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Mundo

24 de Octubre de 2018

La historia del parapentista que sobrevivió cinco días solo en el Himalaya

“Quédate tranquila que voy a vivir cien años”, le dijo antes de salir de España a su esposa José Luis Bernal, que hace una semana era un maestro de 60 años jubilado de una escuela secundaria en Asturias, y hoy es el hombre que sobrevivió cinco días solo en un lugar remoto del Himalaya. Bernal […]

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“Quédate tranquila que voy a vivir cien años”, le dijo antes de salir de España a su esposa José Luis Bernal, que hace una semana era un maestro de 60 años jubilado de una escuela secundaria en Asturias, y hoy es el hombre que sobrevivió cinco días solo en un lugar remoto del Himalaya.

Bernal se lanzó la mañana del 19 de octubre junto a unos amigos desde el monte Bir Billing, en el estado norteño indio de Himachal, pero un par de horas después solo cinco parapentes aterrizaron. Los cinco compañeros con los que viajaba Bernal habían perdido comunicación con él.

“Ese fue el día D”, dice a Efe por teléfono Bernal, que ha perdido la noción del tiempo desde que una nube súbita lo sacó de su trayecto de vuelo haciéndolo ascender hasta un lugar remoto de la cordillera india del Himalaya.

“Yo subía de forma descontrolada. Subí hasta los 5.000 metros o más sin ver, por lo que no sabía para dónde me llevaba y, cuando recuperé la visibilidad, estaba en un sitio del que no tenía ni idea”, recuerda ya a salvo en la población de Bir, rodeado de sus amigos y sin dejar de reír.

La nube desplazó a Bernal de la zona habitual de vuelo hasta los valles “totalmente inhóspitos, salvajes, imposibles” de la cordillera.

“Yo solo pensaba en no lesionarme, porque me decía: ‘si haces esto y te pasa algo en las piernas, estás muerto'”, agrega el parapentista.

Sin comida, abrigo ni el equipo necesario, el maestro asturiano intentó durante días, y sin éxito, subir las empinadas montañas del norte indio con la idea de lanzarse otra vez a volar hacia algún lugar, cualquiera que fuera.

Bernal “bebía lo que encontraba, cuando podía, porque a partir de cierta altura era hielo. Cuando estaba en una zona baja podía beber agua de río”.

“Pero aun así fui aguantando”, se enorgullece.

La inmensidad de las montañas y el confuso transcurrir del tiempo hacía tambalear al esposo y padre de dos hijos entre la esperanza y la resignación.

“Yo me repetía: ‘no, esto es imposible, esto es inhumano salir de aquí’. Y por otra parte me decía ‘no, si no sales tú solo, no te van a sacar'”, rememora.

La aventura de dormir perdido y sin equipos en las montañas implica, dice, “echarte en el sitio que pilles, meterte debajo de una piedra o buscarte un pequeño refugio entre las paredes de piedra que te encuentres. Allí te tumbas con todo el equipo rodeándote para aguantar la noche”.

“Aunque dormir, dormir no puedes, porque la temperatura se desploma a -10 o -5 grados centígrados y yo eso no lo tenía previsto”, agrega.

Bernal fue localizado el día 22, pero las condiciones climáticas impidieron su rescate hasta hoy y ha debido aguantar con la comida, medicinas y ropa que le hicieron llegar los equipos de rescate.

“Chelui”, como le llaman sus amigos, había guardado durante los primeros tres días la batería de su radio en el bolsillo, para que el frío no la descargara, y tras varios intentos fallidos por comunicarse, pudo escuchar una primera voz al otro lado.

Era un argentino, de nombre Cristian.

“Cristian ¿me escuchas? Esto es vital, dile a mis amigos que estoy vivo, que estoy en un pico de 4.300 metros y que sigan intentando buscarme”, fue lo primero que le dijo al chico que había puesto su radio en la frecuencia que los compañeros del asturiano habían difundido con la esperanza de que alguien les pudiese ayudar.

“Dios mío ¡voy a salir de aquí, no me lo puedo creer, voy a seguir vivo!”, fue, según recuerda, lo siguiente que le dijo al argentino, con quien después intentó volver a comunicarse, sin éxito.

El parapentista se maravilla con la pancarta que ha visto hoy publicada en internet por los 700 alumnos del instituto del que se jubiló el año pasado: “Bernal, te esperamos”.

“Esto es increíble, estoy muy emocionado, esta es una segunda vida”, dice conmovido.

El espíritu de Bernal sigue alto, y tras la experiencia en el Himalaya ha vuelto a preguntar a sus amigos: “¿Cuándo vamos a volar? Porque (…) claro que quiero seguir volando”.

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