El triunfo de Bolsonaro y la derrota del “Partido de los Trabajadores” en Brasil, no sólo abre la discusión sobre la derrota de la izquierda latinoamericana. También, y de manera muy importante, abre una interrogante sobre quienes verdaderamente quieren y pueden representar a los trabajadores en un país. En el caso brasileño, es evidente que los trabajadores le dieron la espalda a la izquierda que los usó y luego abusó de ellos en el camino, olvidándolos en medio de la burocracia y burguesía que fueron acumulando al amparo del Estado.

En Chile, ha venido pasando algo similar. Los supuestos representantes de los trabajadores están cómodos en sus sitiales, protegidos por sus inmunidades y gozando de los beneficios de sus posiciones. El Partido Comunista, la Central Unitaria de Trabajadores, la Asociación de Empleados Fiscales y tantos otros gremios que se apropian teóricamente de la representación laboral y buscan hablar “a nombre” de todos ellos, como sí verdaderamente los representaran.

No tengo claro si alguna vez lo fue, pero eso ya no es así. Estas organizaciones no representan a los trabajadores ni velan por sus intereses. Ellos están consumidos por sus propias agendas ideológicas y anteponen las órdenes de partido, por sobre las necesidades y urgencias de sus supuestos representados. Hoy lo vemos en las convocatorias a marchas y protestas sin sentido, y en el uso de la negociación del sector público, como muestra de fuerza de cara a las elecciones de los distintos gremios.

La derecha tiene una oportunidad inmejorable de asumir con decisión la representación de los trabajadores. No tenemos que tener miedo a hablar en nombre de ellos y a asumir sus posiciones, pues las conocemos muy bien. El trabajador, como cualquier ciudadano, se mueve por el sentido común. Quiere un trabajo seguro, estable y bien remunerado. Un trabajo donde no se lo discrimine, ni se le abuse. Un trabajo donde tenga muchas certezas y también proyecte sus avances. Un trabajo que le permita vivir con dignidad y satisfecho con su esfuerzo y las recompensas en el actuar.

La Derecha puede y debe empezar a hablar más de los trabajadores y sintonizar con sus inquietudes más inmediatas y sus necesidades más visibles. De manera transparente y constructiva, tiene que dejar en evidencia el abuso de la izquierda, y a la vez, dar garantías de transparencia, respeto y protección a sus derechos y oportunidades. Para ello tiene que aliarse con las mejores prácticas de las empresas y seguir potenciando el emprendimiento y el esfuerzo responsable que miles de PYMES y trabajadores realizan a lo largo del país. Para ello, también, tiene que hablar de los nuevos desafíos que enfrenta el mercado laboral, como la cuarta revolución industrial y el impacto de la robótica; incorporar de manera mucho más decidida la educación técnica y desarrollar esfuerzos por potenciar la innovación, la investigación y el desarrollo de la ciencia.

La visión de la lucha de clases que promueve el Partido Comunista, mediante el levantamiento del proletariado, es una etapa superada de nuestra historia, anclada en conceptos añejos y pasados de moda. Hoy es tiempo de más colaboración y participación de los trabajadores en las decisiones de producción y de un compromiso más profundo de los empleadores y gestores en su involucramiento. Así como rechazamos la disyuntiva entre Estado y Empresa, también debemos rechazarla a nivel de Empleador y Trabajador, considerando que con reglas mínimas y claras, se pueden construir redes de confianza y de mutuo entendimiento para potenciar el desarrollo integral de la empresa, con un beneficio inmediato para el país.

Hoy más que nunca, la adecuada comunicación de las discusiones sobre la reforma previsional y la modernización laboral cobran una gran relevancia. No solo está en juego la supervivencia de un sistema de pensiones que le ha dado estabilidad y oportunidades a las personas, sino que además, un modelo de relación laboral que, pese a los cambios, sigue fundamentándose en una relación laboral respetuosa de la libertad económica y que anhela un progreso integral en el país. El desarrollo económico de Chile en los últimos 40 años avala los cimientos del sistema político y social que está instaurado en el país. De nosotros depende, con cifras en la mano y comunicando desde el sentido común, dotar a los trabajadores de una representación verdadera, más alineada con sus intereses, que con los de aquellos que han lucrado con su historia y con su esfuerzo durante tanto tiempo.