Ver morir a una mascota y vivir el duelo en tiempos de pandemia: El dolor, el aislamiento y el consuelo en tres testimonios

El espacio que dejó la pandemia para respirar y mirar hacia atrás fue de mucha utilidad para algunos. En estos tres casos, el encierro, la soledad y la tranquilidad, les permitió vivir un duelo distinto. Hoy, habitan con el dolor de haber perdido a uno de sus seres queridos más cercanos: sus mascotas. Esta es la historia de Valeria Cárcamo, Felicia Morales y Bronko Yotte, que en conversación con The Clinic, cuentan cómo ha sido para ellos enfrentarse a esta situación tan complicada en medio de la pandemia.

Hace dos semanas, la gatita Nina de Jani Dueñas falleció. Tenía 18 años y el amor y la complicidad que ellas dos de seguro sentían, parece inconmensurable. Como este, ha habido muchos casos durante el último tiempo, en medio del estallido social y la pandemia, donde relaciones eternas de aprecio infinito se acaban en un abrir y cerrar de ojos.

La pena por esta pérdida física, cuenta Gabriela Diéguez, psicóloga especialista en duelo y gestión emocional, además miembro de la agrupación PerrodeCallecl, puede llegar a ser incluso más profunda que con un familiar directo, ya que los vínculos significativos de apego y amor se pueden establecer independientemente de si es un ser humano o no.

Por esto, dice, “hay que ampliar un poco la mirada de lo que es el duelo. No solamente es cuando uno pierde a un ser humano querido, sino que es un proceso que se vive cuando se pierde una relación significativa”.

Un proceso que, con la pandemia y el encierro, puede tornarse más dificultoso para quienes afianzaron una relación de compañía incondicional con el animal o definitivamente, están viviendo la pena en medio de la soledad. Esta pena, asegura la psicóloga, muchas veces no es entendida ni valorada, ya que, de manera tradicional, el animal no siempre es considerado como un integrante más de la familia, situación que a lo largo de los años ha ido cambiando.

“Cuando tenemos una pérdida que es tan invisibilizada, donde las redes de apoyo critican, la persona que está viviendo el duelo más se reprime y se estanca en esa emoción de dolor”, dice.

Gerardo

Foto: Instagram @valerialunacs

Valeria Cárcamo, socia del Amikas Podcast Club, conoció a su gato Gerardo en 2006. Aún estaba en la universidad y vivía en Viña del Mar junto a su mamá, quien era la que lo cuidaba durante el día. Justo en esa época, entre el 2007 y 2008, fue diagnosticada con trastornos de ansiedad, lo que más adelante se desarrolló en una depresión, que ha estado controlando a lo largo de los años. En el proceso, Gerardo fue clave.

“La gente cree que es algo que surge de la mente y no, la salud mental es algo bastante físico y en todos los procesos desde que empecé a sentirme mal, hasta que empecé a mejorar, él siempre estuvo conmigo. Si yo no me quería levantar de la cama, se acostaba conmigo y si quería levantarme, me acompañaba, si iba a la cocina, él me seguía, pero siempre fue muy tranquilo. Se podía comer tranquila con él, hablaba solamente cuando se me olvidaba cambiarle la arena, pero nunca fue molestoso, nunca me robó comida, por eso yo siempre decía: era el gato perfecto” reflexiona Valeria.

Asimismo, la también profesora de skincare agrega que “cuando uno está pasando por momentos oscuros en los que sientes que ningún humano te va a entender, de repente la mirada del gato es incluso mucho más comprensiva que la de un papá o un amigo, porque la mascota no te juzga, cacha si uno está bien o está mal sin que uno tenga que decírselo”.

Pasaron los años y la mamá de Valeria le pidió que se lo llevara. La convivencia con la otra gatita de la casa, Uma, quien además era su madre, ya no daba para más. Era el año 2014 y Gerardo se fue a vivir a Santiago definitivamente. Allí, se transformó en su “compañerito” incondicional.

