Visviri: Cómo se vive la pandemia donde comienza Chile

Pastoreo de llamas y alpacas es una ocupación tradicional en la zona. Crédito: Patricio de la Paz.

Visviri: Cómo se vive la pandemia donde comienza Chile

Al pueblo más septentrional del país no ha llegado el Covid-19. Pero igual hay angustia. Tras el decreto de estado de excepción y el cierre de fronteras, los ganaderos aymaras de esta zona se han visto despojados de su único acceso a mercadería y de su fuente principal de ingreso: la feria internacional tripartita, donde se reunían comunidades peruanas, bolivianas y chilenas. Tampoco han tenido la facilidad de movilizarse hacia Arica, a cinco horas de viaje. Estos problemas sólo remarcan su aislamiento.

“En Arica están encerrados como en una jaula. Siempre yo bajaba y subía porque mis hijas viven allá. Pero desde marzo me vine y ya no he vuelto a bajar. Acá estamos más aislados. No tengo mucha comunicación… pero yo me quedo mirando los cerros, los animales y sintiendo el sol”, dice el pastor aymara Germán Flores Mamani.

Germán vive en una estancia a 40 kilómetros de Visviri, que es el poblado más septentrional de Chile, elevado a 4.000 metros sobre el nivel del mar y a unos escasos kilómetros de la triple frontera de Chile, Bolivia y Perú. El pastor de 73 años nació, se crió y ha vivido toda su vida en esta comuna altiplánica llamada General Lagos. Aquí las comunidades aymaras se han ido construyendo a partir de la tradición ganadera que, desde hace más de dos mil años, se ha practicado junto a diversas tradiciones agrícolas en las quebradas altas o serranías. A esta zona tan aislada de Chile no ha llegado el Covid-19, pero la mayoría de los ganaderos han sufrido otras consecuencias.

Marcelino Mamani y su mujer, Carmen Paco, viven en Visviri.
Crédito: Patricio de la Paz.

Junto a una pareja de pastores, Germán cuida alrededor de 300 alpacas y llamas, ganado que heredó de su padre y que hasta el 18 de marzo era su solvento económico. Todos los domingos, el pastor y los ganaderos de la comuna comercializaban la fibra y el cuero de sus animales en la feria tripartita, donde las fonteras se levantaban y se encontraban aymaras chilenos, bolivianos y peruanos.. Ahí también compraban frutas, verduras, víveres, gas y petróleo. Pero todo cambió cuando Chile cerró sus fronteras, debido al virus, y el mercado tuvo que cerrar sus puertas.

La feria internacional tripartita funcionaba a apenas 14 kilómetros de Visviri, y constituía un evento que reunía a comerciantes de los tres países. Pero tras el cierre de fronteras y el decreto de estado de excepción, los ganaderos no tienen dónde vender sus productos ni dónde comprar mercadería. 

“Nuestras alpacas las esquilábamos y llevábamos la fibra a esa feria para hacer un trueque, o nos daban dinero y con eso comprábamos mercadería. Ahora ya no podemos. Por eso, mis hijas que viven en Arica me mandan de vez en cuando alguna encomienda. El coronavirus no ha llegado acá. Por suerte estamos alejados de la ciudad”, dice Germán. 

Actualmente a Visviri no pueden llegar ni los hijos ni los nietos de los pobladores que quieren ascender desde Arica para ayudar a sus familiares. En Zapahuira, localidad de la comuna de Putre, ubicada cerro abajo, se instaló una aduana sanitaria para controlar que ariqueños y parinacotenses no se trasladen a sus segundas viviendas. Esto ha dejado a la localidad todavía más aislada, aunque al mismo tiempo ha impedido el paso del virus. 

Visviri es un pueblo pequeño, siempre aislado.
Crédito: Patricio de la Paz

En Visviri, un caserío de cuatro por cuatro manzanas, no viven hoy más de 60 personas. Es la capital de la comuna de General Lagos, donde se concentran los servicios públicos y municipales como la posta, el retén de Carabineros, el registro civil y la escuela pública. El pueblo, al igual que los otros poblados, tiene agua potable pero sólo goza de luz eléctrica alrededor de seis horas al día. El internet está proporcionado por los planes de celular, sin acceso a banda ancha, y el único canal de televisión que llega es TVN.

La gran mayoría de los ganaderos vive en estancias alejadas a los pueblos, sin acceso a agua potable, con limitada señal telefónica y luz eléctrica suministrada por sistemas de paneles solares propios. Germán Flores tiene placas solares que pueden prender una sola ampolleta por noche. Sin embargo, en estos tiempos, vive como en la Edad Media: alumbra su pieza con velas y un farol, ya que le ha delegado el resto de la estancia y sus placas solares a la familia cuidadora de cinco integrantes.  

