“¿Cómo llevas a un espectador ciego las caras de terror de una familia a punto de ser asesinadas en la película “El Chacal de Nahueltoro”?”, pregunta el actor Alejandro Trejo a la audiencia de estudiantes de educación diferencial, interesados en el proyecto del Sindicato de Chile Actores que convierte al audiodrama clásicos del cine chileno como una manera inclusiva de extender el trabajo artístico.

Una responsabilidad social y artística llevó a Chileactores a hacerse cargo de una audiencia postergada por la industria y a la vez a rescatar –para todos y sin exclusión- un patrimonio fílmico chileno que, advierte, espera extenderse a un catálogo más amplio de películas infantiles, por ejemplo.

El taxista del “Volante o maleta”, hoy deviene en productor de la iniciativa “Cine al oído” y cuenta que, vía ingenio, tecnología y un equipo que se mueve por interés genuino en la inclusión, han convertido 4 películas del cine nacional a un relato 100% pensado para la población ciega. “Desde el diseño de sonido doblando diálogos de nuevo y armando el Foley con efectos de audio para que la película “hable” descriptivamente a este público y no sea una mera narración de radioteatro”, señala.

El actor cuenta que la idea nace desde el corazón del Sindicato de Actores de Chile y su fundación Gestionarte, que administra los derechos intelectuales de muchas de estas obras y que creó recientemente una línea de inclusividad de libros y películas para personas ciegas.

“Lo que hacemos no es proyectar la película. Lo que exhibimos es una edición especial y técnica que es lo más fiel a los que se representa en el film. La idea es que ese espectador ciego o de muy baja visión pueda regresar al cine y obtenga en su mente las imágenes visuales y convencionales que pasan de visuales a auditivas”, señala Trejo.

Hasta ahora se han convertido a formato de audioproyección clásicos incombustibles como “El Chacal de Nahueltoro” que dan cuenta de un catálogo excelso: “Julio Comienza en Julio” de Silvio Caiozzi, “Mi mejor enemigo” de Alex Bowen y, claro, “Taxi para tres” de Orlando Lübbert, protagonizada por Trejo.

Imaginar el cine

“Tratamos de que sean películas emblemáticas de nuestro patrimonio fílmico. Además cada una cuenta con la autorización de cada director para hacer este “trasvasije”, como lo llamo yo. Hemos tenido extraordinarios comentarios de ellos y de los espectadores lo que nos motiva a seguir trabajando en esta conversión que es cada vez más desafiante”, plantea el productor que ha paseado esta experiencia por festivales de cine chilenos como los de La Serena, Valparaíso, la Biblioteca de Ciegos y otras comunas a través de diferentes oficinas de inclusión.

Recientemente, la Semana de la Educación Diferencial de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano inauguró sus fuegos con la audioproyección del clásico de Miguel Littin, totalmente rediseñada para el público ciego.

¿Cómo sortean la dificultad de “expresar” para ciegos momentos tan complejos como los asesinatos del “Chacal de Nahueltoro” o la tensión de “Mi mejor Enemigo” que los autores originales suelen definir desde la imagen o incluso el silencio?
-Todas estas películas encierran una gran dificultad para desarrollarse como proyección para público ciegos. En particular casos como “El Chacal de Nahueltoro” que es una película muy, muy compleja. Ya lo era como largometraje audiovisual ya que es una mixtura de documental y ficción con un juego temporal en donde el montaje va hacia adelante y hacia atrás. También resulta muy duro recrear un ambiente que, si bien es del año 1968, retrata una atmósfera rural que ya no existe. Por otro lado, ¿Cómo recreas en sonido los rostros de pánico que filmó Littín?. Hay todo un tema actoral tras el registro de Nelson Villagra, el protagonista, quien tuvo que ponerle de su ADN personal para crear al Chacal de Nahueltoro.

Hizo un trabajo vocal extraordinario que no puedes tomar a la ligera y que para esta versión realizó el actor Pablo Striano, quien es director de los audiodramas, y se convirtió en un espejo de Villagra para este trabajo. Estas descripciones y hechos trágicos tenemos que recrearlos a través de diálogos, sonidos diseñados en un largo proceso y recurriendo a una investigación muy interesante sobre cómo suenan los ríos de la zona, los pájaros de Chillán. Es un trabajo entretenido el de la búsqueda de sonidos para una película que es bastante silente.

¿Con qué ventajas cuentas de parte de esta audiencia capaz de “imaginar” el relato y por otro lado, qué trabas encuentras en el camino para gestionar este tipo de cine inclusivo a nivel social?
-Para muchos de ellos, que perdieron la visión por retinitis pigmentosa o por diabetes o un accidente, esta experiencia es como volver a cine. Algunos cuentan con una referencia previa de lo que era ver una película. Dicen estar muy satisfechos porque ya no necesitan de alguien que les cuchichee al oído en el teatro o les vaya describiendo lo que está pasando en la película. Funciona muy bien con ellos la réplica que intentamos hacer de los movimientos de la cámara: si hay un plano abierto, el sonido y los diálogos ecualizados de distinta manera lo dan a entender así, lo mismo si es un primerísimo plano o un acercamiento veloz. Estamos viendo a futuro la posibilidad de contar con otras películas en un catálogo creciente, pero también con los financiamientos respectivos. Nos gustaría contar el próximo año con películas para niños, pero siempre chilenas y que ya existan con un carácter patrimonial.

Desgraciadamente las tareas que es necesario hacer desde una perspectiva inclusiva avanzan lento y se van saldando de a poco. En ese sentido es lamentablemente que estemos viviendo un recorte de fondos de cultura tan drástico y que afecte, en primer lugar, a las iniciativas de inclusión. Probablemente, junto con los aportes a centros culturales como Matucana 100, el GAM o los museos que vieron reducciones del 30%, le sigan las iniciativas de este tipo. Creo que ahí es donde se ven las principales carencias de un país, cuando excluyes a unos respecto de otros en el acceso a estas expresiones artísticas. Eso es una lástima porque el trabajo se sigue haciendo. Ahí tienes tú el maravilloso trabajo teatral de la Alessandra Guerzoni con Molly Sweeney, diseñada para sentir lo que sienten las personas ciegas, otras que incorporan el lenguaje de señas o el “Cine al oído”, que es una iniciativa de Chileactores. Financiada con el aporte de los actores chilenos para llegar con nuestro trabajo a todas las personas sin exclusión.

*Puedes saber más sobre la iniciativa “Cine al oído” pinchando en la Fanpage del proyecto

https://www.facebook.com/cinealoido/?ref=br_rs