Jaime Mañalich, ex ministro de Salud: “Es necesario poner sobre la mesa que aquí se puede perder la batalla contra el Covid-19”

A un año de la tormenta que ha traído el Covid-19, Jaime Mañalich evalúa sus polémicos meses de gestión. “A mí me tocó una parte muy dura”, dice. Aquí, el ex ministro enciende las alarmas. Advierte que hay que moderar el “ambiente de triunfalismo” respecto a la vacuna y mejorar el control fronterizo. “Esta guerra está muy lejos de terminar”, afirma.

Es un tipo áspero, controvertido y diestro a la vez. Tiene un carácter complejo. Así quedó en evidencia en el año que fue ministro de Salud y en que le tocó pilotear la primera etapa de pandemia. 

Jaime Mañalich fue el ministro de los súper poderes y lo hizo sentir en todo momento. Su tono, su ímpetu, sus formas chocaron con la comunidad científica y lo dejaron fuera del campo de batalla. 

A sus 66 años, este médico cirujano, especialista en nefrología, se mantiene muy informado y sigue la evolución de la pandemia desde su casa. Ya está jubilado y sólo hace clases, asesorías o conferencias si es que se lo piden. 

-Cuando era ministro le declaró la guerra al virus y habló de la batalla de Santiago. Muchos entendían que el general era usted. ¿Salió derrotado de esa batalla o triunfante?

-En ese momento, digamos cuando yo salí el 13 de junio, estábamos en la mitad del combate de la primera ola en Chile, y fue muy violenta. En ese contexto, para mí usar el lenguaje bélico era relativamente apropiado. Desde chiquititos se nos enseña que las enfermedades infectocontagiosas son una lucha contra el enemigo. Por lo tanto, a su pregunta concreta, yo diría que salí con la satisfacción de que toda la estructura para enfrentar esta pandemia estaba puesta en marcha. Hablo de los testeos, de las cadenas de información, de los respiradores, de aunar los servicios del servicio público y privado de salud, en fin. 

-¿Pero cree que salió triunfante? 

-Triunfante es una palabra complicada. De esa primera etapa logística de preparación para este combate, yo me doy por satisfecho. Luego presenté mi renuncia… A mí me tocó una parte muy dura. Yo decía: “Hay que usar mascarilla en el metro”. Y me respondían:  “¡Pero cómo se le ocurre!”. O si decía: “A lo mejor hay que postergar el plebiscito”. Decían que era manipulación. O sea, había un ambiente muy duro y eso produjo un desgaste. Yo lo tenía claro desde mayo. Sabía  que era necesario un cambio. 

“Cuando yo salí el 13 de junio, estábamos en la mitad del combate de la primera ola en Chile, y fue muy violenta. En ese contexto, para mí usar el lenguaje bélico era relativamente apropiado. Desde chiquititos se nos enseña que las enfermedades infectocontagiosas son una lucha contra el enemigo”.

-¿Sabía que se había convertido en un problema, en una piedra de tope? 

-Esa es la palabra exacta: yo era una piedra de tope para un gran acuerdo nacional para enfrentar esta pandemia. Y eso, insisto, fue producto del desgaste de la primera etapa, de los roces con los alcaldes, de distintos agentes. Fue cuando esta pandemia se transformó en un tema de conflicto político. 

Sí, pero también se le criticaba por su personalidad y porque tenía una mirada un poco autocomplaciente. Mirado hacia atrás, ¿dónde estuvieron los grandes nudos?

Dado el contexto social y político en el que estábamos, necesariamente el tema de la pandemia iba a producir tensión, roces. Además, hacer que las cosas ocurrieran a la velocidad que tenían que ocurrir, exigía un mando extraordinariamente fuerte. Y en Chile no estamos acostumbrados. Otro factor es que nosotros éramos bombardeados todos los días por distintos expertos que anunciaban predicciones tremendas, pero que luego no se vieron reflejadas. 

-¿Lo dice por Espacio Público, por el rol de la periodista Alejandra Matus que estuvo encima de las cifras? 

-Por toda la gente que hizo augurios y que hoy, nadie en su sano juicio se atrevería a hacerlo. Entonces, se dio un conflicto respecto a estas predicciones que fue muy duro. Pero eso ya es historia.

Y en esa historia, ¿Mañalich saldrá bien parado? 

-El juicio lo hace la historia. No es el momento de dar esa respuesta.

“Esa es la palabra exacta: yo era una piedra de tope para un gran acuerdo nacional para enfrentar esta pandemia”.

