Estimadas compañeras y compañeros:

Las pasadas 10 semanas han sido duras, sin duda. No recuerdo otro proceso electoral interno de nuestro Partido con estas características. Todas las críticas realizadas han sido de carácter político. Si con ellas ofendí a alguna compañera o compañero, desde ya les expreso ante Uds. mis fraternales excusas. Si de mi parte hubo críticas a personas, las hice en cuanto a su rol dirigente del Partido y a las obligaciones que ello conlleva frente al Partido.

La misma noche de las elecciones reconocimos el triunfo de la Lista A e informamos además que Maya Fernández había obtenido la primera mayoría individual nacional, lo que los resultados oficiales ratificaron. Sin embargo, las elecciones, con todos sus avatares, quedaron atrás. Ahora sólo queda recoger las lecciones que como organización debemos sacar, orgánicas, administrativas, políticas, normativas.

No obstante, en medio de este reñido proceso electoral, por desgracia, porque tendió a confundir las situaciones, surgió una nueva denuncia pública de la injerencia que han venido teniendo en los asuntos internos de nuestro Partido, incluso en el propio proceso electoral reciente, personas que fueron militantes pero que fueron expulsadas por sus vínculos con el narcotráfico y con delitos comunes en la comuna de San Ramón.

Esto puso a nuestro Partido ante una dificilísima situación de credibilidad, transparencia y legitimidad ante los chilenos, la que ya poco tiene que ver con nuestro proceso electoral sino que, mucho más, con las graves distorsiones que se pueden llegar a producir cuando el clientelismo, que todos los sectores han practicado estos años, se desenfrena y se abre a que penetren en el seno del partido personajes que todos debiéramos rechazar con el máximo rigor.

Minimizar este hecho para alivianar de responsabilidades a la Dirección del Partido por no haber sido todo lo dura y rigurosa con la investigación judicial y policial a fondo de tan grave situación, es un serio error. Se trataría en verdad de un justificativo poco creíble para fundamentar por qué se quiere reelegir a los mismos compañeros en las más altas responsabilidades del Partido. Ello nos pondría, sin embargo, ante el país en una situación que hasta el más común de los chilenos no entendería.

Independientemente del grado de responsabilidad personal que nuestros dirigentes puedan tener, lo que sí tienen es responsabilidad política mayor que el resto de la militancia en haber salido al frente con todo ante la denuncia que se dio a conocer públicamente hace casi dos años.

Si tal responsabilidad no se asume por los dirigentes, lo que hoy al menos correspondería, como primer gesto de necesaria contundencia, es que este Pleno del Comité Central, como instancia superior de la soberanía popular socialista, plantee una autocrítica como Partido por lo que dejamos de hacer o no hicimos bien para enfrentar tan grave amenaza a nuestra credibilidad y legitimidad como organización y pidamos perdón al pueblo chileno por no haber sido mucho más acuciosos, rigurosos e implacables con la investigación a fondo de cómo y cuánto han penetrado intereses deleznables las estructuras del Partido, comprometiéndonos solemnemente ante nuestro pueblo a limpiar a fondo y exhaustivamente nuestro padrón militante a lo largo de todo Chile. Es lo menos que le debemos a nuestro pueblo y, sobre todo, a nuestros mártires.

Me resulta imposible en esta coyuntura no aludir a nuestros mártires. En estas semanas no he podido dejar de recordar los inmensos sacrificios, hasta de su vida, que tantos de nuestros compañeros y compañeras hicieron por salvar al Partido de la destrucción física, política y moral que la dictadura practicó contra nosotros por 17 años. No he podido dejar de recordar a aquellos cuatro compañeros que eran parte del equipo en que yo trabajaba en 1976 que fueron detenidos y hechos desaparecer por la DINA, siendo yo el único que se salvó, y recordaba que yo pensaba en cómo los habrán torturado para delatarme a mí y a otros compañeros y no lo hicieron, me protegieron con su vida. Y por eso mi deuda es eterna con ellos. Como debiera ser eterna la deuda de todos nosotros con todos nuestros caídos, siendo lo más consecuentes posibles, los más puros y sinceros militantes socialistas, no permitiendo que el dinero, los altos cargos, las prebendas y los privilegios del poder obnubilen nuestro compromiso con nuestra causa, con nuestros valores, con nuestros caídos.

Compañeras y compañeros:

Es desde allí que hoy los llamo a una profunda reflexión, a una introspección con las propias convicciones que en algún momento de sus vidas las y los llevaron a militar en este querido Partido, por el que tantos han dado tanto en su historia. Seamos dignos de ellos y, sobre todo, de nosotros mismos. Nuestro pueblo nos necesita. Nuestro pueblo necesita un Partido Socialista limpio, transparente, incólume, que sea su verdadero instrumento de lucha por sus derechos, por sus sueños y aspiraciones. No un instrumento para servirse del Partido y “arreglarse” sino para servir, con lo mejor de nosotros, a nuestros compatriotas que menos tienen, que sufren la explotación y la exacción de que son objeto por los grandes capitales en la salud, la previsión, la educación. Ningún cargo al que accedamos en el gobierno, el parlamento, la región o la comuna vale la pena si no nos jugamos a fondo por los que menos tienen y más necesitan de nosotros. Seamos hoy dignos de ellos, de su respeto al menos.

