Columna de Santiago Ortúzar: El sueño de los justos

Aunque se trate de un gesto controvertido, estos personajes parecieran tener poco interés en la viabilidad política de su registro. La experiencia en Educación es prueba del fracaso de esa tesis. ¿Pensarán que de esa manera contribuyen a hacer creíble una agenda social para combatir la vulnerabilidad, especialmente, la de un gobierno de derecha?

Existe un tipo de personaje en los círculos de derecha que merece ser comentado. Cada cierto tiempo escuchamos su discurso, cuyo ejemplo más gráfico es la famosa y desafortunada frase del “bingo” del ex ministro de Educación, Gerardo Varela.

¿Qué fue lo polémico de la frase del “bingo”? Se trata de “bajarle el perfil”, mediante el sarcasmo, a una situación de vulnerabilidad (escolares que estudian en colegios sin techo) y reducirla a sus aspectos positivos (el involucramiento de la comunidad educativa en el cuidado de un colegio). No se trata de un llamado a ver el “vaso medio lleno”, porque el tono sarcástico niega la relevancia de la dimensión vulnerable; le quita toda validez y pertinencia. Solo pretende “bajarle el perfil” a lo que se experimenta, y por tanta gente, como precariedad, revelando cierta displicencia. Y aunque la condena pública suele ser inmediata, eso no parece tener mayor efecto en su forma de aproximarse al fenómeno.

¿Cómo explicar la actitud de estas figuras?

Sin ningún afán de “etiquetar” a todas las personas de derecha, es importante describir esta tendencia arraigada y que se expresa con cierta persistencia en determinados círculos. En algunos de estos grupos, estos personajes polémicos no generan rechazo; al contrario, no sólo son defendidos –como si la polémica en torno a ellas se tratara de un malentendido–, sino celebrados. ¿Por qué? Porque están dando la pelea, porque “dicen las cosas como son”. No le tienen miedo a la incorrección política. En esos ambientes, la percepción común es que el conflicto se produce porque la izquierda lo instiga (mediante el “odio” o el “resentimiento”) y los chilenos seríamos las víctimas permanentes de esa extorsión. Ante este escenario, en esos círculos predomina una inmensa frustración, y sus miembros parecieran encauzarla por medio de unas pocas figuras polémicas que les dan voz ante el desamparo.

Aunque se trate de un gesto controvertido, estos personajes parecieran tener poco interés en la viabilidad política de su registro. La experiencia en Educación es prueba del fracaso de esa tesis. ¿Pensarán que de esa manera contribuyen a hacer creíble una agenda social para combatir la vulnerabilidad, especialmente, la de un gobierno de derecha?

De todas formas, ese no es su objetivo. Su función es catártica y no política. Y esto explica su posición inestable y su dificultad para gobernar: no están dispuestos a ceñirse a las reglas del juego (y por eso sus “salidas de libreto”, en realidad, no son errores comunicacionales). “Decir las cosas como son” es, para ellos, liberación, e incluso transgresión ante su sensación de encierro.

Quizás eso podrá permitirles dormir el sueño de los justos, pero no gobernar.

 

Santiago Ortúzar,

Investigador del Instituto de Estudios de la Sociedad

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