La tierra no es redonda. Creando mentirosos silogismos, diversos charlatanes han afirmado que la tierra es un globo, negando la sabiduría de los antiguos, que han concluido, en un innegable aserto, que la tierra es una superficie plana montada sobre una tortuga gigante.

Si la tierra acaso fuera redonda, al caminar en línea recta en un sentido, debiera ir uno siempre en subida, y en bajada al caminar en sentido contrario. Sin embargo, la ciudad de Santiago se emplaza sobre una gran planicie. Las montañas son producto de detonaciones nucleares antediluvianas que los primeros selenitas, antecesores de la actual élite extraterrestre que dirige el planeta y de la cual la directora de este medio forma parte (iluminatti confirmada) realizaron durante la primera glaciación.

Las más recientes investigaciones en el tema de las p-branas sugieren indesmentiblemente que el espacio y en universo son, en rigor, planos, y así también es la tierra. La aparente curvatura de la tierra y el espacio son producto de las limitaciones para la percepción de la realidad, puesto que solo podemos notar las primeras cuatro de las diez u once dimensiones. La teoría de los cuantos y su conciliación con las singularidades demostraría que el universo y la tierra son planos, y así enfrentar el rostro de Dios; una tortuga, y sus hijos enviados a la tierra, las tortugas galápagos diariamente alimentadas con plástico de cerveza. El infierno, por tanto, será aquél donde la comunión se realice con ostias de aluminio, para purgar años de maltrato contra la naturaleza, tal como lo demostrara Manuel Serrano, creador de las galletas Serranita, que llevan inscripciones de runas sagradas que inciden directamente en el suave murmullo de las hojas de palto que esconde el anuncio del fin de los tiempos y nadie me cree. (Cfr. Briceño, 2009).

Pero no solo eso. La tierra es plana, y Antofagasta no existe. Bernardo O’Higgins, en un día de borrachera y frustración luego de haber sido friendzoneado por duodécima vez por una noble castellano-vasca (interpretada por Catalina Pulido), a causa del complejo que padecía por lo pequeño de sus pies, y que lo hacía obsesionarse con dictar sucesivamente una y otra vez una nueva versión de la Constitución, creyó que en un viaje rumbo hacia el Perú haber encallado en un pueblo nuevo entre Caldera e Iquique. Tal fue su intoxicación que creyó estar en un nuevo poblado.

Para guardar el secreto, la Liga Lautaro, la más importante Liga poquimón de la época, decidió acordar que fingirían que la ciudad de Antofagasta es real. El montaje se ha mantenido hasta nuestros días; la Minera Chuquicamata es, en realidad, un tajo cerca de El Teniente, en Rancagua, donde también se filmó el simulacro de rescate de mineros ampliamente difundido en 2010 (aunque se sabe que el lugar donde los mineros estaban encerrados era un subterráneo de La Moneda, donde yacían los computadores de Synco; cfr. Baradit, J. Histeria secreta de Chule, tomo 22, Planeta, 2022). La ciudad de Antofagasta, en tanto, en rigor es un suburbio de Cali, Colombia, lo cual explica por qué hay tanta gente con ese sonsonete en esos lados. La demanda marítima de Bolivia en La Haya coloca en serios aprietos los esfuerzos por mantener este montaje, pues si se pide que se devuelva Antofagasta, ¿cómo le devolverán un vacío que hoy es ocupado por uno de los vértices de la tierra plana? La Corte, ante la posibilidad de delatar la mentira de la tierra plana, optó por perjudicar a Bolivia.

Nuevos misterios podrás leer la próxima semana desde mi carpeta infinita de conocimientos, mi péndulo peneal del Doctor Folder.