El verano de 1973 fue fantástico. No me acuerdo de nada, pero nunca lo olvidaré”.

Lemmy Kilmister, estrella de rock.

“Imagínate lo que fue Setiembre de ese año”.

Augusto José Ramón, tirano.

 

Figuraba yo infiltrado en una “cena feminista” la semana pasada, cuando una de las comensales comentó que las diputadas Camila “PinochetLover” Flores y Ximena “Reguleque” Ossandón se habían hecho el test anti drogas. “Deberían hacerle el test a sus maridos” comenté, en un infructuoso intento de crear un momento jocoso para los comensales. Minutos más tarde fui sacado a la fuerza por los guardias del recinto, lo que me recuerda que tengo que mandar a zurcir el paletó.

La actual administración comandada por Sebita ha lanzado la campaña “Elige vivir sin drogas”, iniciativa que busca frenar el consumo de estupefacientes entre la población, principalmente en los menores de edad.

No son pocas las voces dentro del zurderío que culpan a mi Jeneral de haber metido la droga en las poblaciones, argumento a todas luces falaz, ya que si Augusto no era capaz ni de entrar a la pieza cuando Doña Lucía estaba enojada menos se iba a ir a meter a una pobla. “Igual sigo siendo un valiente soldado, porque soldado que arranca sirve pa’ otra guerra”, solía decir a modo de excusa, con voz compungida.

La semana pasada un diputado del Frente Amplio reconoció que consumía marihuana, argumentando que lo hacía “de forma recreacional”. Yo me pregunto en qué otro momento lo iba a hacer si un joven de izquierda lo único que tiene en la vida son momentos de recreación. Ahora bien, me llama la atención que siendo el tercer país más feliz de Latinoamérica (según la Cadem debe ser) tengamos que estar tan neuroestimulados.

O capaz que sea gracias a eso, también es una posibilidad.

Otra cosa que me llama la atención (como ven soy un ser de luz, sensible e impresionable) es que se haga tanto hincapié en la cannabis, sin considerar que el tabaco y el trago son casi tan adictivos como la planta esa, me cuesta pensar que sea porque ambos pagan impuestos, más bien tiendo a pensar que si se hicieran campañas para disminuir el consumo, sobre todo del alcohol estarían las hordas de bolcheviques para reclamar en las calles, destruyéndolo todo. Capaz que hasta mi Almirante Merino resucite para ir a manifestarse.

Pero quien no se medica en lo absoluto es nuestro primer mandatario. Con tal de estar lúcido y cien por ciento disponible para cualquier emergencia que afecte al terruño ha renegado de usar cualquier medicación para manejar esos incontrolables movimientos corporales que lo aquejan; sé que el sobrino lector promedio de este pasquín se estará burlando de la condición de nuestra primera autoridad (“quiltro con pulgas” he oído que le dicen por ahí los cobardes), pero a mí me parece de una generosidad, nobleza y desprendimiento sublime. Por ejemplo, sólo en estas últimas semanas se ha hecho cargo de manera maravillosa del alza de los planes de Isapres, de la devolución de impuestos y de los medidores de la luz. Maravillosa para el empresariado, claro está.

Pero como este espacio es una inagotable fuente de sabiduría y de apoyo a la comunidad es que me permito proponer, no una, sino que dos soluciones para combatir este flagelo. Y como buen populista que soy, ambas ideas son muy simples pero muy efectivas también. La primera es aprovechar la confesión que hizo el célebre astro de la música nacional Alberto Plaza respecto de su adicción a la caspa del diablo y con eso atemorizar a los adolescentes de la patria, inculcándoles que la posibilidad de terminar como una figura decadente y amarrado a una secta perturbadora (aclaro: estoy hablando de la cienciología, no de la Iglesia católica) es real. La segunda idea es tomar los egos de Luis Jara Cantillana, del diputado Renato Garín y de la alcaldesa Barriga para repartirlos entre el proletariado, con lo que reduciríamos dramáticamente los niveles de depresión que afectan a la población.

Como Ponce Lerou ya se quedó con el litio es la única alternativa que yo veo.