Un nuevo proyecto educativo necesita del feminismo

En estas últimas semanas el movimiento estudiantil ha vuelto a levantarse, a raíz del destape de diversos casos de violencia de género en las instituciones educativas. Universidades como la PUCV, la Austral, la Católica de Temuco, la UTEM, la Universidad de Chile, entre otras, han comenzado paros y tomas, dando cuenta de la insuficiente respuesta que existe desde la institucionalidad con respecto de estas problemáticas y la necesidad urgente de una educación feminista.

La lucha por la educación no sexista se empieza a instalar en nuestros espacios educativos a través de la creación de secretarías y vocalías de género, que de manera autogestionada comienzan a cuestionarse la situación de precarización y violencia que vivían tanto estudiantes como trabajadoras de la educación y la reproducción de los roles de género producida en las instituciones educativas.

La división de roles que constituyen lo masculino y lo femenino es manifestación de un problema mucho mayor, que los diversos movimientos feministas en distintas épocas lo han identificado como la división sexual del trabajo. Esto se expresa en que desde pequeñas nos educan para aceptar la violencia, la dependencia y la subordinación, que hay cosas que son de niños/hombres y otras de niñas/mujeres sin contarnos que esas cosas, que son consideradas como naturalmente femeninas son las menos valoradas social, cultural y económicamente.

Estos roles de género se extienden también a la educación primaria y secundaria, donde toda la construcción del currículum educativo (que establece qué sociedad vamos a educar y con ello, construir), está hecha para replicar una fábrica de sumisión y precarización de lo femenino, acentuando la división sexual del trabajo dentro de los establecimientos educacionales, lo que se conoce más precisamente como currículum oculto: todas aquellas prácticas sociales y culturales que pasan dentro de las instituciones educativas y que presentan a los personajes masculinos vinculados al ejercicio del liderazgo y autosuficiencia, mientras que los personajes femeninos se focalizan en elementos emocionales, de cuidado y protección, excluidos del reconocimiento de lo público. En este contexto, las aulas están asociadas a lo privado (crianza y cuidado) donde enseñan principal y mayormente mujeres, siendo casi la totalidad en la educación parvularia, mientras que lo público, que está asociado a la autoridad mediante puestos de directores, jefaturas e inspectores están ocupados, principalmente, por hombres. El currículum oculto no es solo lo que se enseña, sino cómo se enseña y para qué se enseña.

Avanzando en nuestra formación, en la educación técnica y superior la división sexual del trabajo se consolida y se fortalece con la mercantilización de la educación: “las mujeres se concentran en carreras que implican cuidados de otras personas y son las menos remuneradas, como pedagogía básica (85%) y enfermería (82%), mientras ellos lideran áreas creativas, como ingeniería mecánica (93%) o electrónica (92%)”. Las carreras más caras, que tienen las facultades con más recursos y consecuencialmente profesiones mejor remuneradas, asociadas al éxito y reconocimiento social se vinculan a lo masculino, como es el área de ingenierías y tecnología, teniendo las mujeres que tomar
características asociadas a la masculinidad (competitividad, individualidad, meritocracia) para poder destacar en las disciplinas que se consideran propias de los hombres, en caso de no optar por una carrera feminizada. Es aquí, donde creemos que el cambio en nuestro sistema educativo, que es necesario y urgente, debe ser estructural y en todos sus niveles.

En este sentido, toda la lucha anterior del movimiento estudiantil contra la mercantilización de la educación para conquistar la educación pública como derecho social, está completamente vinculada con la lucha actual por la educación no sexista (demanda que no es nueva puesto que ya fue planteada por el movimiento feminista en el año 2014, en el Congreso de Educación no sexista). El voucher de gratuidad de que nos dejó el legado de Bachelet, y que busca profundizar la Derecha, impide que las instituciones enfrenten de forma estructural la violencia hacia las mujeres, ya que perpetúa el mercado educativo sexista que refuerza lo femenino como sinónimo de desigualdad, precarización y subordinación y lo masculino como poder, lo que legitima la naturalización de violencia de género.
Por ello, debemos avanzar en un petitorio que aborde de manera estructural la violencia hacia las mujeres y la reproducción de roles para avanzar hacia una educación feminista:

1. Protocolos efectivos contra el acoso y violencia sexual para todas las universidades e instituciones educacionales. Esto implica un reajuste a las normativas internas de cada institución como a aquellas a nivel legal, para una respuesta efectiva de regulación de las relaciones de la comunidad universitaria, que no termine en letra muerta al momento de su aplicación, como ha sucedido en algunos planteles educacionales.

2. Formación en género para las y los académicos de las universidades e instituciones educacionales.

3. Restructuración de las mallas curriculares y currículum educativo, mediante cursos obligatorios de formación en género que busquen no reproducir los roles femeninos y masculinos.

4. Educación sexual integral, libre de prejuicios y que eduque para el ejercicio informado e igualitario de los derechos sexuales y reproductivos.

5. Financiamiento basal y directo a las universidades públicas que permitan realizar estos cambios estructurales, sino las facultades con carreras feminizadas, a las cuales el mercado precariza, deberán mantener su funcionamiento actual, reafirmando con ello la desigualdad de género.

6. Prohibición del lucro en todo el sistema educativo, puesto que las carreras masculinas al ser las más valoradas en el mercado son las que generan más lucro para los empresarios de la educación y con ello, reproducción de la preponderancia masculina en la sociedad.

El conflicto educacional, por tanto, no ha sido resuelto. La lucha estudiantil de ayer es parte de la lucha estudiantil de hoy. La educación de mercado necesita del patriarcado para consagrar su modelo educativo, donde la violencia y la precarización de nuestras vidas es la regla. El movimiento estudiantil, y en particular el movimiento feminista, en unidad nacional, debe demostrar que está más vivo que nunca, donde nuestras voces como mujeres son centralidad y conducción. Luchar contra el acoso y la violencia hacia nuestras vidas y cuerpos es luchar contra la educación de mercado sexista que nos educa para obedecer, aceptar la violencia y la desigualdad.

Si el mercado educativo necesita del patriarcado, la nueva educación pública necesita del feminismo. Por esta razón el llamado es a movilizarnos en todo Chile. Nos vemos en las calles este 16 de mayo.

Valeria Verdejo. Secretaria General Federación de Estudiantes Universidad de Valparaíso.
Catalina Castillo. Vicepresidenta de la Federación de Estudiantes de la Pontificia Universidad
Católica de Valparaíso.
Emilia Schneider. Vocera de la Toma Feminista de la Facultad de Derecho U. de Chile y Consejera
FECH.
Daniela Lafferte. Presidenta Federación Universidad Católica del Norte.
Krishna Escovedo. Vocera Coordinadora de Estudiantes Secundarios Viña del Mar y Valparaíso.
Valentina Gatica, Presidenta de la Federación de la Universidad Austral de Chile.
Fernanda Contreras, Coordinadora de la Federación de Estudiantes Secundarios de Aysén.

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