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Felipe Sepúlveda @area_gris

Entrevistas

18 de Mayo de 2025

Aeróbica, el éxito del dúo que creó la fiesta que mantiene viva la noche en Santiago: “La industria nocturna está en un estado bien precario”

Nico Castro y Pepo Fernández son la dupla de DJs detrás de las fiestas Aeróbica, eventos que ya cumplen seis años haciendo la resistencia de la vida nocturna, con diversidad y música. Además, se han convertido en embajadores y promotores de la escena local, en músicos y creativos, en productores y emprendedores. Antes de una nueva fecha de baile, el 31 de mayo, cuentan cómo armaron el camino a pulso, cómo es el público chileno y qué falta para hacer industria del ocio.

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Nico Castro es periodista, tiene 40 años, rulos que se le derraman por la frente. Pepo Fernández es fotógrafo con experiencia en moda, tiene 30 años y la cabeza rapada, adornada con múltiples tatuajes. Los diez años que los separan son parte de su fortaleza como dúo, en fiestas que mezclan edades, estilos y diversidades. Juntos son la dupla Aeróbica, que ellos con humor definen como un “holding”: son DJs, pero también son los creadores de la Fiesta Aeróbica, las que ellos mismo promueven y producen desde los invitados internacionales hasta los vasos que mantienen fríos los tragos. Y, además, son músicos y creativos con canciones propias.

Fotos: @paolavelasquezdiaz

Estas múltiples labores, hacen de la propuesta una bastante particular en la escena chilena. “Aeróbica es un proyecto musical donde hacen música el Nico y el Pepo juntos, pero también es un proyecto de DJ donde tienen su selección y además ponen sus propios temas. Y además es una fiesta. No sé si alguien más en Chile hace algo así”, dice la cantante, música y DJ Mariana Montenegro. “Desde el día uno tenían una propuesta visual concreta, que representaba muy bien la música. Al tiro en Instagram fue un hit. Aeróbica contribuye a la escena de música electrónica, pero desarrolla un lado más lúdico. Tiene un repertorio popero medio vintage que es más melódico, a diferencia del panorama más general de la música electrónica en Chile; como que la escena normalmente suena un poco más oscura, y esta música muy es muy grande, entonces es súper único”, añade.

Sus fiestas -la próxima es el 31 de mayo- se han transformado en un punto de encuentro nocturno local, sin prejuicios y con mucho baile. Gabriela, de 39 años, madre dos y asistente de años a sus eventos, explica: “Yo ahí me siento tremendamente segura, no tengo que estar todo el rato pendiente con la mano encima del copete. Y la música, son muy entretenidas las mezclas de canciones conocidas. Te puede sonar una lambada remezclada, después algo pop con su mano: tienen muy buen olfato para que todos bailen. También se preocupan de la estética. Hay un cuidado muy grande”.

Castro y Fernández repasan el cómo llegaron a ser empresarios y protagonistas de la noche local, durante una conversación con café en el departamento de Fernández en el barrio Lastarria, con dos gatos que dan vueltas y se suben impertinentes y encantadores a la mesa de comedor.

Castro, mientras acaricia a una de las mascotas de su socio, explica sobre esta electrónica con espíritu convocante: “A veces nos toca enfrentarnos a públicos que están esperando otra cosa de la que nosotros hacemos y hay que convencerlos de que lo que les vamos a mostrar les va a gustar y los va a hacer bailar. Eso nos ha curtido para aprender cómo leer al público y tomar, dentro de todo nuestro rango de herramientas, las que nos van a servir en cada caso determinado. Hay un trabajo que no es reemplazado por la inteligencia artificial, que no es repasable por por algoritmos”.

Fernández añade: “Ni siquiera se trata de tocar puros éxitos; pasa mucho que uno entra a ciertos lugares donde es hit tras hit, y al final es anticlimático. Yo creo que el talento que tenemos es que podemos entregar un show que le va a gustar a una persona más busquilla musicalmente, pero podemos conectar también con esa gente que no tiene idea de música electrónica”.