-No sólo tuvo roces con expertos. También con el Colegio Médico. El secretario nacional del gremio, José Miguel Bernucci, dijo que el gran error en el manejo de la pandemia fue el rol del segundo piso. ¿Asume la crítica de que el segundo piso de La Moneda pauteó el manejo de la pandemia? 

-No, yo pienso que es todo lo contrario. Dado que, legalmente, el decreto de excepción constitucional me nominaba a mí como ministro coordinador de esta catástrofe, las Fuerzas de Seguridad, los jefes de zona, se tenían que coordinar a las instrucciones que les daba el Ministerio de Salud. No es cualquier decreto de emergencia. Y en ese sentido, en parte también por lo que usted señala de mi carácter, yo no estaba dispuesto a aceptar instrucciones de segundos pisos ni de nadie. Las instrucciones me las daba el Presidente de la República directamente conversando conmigo. 

-¿Tuvo mucho poder en sus manos? 

-O sea, esta crisis sanitaria obliga a que el Ministerio de Salud, de acuerdo a la legalidad vigente, tenga poderes completamente extraordinarios.

“Yo no estaba dispuesto a aceptar instrucciones de segundos pisos ni de nadie. Las instrucciones me las daba el Presidente de la República directamente conversando conmigo”. 

Pero el ministro Enrique Paris no tiene el poder que tenía Jaime Mañalich. 

-Era otro momento. Una etapa completamente diferente. Cuando yo digo: “Señores Isapre, aquí no hay cláusula que valga. Ustedes van a financiar a todas las personas de acuerdo a su seguro de salud; vamos a generar un financiamiento de Fonasa y unificar toda la red sanitaria pública y privada en una sola mano porque la situación exige esfuerzos extraordinarios”. Bueno, ese poder que usted señala era necesario para que los chilenos y chilenas no murieran por falta de un respirador o una cama. 

-En este gobierno ha habido ministros con varias frases desafortunadas que irritan y distancian a la ciudadanía. Usted no fue la excepción. ¿Ha habido un error de sensibilidad?

-Mire, mi aprendizaje del manejo de redes sociales, Twitter fundamentalmente, ha sido duro. Hoy, el lenguaje público es un lenguaje en cuñas. No hay espacio para explicaciones. Si yo digo que todas las predicciones que se hicieron respecto a lo que iba a ocurrir se cayeron como castillo de naipes; se te viene el mundo encima. No hay posibilidad de explicar. Yo me he acostumbrado a meditar, reescribir, rayar hasta lograr la frase para poner en Twitter y ojalá en los menos caracteres que pueda. 

“Mi aprendizaje del manejo de redes sociales, Twitter fundamentalmente, ha sido duro. Hoy, el lenguaje público es un lenguaje en cuñas. No hay espacio para explicaciones”.

BAJO CONTROL

-En la situación actual, ¿por qué es necesario mantener el Estado de Excepción? 

-Es absolutamente imprescindible. ¿Quá pasa si el ministro necesita aviones de la Fuerza Aérea para mover pacientes? ¿O si se  necesita mantener el control sanitario, con contribución de las Fuerzas Armadas? Necesitamos los vehículos para transportar vacunas y necesitamos los aviones de la FACH para que traigan las vacunas por rutas secretas. 

¿Y necesitamos toque de queda?

-En mi opinión, lo más importante para mantener la pandemia bajo control es aumentar el testeo con tecnologías que hoy estamos usando muy poco. Me refiero al test de antígenos y el de saliva. El PCR es un examen que ocupa personal que se puede contagiar y es muy lento. Realmente, como herramienta de salud pública, es un instrumento bastante complejo y que en el mejor de los casos da los resultado dos días después. Hoy día se dispone de otros test como el de antígeno en que tienes el resultado media hora después y te dicen si la persona tiene el virus en la garganta o no.

-¿Y el test de saliva es efectivo también?

-De todas maneras. Se podría hacer el test de saliva en la sala de un consultorio. Si hay 20 personas, se les da un frasquito y se les dice: “Escupa aquí. Tire un escupito -perdón la palabra- y me devuelve la cuestión cerrada”. Y eso se hace sin riesgo para el personal y con un exámen que funciona mejor que el exámen en faringe. En la perspectiva sanitaria, tenemos que hacer un mayor esfuerzo de testeo. 

-¿En qué otros aspectos pondría el foco hoy?

-Por cierto, insistir en que todo el mundo ande con su mascarilla. Otro asunto clave es evitar las aglomeraciones de la gente. Creo que la fiscalización de esto no ha sido todo lo enérgica que necesitamos. Está comprobado que en lugares donde se reúne gente por varias horas y sin mascarilla, el contagio se magnifica. 

-¿Ahí vale el toque de queda?