Cuando ya vivían juntos, la era del internet pegaba fuerte y Twitter era lo que se usaba. De aburrida, cuenta, “agarré para el leseo a una marca de comida para gatos. Desde 2013 que ya le había hecho una cuenta de Twitter a Gerardo y alguna vez tuitié a la marca algo como ‘regálenme algo’ webeando nomás”.

Al año, le escribieron para ofrecerle ser parte de una campaña de influenciadores. “Ahí le hice un Instagram. Sentía que si no lo hacía, se iba a llenar mi cuenta de fotos de él. Era muy fácil de fotografiar porque siempre estaba muy tranquilo. La pega era igual cuática porque a veces andaba idiota y no quería foto”, recuerda.

Según asegura, bromeaba con él y le decía: ‘Gerardo, tienes que trabajar por tu comida’.

–Entonces fuiste mommanager…

–Sí, como la Kris Jenner po

#GerardoMario

El día de su fallecimiento, Valeria dio a conocer la noticia a través de sus redes sociales. En unos minutos, el hashtag que llevaba el nombre de Gerardo explotó en Twitter y se transformó en Trending Topic nacional en poco rato.

Entre los tuits, había gente que le daba las condolencias y otras que se abrían y contaban sus experiencias. “Logré sacar del clóset a varias personas que estaban en la misma que yo. Eso fue muy divertido, porque hay gente que no se atreve a hablar del dolor de perder a su mascota por miedo a que le digan la típica: ‘ya, pero sabías que se iba a morir’ y no, por eso no me tiene que necesariamente dejar de doler, duele igual”, celebra.

Luego de la exposición por la muerte de su gatito, Valeria se dio cuenta de que muchos creían que llorar a una mascota es como “ponerle mucho color” porque al momento de conocerla, la persona ya sabe que se va a morir antes que ella.

En ese sentido, la también música explica que no es lo mismo que perder un papá, un hijo, un hermano, sino que eso es otro tipo de dolor, que es igual de válido.

“Ponerle escalas al dolor me parece súper cruel y yo siempre supe que el día que se muriera Gerardo yo me iba a ir a la mierda, entonces era como que se me hubiese muerto un hijo, en el fondo. Entonces, en verdad era como váyanse a la chucha si creen que estoy exagerando, porque hasta el día de hoy me da pena”, cuenta Valeria.

Una vez que todo ocurrió, los cuestionamientos no tardaron en llegar: “quizás debí haberle hecho más exámenes, haberle dado otra comida”, pero con el tiempo, Valeria se dio cuenta que finalmente fue algo que se salía de sus manos, ya que era una condición que tenía desde pequeño.

“Me quedo tranquila con que traté de darle lo mejor que podría haber tenido un gato: buena vida, buena comida, agua filtrada, porque él no tomaba de la llave jajaja. Al final, siento que le di todos los lujos que pudo haber tenido”, explica.

Pero no todo fue tan fácil. La pena era tanta que, durante las dos primeras semanas, que le parecieron una eternidad, tomaba ansiolíticos para poder dormir por las noches y se dedicaba a intentar vivir el duelo conscientemente.

“Me preocupé de vivir la pena, tratando de descargarme altiro, para no estar guardando nada y así evitar que la pena me durara más tiempo. Creo que eso es algo que he aprendido con años de terapia, así que fueron dos semanas de llorar intensamente y después de a poco empecé a llorar menos” comenta.

Un aprendizaje obtenido con muertes pasadas, que le dejaron una “sensación de alivio: al fin ya no está sufriendo, ya no le duele nada, puede descansar”.

Hace poco llegó una pequeña urna con las cenizas de Gerardo dentro, que Valeria decidió dejar en el living de su departamento para poder saludarlo cada vez que pase por ahí. “Hasta el día de hoy me acuerdo de él, me da pena, pero me gusta acordarme que tuve ese gatito hermoso”, dice emocionada.

Nutella y Solar

Para la cantante Felicia Morales, siguen siendo días duros. Entre diciembre y enero, dos de sus gatitas fallecieron en un lapso de 10 días por fallas multisistémicas de sus órganos. Esto, producto de enfermedades renales que datan de años anteriores.

