¿Cuándo supiste tu diagnóstico serológico? ¿Cómo describirías el ser una persona joven viviendo con VIH en la sociedad chilena actual?
-Lo supe en abril del año 2018, ya ha pasado más de un año. Lo describiría como algo complejo por temas de falta de educación sexual y afectiva. Por un lado, no existen las herramientas para entender el autocuidado y saber cuáles son los procedimientos en caso de ser diagnosticade, y por otro, existe un estigma internalizado que compromete las relaciones con las otras personas. El buen trato hacia les seropositives muchas veces va guiado por la condescendencia y el paternalismo.

En un comienzo, habías decidido mantener las distancias entre tu experiencia seropositiva y tu práctica como artista. ¿En qué momento cambiaste de parecer?
-Hubo dos instantes. Neutralizarlo parecía ser una buena opción pero, en realidad, ahora que lo pienso en retrospectiva, intentaba invisibilizarlo por miedo, ocultarlo para que no fuese un tema en mi vida. Luego noté que, en la misma línea investigativa que llevaba sobre los afectos y el dolor, ya no se trataba de una intensidad que repercute en el cuerpo generando síntomas fisiológicos (el duelo, en mi caso), sino, más bien, de un asunto fisiológico que se intrinca con lo afectivo. Luego recibí la invitación a ser parte de la exposición Arte y cuerpo seropositivo en el Chile contemporáneo de la cual fuiste la curadora, donde pude indagar más en la afectividad seropositiva, entender qué me estaba pasando y por qué lo estaba ignorando.

No se habla lo suficiente sobre el erotismo de los cuerpos seropositivos. ¿Cómo cambió tu vida sentimental y sexual posterior a tu diagnóstico?
-Cuando me diagnosticaron me volqué hacia mí, tenía mucho miedo y el contacto me incomodaba. Intenté purgar esa predisposición haciendo visible mi serología (debo admitir que esa confianza fue algo forzada), pero fue difícil cuando se habla con tanto asco sobre las personas seropositivas. Unos meses después conocí a alguien que me ayudó a lidiar con ese miedo. Se trató de algo súbito e inesperado, pero fue el impulso que necesitaba para despojarme de cosas en las que no debía seguir pensando.

Parte relevante de tu activismo emerge al unirte al Círculo de Estudiantes Viviendo con VIH (CEVVIH), cuando este grupo no llevaba mucho tiempo conformado. ¿Qué trabajo levantan como comunidad y de qué manera afectó tu forma de vivir siendo seropositivo?
-Sí, fue una grata coincidencia. Con el tiempo supe que uno de sus fundadores también fue diagnosticado en abril del año 2018. Una amiga me envió su Instagram, me comentó: «Tal vez sea necesario que compartas con otras personas que han vivido lo mismo que tú», vi su manifiesto y decidí participar con elles. Tenía razón, indudablemente. Nuestra misión es conformar una comunidad seropositiva informada, capacitada para promover la educación sexual y afectiva y exigir derechos básicos y diferenciados. Esto se logra promoviendo el autocuidado por medio de talleres y campañas, acompañamiento presencial y por redes sociales. El Círculo ha sido un espacio hermoso donde se respetan las premisas principales en las que creo fervientemente y conforman, a su vez, mi activismo: horizontalidad y redes de apoyo. Nos preocupamos mucho por quienes componen esta agrupación, velamos por nuestro bienestar para así ayudar a otres.

Llevas meses trabajando en tu exposición Maleza en el jardín, la cual inaugurará en los próximos días en el Centro Cultural de España. ¿Podrías relatarnos un poco de qué trata este trabajo?
-El objetivo es utilizar la metáfora de la maleza como relato invisibilizado del VIH/sida en Chile, que germina para actualizar la experiencia de jóvenes que vivimos con VIH. La exposición posee tres directrices: a) reivindicar la historia disidente, b) conmemorar a personas fallecidas por enfermedades relacionadas al sida, y, c) visibilizar a jóvenes que viven hoy como seropositives. Para la primera parte de la exposición, realizamos cuatro talleres junto al historiador Matías Marambio donde convocamos a diferentes personas de la comunidad LGTBQIA+ para intentar aunar los hitos de nuestra propia historia. La segunda parte de la exposición resulta de una colaboración simbiótica con el botánico Anatole Schall, cuya profunda pasión por las plantas ha infectado mi producción más reciente con un imaginario botánico. La tercera parte de la exposición la componen les compañeres del CEVVIH, quienes estarán en la sala de exposiciones como mediadores y proponiendo diálogos sobre afectividad y sexualidad a través de la propuesta visual. Cabe destacar además que, gracias al incondicional apoyo de la Fundación Chile Positivo, podremos contar con testeos rápidos cada mes que dure la exposición.

Se trata de un ejercicio donde se recompone un paisaje compuesto por cuerpos olvidados, para disipar el eco mortífero de una historia que nos ha relegado al margen al no adscribir a un proyecto de nación masculino e higienizado. Se genera así un nuevo conocimiento por medio de una experiencia sensible con las plantas, una invitación íntima a observar los estados del cuerpo y los afectos.

La exposición Maleza en el jardín inaugura el martes 11 de junio a las 20:00 horas. en el Centro Cultural de España (Avenida Providencia 927), a pasos del Metro Salvador.