Hace 20 años Visviri no estaba tan desolado como hoy. El ferrocarril Arica-La Paz pasaba por aquí, era la última estación en territorio chileno antes de llegar a Bolivia. El ferrocarril significaba la fuente de ingresos de muchas familias locales, pero su clausura en 2005 conllevó al despoblamiento de la zona. Los jóvenes y los adultos migraron para estudiar o trabajar. Actualmente, en la comuna viven sólo entre 150 y 200 familias y la población es mayoritariamente de tercera edad, según cuenta el alcalde  Alex Castillo.

DIFICULTAD PARA ABASTECERSE

Hace dos meses que Germán no baja a Arica, la ciudad chilena más cercana a Visviri. Usualmente iba a visitar a sus hijas y llevaba algunos de sus productos, como el charqui, para venderlos. La gran mayoría de los ganaderos de la comuna General Lagos tienen dificultad de bajar a esta ciudad, por su lejanía -265km- y el tiempo de viaje que bordea las cinco horas. Además tienen que ingeniárselas para ver con quién dejan a sus animales. Y a eso se sumó las restricciones de cuarentena que estuvieron vigentes hasta el 14 de mayo en Arica.  

Se calcula que aquí viven un par de decenas de familias.
Crédito: Patricio de la Paz

Marcelino Mamani (69), presidente de la Asociación Indígena de Ganaderos de General Lagos, bajaba a Arica cada quince días para asistir a reuniones como dirigente y para realizar trámites personales como cobrar su pensión o pagar las cuentas de luz y agua. Cuenta que tenía que pedir un permiso en un retén de Carabineros antes de entrar a la ciudad y que sólo disponía de cuatro horas para hacer todas sus diligencias. Este ganadero aymara cuenta que también le ha afectado el cierre de fronteras porque en la feria tripartita comercializaba sus productos y se abastecía de mercadería. 

“No podemos vender la carne ni nada, no podemos laborar el charqui porque no tenemos dónde venderlo. Económicamente nos vamos quebrando más y más”, dice Marcelino.

El alcalde Alex Castillo cuenta que la pandemia ha afectado a los residentes de su comuna por la dificultad de abastecimiento y también ha mermado sus ingresos. Por eso dice que con fondos municipales logró entregar cajas de mercadería de productos perecibles y no perecibles, además de productos de aseo y sanitarios, a todas las familias de la comuna

Otra medida que ha dispuesto la municipalidad ha sido facilitar el envío de encargos y paquetes de mercadería por los familiares de los afectados que viven en Arica, a través de buses subvencionados que suben hacia Visviri. “A mí me interesa que los vecinos y las vecinas tengan comida para que no se vean obligados a bajar. Y si van a bajar, que bajen por cosas puntuales”, dice el alcalde.  

La feria tripartita se realizaba cada domingo: sin fronteras, se reunían comunidades aymaras de Chile, Perú y Bolivia. Hoy está cerrada.
Crédito: Patricio de la Paz

Grupos civiles como la Unión Comunal de Juntas de Vecinos han organizado campañas solidarias para suplir las necesidades alimentarias de las comunidades aymaras rurales que viven alejadas. Personas particulares, instituciones públicas y privadas han colaborado y los víveres están siendo repartidos a las familias de la zona. 

SE HACE LO QUE SE PUEDE

El teniente Martín Gutiérrez (28) trabaja en el retén de Carabineros de Visviri desde febrero del año pasado y siente que en el territorio hay mayor presencia de autoridades en este periodo de pandemia. Cuenta que producto del cierre de fronteras, se ha visto una disminución de un 95% en delitos de contrabando e ingresos ilegales y que la labor de Carabineros ahora ha pasado a ser más social y educativa.  

“Vamos a ver a los menores de edad y a las personas que viven más lejos, y les informamos sobre la contingencia actual, sobre qué es el coronavirus, sobre cómo usar la mascarilla, sobre las diferencias entre los permisos temporales y salvoconductos. Hacemos patrullajes diariamente, vamos a las estancias y levantamos un acta, una especie de censo que establece los problemas que tienen”, dice Gutiérrez, quien hizo un curso especial de entrenamiento para ser destinado a alguna frontera lejana de Chile.

