Se llama clamidia. Su nombre deja perplejo y asombrado a quien lo escucha por primera vez. La mayoría la desconoce, así como el daño que provoca sobre todo a mujeres de sectores socioeconómicos vulnerables y a sus hijos.

A la ginecóloga infanto-juvenil Andrea Huneeus le irrita comprobar que pese a los esfuerzos desplegados por seis sociedades de medicina en Chile, la clamidia siga siendo tan ignorada, especialmente entre jóvenes sexualmente activos de 14 a 25 años, que son los más expuestos a contraerla.

Huneeus, directora de la Sociedad Chilena de Ginecología Infantil y de la Adolescencia, publicó un contundente estudio sobre esta enfermedad, da charlas en colegios y universidades respecto de los efectos que tiene. En agosto de 2018 viajó junto a representantes de seis sociedades médicas al Congreso en Valparaíso para informar sobre los resultados de sus investigaciones. Los parlamentarios de las comisiones de Salud de ambas cámaras, relata, “tampoco la conocían”.

La especialista explica que la clamidia es una enfermedad bacteriana de transmisión sexual muy frecuente, incluso más que la gonorrea o la sífilis. Si bien no es letal, advierte, es altamente peligrosa, pues no da síntomas y sus consecuencias son gravísimas, como la infertilidad. Aunque se presenta mucho más en la población joven, puede contraerse a cualquier edad.

Infertilidad y embarazo tubario

Las consecuencias físicas y emocionales de esta ITS pueden ser demoledoras. Años después de contraerla, una mujer puede descubrir que le ha dejado como secuela la infertilidad, cuando el daño ya es irreversible. Ello porque la bacteria daña las trompas de Falopio y obstruye la posibilidad de fecundación del óvulo. Otra secuela asociada a esta enfermedad, es la infertilidad por causa tubaria, que se produce cuando las cicatrices que deja la bacteria en las trompas atrapan a los embriones fecundados y no los dejan llegar al útero. Cuando el embrión crece dentro de la trompa, esta explota, pues no tiene la flexibilidad necesaria para anidar un feto.

En Chile se producen doce cirugías de urgencia por embarazo tubario al día y provoca dos muertes de mujeres al año. La infección por clamidia no da síntomas en un 80% de los portadores, pero cuando una mujer es contagiada puede tener manifestaciones como inflamación genital, molestias al orinar, flujo vaginal anormal y mal olor, sangrado intermenstrual y dolor luego de tener sexo vaginal o anal. En el hombre, se puede manifestar con inflamación de la próstata, pus o secreción lechosa o acuosa del pene, sensibilidad en los testículos, aumento del deseo de orinar, ardor, dolor en la zona baja del abdomen y periné (suelo pélvico). La infección genera daño crónico a los espermatozoides, y muchas veces quienes la han padecido requerirán acudir a la fertilización in vitro para fecundar. Aunque el tiempo que transcurre entre el contagio y su detección es muy variable, pueden pasar años sin que los portadores se enteren de que padecen esta enfermedad.
La inflamación genital, además, favorece la transmisión de otras infecciones. Tener clamidia aumenta el riesgo de contraer VIH y otras ITS, como el virus papiloma.

También en lo psicológico deja estragos, pues la persona carga con el estigma que rodea cualquier infección de trasmisión sexual. El paciente, afirma Andrea Huneeus, “se siente mal, sucio, promiscuo y los fantasmas se instalan en su mente”. En casos extremos, estos sentimientos pueden gatillar una depresión mayor que obliga a buscar apoyo psicológico.

La clamidia se contagia a través del sexo vaginal, anal u oral. La bacteria se encuentra tanto en el semen, como en el líquido pre eyaculatorio y en secreciones vaginales. Puede presentarse en relaciones heterosexuales y homosexuales e infectar el pene, la vagina, el cuello uterino, el ano, la uretra, los ojos y la garganta. En el caso de los recién nacidos, la clamidia se contagia al atravesar el canal del parto. En estos casos, la guagua puede manifestar neumonía neonatal y conjuntivitis. Estudios han detectado que 18% de las neumonías y 8% de las conjuntivitis neonatales son causadas por la clamidia.

¡SIEMPRE CONDÓN!

En el caso de Ximena, las consecuencias de la clamidia fueron devastadoras: “Tuve dos abortos espontáneos y un embarazo tubario. En este último hubo que extirpar la trompa, porque estaba muy avanzado”, relata a The Clinic.

Tendría entre 28 y 30 años cuando se infectó. Hoy, a sus 55 años, cuenta que al enterarse quedó choqueada: “La pena y la angustia de perder mis embarazos y no lograr mantenerlos cuando uno lo está buscando, es infinita”. No tiene claridad de la fecha que contrajo la ITS, pero calcula que debe haber sido unos ocho a diez años antes de ser diagnosticada, cuando ya estaba casada. Sabe que se infectó por no usar condón y que eso le costó la pérdida de tres hijos.