Muévelo, muévelo

La historia de Aeróbica comienza hace seis años, en la que fue una breve pero exitosa existencia de un club de baile de electrónica llamado Noa Noa, a pasos de Plaza Italia. Ahí cada uno ponía música en los clásicos DJ set de un par de horas. Hasta que decidieron hacerlo juntos y en extendido: una locura de seis horas tocando en dupla.

“Generalmente en los carteles de fiesta es como: metamos la mayor cantidad de DJs posibles para que cada uno traiga toda su gente. Nosotros dijimos hagámoslo al revés, que si a la gente le gusta lo que tocamos y nosotros tenemos veinticinco personalidades musicales distintas, metámoslas todas una noche. Y a la gente le encantó”.

Foto: @paolavelasquezdiaz

Se bautizaron como Aeróbica y rápidamente hicieron fotos con una propuesta estética ochentera y de lycra, al estilo ejercicios de Jane Fonda. Humor y algo de vanguardia, sumado a dos DJs que no se casan con solo una corriente musical, ni tienen miedo a los guiños pop. Comenzó un boca a boca sobre las noches de Aeróbica en el Noa Noa.

“Se empezó a agotar cada vez más temprano, a las 11 de la noche ya estaba repleto, lo cual era muy raro para un club”, recuerda Castro. “Todo parecía ser más perfecto porque tenemos estos diez años de diferencia, bagajes diferentes. Todo fue confluyendo, gente que ya me había escuchado a mí por mi trabajo como periodista en radios u otro proyecto. Por el Pepo empezó a llegar gente del mundo de la moda, gente más joven”.

“La fiesta fue supersignificativa para mucha gente y la noche de Santiago, porque tenía una estética que estaba como explorando y que se sentía un poco más transversal. No convocaba a la gente que escucha tecno o a la gente que usualmente se involucra como con la música electrónica, sino que era un espacio que invitaba a todo el mundo”, agrega Pepo Fernández.

Y entonces vino la pandemia y el estallido, se cerró el Noa Noa y se cerró todo: más de un año de toque de queda hizo estragos en la noche santiaguina.

—¿Cómo les pegó a ustedes el encierro, que viven de salir?

—Fernández: Horrible, horrible. Era terrible y sin una fecha de término por el toque de queda. Obviamente, éramos el segmento más afectado, pero no había apoyo, no había ninguna posibilidad de poder trabajar, si no era vendiéndonos a marcas para hacer streamings por Instagram, que también era súper deprimente. Entonces intentamos mantener una comunicación y transparencia sobre cómo lo estábamos viviendo.

—Castro: Veíamos que había pasado un año y medio sin fiestas, y que quizás habíamos perdido el momento. Son cosas que te hacen replantearte si lo que elegiste hacer está bien. Todo el mundo te dice que es imposible tener una carrera de esto y en un momento sentíamos que le estábamos torciendo la mano a esa sentencia, obviamente sin hacer una sola cosa: si eres músico, artista, DJ, promotor de tu propia fiesta, productor de eventos y todo, ahí puedes lograr vivir de esto y tener una carrera. Pasó la pandemia y fue como, quizás no habíamos torcido la mano en nada.

Vino entonces el primer experimento de, a fines de 2021, llevar a Aeróbica fuera de las redes sociales y con el club que los vio nacer como un recuerdo de noches pre pandémicas. Agendaron tímidamente una presentación en el patio de la Factoría Franklin –“antes de que se convirtiera como en Vitacura”, dice Pepo Fernández- con aforo reducido para 200 personas. La propuesta era poner música de día, sábado y domingo por si llegaba muy poca gente, para sustentarlo. Sacaron entradas en preventa y se agotaron las dos fechas en unos quince minutos.

—¿Fue un alivio saber que no estaban solos?