“Ser carabinero acá es distinto a ser carabinero de ciudad. Generalmente en la ciudad muy pocos conocen al vecino por la densidad demográfica. Pero aquí uno se hace parte de la comunidad. Conoce sus problemas, sus necesidades y ayuda con lo que puede”, dice; y confiesa que junto a unos compañeros de trabajo han hecho donaciones de verduras, frutas y productos básicos -como pilas para radios- a familias vulnerables.

Labor comunitaria Carabineros de Visviri. Crédito: Educar Chile

El jardín infantil y la escuela-internado de Visviri están actualmente cerrados. De acuerdo al servicio local Chinchorro, a cargo del internado, este año la matrícula del colegio es de 29 estudiantes de primero a octavo básico. Según el teniente Gutiérrez, la mitad de estos estudiantes vienen de Bolivia: específicamente de Charaña, a sólo 5 kilómetros de Visviri.  

Desde la escuela cuentan que a los estudiantes les hacen llegar semanalmente guías impresas escritas por los profesores, además de las canastas de alimentos Junji o Junaeb. “Los niños acompañan a sus padres en las labores domésticas. Los hemos visto con sus papás pastoreando. Culturalmente ellos tienen arraigado eso. Las madres van a pastorear con el aguayo que es el elemento con el cual transportan a los niños”, comenta Gutiérrez . 

UNA SALUD QUE NO BASTA

La posta rural de Visviri es pequeña y actualmente posee un equipo fijo de una doctora, una enfermera, una matrona y dos técnicos en enfermería, cuenta Fernanda Bravo, encargada del departamento de salud de la municipalidad. 

Este equipo de salud, al igual que todos los funcionarios públicos de Visviri, brindan sus servicios sólo de lunes a viernes (hasta mediodía); ya que casi todos bajan el fin de semana a Arica. Si sábado o domingo alguna persona se accidenta o necesita de atención médica, únicamente puede ser atendida por una técnico de enfermería en turno.

Una vez al mes, el equipo de profesionales realiza una ronda médica por once puntos de la comuna. Generalmente ven a los pacientes en las juntas de vecinos. Pero las asistencias a la posta y a la ronda médica han disminuido estos meses con la pandemia, dice Fernanda Bravo. “La gente no está asistiendo a las rondas como antes. Yo creo que es por un tema de seguridad. Se les ha dicho por la radio que no se pueden aglomerar. Vivimos súper aislados, ¿para qué arriesgarse a algún contagio? Yo creo que es más un resguardo”.

El pastor Germán Flores cuenta que la última vez no pudo ir a la cita médica. “La ronda llega a Chislluma (uno de los pueblos de la comuna). En abril no fui porque son 9 kilómetros que tenía que caminar, ida y vuelta. Yo recibo una leche como adulto mayor. Como tengo problemas de artrosis en la rodilla, me cuesta caminar. La última vez traté de ir en bicicleta, pero me caí, entonces le tengo miedo ahora”.

Entrega de Canastas Familiares a familias más vulnerables – Crédito: Educar Chile

Angelino Huanca (50) es consejero nacional aymara en la comuna y es crítico de la situación de salud en la zona. “Las rondas médicas van a los pueblos. No a las estancias. No saben si en las estancias la gente está enferma o puede estar accidentada. ¿Por qué la gente no va a la ronda? No tienen remedios, solamente te toman la presión. Yo mismo cuando me resfrío no voy, porque cuando he ido a la posta me han dicho que no hay remedios o que no está el profesional”, dice el ganadero. Huanca critica que haya un solo médico para todo el territorio y que esté presente únicamente de lunes a viernes. 

Como consejero aymara, Angelino ha conversado con los ganaderos y se ha dado cuenta que la situación del cierre de fronteras los tiene angustiados. Por eso le pidió personalmente al gobernador de Parinacota, Mario Salgado, realizar visitas cada miércoles a un pueblo distinto en la comuna para dar información sobre el coronavirus. También ha insistido en la entrega de cajas familiares a todos los pobladores.

“Obviamente, nos hacemos la pregunta, ¿cómo nos vamos a seguir solventando estos meses? No sabemos si esto va a terminar ahora en mayo, junio, o seguirá hasta diciembre -dice Angelino-. La autoridad tampoco nos aclara cuánto tiempo va a durar el estado de excepción. Es preocupante ser un representante y ver que tu propio prójimo no tiene ni para cocinar. Yo recorro la comuna, voy a las estancias donde no llegan los alcaldes y concejales. Me ha tocado ir y repartir ayudas. Encuentras animales muertos sin dueño, y algunas personas te reciben hasta con lágrimas”.

Comentarios
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