Por Martín Miranda Sepúlveda

Militante y parte del equipo electoral Comunes

Para nadie es noticia que el 2018 fue un año complejo para el Frente Amplio, una instalación no fácil en el congreso para quienes nunca antes habían pisado el hemiciclo, pero sobre todo una alta disparidad al interior de este generó una dinámica de reordenamiento importante, tanto para los partidos y organizaciones que obtuvieron representación parlamentaria como para los que no. Es lo que pasa con el repentino encuentro con el poder, te obliga a tomar medidas de orden, y como todo en política genera costos, obliga a hacer balances y reflexiones.

El análisis se debe hacer con calma, si dejamos que nuestras decisiones las defina una coyuntura determinada probablemente estaremos resolviendo solamente el conflicto que más nos aflige pero sin resolver el fondo, aunque suene obvio decirlo, los gobiernos en Chile duran sólo cuatro años y aún así hay tiempo e ideas para enfrentar la contingencia y anotarse más de un triunfo en beneficio de la gente, pero para ello, tenemos que resolver cómo enfrentaremos el periodo de acuerdo al análisis de la situación actual y canalizar nuestras expectativas estratégicamente, acá empieza el debate.

Dos dimensiones, la primera, resistir. Existe esta idea de que el FA entró en un círculo de desgaste irreversible, nos dicen que estamos divididos, que nuestras/os referentes no se pueden articular, que no nos vamos a reelegir y no se pueden impulsar iniciativas porque los votos no están en favor nuestro. Nuestros complejos intentos de impugnar a los mismos de siempre nos han transformando en una coalición que tocó techo, que no puede seguir creciendo. A través de los medios de comunicación nos buscan hasta el menor error, nos dificultan la tarea y nos condenan con dureza cualquier desacierto, tenemos una exigencia doble que el resto y por eso tenemos que cuidarnos el doble que el resto, evitar llamar la atención y ser precavidos al impulsar nuestras iniciativas.

A esta realidad deberemos considerarla costumbre, como una parte constitutiva de nuestra existencia como Frente Amplio.

Como todo es tan dramáticamente complejo, nos permitimos poco conservar nuestra natural osadía e insolencia con el duopolio, nos exige resignificar el modo de seguir avanzando posiciones, los tiempos nos señalan que mejor bajemos la ofensiva y cuidemos lo que tenemos. A nuestra estrategia política debemos darle un giro hacia dentro, resguardar los pequeños triunfos que nos hicieron conocidos y prepararnos hasta el momento en que el adversario se debilite para retomar la lucha por el poder. Nos proponen que mientras tanto seamos participantes de todas las marchas, nos dediquemos a resguardar nuestras filas militantes y nos preparemos cuando los mismos de siempre nos intenten pasar por encima otra vez.

Por otro lado habemos quienes defendemos una idea muy simple, es tiempo de avanzar, y para esto nos apoyamos en algunos elementos. El FA es y seguirá siendo una alternativa política de proyección histórica, tanto electoral como programática. El gobierno actual es frágil, carece de proyecto de futuro en el sentido de atender las necesidades sociales reales, no tiene política para combatir la pobreza ni la desigualdad, su única proyección consiste en la profundización neoliberal y todo lo derivado de aquello, no tiene novedad alguna para ofrecer a la gente, es, en la conceptualización de García Linera, un neoliberalismo zombie. Además está enredado en esta disputa entre la derecha liberal y la ultraderecha, por un lado busca permanentemente acuerdos con sectores del mal llamado “centro político”, que cada vez están más aislados del poder siguiendo la doctrina de los consensos, una táctica política en extinción que evita solucionar los conflictos de la gente y pone por delante acuerdos que históricamente favorecieron a los mismos de siempre. Esto ya dejó a la DC con pérdida de 400.000 votos en las elecciones a diputados y 500.000 en senadores, -casi 1 millón de votos menos-, baja que también ha afectado al resto de partidos de la “centro izquierda” provocando un escenario que le permite al Frente Amplio seguir avanzando posiciones, no es casualidad que ya se haya instalado la premisa de que el éxito y posterior inscripción en la historia del gobierno de Piñera será en función de si es capaz o no de darle continuidad a su sector por 4 años más. Por otro lado, la relación con la ultraderecha de Kast es igual de compleja en la medida que le arrebata adherentes por derecha, con todo lo que discursivamente implica, retomando la herencia de la dictadura que tanto le ha costado al sector quitarse de encima, entre otros costos.

Entramos a disputar en el siglo XXI y rápidamente tuvimos que entender que la política tomó una línea de acción que se mueve principalmente en el plano comunicacional, los titulares y la redes sociales gobiernan la discusión y tanto el FA como las demás coaliciones políticas estamos debatiendo la agenda de ellos en sus medios de comunicación, por ende, la realidad y la verdad es manejada por la relación que dan: Los Medios y el Poder, cuestión a la que nos enfrentamos permanentemente, pero de la cual ya no se nos puede marginar porque somos una de las tres formaciones políticas más poderosas del país y constituiría un grave atentado a la democracia nuestra marginación de los medios de comunicación – cosa que nos pasó siempre en el apogeo del binominalismo-.

De ello tenemos que aprender a sacar provecho, es una de nuestras armas que más puede dañar el orden neoliberal – al menos en el plano de la disputa cultural – y la que mejor nos posiciona, utilizar y fortalecer el liderazgo que estamos construyendo en la oposición que estamos intentando coordinar y caracterizarnos como una alternativa seria con capacidad de gobernar, responsable, pero por encima de todo, transformadora.

Creemos que hasta el momento no existe otra alternativa política con mayor proyección en Chile que el Frente Amplio, y por ende debemos apostar a hacer crecer esa plataforma, es nuestra responsabilidad con la patria que soñamos y con la gente que no puede seguir esperando que las recetas de siempre den resultados distintos, en las elecciones que se vienen, las fuerzas orgánicas utilizarán el espacio electoral que les corresponda a su determinación política, el ciclo venidero no está para especuladores sino para los que más se la jueguen.