Una emotiva despedida fue la que realizaron la apoderada Frances Seelenberger y su hijo, Nicolás, dirigida a la joven estudiante del Nido de Águilas, Katherine Winter, quien fue encontrada muerta en un Starbucks.

Según consigna La Tercera, Seelenberger escribió en su cuenta de Facebook una carta en la que expone que se siente “con un nudo en la garganta y con el corazón apretado”.

Su sentido escrito es el siguiente:

“A la Leli la conocí hace muchos años, cuando bailábamos juntas en una academia de danza. Me acuerdo que llegaba a clases en la mañana muy cansada, porque la noche anterior se había acostado tarde. ¿Por qué? Porque la Katy, siendo muy pequeña, tenía ensayos de lunes a domingo para la obra ‘La Novicia Rebelde’. Así era ella: una madre abnegada, orgullosa, con un babero, que se desvivía por su hija y por cumplir sus sueños. Katy era una niña excepcional. Tenía muchos talentos y virtudes. Era cantante, actriz, intérprete, compositora y tocaba guitarra. Era linda y armoniosa. Buena alumna y sociable. Le gustaba salir, hacer cosas, inventar planes y proyectos. Cuando algo se le ponía entre ceja y ceja… hacia allá dirigía toda su energía, para obtener finalmente lo que se había propuesto. Siempre fashion y de vanguardia. Nada al azar. Todo en orden y bajo control. De sonrisa fácil y sonora. Una sonrisa adornada por dos margaritas que se marcaban claramente en su rostro. Fanática de Taylor Swift desde que la conozco. Dulce, amorosa, de buen corazón. Y amiga de mi hijo Nico”.

Por su lado, su hijo Nicolás hizo lo propia al afirmar que “recuerdo a la Katy con una sonrisa de oreja a oreja todas las mañanas. Los dos llegábamos temprano y nos juntábamos en la biblioteca a conversar sobre lo que se nos ocurriera. Conversar con ella era muy fácil. Era risueña, mañosa, chistosa y con una risa súper contagiosa que se escuchaba a metros de distancia. Tenía un polerón rosado flúor regalón y unas zapatillas con taco para no verse baja, y siempre alegaba de lo incómodas que eran. Cuando compraba almuerzo en el colegio, pedía un aliado con doble queso y sin jamón, porque era vegetariana”.

Añadió que a ella “le gustaba ir al McDonald’s y pedir sólo papas fritas. Nos reíamos porque cuando caminábamos desde el colegio hasta el Portal, ella daba pasos de guagüita y había que esperarla. Una vez fuimos a almorzar y se ofendió porque le ofrecieron menú de niños. Cuando tenía frío, le sacaba el polerón a cualquiera y le quedaba hasta las rodillas. Para los asados, siempre estábamos pendientes de tenerle hamburguesas vegetarianas, porque ella también se preocupaba de regalonearnos a nosotros”.

En otros pasajes, recuerda que “una vez que fuimos al cine y ella quiso ir después al Johnny Rockets, y le dijimos que no podíamos porque ya no nos quedaba plata. La Katy nos dijo que no nos preocupáramos y nos invitó a la Nao, a Frank y a mí. En señal de agradecimiento, le pedimos al mozo que le regalara un postre porque había sido una excelente amiga… y le llegó un helado de vainilla gratis que compartió con todos”.

A renglón seguido, apuntó que “ella odiaba la música que yo escuchaba porque teníamos gustos distintos. Todas las mañanas me sacaba mis audífonos para oír mi música y luego decirme que era pésima. Ese era uno de sus placeres. La recuerdo echando su perfume ‘Pink’ cada vez que sentía mal olor en cualquier parte: en clases, en el gimnasio o donde fuera, y todos quedábamos con olor a Katy. Siempre estaba dispuesta a escuchar, y ayudaba a todo el que lo necesitara. Jamás criticaba ni hablaba mal de los demás”.

“Pero lo más importante es que siempre se preocupaba del resto y brindaba alegría a nuestras vidas. De hecho, ella se adaptaba a cualquier ambiente y era querida por todos. Tenía un carisma especial. Era una excelente persona y una gran amiga. Ella estará siempre en mi corazón”, sentenció.