Y si el periodismo tuviera futuro… en comunidad

Civil es una agrupación de periodistas y personas interesadas en una prensa ética y de calidad.

Por Úrsula O’Kuinghttons

Para nadie es un secreto de que la industria del periodismo está en crisis. Un atolladero en el que cuesta mucho levantar cabeza, ya que al desplome en los ingresos publicitarios, se une el caos provocado por las ‘fake news’, que no han hecho más que empeorar el ya deteriorado negocio de la prensa, despojando de sus trabajos a miles de periodistas que ejercían “el mejor oficio del mundo”, según aseguraba el Nobel de literatura colombiano Gabriel García Márquez, quien en sus comienzos ejerció de periodista en el diario El Espectador de Bogotá.

Y es que sin financiación ni credibilidad, no hay periodismo, y sin periodismo, nuestra democracia cojea. Por ello que en 2018, desde Brooklyn (Nueva York), se comenzó a gestar un proyecto, más bien un gran experimento, que ha ido tomando fondo y forma gracias a una robusta comunidad internacional de periodistas y de ciudadanos interesados en el periodismo ético y de calidad. El proyecto, hecho realidad, se llama Civil y opera activamente desde el mes de marzo.

Hoy en día son más de cien las redacciones que se han comprometido a probar este nuevo modelo, tan nuevo que llega a ser difícil de comprender, porque estamos hablando de una plataforma que opera con la tecnología blockchain –block…qué, se preguntarán algunos–, pues básicamente una estela de información rastreable que no se puede cambiar, tan sólo enmendar, dejando un rastro de cada alteración. Por lo que hace que sea un valor en el periodismo, ya que atesora cada párrafo escrito en una cadena de bloques verificables. Si blockchain hubiera existido hace unos siglos, podría haber salvaguardado cada uno de los tomos de la gran Biblioteca de Alejandría, sin que ningún incendio borrara de la faz de la tierra pedazos de nuestra historia. 

Además de guardar archivos permanentes, la tecnología de bloque también permite agregar valor. Pues no sólo se intercambia información, sino que también divisas virtuales. La primera y más conocida criptomoneda se conoce con el nombre de Bitcoin, un protocolo descentralizado que se creó en 2008 por un –o un grupo– de ingenieros que introdujeron una capa de valor a Internet, y que a medida que la actual red comience a madurar, se podrá programar con el objetivo de llegar a una siguiente fase, Web3.0, para mejorar las redes sociales y plataformas de comercio electrónico centralizadas y controladas por una sola entidad. 

Una plataforma controlada por la comunidad

Puede que sea muy temprano para experimentar con criptodivisas –y lo es, la tecnología se adelantó a la legislación, pero en algún momento hay que arrancar–. De hecho, en Civil hemos probado el sabor del fracaso con una venta fallida de token en octubre de 2018. Sus complejidades conlleva funcionar dentro del mundo de dinero virtual. Pero del fracaso se aprende, y es así como en Civil manejamos el token conocido como CVL, que  sólo tiene sentido dentro de la plataforma. Y es que CVL es básicamente un software programable, ejecutado a través de un contrato inteligente, que conecta a las redacciones que operan en la plataforma con sus lectores.  

Para que todo esto sea una realidad, que ya lo es, los medios que se adhieren a Civil, deben acatar la constitución, un documento vivo que ha sido concebido y redactado por periodistas, académicos y juristas que han imaginado la prensa del futuro. El archivo virtual pasó de ordenador en ordenador desde Londres, Washington, Nueva York, Toronto, Madrid y Hong Kong. Un escrito de suma importancia que sienta las bases del modelo descentralizado de gobernanza en el que funcionan las publicaciones periodísticas.

Y para velar por el buen uso de esta constitución, existe un consejo de prestigiosos editores y académicos de la talla de Emily Bell, directora de Tow Center para el periodismo digital en la Universidad de Columbia; Javier Moreno, director de El País en México; Matt Thompson, editor ejecutivo de The Atlantic Magazine, Maria Ressa, fundadora de Rappler, un medio digital de Filipinas –que opera en la plataforma Civil–, Ressa, además, ha sido nombrada como “guardiana de la verdad” en la exclusiva selección anual de las 100 personas más influyentes del año por la revista Time. Este selecto grupo, junto a otros periodistas que incluye a Vivian Schiller, ex presidenta de la radio pública nacional de Estados Unidos, NPR, y actual CEO de la Fundación Civil, conforman lo que informalmente llamamos como ‘la Corte Suprema’, porque son la última instancia en apelar cuando una redacción viola los principios basados de la Constitución. 

