Agustín Squella: “Tendemos a no recibir órdenes más que de nosotros mismos”

Crédito: Universidad de Valparaíso

Agustín Squella: “Tendemos a no recibir órdenes más que de nosotros mismos”

El Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2009 y ahora candidato a la Convención Constitucional, dice sentirse más atraído por la desobediencia que por su opuesto. Ese interés fue el que lo llevó a escribir su último libro, “Desobediencia”, publicado en noviembre de 2020. En esta entrevista, reflexiona sobre la naturaleza del desacato.

Agustín Squella (76) recuerda dos episodios como los de mayor desobediencia en su vida hasta ahora. Uno ocurrió en diciembre de 1973, cuando tenía 29 años. A tres meses del golpe de Estado, iba sentado en el asiento del copiloto del automóvil que manejaba un amigo y bajó la ventanilla para gritarle a una patrulla de militares: “¡Allende vive!”.

Poco tiempo después, ocurrió el segundo. Molestó a un parroquiano del Bar Inglés de Valparaíso que no conocía por el aspecto que llevaba. Tiempo más tarde, se enteraría que el tipo trabajaba para la entonces Central Nacional de Inteligencia (CNI). Pero el concepto “desobediencia” seguiría revoloteando en su cabeza durante toda su vida. 

¿A quién, cómo y en qué obedecer? ¿Por qué obedecer? ¿Cuándo desobedecemos? son algunas de las interrogantes que Squella busca esclarecer en las 160 páginas que componen su último libro, “Desobediencia”, publicado en noviembre del año pasado por la Editorial Universidad de Valparaíso. 

Usando como ejemplos canciones, películas y anécdotas, Squella dedica este ensayo a las personas que vacilan entre obedecer y desobedecer. Además, hace un recorrido por múltiples personajes que han desobedecido por distintos motivos. Algunos ficticios, como Antígona, Don Quijote y Frankenstein; y otros reales, como David Henry Thoreau, Mahatma Gandhi, Nelson Mandela y Greta Thunberg.

Su desobediente favorito, dice, es Luther King, quien fue asesinado a tiros en 1965 por demandar derechos para la población negra de su país. “Eso ocurrió en circunstancias de que los padres fundadores de los Estados Unidos, nada menos que dos siglos antes, habían establecido en la Declaración de Independencia de su país que todos los hombres nacen iguales en derechos. Los primeros catorce Presidentes de ese país tuvieron esclavos en sus casas y haciendas”, explica.

Crédito: Editorial Universidad de Valparaíso

En diciembre pasado, el jurista, columnista, profesor y Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2009 agregó un nuevo quehacer a su larga lista de ocupaciones: candidato a la Convención Constituyente. Va por el distrito 7, que incluye la zona costera desde Concón por el norte, hasta Santo Domingo por el sur. 

En esta entrevista, conversa sobre su libro “Desobediencia” y reflexiona acerca de su atracción por esa palabra y las motivaciones que llevan a alguien a obedecer o desobedecer. 

Su desobediente favorito, dice, es Luther King, quien fue asesinado a tiros en 1965 por demandar derechos para la población negra de su país. “Eso ocurrió en circunstancias de que los padres fundadores de los Estados Unidos, nada menos que dos siglos antes, habían establecido en la Declaración de Independencia de su país que todos los hombres nacen iguales en derechos. Los primeros catorce Presidentes de ese país tuvieron esclavos en sus casas y haciendas”, explica.

¿Cómo ha pasado la cuarentena durante los últimos días?

-Abrumado, y no sólo los últimos días, sino desde hace un año, consciente de que la epidemia tiene cada vez más graves efectos sanitarios, hospitalarios, laborales, económicos y sociales para la significativa mayor parte de nuestro país que, al igual que el resto del mundo, asiste y padece enteramente perpleja a la incapacidad universal para controlar este mal. Y más que perpleja -indignada- ante gobernantes tipo Bolsonaro que transforman a sus países, debido a sus propias torpezas, en exportadores de nuevas variantes del virus.

En su libro “Desobediencia”, usted dice que esta palabra tiene “mala prensa”. ¿A qué se debe?

-A que esa palabra es vista como algo inconveniente y merecedor de reproche social, en circunstancias de que grandes desobedientes en la historia de la humanidad, como Blaise Pascal, Tomás Moro, David Henry Thoreau, Gandhi, Luther King y Mandela son celebrados por los mismos que ahora critican a Greta Thunberg y Julian Assange, dos destacados desobedientes de la hora presente. No puede ser que rindamos culto a desobedientes del pasado y que a la vez rasguemos vestiduras ante los desobedientes del presente.