Solar, su gatita de 14 años, que vivía con ella hace cuatro –adoptada a un conocido músico que la dejó en Chile porque se iba a vivir a Berlín– falleció luego de una semana de estar hospitalizada. Sus riñones estaban ya muy deteriorados y los doctores no consiguieron sanarla.

“Era súper complicada porque al ser una gatita que siempre había vivido sola, tenía un carácter muy especial y no le gustó el grupo social que teníamos armado con los tres gatitos, que eran Nutella, Maruchán y Tamita. Mi rollo fue principalmente darle mucho amor y espacio para que estuviera tranquila en sus años, era muy mal genio, pero yo la encontraba adorable, muy regalona y muy linda” señala Felicia.

La artista agrega que “alcanzó a estar 4 años acá, hasta que empezó a tener problemas para comer, la llevé al tiro al veterinario a hacerse exámenes de sangre y cacharon que tenía el hígado mal. Traté de salvarla, debe haber pasado una semana en la que le hicimos todos los tratamientos posibles, pero no hubo caso”.

Unos días después de la muerte de Solar, Nutella, su gatita de 9 años, de un día al otro empezó a comer raro. Felicia, que ya conocía las señales, la llevó de inmediato a hacerse exámenes de sangre y el veredicto fue el mismo: falla renal. Un diagnóstico que, como sabrá cualquiera que tiene un gato, no es terminal.

“Nunca pensé que era tan grave y que se iba a morir, porque también la mayoría de mis amigos tienen gatos y hay varios de ellos que tienen desde muy chicos problemas renales y viven con eso por años. De hecho, cuando la llevé a la clínica me dijeron ‘esto no es terminal, dejas a tu gato tres días hospitalizado y te lo llevas’. Pero al día siguiente me llaman y me dicen: ‘tu gato está muy grave, no dejamos que venga nadie a ver a los animales, pero tú deberías venir’. Y ahí yo ya no lo podía creer” recuerda con pesar.

Su relató continúa: “Me dejaron ir los cinco días que estuvo hospitalizada, la fui a ver mientras dormía y estuve con ella lo más que pude, hasta que hubo que dormirla”.

Aparte de lo devastadora que fue esta pérdida doble, Felicia todavía no tiene la certeza de por qué murió su gatita realmente. Hasta el día de hoy, cuenta, los doctores no han sabido darle una respuesta concreta.

“Nutella fue la primera guagüita que adopté. Para mí fue muy especial tenerla porque la crié de muy chiquitita, entonces era como mi tesorillo, teníamos algo especial.

Lo repentino de estas dos muertes la dejó marcando ocupado. Hoy, afronta ambas pérdidas recordándolas a diario, pero sigue siendo complicado.

“Hubo un desajuste grande entre mis gatos en casa, en especial con su yunta, Maruchán, que hasta el día de hoy la busca. Es súper complicado, llamé a una etóloga y hemos estado haciendo ejercicios, pero él todavía la busca y llora mucho” explica Felicia.

Recuperarse de sus muertes ha sido difícil para los dos. El dolor de Maruchán, le recuerda a diario de que les falta algo a los dos, que no están completos. “La impotencia es súper grande”, dice.

“Hubo un momento en que me culpé de sus fallas renales por la comida que les daba, pero después me acordé de mi gatita Lilú, que vivió 18 años, y que fácilmente comió 10 años la comida más barata y de oferta del supermercado. Y también me acordé de gatos de amigos, que al año de vida ya están con problemas renales, lo que me hace sentir que igual es una cosa muy de suerte y bueno, en mi caso mala suerte que se juntaron las dos”.

Su consuelo más grande es haber hecho “todo lo humanamente posible para ayudarlas”, lo que le ha servido un poco para alivianar la culpa de perderlas. “Trato de pensar que les di la mejor vida que pude nomás y así es como pasan las cosas a veces: es cosa de suerte”, reflexiona la cellista.

