El antropólogo social Daniel Quiroz, mantiene la mirada fija en el mar chileno, pero no como un mero campo proveedor de recursos o un basurero planetario, dice él. El profesional de campo y académico se ha especializado en la investigación de la narrativa tradicional de la industria ballenera en la región y recuerda a muchos ambientalistas que Chile fue durante mucho tiempo un polo relevante de la cacería de ballenas. Y esto hasta hace muy poco.

Recién en 1983, Chile se sumó a la moratoria internacional que norma la caza del cetáceo luego de dos siglos de dedicarse a este tipo de pesca. Incluso, en Quintay, Talcahuano y el norte funcionaron industriosas faenadoras de ballena en poblados que hasta tenían un par de carnicerías con este tipo de subproductos. Una historia que se esconde bajo la alfombra, cree el doctor © en historia y magíster en arqueología.

“Hoy es muy difícil que la gente acepte este tipo de cacería y eso es lo interesante sobre las narrativas de este tema, porque lo poco que escuchamos sobre ella es algo anacrónico y para nada aceptable. Es una noción ambientalista que va más allá de la normativa. Simplemente, la gente no considera honorable que se realice este tipo de cacería de animales”, sostiene.

El antropólogo, considera que el tema conservacionista, como discurso, empieza a predominar a partir de los años 70, probablemente entre los más jóvenes y como parte de otras luchas de defensa del entorno y encuentra mayor conciencia respecto de los más viejos. “La caza ballenera ha estado en el imaginario de la gente desde hace varios miles de años, ha estado justificada también como una cosa de la tradición bíblica incluso, que habla del aprovechamiento de estos recursos marinos, de la dominación del mar y las bestias. En el tiempo pasó de ser considerada una actividad heroica, donde el hombre ponía en juego su propia vida en un combate contra un monstruo aterrador, a una actividad deleznable, cruel e innecesaria, en la que ahora el monstruo es el hombre, dejando ver lo peor de sí mismo ante una criatura prácticamente indefensa”, señala el profesor de la Escuela de Antropología de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

Aún es posible encontrar jubilados de la industria ballenera en algunas de estas localidades costeras que recuerdan lo “normal” de ésta práctica en Chile, incluso el profesor identifica una especie de nostalgia. Un sentimiento de haber realizado un trabajo común y corriente como cualquier forma de pesca, dice el investigador a cargo del proyecto Fondecyt Nº 1170318 “Narrativas etnográficas y operaciones balleneras en las costas sudamericanas entre los siglos XVII y XX, patrones, transformaciones y continuidades”.

CACERÍA CON FINES 

Recientemente, Japón anunció que abandonará su participación en este acuerdo y retomará la caza comercial de ballenas desde julio de este año. Las críticas al país asiático se relacionan con los argumentos del país asiático que aprovechan un vacío legal que indica que la caza puede realizarse legalmente si tiene fines científicos. Esto, porque después de dichos usos académico, los restos del mamífero marino pueden ser libremente vendidos para el consumo. El resquicio, dice Quiroz, esconde una práctica de siglos que, por otro lado, no encuentra una gran demanda por los productos de estos mamíferos.

¿Cuánto de caza indiscriminada y de uso racional del recurso existe ante la idea popular de los japoneses diezmando ballenas?

Si bien los japoneses se retiraron de la Comisión Ballenera Internacional, muchas personas hablan del peligro para la conservación, pero el problema no es ese. Es cierto que algunas ballenas están en peligro de extinción, pero no todas. Se suele hablar de las ballenas com si fueran una sola especie cuando son cerca de 30 tipos diferentes y cada una tiene sus propios índices de conservación. Las que cazan los japoneses es la ballena minke, la más pequeña de todas, una que es bastante cosmopolita y está en casi todos los mares pero que será cazada sólo en su mar territorial y de manera regulada.No es por defender a los japoneses ni la cacería de ballenas. Hace muchos años que los productos que se obtenían de la ballena fueron reemplazados por otros que hacen innecesaria su cacería y el consumo de su carne como alimento es muy, muy bajo.

En el caso chileno, cuando se ignora este pasado ballenero del país, ¿Qué rasgo de la cultura cree que pretende esconderse a la vez?

Yo creo que es importante avanzar hacia una especie de reconocimiento del pasado ballenero de Chile. Lo importante no es que se hayan cazado ballenas sino que hoy no se hace y de ninguna manera se volverá a hacer en el futuro en nuestras costas. Creo que hay que abordar esa historia y sus lugares. Chile fue un país ballenero malmirado y hay un discurso contrario a esa historia que está desfasado porque se le trata de juzgar con los parámetros del presente.

Sí, había lugares dónde se vendía carne de ballena incluso, pero no alcanzaba a ser algo común tampoco. Está documentada la cacería de ballenas entre 1798 y 1983 hasta que la moratoria termina con la caza. Y matar ballenas ilegalmente es difícil. Imagínate cazar ballenas escondido y luego procesarlas con todo lo que implica su peso y tamaño, es difícil ¿no?.