¿Por qué la decisión de reflexionar en torno a la desobediencia?

-Siempre me ha interesado el tema de la desobediencia al Derecho por razones morales y me atrajo la idea de volver sobre eso e ir incluso más allá. ¿Tenemos obligación de obedecer al Derecho? Claro que sí, ¿pero cuándo y cómo podemos desobedecerlo por motivos fundados de índole moral? ¿Qué papel juegan la protesta, la objeción de conciencia, la desobediencia civil, la desobediencia revolucionaria, la desobediencia anarquista? De esas preguntas se ocupa la parte final del libro.

“No puede ser que rindamos culto a desobedientes del pasado y que a la vez rasguemos vestiduras ante los desobedientes del presente”.

“NIÑO MALO”

El interés del académico por la desobediencia tiene larga data. Cuando era pequeño, era poco amigo de las reglas y le gustaba meterse en problemas; tanto así, que terminó siendo expulsado de su primer colegio, Sagrados Corazones de Viña del Mar. 

En el libro, menciona que usted fue “un niño malo”, que desobedecía a sus papás y también en el colegio. ¿Qué lo impulsaba a desobedecer en ese entonces?

-El rebelde que llevaba dentro de mí, apaciguado según pasan los años, fue sin embargo muy formativo en mi época juvenil. ¿Nos educamos obedeciendo? A veces. ¿Nos educamos desobedeciendo? Muchas veces. Para mí, por ejemplo, tuvo mucho mayor valor formativo  que el día en que me censuraron el diario mural que llevaba en el colegio, este haya encabezado una protesta general de los alumnos.

¿Por qué fue censurado?

-Tuve un diario mural en el colegio que renovaba cada semana. Una vez fue censurado por contener una crítica muy positiva a la película “Rocco y sus hermanos”, de Luchino Visconti. Le pusimos un 7, pero la película había sido calificada como no apta para ninguna clase de público por la clasificación Cinematográfica Católica y mi colegio era católico. Me ordenaron quitar la crítica y ahí partió el problema. 

“Otra vez, aunque con menos mano dura, los directivos del colegio criticaron al diario por haber expuesto fotografías y resultados de las carreras de caballos. ¿Y qué iba a hacer yo? La yegua “Miss Theresse”, de uno de mis tíos, había ganado El Ensayo y le dedicamos una edición completa del diario a esa hazaña, cumplida por un yegua que corrió siete veces y las ganó todas”.

“¿Nos educamos obedeciendo? A veces. ¿Nos educamos desobedeciendo? Muchas veces. Para mí, por ejemplo, tuvo mucho mayor valor formativo  que el día en que me censuraron el diario mural que llevaba en el colegio, este haya encabezado una protesta general de los alumnos”.

Crédito: Universidad de Valparaíso

ATRACCIÓN POR LA DESOBEDIENCIA 

¿Por qué dice sentirse más atraído por la desobediencia que por su contraria, la obediencia?

-Porque eso me parece lo natural. A lo que tendemos es a no recibir órdenes más que de nosotros mismos. Nos gusta la autonomía (autogobierno personal) y no la heteronomía (gobierno por otro), aunque en la vida en sociedad aceptamos que otros gobiernen por nosotros, pero elegidos en votaciones en las que todos pueden participar, que es lo característico de la democracia. En esta no gobierna el pueblo, pero sí representantes de éste, y ojalá en la próxima Constitución se establezca la posibilidad de que los ciudadanos puedan revocar el mandato dado a alguno de sus representantes que haya infringido de manera grave los deberes propios de su cargo.

En su libro, usted señala que por su edad ya no tiene muchas posibilidades de pasar de la teoría de la desobediencia a la práctica. A pesar de eso, ¿no le dan ganas de ser desobediente a veces? 

-Claro que sí: es lo natural. Pero resultaría patético que una persona de mi edad estuviera llamando a la desobediencia, como sería a su vez desalentador que a esta edad no tuviera conciencia de que a veces lo que hay que hacer es desobedecer. El paso del tiempo nos vuelve más reflexivos a la hora de decidir si obedecer o desobedecer, y, por eso mismo, evita que nos arrojemos ciega y precipitadamente en brazos de la obediencia o de la desobediencia.