Algunos días después de la muerte de sus dos gatitas, Felicia escuchaba a Jani Dueñas, a quien también se le murió una gatita, debatiendo en su podcast sobre cuándo saber qué hacer cuando una animal está muy viejito. “Le mandé un mensaje, porque justo se habían muerto mis dos gatitas. Ella me respondió con un audio muy bonito, que me reconfortó harto”, recuerda.

“Es loco porque no sé qué pasó, que se murieron tantos animales de tantos amigos y tantos cercanos. Me dio mucha pena pertenecer a ese grupo. Por lo menos los que están ahora acá: Tamita y Maruchán, están sanos”, dice.

Gala

Felipe –Bronko Yotte–, Gala y Paulina. Foto: Claudia Valenzuela.

Gala llegó a la vida del rapero Bronko Yotte cuando ella tenía dos años, en 2006. Era de Pau, su pareja, y su familia y desde el principio la quiso mucho.

“No era melosa, no lengüeteaba ni le gustaba que la tomaran en brazos. Pero tenía una mirada que te hacía cambiar. Te miraba con una cara de que cuidarla era tu deber y se acabó” dice el artista.

Foto: Gentileza Felipe Berríos.

“Si comíamos alcachofa, me correspondía convidarle. Se sentaba al lado mío mientras trabajaba, mientras componía, pero cateteaba cuando había que salir, esa no me la dejaba pasar. Y en esos paseos me regaló horas de solo estar en eso, de ocio en el mejor sentido posible, de estar ahí porque eso es vivir. Y eso me reafirmó para siempre: gracias a ella sé cómo se siente estar bien” recuerda el hombre.

A mediados de 2019, y previo al estallido social, Gala falleció a los 15 años.

“Vivir un duelo, de la magnitud que sea, requiere tranquilidad para ir respirando y viviendo día a día. Eso en 2019 estuvo difícil para mí. Pasaron hartas cosas: fui papá, estuvimos en Lollapalooza, viajamos a España a cantar y meses más tarde fui a New York a producir un disco; todo esto sumado al descalabro de octubre. Y en medio de todo este movimiento pasó lo de la Gala” reflexiona el artista nacional.

Entremedio de la agitación social y laboral, Bronko decidó reservarse la pena para él y su gente más cercana. Comentaba solo si es que le preguntaban. “Posteé algo en Instagram, pero sin que se pudiera comentar. Hay vivencias reales que son privadas y ya está”, asegura.

“Creo que el contexto caótico solo prolongó el duelo, lo dejó latente ahí debajo de la piel. Quizá la vida es sabia y así tenía que ser, no tener tiempo para enterarme de lo que sentía. Pero recién en 2020, con el frenazo obligado de la pandemia, pude respirar mejor y recién entonces recordar con paz y cariño” asume el músico.

Este “frenazo obligado” que provocó la pandemia, lo hizo extrañarla mejor “hablando de ella de vez en cuando como una parte de mi vida y de mi familia, porque en nuestra vida siempre va a haber estado la Galita. El tiempo no es solo lineal, no es solo progreso. Es un todo que se compone también de cosas que ya viviste, de seres queridos que ya no están pero te acompañaron”, sostiene.

Gala es el nombre de uno de sus discos más populares. Lo lanzó en 2015 y ya cuenta con millones de reproducciones en Spotify. La frescura y sentimentalismo de las canciones lo llevó al éxito. Pero el trasfondo del álbum es otro.

“El nombre del disco y la canción Lealtad están inspirados en ella, en Gala,  en ese amor tan bonito, así como en el temor que empecé a sentir por su muerte desde que me di cuenta de que caminaba más lentito” enfatiza.

“Hay mucha gente que te dice que el apego hay que evitarlo, que nos conduce a sufrir, y con eso suelen referirse también a los animales en nuestra vida. Pero la época en que hice el disco coincidió con una decisión que se contrapone a ese consejo. Me dije ¿sabes qué? Filo. Me apego, estoy conectado con la Gala. Si cuando se vaya sufro, será, la vida también es sufrir. Por lo pronto voy a estar contento y querer de la única forma que sé, que es queriendo plenamente, simplemente, cuando es de verdad”, sentencia finalmente Bronko Yotte.

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