Con las bases puestas en una constitución, se abre la puerta para que medios de comunicación de todo el mundo entren y experimenten con Civil. Para ello, se debe rellenar la aplicación en el Registro –también conocido como TCR (Token Civil Registry, en inglés)—, algo así como un juego, en el que todos los participantes—comunidad— tienen la opción de votar para crear listas confiables de redacciones. 

En la inscripción, los medios de comunicación deben depositar 5.000 tokens de CVL y 10 dólares equivalentes en ETH –moneda virtual que funciona bajo la red de Ethereum–. Es muy importante que en el proceso, las redacciones que aplican a Civil, sepan describir muy bien quienes son y el objetivo de su medio, ya que éste registro es público y será visto por una vasta comunidad internacional que examinará con detalle el contenido de cada publicación. Y es el conjunto de la comunidad, quienes decidirán el futuro de la redacciones que aplican a Civil. Si en dos semanas nadie objeta la publicación que se inscribió, ésta oficialmente pasa a formar parte de Civil. 

Con este sistema, bastante orgánico, ya que evoluciona junto con los periodistas y la propia colectividad, se vigila el buen uso del periodismo con cientos –miles y millones– de ojos que custodian que las informaciones escritas sean verídicas –en el caso de que se tratará de publicidad, debe estar explícitamente indicada–. Y la llave que permite entrar a esta congregación, es el CVL, pues las personas que posean este token podrán desafiar con su voto a las redacciones que no cumplan los estándares de la constitución. Al voto se puede unir un amplio grupo de interesados, y si ganan esa apuesta, se reparten los tokens que hayan acumulado durante el período del reto. Es una teoría de juego, pero de juego muy real. 

Tanto las redacciones como los usuarios y lectores deben abrir una cuenta en el monedero virtual Metamask, que alberga las criptodivisas. En un principio puede ser confuso, incluso puede sonar a ciencia ficción, pero a medida que evoluciona la tecnología y la regulación, se facilitará la ejecución de Civil en el periodismo global. Esto acaba de arrancar. Y los poseedores de CVL, mientras más votan y más participan, mas crece la red. Civil ha puesto a la venta sólo 34 millones de los 100 millones de CVL en oferta pública. Por lo que será bastante difícil para los malos actores, llámese fraudulentos bots, tomar el control de la plataforma.

Los medios interesados en unirse a Civil, pueden aplicar a una beca que otorga la Fundación, para que no suponga coste alguno entrar a formar parte del programa. Desde España y  América Latina ya se han adherido redacciones como 14ymedio de Cuba, ADN Sur Argentina, Dromómanos de México, Grupo Joly y el medio digital Datadista de España. Y del mundo anglosajón hay una activa comunidad, desde la publicación Colorado Sun, formado por ex periodistas del Denver Post, hasta Block Club Chicago, Popula, el célebre podcast ZigZag. Así también experimenta con Civil la revista Forbes de EEUU. y la veterana agencia de noticias Associated Press.

De habla hispana, el periódico más curtido en las vicisitudes periodísticas es The Clinic. Esta publicación chilena que recientemente se ha unido a Civil, es de pluma afilada, pícara y, casi siempre, muy divertida, un semanario satírico que no deja a nadie indiferente con sus provocadoras portadas. Patricio Fernández, su fundador, asegura que se une a la plataforma “porque creo en el trabajo colaborativo, y en que el buen periodismo y las mejores historias se cuidan y buscan mejor con amigos confiables”. 

The Clinic nació en 1998 con el nombre de la clínica londinense donde arrestaron al dictador chileno Augusto Pinochet. En un principio circuló como un folleto clandestino que circulaba en el underground santiaguino hasta consagrarse en uno de los sitios de noticias web –y de papel– de mayor crecimiento en América Latina. En sus veintiún años se han mofado de políticos y han movido masas, riadas de personas que buscaban un espacio crítico y divertido, en un país que se le suele atribuir el apodo de ‘mojigato’, transformando, así, las últimas dos décadas del país latinoamericano. Dos decenios en el que, además, ha cambiado profundamente el panorama periodístico mundial.

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