No cabe ninguna duda que la lucha feminista ha tomado palco en la discusión pública, especialmente después de la marcha del #8M. Ahora bien, lo que no parece tan evidente es la transparencia de las demandas detrás del movimiento. En particular, me abocaré a analizar una propuesta que parece transversal en el feminismo: La educación no sexista.

En general, cuando se habla de educación no sexista, la ciudadanía simpatizante con el feminismo acusa, con toda razón, que “los hombres estudian carreras científicas y las mujeres carreras humanistas”. Esto ocurriría porque hay estereotipos de género arraigados a la cultura escolar que reproducen las desigualdades entre hombres y mujeres. Detengámonos aquí un momento. Este concepto –estereotipos de género- se repite con mucha liviandad en el discurso de las dirigentes que encabezan las demandas, pero casi nunca se aclara de qué implica en todo este asunto, y cuando ocurre no revela lo profundo y complejo del problema. En consecuencia, se piensan soluciones superficiales y confusas, las cuales, a mi juicio, no lograran ni por cerca erradicar el problema, como por ejemplo las propuestas de nivelar la participación de hombres y mujeres en todas las actividades escolares.

Intentaré ilustrar el asunto con un pequeño ejemplo real. En un colegio de Santiago, a propósito del día de la mujer, se nos ocurrió hacer talleres reflexivos para los estudiantes de todos los cursos. En los cursos más pequeños, la actividad constaba en que la profesora les narraba una historia donde recordaban que Neil Armstrong dio uno de los pasos más importantes de la humanidad al llegar a la luna.  Luego mencionaba que se está preparando una misión para ir a Marte, pero sólo podía ir una persona “¿Debería ser un hombre o una mujer?” Luego debían reflexionar en parejas quién debía ir y porque.  Cabe agregar que aquí se les dio participación por igual a hombres y mujeres. Como era de esperar, los niños dijeron que debía ir un varón y las niñas que debía ser una mujer. Lo que resultó realmente interesante fueron las razones que dieron: Los niños dijeron porque eran más inteligentes, fuertes y capacitados; mientras que las niñas los atribuyeron a razones de justicia, es decir, “porque los hombres ya fueron una vez, ahora nos toca”.

La evidencia científica muestra que esto ocurre de forma sistemática en los colegios de Chile. Veamos que, por ejemplo, en el libro La desigualdad olvidada: género y educación en Chile (Caviedes, Barrientos y Fernández, 2006) ya evidenciaban en un estudio comparado que la cultura y la convivencia escolar reproduce y perpetua los estereotipos de género. Otro estudio, de las investigadoras Del Río, Estrasser y Susperreguy (2016), muestra como incluso en kínder ya hay estereotipos de género marcados a favor de los hombres que inciden en el rendimiento académico en matemáticas. Y así podemos encontrar muchos más.

En definitiva, podemos ver que el problema en las escuelas es más profundo de lo que parece y requiere una reflexión no sólo política o de eslogan, sino que también técnica y pedagógica. La primera barrera –y quizás la más difícil- es atacar los estereotipos de género, de ahí en más, los caminos, para niñas y niños, se abrirán hacia un nuevo horizonte.

*Por Pedro San Martín Ahumada – Psicólogo SIP