Al mirar retrospectivamente, comenta que su desgracia fue no pensar en el riesgo, porque “uno cree que eso les ocurre a personas promiscuas y no les pasa a las que somos bien portadas”.

Por eso, dice, la gran lección que sacó de esa experiencia fue: “¡Siempre condón!”.

“La gente solo piensa en el sida y se queda tranquila con hacerse el examen de VIH, pero no se toman el test de clamidia, que es una infección mucho más frecuente”, dice y afirma que le aflige que los servicios de salud públicos no hagan este examen en forma gratuita para las personas sin recursos, lo que demuestra “una vez más la inequidad existente en Chile para acceder a la salud”.

Admite que falta mucha educación en materia de enfermedades de transmisión sexual y opina que la campaña que se pretende hacer en escolares desde quinto año básico en torno al sida debiera incluir todas las ITS. “Salud y Educación están al debe en esta materia”, afirma.

Andrea Hunneus relata que los estudios de casos de clamidia en Chile solo lo realizan clínicas y centros médicos privados, donde está disponible el examen que lo detecta. “Los que acceden al test son en su mayoría pacientes de nivel socio económico medio o alto, pues es caro. Vale 40 mil pesos, al menos en la Clínica Alemana”, revela y agrega que en el sector público existe el test, pero solo de usa para pericias en casos de abuso sexual. Por eso, dice, es probable que la enfermedad esté presente en un gran número de jóvenes en el país, sin que lo sepan.

Según el estudio realizado por la profesional, habría más de 215.000 jóvenes chilenos sexualmente activos contagiados, quienes ignoran su condición. Esto significa que el 9% de jóvenes sexualmente activos, entre 14 y 25 años, estarían afectados por la clamidia, de acuerdo con la muestra, que consideró a pacientes de nivel socio económico alto en clínicas y centros médicos privados, donde está disponible el examen PCR. “Si este estudio se hiciera con una muestra que abarcara una población socioeconómica media y baja, podría arrojar un porcentaje inmensamente más alto”, recalca.

SUCIA Y AVERGONZADA

Patricia tenía 23 años cuando contrajo la enfermedad. Ahora tiene 32. “Cuando supe, me asusté. Me sentí sucia y avergonzada”, dice a The Clinic. Aunque había oído hablar de la clamidia, Patricia se confió y experimentó con relaciones sin preservativos, porque “no creí que me podía pasar”.

¿Cómo te enteraste?
-Decidí hacerme exámenes de rutina porque había tenido algunas relaciones sexuales casuales. Mi ginecóloga siempre fue muy enfática en que debía hacerme el test de infecciones de transmisión sexual. Ahí me hice la PCR, que es el examen para detectar la clamidia y gonorrea. Salió positivo. Nunca tuve síntomas.

¿No usabas preservativo con tus parejas?
-Habitualmente sí, excepto en una oportunidad, que fue cuando contraje la infección.

¿Cómo lo enfrentaste?
-Llamé al tipo con quien había tenido relaciones sexuales y le conté, para que se tratara también.

¿Le contaste a tu familia, a tus amigas?
-Mi familia nunca supo. Me sentía muy avergonzada de contarles. Les dije a mis amigas y sirvió como llamado de atención, que nos debíamos cuidar con preservativo. Pero cuando le conté a mi actual marido (habían pasado cinco años desde eso), se lo tomó bien.

¿Qué te pasó, emocionalmente?
-Me asusté, me sentí sucia, avergonzada y hasta tonta, por haberme dejado llevar así sin preocuparme de mi salud. Aún me siento un poco tonta y asustada, porque debí enfrentarla en forma precoz y desconozco si ha provocado alguna alteración que pueda afectar mi fertilidad.

¿Qué piensas del desconocimiento que hay en Chile, sobre todo entre los jóvenes?
-Lo encuentro lamentable. Siempre les dije a mis amigas con vida sexual activa que chequearan anualmente posibles infecciones de transmisión sexual. Nosotras siempre fuimos muy conscientes. Por lo general, la gente tapa el sol con un dedo: “A mí no me va a pasar”, piensa y sigue con conductas de riesgo. El problema es que estas infecciones muchas veces vienen acompañadas con otras (gonorrea, VIH, sífilis), y son asintomáticas, sobre todo en mujeres. Entonces es un problema que se hace cada vez más grande.

¿Actualmente cómo está tu salud?
-Está en perfecto estado. Aunque aún no intento tener guagua. Es algo que me preocupa por las posibles consecuencias que me puede haber dejado la clamidia.

