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La historia del migrante italiano que hace 96 años llegó a Chile y fundó el Emporio Zunino, la fábrica de empanadas más tradicional del sector Mercado Central

Fundado en 1930 por un inmigrante italiano, el Emporio Zunino ha resistido guerras, crisis económicas y una pandemia sin perder su sello artesanal. A 96 años de su creación, la tercera generación de la familia sigue al mando de uno de los rincones más tradicionales del sector del Mercado Central de Santiago. "Ya somos parte de una tradición chilena de muchos años. La gente piensa "Ah, las empanadas Zunino". Ya saben dónde está", explica el administrador.

Por 5 de Julio de 2026
Foto: The Clinic / Felipe Figueroa.
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En 1930, mientras el mundo estaba sumido en la Gran Depresión y con el mayor conflicto del siglo XX en la puerta, el italiano Sebastián Zunino fundó en Chile el Emporio Zunino. Nació como un negocio de abarrotes, trayendo productos importados de Europa para el público chileno. Posteriormente, decidieron agregar a su oferta pastas frescas. 

Sebastian Zunino llegó a Chile en la década de 1910, proveniente de una pequeña localidad italiana llamada Tiglieto, a 20 minutos de Génova. Según cuenta hoy su nieta, Ughette Zunino, Sebastián se maravilló inmediatamente con el país, y de inmediato quiso hacerse de una vida. Le costó años de trabajo y sacrificio, cuenta su nieta. No se imaginó que casi un siglo después, el negocio que lleva su apellido sería siendo testigo de la historia chilena. 

Con los años, y luego de los estragos económicos que dejó la Segunda Guerra Mundial, surgió la idea de hacer empanadas, una de las comidas más consumidas en el país.

En ese momento, se formó una mezcla de la tradición chilena con el oficio de la masa que traían de Italia, y eso se convirtió en la identidad del negocio. Hasta el día de hoy, 96 años después de su fundación, el Emporio Zunino ofrece este clásico chileno. A pesar de los años, las guerras, las crisis económicas y una pandemia, este lugar abre sus puertas para recibir a familias enteras, personas que mantienen la tradición generacional de comer empanadas artesanales en el local.

A pesar de lo que pase afuera, “siempre el local sigue igual. Somos ajenos a todo lo que pase de fuera, la gente siempre llega igual. Nada de política ni mucho menos, todo dentro del negocio, que es lo que nos importa a nosotros”, dice Patricio Pousa, el actual administrador.

En el lugar de Sebastián Zunino, su hijo Eugenio lideró el negocio por casi medio siglo. Después el nieto Claudio continuó la posta. En un momento apretado económicamente para la familia, vendieron una parte a Miguel Angel Del Mauro, y entonces empezó a sociedad Zunino y Del Mauro, de la cual siguen siendo dueños la tercera generación de Zuninos. 

En medio de un ajetreado día, cerca de la hora de almuerzo, The Clinic conversó con Patricio Pousa, cuyo padre trabajó de la mano con Eugenio Zunino, para conversar sobre lo que es llevar un local con tanta historia y cómo se han mantenido vigentes a pesar del paso de los años. 

“Con el transcurso del tiempo se ha ido modificando un poco en base a lo que va pasando, contingencia nacional, de la ciudad, del país. Pero ya somos parte de una tradición chilena de muchos años. La gente piensa “Ah, las empanadas Zunino”. Ya saben dónde está”, cuenta Patricio. 

Un lugar con tres generaciones de legado

“Siempre vienen personas que me dicen ‘mi papá me traía para acá, mi abuelo también venía, y ahora traigo a mis hijos, vengo con mi familia’. Siempre se ha formado un lazo muy familiar entre los clientes y nosotros como comerciantes en el día”, dice Patricio Pousa. 

Cuenta que es común recibir a personas que le cuentan que venir al local era una tradición familiar, y lo sigue siendo: “Es algo bonito. Uno se siente bien, se siente orgulloso de haber sido parte de todo ese proceso”. 

Patricio Pousa llegó al Emporio Zunino cuando tenía 25 años, a trabajar con su padre, Carlos Pousa y el hijo del fundador, Eugenio Zunino. 35 años después sigue siendo parte de la tradición familiar, la cual es parte de su propia historia también. “Me impregné de todo este asunto, ayudé a mi papá y después, quedó el hijo de Don Eugenio conmigo. Porque yo ya estaba ya inmerso en todo el sistema y el aparataje, me dejaron a cargo del negocio”. Actualmente, Claudio Zunino es parte del directorio de la empresa. 

En un mundo industrializado, Patricio cuenta que su sello es seguir cocinando artesanalmente, porque así, se mantiene la calidad del producto: “Lo bueno de este negocio es que se hace la empanada y se vende, no queda del otro día. Siempre nosotros terminamos de cocinar y cerramos, porque no podemos dejar empanadas de un día para otro”. 

