Me fascina que me miren a los ojos y me abracen súper fuerte y me digan: ¡Te amo!

Me gusta, porque yo miento de la misma forma.

¿Te conté por qué me dicen “La pura care’ cuica “? Porque la gente es picá y como yo soy re inteligente, tuve la brillante idea de casarme con potentado. Yo juraba que la había hecho de oro. Já. ¡Caleta!

Él es súper elegante eso sí. Viste de traje y corbata, usa unos zapatos brillantes y tiene un reloj mega caro. La verdad, pa’ serte sincera, tiene varios el huevón ¡Ay, qué roteque soy! ¡Dije huevón!

Los casamos y, obvio, mi papi pagó la mitad de la fiesta y para eso hipotecó su casa. Mi mami vendió todos los muebles del depa. Y me dijeron: “Hija lo hacemos, porque no queremos que este Santo Varón, después te lo saque en cara”.

Mis papitos, qué ingenuos fueron. El saco de huevas de mi marido nunca se ha olvidado de mis raíces humildes. Antes, usaba la campana que tenemos para llamar al servicio, para llamarme a mí. Ahora se puso creativo y me dice con ese amor verdadero que siente por mí: “¡Déjate de rezar, monja culiá!”

Yo me quedo calladita altiro, porque aprendí a ser mansa, pero no mensa.

En fin. Tengo las medias joyas. Son re lindas. Muchas cajas de con diamantes. Una para cada día y de todos colores. No sé pa’ qué me sirven tantas, si al final siempre uso las mismas dos.

Cuando vamos a sus cenas de negocios, se luce conmigo. Todos lo admiran, porque seré roteque, pero tengo la media cuerá y pa’ la pica de muchos, tengo cara de Barbie. La felicidad nos sobra, somos dueños del world. En esas fiestas, subimos las escaleras y él me toma de la mano. Me da risa cómo me miran mis amigas. Me dicen: “¡Qué recargada estás esta noche! Te pusiste todas las joyas”. Yo les respondo por dentro: “¡Cállate cuica culiá!”, pero por fuera sonrío. La verdad es que ellas son sobrias. “Menos es más”, me dicen. No se pintan mucho la carita, porque eso es de putas. Se ríen bajito, porque reírse fuerte es rasca.

Yo las entiendo. Son tan simples y distinguidas. Entre hembras nos entendemos.

Los amigos de mi marido son un amor. Son re simpáticos (obvio, no todos ). Hacemos asados en nuestra casa y nos atienden mozos. Pasan filas de copas, de cristal fino, porque mis amigas me pelarían hasta el próximo año si uso vidrio. Como todos, nos reímos y arreglamos el mundo. Nos sacamos selfies y yo sonrío. A veces, miro al marido de un gaia súper zorra, de esas que se hacen la mosquita muerta. Este hombre, tan fiel a ella, me da pena. Una vez subí a buscar algo en una de las habitaciones de mi casa y la muy zorra estaba tirando con una mujer que le gusta, mejor dicho que es el amor de su vida.

Después se termina la fiesta, se apagan las luces y yo le cierro el ojo al conde aburrido de mi marido. “Buenas noches, corazón”, le digo y me baja la calentura. Entonces me pongo el babydoll y le digo: “Mira, soy tu Barbie”.

¡Y me pongo a bailar, miércole! Me saco las plumas de la cabeza, los aros de brillantes y le digo: “Corazón de mi vida, te amo”. Me meto a la cama toda excitada, pero él me responde muy gentil: “Me duele la cabeza”.

Y yo quedo con la media vena. Digo, “Filo,, no quiere”, pero como soy perseverante, lo acaricio. El me mira a los ojos y dice: “Tení la pura care’ cuica. Y más encima tení la chor’ edionda”. Huevón. No sabe ná que tengo diez amantes y con cada uno uso diferentes perfumes.