¿Qué les dirías a jóvenes en edades expuestas entre 14 y 25 años?
-Que no sean lesas y siempre ocupen preservativo. Es incómodo, pero te puede librar de tantas enfermedades. Yo tuve suerte y lo descubrí a tiempo. Pero hay gente que hace infecciones pelvianas graves, lo que aumenta el riesgo de infertilidad o de embarazo ectópico (tubario). No ocupar preservativo es una muy mala decisión, de las peores que puedes tomar con relación a tu salud sexual. Además, siempre pedirle a tu nueva pareja estable exámenes de screening previo a que decidan no ocupar preservativo. Y en último lugar, que se hagan test de enfermedades de transmisión sexual en forma anual y responsable.

Huneeus explica que el test para el diagnóstico de clamidia se efectúa usando la técnica de reacción de cadena polimerasa (PCR). Esta técnica arroja resultados cien por ciento confiables y se puede realizar con todo tipo de muestras: orina, secreción vaginal, hisopado rectal o bucal, con un palillo recubierto de algodón en sus puntas, como un cotonito. En cuanto al tratamiento, es muy simple, barato y eficaz. Basta una dosis única de azitromicina de 1 gramo. A las parejas que han contraído esta dolencia, les recomienda: “Se toman la pastillita los dos en forma simultánea y mirándose a los ojos”. Ello porque así se aseguran ambos que estén tratándose. Además con una sola pastilla, evita las complicaciones, previene la trasmisión e impide la reinfección con parejas sexuales infectadas.

“QUEREMOS UNA FAMILIA GRANDE”

Para José y Javiera estar contagiados fue un golpe duro, pues el sueño de formar familia, podría estar amenazado. Javiera relata a The Clinic que se enteró porque presentó síntomas y se sometió al test. Él estaba de viaje fuera de Chile y a través de una amiga le hizo llegar el medicamento para que se tratara. Con solo 21 años ambos en ese entonces, no sabían nada de la enfermedad, salvo por una película, precisa la joven.

¿Tenían relaciones sexuales sin protección?
-Usábamos protección, pero una de las veces que tuvimos relaciones se nos salió el condón y decidimos no poner otro nuevamente.

¿La enfrentaron unidos?
-SÍ. Teníamos pena por lo que estábamos pasando, pero nos alegramos mucho al saber que la descubrimos pronto y que tenía tratamiento. Ni una de nuestras familias supo que estábamos contagiados, porque esta infección es muy mal vista y nuestros padres no entenderían lo frecuente que hoy está en la población joven. Nos sentimos muy tristes, porque él estaba de viaje, queríamos estar cerca, pero tuvimos muy buena comunicación y nos apoyamos durante el proceso.

¿No temen que la clamidia les pueda haber dejado alguna secuela?
-Sí, que debido a la enfermedad alguno haya podido quedar estéril.

Andrea Hunneus libra esta cruzada para sensibilizar sobre esta enfermedad venérea junto a las sociedades médicas de Infectología, Ginecología y Obstetricia, Ginecología Infanto Juvenil, Pediatría y Adolescencia. Este empeño permitió que en agosto del año pasado pudieran reunirse con autoridades del ministerio de Salud y las comisiones de Salud de ambas cámaras para tratar el tema. La especialista no descarta que pidan apoyo ahora al ministerio de Educación, pues concuerda que la formación sexual debería comenzar en quinto año básico en todos los colegios del país.

La campaña ha dado algunos frutos: “Conseguimos que el test PCR para la clamidia tenga código Fonasa”, dice. Esto significa que los pacientes pueden tomárselo en forma privada y luego pedir reembolso a Fonasa. Además se aprobó un presupuesto para implementar el test diagnóstico de clamidia por PCR en toda la red pública de laboratorios de los 25 servicios de Salud, incluyendo atención primaria y secundaria. Aquí, un rol importante cumplirá el Instituto de Salud Pública (ISP), que tendrá la misión de coordinar esta implementación en todo el país. Asimismo, el ISP recibirá las muestras de peritaje de abuso sexual a nivel nacional. Un resultado positivo de clamidia es probatorio de los atentados sexuales ante la justicia.

No obstante, siguen pendientes varias otras demandas: crear un programa de tamizaje de clamidia nacional anual entre mujeres sexualmente activas menores de 25 años; entre embarazadas, y entre portadores de ITS. Que se incorpore la clamidia a las Enfermedades de Notificación Obligatoria; hacer un estudio poblacional de clamidia; incluirla en la próxima Encuesta Nacional de Salud para un diagnóstico poblacional en todas las regiones y en todos los niveles socioeconómicos. Para finalizar y si esta lectura aún no le provoca angustia, la especialista recomienda ver el primer capítulo de Love sick, disponible en Netflix. Después nos cuenta.