“Fue como: guau”, contesta Castro. “Una locura. Después fue una transición hacia lograr dos cosas raras: primero, vender preventa, porque en el mundo prepandemia las personas decidían en la misma noche donde ir, llegaban a la puerta y había entradas. Ahora empezaron a agotarse antes. Y, además, salir más temprano. Nosotros desde el primer día fomentamos que la gente no llegara a bailar a las 3 de la mañana, como antes”.

Ustedes viajan a tocar a fiestas en Argentina, en Brasil, en España. ¿Los chilenos quieren salir, les gusta la fiesta o es difícil empujarlo acá?

—Castro: “Quizá exista esta noción de que el chileno es peor para salir, pero Latinoamérica es una sociedad muy buena para tomar. Cuando yo hablo de Chile, hablamos más que nada de nuestras fiestas. Y el fervor de acá es grande, es un público muy bueno para el hueveo, que se queda esta tarde”.

—Fernández: Es un público respetuoso con el staff, respetuoso con la persona que está al lado, respetuoso con el DJ. Esa conciencia yo creo que es súper propia de esta generación nueva que empezó a salir después de la pandemia, cuando el público explotó. Yo creo que hay cinco o siete veces más gente de la que salía prepandemia. Antes podías hacer un solo evento de fiesta por fin de semana, y ahora puedes tener tres”.

Somos todos como amigos

Hoy las fiesta Aeróbica son una pequeña institución de la noche local; cada casi dos meses hay una –“para no fagocitar a nuestro mismo público”, explican- y el dúo no sólo las protagoniza como artistas, sino que las produce con un equipo fijo, que se preocupa desde los vasos, hasta la barra, hasta un cuidado protocolo antiacoso, buscando “no ser sólo ser un slogan de lo inclusivo, sino hacerlo realidad”, explica Fernández.

Se han convertido en protagonistas y parte de una industria latinoamericana de fiesta y electrónica y ellos mismo traen constantemente a otros DJs a Chile a presentarse para alimentarla. El año pasado, solamente, Aeróbica como dupla se presentó en distintas partes de Chile -Santiago, Puerto Varas, Valdivia y más-; Latinoamérica -Río de Janeiro, Brasilia, Buenos Aires-; y Europa -Amsterdam, Madrid, Oslo, Berlín, entre otras-.

Además, comenzaron hace un tiempo a hacer su propia música, y este 2025 lanzaron un nuevo EP. También pasaron por el carnaval en Brasil, lanzaron un video para su canción “Papi” , tocaron como teloneros de Justice en el escenario del Movistar Arena y preparan ya la segunda fiesta oficial del año, el 31 de mayo. La propuesta parte temprano con Main Ball, encuentro de la cultura Ball, corriente de la comunidad LGBTQ+ que hace competencias de drag, baile y performance-; y luego a las 10 de la noche comienza la fiesta Aeróbica propiamente tal. Las entradas en preventa se han mantenido al precio de siempre, entre 10 y 15 mil pesos, para luego costar $20 mil si se adquieren directo en la puerta.

Foto: @paolavelasquezdiaz

En todo este andar, la dupla ha ido formateando estos encuentros a un espacio nocturno con todo lo que ellos consideran importante para la (buena) fiesta. “Tuvimos una época de experimentar con cosas y al final le dimos en el clavo, porque la gente realmente necesitaba un espacio donde no necesariamente tienes que comprometerte con una fiesta que dura hasta a las 8 de la mañana en un antro”, dice Fernández.

Castro se suma: “Yo también me fui poniendo más viejo, no quería tocar hasta tan tarde. Nunca me han gustado los after. Y me pasaba que mis amigas no querían ir a fiestas porque era como ‘a qué baño voy’, es un drama ser una mujer y salir. Entonces dijimos: hagamos una fiesta que sea cómoda, en buenos lugares, con buenos horarios, con opciones de barra, que no encuentras en una fiesta tradicional”.  