-Por supuesto. Esta tercera ola que ya estamos teniendo ahora, y que probablemente va a aumentar a fines de marzo y abril, es muy difícil de controlar sin toque de queda. Francia, por ejemplo, tiene toque de queda a las seis de la tarde. Ellos no tienen confinamiento. 

Sí, pero en Francia no han tenido toque de queda permanente por un año. Ha sido por momentos. 

-Creo que aquí se estigmatiza la discusión sobre el toque de queda por el contexto de la dictadura militar. Traemos una carga emocional por esa dura situación. Pero el toque de queda es un instrumento imprescindible para evitar las aglomeraciones sociales. Durante este período vamos a tener mucha gente vacunada, pero no vamos a tener todavía una protección real de toda la ciudadanía. Entonces, seamos claros: estamos en un momento en que tenemos una cierta tranquilidad artificial porque se están poniendo muchas vacunas, pero eso no va a tener efectos todavía.

¿No encuentra que el mensaje es ambivalente? Usted dice que hay que evitar las aglomeraciones, pero el mall está abierto…

-Mire, sin entrar en las medidas específicas de las playas o de los malls, creo que el foco prioritario es que logremos bajar la tasa de contagios de casos activos. Hoy día hay 24 mil personas con una tasa de reproducción mayor a uno. O sea, cada uno de ellos va a contagiar a más de una persona. Tratemos de que eso se reduzca. Y para eso, mi opinión, es evitar aglomeraciones de personas. 

“Creo que aquí se estigmatiza la discusión sobre el toque de queda por el contexto de la dictadura militar. Traemos una carga emocional por esa dura situación. Pero el toque de queda es un instrumento imprescindible para evitar las aglomeraciones sociales”.

¿Cerraría el mall? 

-Prefiero pasar de esa pregunta. 

-O sea, lo cerraría.

-… Creo que dado el intenso volumen de vacunación que tenemos, existe una posibilidad real de mirar con cierta esperanza el año 2022. Pero eso exige mantener una campaña muy fuerte de vacunación, pero también evitar que la gente se reúna en muchedumbre. 

¿Qué otras medidas ajustaría? 

Mire, yo no quiero hacer un juicio respecto de ninguna medida en particular. Pero el control de las fronteras, es un tema. Tenemos la amenaza de la variante brasilera y de la británica. Puede producirse un escape inmunológico en cualquier momento. Esas cepas o variantes podrían tener un comportamiento de mayor resistencia a las vacunas que ya están en uso. Por lo tanto, eso nos obliga a tener una política de frontera más estricta de la que hemos tenido hasta ahora.  Y también insisto en la necesidad de ocupar las otras técnicas de monitoreo de seguimiento que disponemos. 

-Por ejemplo, si un avión llega de Brasil y sabemos que la cepa amazonica es muy contagiosa, ¿qué haría?

-Diría que a toda persona que llegue de Brasil, se le hace un test antígeno en la nariz en el aeropuerto. Eso demora media hora. Mientras, usted le dice a la persona que tome asiento en una sala de espera que estará habilitada. Y si el resultado es negativo, ningún problema, que le vaya bien, bienvenido a Chile. ¿Resultado positivo? Señor, usted se va cuarentena vigilada. ¿No tiene dónde ir? Hay residencia sanitaria. Se monitorea día a día. O sea, hay que elevar  el nivel de alerta que tenemos en las fronteras y evitar nos llegue una nueva cepa.

“Yo no quiero hacer un juicio respecto de ninguna medida en particular. Pero el control de las fronteras, es un tema. Tenemos la amenaza de la variante brasilera y de la británica. Puede producirse un escape inmunológico en cualquier momento”.

-Europa está en máxima alerta por las nuevas variantes. ¿Chile debería seguir esa línea?

-El asunto de las variantes, es una preocupación mundial. El problema es que si las vacunas que estamos usando no son tan efectivas con estas nuevas cepas, la situación se nos puede escapar. Por eso, y perdón lo reiterativo, hoy tenemos instrumentos para vigilar mucho mejor la trazabilidad. El PCR es un instrumento complicado de usar y la capacidad que tenemos de hacerlos es limitada. No no va más allá de lo que ya estamos haciendo y que son 60 mil al día. Yo apostaría más fuertemente a una estrategia de testeo y monitorización mucho más incisiva de lo que tenemos ahora. Existe la tecnología.

