Luego que hace unos días los jesuitas confirmaran la denuncia por abusos y otros delitos contra el fallecido excapellán del Hogar de Cristo, Renato Poblete, Marcela Aranda Escobar habló este domingo en entrevista con El Mercurio.

Ahí primero la mujer se describe a sí misma señalando “Soy Marcela Aranda Escobar, ingeniero mecánico y teóloga. Soy profesora de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, hago clases de teología y también en el programa de Pedagogía en Religión Católica de la UC”.

A continuación precisa que “Soy mamá de una hija que quiero mucho y, además, vivo con mi padre ya anciano. Me siento sobreviviendo con gran esfuerzo, mucha ayuda especializada y el cariño de mis amigos por abusos horrorosos”.

Consultada por los motivos de la entrevista, Aranda señala que “Cuando uno hace una denuncia de la envergadura de la que he hecho y del personaje (que se trata), me siento con la responsabilidad de decir que fui yo quien hizo esa denuncia, que la gente perciba la devastación que hay en quien ha sufrido estos abusos, con nombre y rostro concreto. Que vean las huellas del dolor”.

En este sentido la ingeniera explicó que “me anima buscar la verdad y justicia, soy parte de la Iglesia y responsable por ella también. Sigo siendo católica, con todas las dudas que me han invadido”.

En otro pasaje de la entrevista, la también teóloga afirma sobre su denuncia que “las víctimas hacemos un proceso muy doloroso y de muchos años, 20, 30, 50, entre el abuso y el momento que, por fin, logramos poner en palabras el horror que sufrimos”.

“Lo mío, me ha dicho la sicóloga, ha sido una disociación, para sobrevivir, olvidé completamente el período en que fui terriblemente abusada. Mis amigos me dicen que nunca hablé de ese período de mi vida. Inconscientemente borré todo recuerdo, como si esos años nunca hubieran existido, fue una disociación, no una pérdida de memoria” agrega sobre los hechos denunciados.

Marcela Aranda explica con detalles que “el abuso te va destruyendo golpe a golpe, va pulverizando todos los niveles de la vida. Sufrí una destrucción afectiva, de mis emociones, de mis relaciones amorosas, de amistad. Mi vida académica, si bien fue un refugio muy importante, una de mis tablas de salvación, me costó una enormidad concentrarme para sacar adelante mi carrera de Ingeniería Mecánica y mi magíster en Teología”.

A lo anterior se suma, según la profesional, que “Nunca pude armar una relación con nadie. Mi capacidad de entablar relaciones personales, de sentir cariño y de sentirse querido quedó totalmente destruida. Edifiqué un muro para defenderme del mundo exterior, pero no solo quedó lo malo fuera, también lo bueno”.

Sobre el momento en que conoció a Poblete, Aranda señala que fue cuando tenía cerca de 20 años y “en esa época tenía mucha inquietud de ayuda social y me acerqué al Hogar de Cristo para ser voluntaria, entusiasta, idealista, me movía mucho el pensamiento del Padre Hurtado”.

Al mismo tiempo agrega que “Me aboqué con todo el entusiasmo juvenil a ayudar en el Hogar de Cristo y me surgió este llamado a discernir una posible vocación religiosa. Es normal como católico que en algún momento uno se pregunte: ¿qué quiere Dios de mí? Me recomendaron tener un director espiritual para acompañar ese proceso y me hablaron del capellán Renato Poblete Barth”.

Aranda relata que estaba honrada y confiada de su primer encuentro con Poblete. “Recuerdo que me dio un gran abrazo y me pidió que le relatara mi vida. En algún momento me dijo: ‘De ahora en adelante, yo seré tu padre y te daré todo el cariño que necesitas’. Fue muy emocionante y me dejó completamente abierta a lo que vino después. Nunca pensé que un deseo y una búsqueda tan noble terminaría en un abuso tan horrible”.

La denunciante asegura que los abusos se extendieron hasta sus 27 años, poniendo énfasis en que “el abusador es una persona muy astuta, con un manejo impresionante de la sicología humana, pero para la maldad. Tienen la capacidad de percibir dónde está tu fragilidad, por ahí entran y uno no tiene herramientas para defenderse del abuso”.

En la misma línea agrega que “A medida que van transcurriendo los hechos de abuso, uno va quedando completamente atrapado, comienza a perder la noción de lo que está bien y lo que está mal, pierde la voluntad, la libertad. Uno se transforma en un esclavo de la voluntad del otro”.

El objetivo de la denuncia, explica Aranda en la parte final de la entrevista, es “al mostrarme públicamente, busco verdad y justicia. Eso es indispensable para mi sanación personal y para que yo pueda empezar a vivir de una manera humana y digna. En este momento, yo solo sobrevivo. Quiero también que otras mujeres puedan hacer un proceso, aunque doloroso y difícil, pero sanador como el mío y se animen a denunciar los abusos recibidos”