Castro continúa: “Fiestas donde no te van a discriminar ni por ser trans, ni a la comunidad LGBTQ en general, pero tampoco te van a discriminar por viejo o por cómo estás vestido. Por mostrar mucho o mostrar muy poco. Realmente hay gente que se ve como que viene de una maratón de Star Wars y otra de Vogue. Todas confluyen y todas conviven en este espacio donde nadie juzga”.

Aeróbica no es una fiesta que se denomina como queer, pero hay en ellas bastante público de diversidades sexuales. Fernández explica que él antes producía una fiesta gay, pero que justamente la imposición de etiquetas era lo que le molestaba: “Yo siempre he tenido la intención de hacer una fiesta que convocara a la comunidad queer. Y cuando dejé de anteponerle eso, fue cuando realmente empezó a llegar la gente que yo quería. Me pasa que a veces hay sino una sensación más plástica. Como que en verdad no se siente que me están hablando a mí”.

—¿Sientes que es un señor de marketing que le está hablando a lo que él piensa que eres?

“Como que hay una desconexión. ¿A quién realmente les estás intentando vender esta cuestión? Eso fue lo que nosotros entendimos: la fiesta Aeróbica llegó a ser un paraguas donde viven tantas, tantas identidades, porque tomamos medidas concretas para que así fuera, como que no es un eslogan”, dice Fernández.

Concuerda Castro: “Primero se dio naturalmente, pero luego forzamos un montón de de políticas para que la fiesta fuera una extensión de cómo a nosotros nos gusta la sociedad. Todo tipo de gente que conviva con respeto. Que hace comunidad. Van mujeres hetero, van lesbianas, van gays, van gays musculosos, van gays muy femeninos. Van zorrones hetero, que increíblemente se comportan, entran y se transforman”.

Este último punto tiene que ver con una serie de políticas y protocolos antiacoso que han instalado, siguiendo ejemplos internacionales. Por ejemplo, no hay registro físico de seguridad diferenciado por género, se le pide al personal que no asuma pronombres y hay un “córner seguro”, donde se puede recurrir a monitoras a cargo, en caso de tener algún problema.

—Alguien podría decir: en qué minuto empezamos a tener que ponerle tantas reglas al divertirse y relajarse y poder ser un espacio de libertad y hasta de desenfreno.

—Castro: “Ya hemos aprendido, no somos primerizos y sabemos que naturalmente no se da. Son seis años ya de empujar esto y ya sale más natural. Pero hay que poner un poco de reglas, hay que ayudar a que este espacio sea así, porque esta es una sociedad machista, conservadora, como toda la sociedad latinoamericana”.

Contra viento y marea

El dúo Aeróbica siente que sus fiestas, que convocan entre mil a dos mil personas normalmente, agarraron vuelvo cuando ya no dependían del DJ invitado o del género predominante de música de la noche, o ni siquiera de estarle reforzando a los amigos y conocidos que pasaran a darse una vuelta: cuando las noches adquirieron su público y vida propia. Con la propuesta que vengan, la van a llenar igual.

Eso no quiere decir que la noche en Chile esté libre de preocupaciones siendo promotores y productores; de hecho, al contrario. “Con respecto a cuando partimos, o incluso cuando yo partí con otras fiestas hace más años, la industria nocturna está en un estado bien precario”, dice Nico Castro. “Es difícil, es un negocio cambiante”.

Foto: Felipe Sepulveda @area_gris

—¿Qué es lo que lo hace difícil? ¿Delincuencia? ¿Los precios que han dejado fuera a los más jóvenes? ¿O que no hay cultura de fiesta?

“Todos esos son temas. Pero para nosotros es cómo hacemos para mantener atractiva nuestra noche. Yo que llevo tiempo en esto, he visto a mucha gente entrar y salir, y veo que hay mucha gente nueva que está cometiendo los mismos errores de antes. Encerrarse en un tipo de público o pensarla en solo para sus amigos. Veo muchas veces fiestas que son muy iguales entre todas. No hay un sello. Uno está ofreciendo algo que la gente paga por ir. Tiene que tratarlo así”, dice Castro.