El Partido me ha otorgado los más altos honores que nunca pude haber deseado. A partir del 3 de octubre de 1973 fui colaborador de la dirección de los compañeros Ponce, Lorca y Lagos, estando a cargo de descifrar las comunicaciones codificadas con los compañeros en el exterior y de atender a visitantes y periodistas extranjeros; fui parte desde octubre de 1976 del Comité Ejecutivo y luego de la Comisión Política de la Dirección Clandestina del PS hasta que recuperamos la democracia. En plena dictadura fui presidente del Movimiento Democrático Popular entre 1984 y 1987, donde junto al PC, el MIR, el MOC y algunos grupos socialistas dimos las batallas más duras contra la dictadura, donde tuvimos compañeros asesinados y por lo que fui encarcelado tres veces. Fui Vicepresidente de la Izquierda Unida entre 1987 y 1989, donde logramos juntar a todas las fuerzas de la izquierda de entonces y en 1989 fui de la directiva del Partido Amplio de Izquierda Socialista, PAIS, partido instrumental que creamos para poder participar en las elecciones después del triunfo del Plebiscito porque pesaba sobre nosotros la inconstitucionalización como Partido de la que nos había hecho objeto la dictadura, como también inconstitucionalizaron a nuestro dirigente Clodomiro Almeyda. Luego, fui co-fundador y formé parte del Comité de Presidentes de la Concertación de Partidos por el NO en representación del Partido Socialista y, luego de ganar el Plebiscito, de la Concertación de Partidos por la Democracia con la que ganamos las elecciones presidenciales de 1989. Más adelante, también representando al Partido, fui Ministro de Estado de Transportes y Telecomunicaciones. En 1992, atendiendo el llamado del Partido para procurar preservar la Concertación en el marco de la campaña presidencial nacional que se aproximaba, renuncié al Ministerio de Transportes y fui elegido presidente del Partido en 1992, en las únicas elecciones en que hemos elegido un presidente mediante votación directa y según el principio de “una persona, un voto” y me enorgullezco de ello. Luego, en 1994 fui Ministro del Interior, siendo en cuatro oportunidades Vicepresidente de la República. Como Ministro del Interior hice volver simbólicamente a La Moneda a los compañeros Salvador Allende y Jaime Tohá, en una hermosa fotografía que puse en mi oficina y que hasta hoy conservo como un tesoro.

Les hablo hoy desde esa trayectoria de 57 años de militancia y de lucha por la causa que el Partido Socialista ha abrazado en los períodos más negros de la historia que le ha tocado vivir. Apelo a vuestros valores y compromiso con el Partido para pedirles desde el fondo de mi corazón militante que reflexionen en qué es lo mejor, que es lo más correcto decidir hoy para lograr sacar al Partido desde este hoyo profundo en que está ante nuestro pueblo. En estos días, muchas chilenas y chilenos desconocidos que me reconocen en la calle se han acercado a mí para pedirme que resista, que me mantenga en esta lucha. No sé si son socialistas o no. Lo más probable es que muchos de ellos no lo sean. Pero les importamos. Quieren que sigamos haciendo nuestro insustituible aporte a la lucha por la justicia social, por más derechos para aquellos a quienes se les atropella o desconoce cada día. NO dejemos que este Partido entre en un proceso de declinación y descrédito irreversible. Olvídense de las elecciones. Salgan de aquí tomando las decisiones por el bien del Partido y de nuestro pueblo que mañana les permitan mirar a Chile a la cara, sin tener que dar explicaciones y avergonzarse de ser socialistas.

Por mi parte, teniendo 79 años y estando ya cerca del fin que en algún momento me llegará, por ley de la Naturaleza, quiero decirles que quiero morir orgulloso del Partido al que entregué mis convicciones y mi vida, y no avergonzado y teniendo que exigir que, cuando muera, no quiero que me velen en mi Partido ni que ningún dirigente hable en mi funeral. No permitan que eso suceda. Recuerden a nuestro Presidente mártir Salvador Allende, que prefirió inmolarse en el Palacio de La Moneda por consecuencia con su pueblo antes que entregarse a los golpistas fascistas. ¡¡Estén a la altura de ser militantes de un Partido con esa talla de Dirigentes!!

Los llamo a constituir una Mesa de Consenso, en que todos nos sintamos representados por todos y cada uno de sus miembros, a fin de que nos conduzca en el camino de sacar al Partido de la profunda crisis en que se encuentra inmerso.