Por Daniela Echeverría

Directora Fundación Animal Chile

Llega el “Día de los Enamorados”, y sí, hasta el 13 de febrero todos tenemos claro que estas superficialidades comerciales nada tienen que ver con nosotros, pero basta que llegue el 14 para que todos los que no tienen planes se sientan miserables.

Básicamente, una vez al año se nos aparece este barómetro de la soledad, este contador de “Me Gusta” verdaderos, y si no terminamos el día sentados a una mesa frente a una cena a la luz de las velas y, lo más importante, CON ALGUIEN, entonces quiere decir que fracasamos, que no aprendimos nada de lo que significa ser feliz según nos muestra una y otra vez Hollywood, Facebook, Netflix y las infinitas plataformas, formatos y redes en las que se nos va la vida. Millones de años de evolución, pero los seres humanos seguimos siendo básicos en lo que respecta al amor.

Por el contrario, los animales simplemente aman: a uno como ellos, a una humana o un humano, a una planta, a seres de otra especie o a la vida con todo incluido. Los animales son una fuente de amor inagotable, de lealtad y cariño sin límites, que AMAN sin discriminar. Suena cliché, pero es verdad (como casi todos los clichés).

Experimentemos en este “Día de los Enamorados”, este día tan lleno de expectativas y vacíos. ¿Por qué tenemos que limitarnos a ese convencionalismo añejo de las parejas? ¿Por qué este “Día de los Enamorados” no te declaras un enamorado de tus animales (o, en su defecto, de tus plantas, de tus amigos, de la vida, etc.) y dejas de buscar una escuálida media naranja y te integras a un tutifruti de posibilidades?

Según la RAE, el amor es el “sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.” Queda claro ¿no?: “Encuentro y unión CON OTRO SER”.

Los animales parecen habernos ganado en evolución y adaptabilidad en este punto: cualquier amor les sirve. Incluso interespecie. Por otro lado, la especie humana se ha terminado comportando como una plaga. Somos demasiados y tenemos el planeta a tope. Es hora de que vayamos poniendo en su lugar al “amor de pareja” que tiene tan implícita la reproducción y bajarlo a la categoría de “un tipo más de amor” (con la letra chica de que en exceso trae como consecuencia el colapso ecosistémico y la extinción de todas las demás formas de vida en el planeta Tierra).

Amar a tu perro, tu gato, tu caballo, tu chanchita, tu gallina, tu hurón, etc., es la relación más sana que puedes tener: ellos sólo te aman y tú sólo los amas. No estás preocupado de agradarle a sus familias ni de cumplir sus expectativas. ¡Y es recíproco! Ellos tampoco esperan nada más de ti de lo que tú ya eres.

El 14 de febrero debiera llamarse “Día del Amor” y no de “los Enamorados”. Sería un día más inclusivo, que no encasilla al amor como ese fenómeno en que dos humanos se aman para reproducirse. Torcerle la mano a la naturaleza reproductiva de los humanos es beneficioso para la supervivencia de esta y todas las especies. Esa manera anticuada y tan antropocéntrica de entender el amor deja estragos por donde quiera que pasa. Por ejemplo, de este amor reproductor provienen los miles de hijos humanos no deseados que luego son ignorados, abandonados, maltratados.

Millones de personas en el mundo han decidido amar sin especie, amar sin género, amar sin reino y esas experiencias nos recuerdan el conocido dicho: “Mientras más conozco a las personas, más amo a mi perro”.