“Son varios factores”, complementa Fernández. “La economía de la noche es complicada. Estamos en un periodo donde está empezando a salir más gente que no necesariamente tiene capital para poder gastarlo en la noche, versus esta gente mayor que sí lo tiene, pero que no necesariamente quiere seguir involucrándose con la noche. ¿Entonces como apuntas a los dos segmentos? Al mismo tiempo está la inflación, que juega un papel si tú estás trabajando con distintas monedas y con artistas que tienes que traer. Todo eso empieza a sumar costos que requieren que uno tenga dinero para poder hacer esas inversiones. Además hay crisis de lugares para ver hacer estos eventos”.

La dupla de Aeróbica hace coro con distintos personajes de la industria de la noche sobre la falta de apoyo para la escena. La falta de mirada para ver espacios públicos, como parques, para armar eventos masivos y culturales, como se hace en Alemania o Brasil. La desconfianza con que se mira la música y no tener al ocio como un negocio capacitado de dar empleo y más externalidades positivas, explican. Ellos destacan iniciativas exitosas como el Festival REC de Concepción, o el Mercado París-Londres, un éxito empujado por privados, pero que cuenta también con el apoyo de gobernación y municipio para revitalizar un sector.

“Hay que convencer a ingenieros comerciales de que esto tiene beneficios, como turismo, comercio, la gente lo está entendiendo recién”, dice Castro. “Es como si fuera un arrastre de la dictadura, que la gente cree que estar en la calle bailando, poner música fuerte, es malo. Que el ocio no es la cultura, pero realmente es parte de nuestra identidad”.

Cuando se les pone el ejemplo de los problemas que han existido recientemente en el Hipódromo cuando se arrienda el espacio para fiestas, con los vecinos y el ruido, Fernández responde: “Puede que haya productores que incumplan su parte del negocio de dejar bien el espacio. No es nuestro negocio, tampoco nosotros hacemos cosas de esa magnitud, pero sí vemos como un sueño inviable hacer una fiesta en la calle como en otros países”.

—Y está el eterno problema de que hay pocas patentes para locales que permitan bailar.

—Castro: “Si vamos a dejar el tema solo en manos de privados, partiría por actualizar el tema de las patentes”.

—Fernández: “No solo es que haya pocos espacios, es poder acceder a los que hay. En Providencia, por ejemplo, la municipalidad cerró restaurantes por tener a un DJ o banda en vivo tocando un día, cuando la patente era solo para comer. Estamos hablando de música. ¿Qué daño le estamos haciendo? Te creo si el DJ está en la vía pública y es un barrio residencial, hay que tener una conciencia de resguardo del espacio, pero un DJ adentro del local…”.

—Castro: “Veámoslo en términos económicos. Estamos atentando contra la libertad de emprender. Acá debería haber un Sernatur involucrado. Debería haber un Ministerio de la Cultura, pero este ha sido un saludo a la bandera en cada gobierno, de cualquier sector. El Ministerio de la Cultura debería estar liderando estas conversaciones en el Congreso, pero eso no sucede”.

Con todo lo anterior, Fernández y Castro aseguran que este es su lugar: que les gusta ir y venir de otros países con más industria, pero que empujar la escena acá es parte de lo que le da sentido a todo el trabajo avanzado hasta ahora. “No nos vamos a ir, sino que vamos a estar viajando y ojalá tocando cada vez en mejores lugares. Preferimos ser cabeza de ratón, que cola de León. Y sentir que estamos ojalá ayudando a que otros que vienen detrás avancen también. Es mucho más importante para nosotros en este momento”, dice Castro.

Fernández finaliza: “Es muy heavy sentir que se necesita un cambio, imaginas esos cambios y empiezas a armar un espacio donde puedes verlos. Y ver que realmente eso tiene un efecto en la gente. Eso no podemos ni mirarlo en vano, ni dejarle de dar la importancia que tiene”.

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