El tema es cómo controlar estas nuevas variantes en relación a la eficacia de las vacunas… 

-Claro. Yo creo que tenemos que hacer un monitoreo genómico del virus. Es fundamental licitar o entregar esa investigación a alguna universidad. No se lo entregaría el Instituto de Salud Pública, ya tiene demasiado trabajo. Pero necesitamos un ente que nos permita saber cómo se comportan estas nuevas variantes respecto a tal o cual vacuna. Pensar que estamos saliendo, que esto no requiere de mucha más energía o que ya podemos bajar los brazos, es un error. 

-¿Está preocupado? ¿Se relajó la gente, el gobierno?
-Mi preocupación es que hay un cansancio pandémico. La disposición de las personas cambió. Ya vemos que varios millones de personas van a estar en cuarentena los fines de semana. Y como sabemos que la gente está muy cansada, necesitamos renovar este compromiso de cuidado. Lo único que tenemos a la vista para dar nuevas esperanzas es una extraordinaria campaña de vacunación. Eso permite tener un nuevo optimismo, pero estamos lejos de salir.

“Yo creo que tenemos que hacer un monitoreo genómico del virus. Es fundamental licitar o entregar esa investigación a alguna universidad. No se lo entregaría el Instituto de Salud Pública, ya tiene demasiado trabajo”.

-¿La vacunación podría jugar en contra a nivel psicólogico? O sea, que la gente piense que con la vacuna ya estamos…

-Ha habido un ambiente de triunfalismo respecto a la vacuna. Es notable lo que ha ocurrido en tan pocas semanas, pero el riesgo sigue presente. Usando el lenguaje bélico otra vez,  es necesario poner en la mesa que aquí se puede perder la batalla contra el Covid. Es probable que durante las próximas semanas veamos un aumento de casos, cosa que no debería ocurrir antes de la segunda quincena de abril. 

Entonces, en lenguaje bélico, ¿en qué etapa de la batalla estamos?

Diría que la guerra contra el coronavirus se está dando favorablemente, pero está guerra está muy lejos de terminar.  Tiene sorpresas, variantes, vacunas que pueden o no pueden llegar. Además, los números de personas vacunadas ya no son los mismos del comienzo. 

-Y el riesgo de que algunos crean que una dosis ya están listos, ¿es un escenario posible?

-Sí. Hay que tener mucho cuidado con eso. Se acaba de aprobar la vacuna Johnson & Johnson que funciona con una sola dosis. Ya hay gente que está sosteniendo que la vacuna Pfizer, que nosotros tenemos y hemos vacunado quinientas mil personas en primera dosis, podría usarse solo una dosis en vez de dos. Entonces, no vaya a ser que por este lenguaje técnico la gente diga: “Ah. Ya me vacuné en febrero y estoy listo”. Hay que insistir en que la eficacia de la vacuna es con las dos dosis.

“Ha habido un ambiente de triunfalismo respecto a la vacuna. Es notable lo que ha ocurrido en tan pocas semanas, pero el riesgo sigue presente”.

-Para espantar el triunfalismo de la vacuna, ¿el gobierno debería mejorar la comunicación de riesgo?

Yo creo que hay que mover el dial todos los días respecto a la comunicación. Estamos es un momento en que hay que manifestar a la ciudadanía que el riesgo sigue siendo muy alto. 

-El aumento de casos va de la mano con el regreso de las vacaciones. ¿Fue un error? ¿Usted habría dado ese permiso? 

-En el momento en que se decidió dar permiso de vacaciones, yo coincidí. Pero la conducta de las personas de saltarse las barreras, de inventar que iban donde no iban y la falta de cuidado, sobre todo en la generación más joven, fue mucho peor de lo que uno habría esperado. En ese sentido, habría que haber sido más estricto. La gente de la Región Metropolitana llevó un número de contagios que provocó que tuviéramos muchos más casos en regiones. Eso fue la segunda ola. Porque recordemos que la primera ola fue fundamentalmente en la Región Metropolitana. 

“En el momento en que se decidió dar permiso de vacaciones, yo coincidí. Pero la conducta de las personas de saltarse las barreras, de inventar que iban donde no iban y la falta de cuidado, sobre todo en la generación más joven, fue mucho peor de lo que uno habría esperado. En ese sentido, habría que haber sido más estricto”.

¿Y ya estamos en una tercera ola? 

Al final, esto es un acuerdo de lenguaje. Nosotros tuvimos una primera ola durante el invierno. Durante el verano tuvimos una segunda ola que yo no me la esperaba. Sobre un nivel endémico de menos mil casos nuevos al día, saltamos hasta más de cuatro mil durante varios días. Desde el punto epidemiológico, se puede hablar de que tuvimos una segunda ola. Y es muy probable que tengamos una tercera ola del virus en nuestro invierno, cuando no tengamos todavía suficiente población vacunada. La pandemia está muy lejos de terminar.

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