Martes 8 de enero de 2019.
Dos pacientes detenidos en un día. Dos pacientes que reciben trato de criminales. Dos pacientes en lugares diferentes del país. Dos pacientes y un solo dolor. Dos pacientes perseguidos por buscar una mejor salud.

Mientras, en un mundo paralelo, la Comisión de Salud del Senado debate el tema desde la altura de la teoría.

Son dos historias cuyos detalles se pueden traspasar de una a otra. La denuncia, que suele ser anónima. Algún vecino en busca de una venganza menor. Un error en la mirada policial. O la pura mala suerte que a veces persigue al doliente.

Y claro, no es malo mirar desde la ciencia. Al fin y al cabo, la ciencia pura no tiene bandos. Senadoras y senadores escuchan a partidarios y detractores del cannabis medicinal. Es que sólo se trata de buscar entre los datos duros una especie de verdad.

Lo que es verdad es que, desde la historia de cada persona procesada, el cannabis había llegado a sus vidas para bien. “Las flores de mi jardín han de ser mis enfermeras”, cantó Violeta Parra en sus versos, y cada una de ellas vivió esa poesía como un hecho de su propia causa.

En el debate del Senado, para un sector de la academia, la experiencia de esta gente es sólo verso y nada más. Exhiben sus informes y sus cifras proyectadas, y no alcanzan a ver el sufrimiento vuelto años; no alcanzan a ver la esperanza en esas flores, en ese jardín.

Las flores de esos dos jardines fueron incautadas por la policía. Policía que, bajo el mandato de perseguir traficantes y delincuentes, prefiere, por error o por inercia, perseguir a quien cultiva su propia medicina.

Afortunadamente hay otra medicina disponible. Y otra ciencia que entrega una mirada que difiere. Esa también se le muestra en el debate a senadoras y senadores. Una ciencia donde, junto al dato duro, se incorpora con igual peso la mirada del paciente y la experiencia del médico atendiendo a gente real. No a cifras. No a datos, por muy duros que estos sean.

Mientras los dos pacientes detenidos este día intentan zafar de los procesos en su contra, sabemos que urge que haya disponible otra justicia. Una justicia donde se presuma la inocencia del paciente. Una justicia donde se persiga al narco que envenena niños en las esquinas y no a quien riega cinco plantas para calmar sus espasmos, sus náuseas o el dolor de todo su cuerpo. Una justicia donde el cultivo medicinal sea seguro. Una justicia donde la enfermedad sea el enemigo a perseguir, y no los enfermos.

Mientras eso suceda, senadoras y senadores seguirán escuchando con paciencia las exposiciones de expertos y testigos. El tiempo seguirá pasando en el debate. ¿Cuántos pacientes más sufrirán cárcel, incautación y proceso antes que la justicia se haga ley? ¿dos? ¿Veinte? ¿Cincuenta? Uno solo es demasiado. Depende de esas senadoras, esos senadores, que el tiempo que queda por transcurrir, no se siga llenando de presos por plantar la medicina en sus jardines.

* Pablo Padilla Rubio es consejero político de Revolución Democrática.

La media volaita: Senador Ossandón asiste a taller de marihuana medicinal y compromete su apoyo a la iniciativa en el Congreso

Manuél José Ossandón (RN) llegó a una actividad con la organización Mamá Cultiva y la Fundación Daya, colaborando en la elaboración de aceite de cannabis. El legislador se comprometió a defender su derecho a medicarse con productos a base de marihuana y prometió mostrarle esta realidad al resto del parlamento.