Columna de Santiago Ortúzar: Silencio

Agencia UNO

Columna de Santiago Ortúzar: Silencio

Es natural que la desaparición de un presidente demasiado deseoso de aparecer ante las cámaras e inmiscuirse en todos los ministerios sea leída como un problema para el gobierno. De hecho, el exceso de protagonismo de Piñera ya le había traído problemas hace pocos días, al anunciar la intervención del Cosena el mismo día que Ignacio Briones comunicaba el acuerdo tributario, opacando uno de los gestos más eficaces desde el estallido de la crisis.

Santiago Ortúzar
Investigador del Instituto de Estudios de la Sociedad
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Que el presidente Sebastián Piñera desapareciera de los medios de comunicación la semana pasada llamó la atención y despertó algunas críticas, pese a sus innegables efectos positivos posibilitando la adopción del acuerdo transversal firmado el viernes. Mientras que en muchos políticos la desaparición admite un carácter más ambiguo, en Sebastián Piñera pareciera ser signo indudable de su derrota. ¿Por qué?

Es natural que la desaparición de un presidente demasiado deseoso de aparecer ante las cámaras e inmiscuirse en todos los ministerios sea leída como un problema para el gobierno. De hecho, el exceso de protagonismo de Piñera ya le había traído problemas hace pocos días, al anunciar la intervención del Cosena el mismo día que Ignacio Briones comunicaba el acuerdo tributario, opacando uno de los gestos más eficaces desde el estallido de la crisis. Resultó no ser la primera vez que Piñera le quitaba protagonismo a sus propios ministros y minaba sus esfuerzos, sin darse cuenta de que a la larga el principal perjudicado sería su propio liderazgo. En el fondo, la expectativa generada es que el gobierno no está haciendo nada si no aparece la imagen del mandatario en primera línea. Esa, de hecho, fue su actitud durante los cuatro años del segundo gobierno de Bachelet, cuando afirmaba enfáticamente que no sería candidato, pero permanentemente hacía guiños en el sentido contrario. ¿Qué otras figuras podrían haber emergido en ese contexto si el (no) candidato no dejaba espacio para nadie más?

Esta tendencia ha sido un problema no sólo para el gobierno, sino para la coalición en su conjunto. Chile Vamos ha demostrado poca capacidad para generar liderazgos los últimos años (las últimas primarias de la derecha, incluyendo las famosas cifras de Manuel José Ossandón, fueron un penoso espectáculo) y el piñerismo no ha demostrado voluntad de cambiar esa tendencia. De hecho, con su presencia permanente, el presidente ha consolidado un problema que afecta la viabilidad de Chile Vamos a largo plazo. Y que el problema sea generalizado en la derecha (por lo tanto, no exclusivo del piñerismo) no le quita responsabilidad al mandatario, quien dejó pasar, asfixió e incluso bloqueó las oportunidades para potenciar nuevas figuras dentro de su bloque.

La pregunta fundamental pareciera ser, sin embargo, si este silencio del presidente puede ser aprovechado para enmendar los dos años de gobierno que le quedan. Un escenario adverso (pero posible) es que la prolongada sensación de crisis exacerbe los rasgos negativos del propio Piñera, apareciendo más y más hasta el punto de impedir que otros capitalicen los logros políticos del gobierno (que, a estas alturas, van a ser pocos y muy difíciles de alcanzar). Su reacción las primeras semanas del estallido, cuyas apariciones evidenciaban su desorientación, apuntan en esta dirección.

Pero este silencio bien podría significar otra alternativa: Piñera resignado a entender que su presencia, de hecho, obstaculiza más de lo que ayuda, y que ahora debe dejar que otras instancias ayuden a destrabar la crisis. Ya que la presencia constante y dominante del presidente ha significado perjudicar otros posibles liderazgos en Chile Vamos, la paradoja es que su ausencia representa la mejor oportunidad para mejorar la imagen del gobierno,  potenciando  figuras activas y autónomas a quienes allanarles el camino. Eso exige un diseño delicado donde la aparición del presidente sea extremadamente dosificada y se oriente a potenciar otras figuras capaces de fijar una ruta y descomprimir el ambiente. Aunque contravenga sus reacciones más viscerales, sólo así Sebastián Piñera podría evitar que su ausencia sea leída como una derrota del gobierno. Y tiene que ser ahora: para bien o para mal, más tiempo no le queda.

Comentarios
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