Las empanadas se hacen y se hornean en el subterráneo del local. “Hasta que llega un momento en que vemos que ya hay poca gente, y ya hemos vendido lo suficiente. Paramos un poco para ver cuánta gente llega y ahí terminamos casi justo. La experiencia no más te dice cuánto, cuánto tienes que estar con el negocio abierto”.

Eso fue lo que los distinguió desde el inicio, y a casi un siglo de su fundación, sigue siendo el sello distintivo del Emporio.

“Se hornean y se van al cliente, el cliente se las lleva calentitas y al otro día es otra cosa, otra producción, todo de nuevo”, detalla Patricio. 

Para los dueños, es importante que eso se mantenga, porque con el pasar de los años, se han dado cuenta que la gente valora el esfuerzo por la tradición y la calidad del producto.  Además, “se siguió la tradición, de padre a hijo convirtiéndose en una tradición del mercado porque este negocio siempre ha sido igual, en el mercado central de Santiago, que es una tradición de años”. 

Esta historia se ve en las paredes del lugar. Quien lo visita puede ver fotografías de un Santiago antaño, del que el Emporio Zunino ya era parte. 

Felipe Figueroa / THE CLINIC

“A mí me impresionó cuando llegué la forma de llevar el negocio en sí, porque era muy familiar, muy cercano a la gente. Eso es lo que me llamó la atención y me gustó mucho el sistema de trabajo. Era un trabajo más artesanal, no tanta maquinaria, sino que era lo justo y necesario para poder llegar a un producto bueno”.

Y así sigue siendo. Usan la misma amasadora, la misma laminadora, refrigeradores… “No hay ningún no hay ninguna cosa tan moderna ni tan sofisticada como le gustaría a algunos, pero no la tradición es así y así queda, por eso son tan buenas”, afirma Patricio.

Otro local para otro público

El Emporio tiene su público objetivo claro. Sabe que las personas que los visitan viven menos acelerados. Van al Mercado Central, van a La Vega, y pasan al Emporio. “Aquí nosotros tenemos una forma de trabajar con la gente que es del alrededo. El flujo de gente es bastante alto. Entonces, la gente que compra cerca, pasa por el negocio. Y esa es la gente que nosotros tenemos”.

Con eso en mente, abrieron otra sucursal, en la calle Estado, destinado a personas que trabajan en los alrededores, y pueden pasar brevemente a comprar una empanada. 

“Pusimos otro local porque es algo un poquito más moderno, con otra clase de gente. Hay una alternativa de venta que es para la gente que trabaja en oficina, que tiene otra forma de vida. Ellos no vienen al mercado ni a la Vega. Ellos salen de su oficina, salen a colación, después salen a las 5:30 de la tarde y tienen el local ahí, donde consumen su empanada. Es otro público”, relata Patricio. 

Para los dueños, esta es una forma de reinventarse y poder llegar a otra clase de público: “Al final es una forma distinta de seguir atrayendo gente. Es adaptarse a las nuevas generaciones, hemos modernizado algunas cosas, pero eso va de la mano de la calidad y de la tradición. A nosotros no nos gusta mucho modernizarnos porque la tradición es parte de nuestra esencia”. 

Patricio cuenta que el segundo local también los ayuda a seguir vendiendo hasta más tarde. Detalla que desde hace un par de años deben cerrar a las 6 de la tarde, dos horas antes de lo que solían hacerlo, debido al aumento de delincuencia en el sector. 

“Había mucha gente que se sobrepasaba acá, entonces nosotros no podíamos estar luchando contra eso, porque si no entramos en problemas. Lamentablemente hay muchas personas que viven del comercio ambulante, entonces se producen focos de delincuencia en el sector”, relata Patricio.

Esto es algo que han conversado con la Municipalidad de Santiago. El alcalde, Mario Desbordes, ha visitado el lugar en un par de ocasiones, y está al tanto de la situación que viven los dueños. “él dice que está solucionando eso de a poco, de a poco y tiene que ser así, pues no podemos no podemos exigirle más de lo que él pueda darnos porque también tiene sus restricciones, así que no puede llegar y hacer algo más drástico”. 

“Por lo menos ha venido, nos conoce, sabe cómo trabajamos y siempre está preocupado de cada de los negocios más antiguos para que puedan estar tranquilos por lo menos”, agrega Patricio.

A pesar de eso, de lunes a sábado sin falta, a las 9:30, la esquina de Puente con San Pablo recibe a personas que siguen yendo por tradición, o a curiosos que atrae el olor a pino y empanadas que se huele a cuadras.

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