Además, menciona varias canciones populares cuyas letras hacen referencia a la desobediencia. “Resistiré” del Dúo Dinámico, el tango “Cambalache”, “El Revelde” de La Renga, entre otras… ¿Hay alguna de ellas con las que se sienta especialmente identificado? 

-Con Marcha de la Bronca, de Pedro y Pablo, una canción argentina que habla de la bronca contra los que salen todos los días a pasear su hipocresía y entran a correr a los artistas que encuentran en la calle o en el transporte público.

“Resultaría patético que una persona de mi edad estuviera llamando a la desobediencia, como sería a su vez desalentador que a esta edad no tuviera conciencia de que a veces lo que hay que hacer es desobedecer”.

DESOBEDIENCIA Y ACTUALIDAD

¿Los hechos ocurridos desde las evasiones en el metro al proceso constitucional se relacionan más con la obediencia o la desobediencia? 

-Primero con la desobediencia y luego con la obediencia. Saltar los torniquetes del Metro -y digo eso y no incendiar las estaciones que a diario sirven a millones de trabajadores- fue un acto de desobediencia, pero ahora, afortunadamente, estamos recorriendo, obedientemente, un itinerario de cambio constitucional que nos conducirá a buen puerto si continuamos ajustándonos a las normas que regulan ese itinerario y si dejamos de lado no  la protesta social, sino las barricadas y las molotov.

En el epílogo, habla brevemente acerca de la pandemia y el vínculo de esta con la obediencia. Dice: “Obedecer, entonces, al menos en tiempos de pandemia, pero sin llegar al extremo de extirpar el afortunado instinto de desobediencia que llevamos dentro”. ¿Cree que sigue habiendo una chispa de desobediencia en nosotros durante esta crisis? 

-Claro, porque es sensato obedecer protocolos en tiempos de pandemia, sobre todo si ésta ha sido tan prolongada y con graves y sucesivos rebrotes, pero a condición de que evitemos el riesgo de que proliferen los mandones para cuando la pandemia esté ya controlada y nos pudiéramos transformar en un rebaño permanente. De allí que no me guste nada la expresión “inmunidad de rebaño”. ¡Por favor, llamen a vacunarse, pero sin emplear la palabra “rebaño”!

“Saltar los torniquetes del Metro -y digo eso y no incendiar las estaciones que a diario sirven a millones de trabajadores- fue un acto de desobediencia, pero ahora, afortunadamente, estamos recorriendo, obedientemente, un itinerario de cambio constitucional que nos conducirá a buen puerto si continuamos ajustándonos a las normas que regulan ese itinerario y si dejamos de lado no la protesta social, sino las barricadas y las molotov”.

¿Cómo saber cuándo obedecer y cuándo desobedecer?

-Reflexionando. Es tan criticable la obediencia incondicional como la desobediencia en todo caso. En cada situación que nos afecte como individuos o como sociedad deberíamos reflexionar sobre qué es lo que corresponde hacer, si obedecer o desobedecer. No puede haber una fórmula invariable que se aplique siempre y no queda más que reflexionar caso a caso, situación a situación. Somos sujetos morales autónomos y responsables de nuestros actos y éstos deben ser siempre meditados y no ser el resultado de impulsos incontrolables ni de la aceptación pasiva y conformista de los estándares socialmente vigentes.

Y concluye: “¿Qué le diría a un joven que vacila entre obedecer y desobedecer en una situación dada? Piensa, eso es lo que le diría. Piensa, delibera, y no pierdas la posibilidad de hacerlo no sólo en tu fuero interno, sino en colaboración con otros que te inspiren confianza y te puedan ayudar en el esfuerzo de pensar, deliberar y argumentar a propósito de lo que decidas hacer o dejar de hacer. La deliberación moral es siempre interna, o sea, de cada individuo, pero no necesariamente solitaria”.

“Es tan criticable la obediencia incondicional como la desobediencia en todo caso. En cada situación que nos afecte como individuos o como sociedad deberíamos reflexionar sobre qué es lo que corresponde hacer, si obedecer o desobedecer. No puede haber una fórmula invariable que se aplique siempre y no queda más que reflexionar caso a caso, situación a situación”.

FICHA TÉCNICA
Título: Desobediencia
Autor: Agustín Squella
Sello: Editorial Universidad de Valparaíso
Páginas: 160
Precio: $10.000
Comentarios
Sabía ud que... Moisés pudo ganarse la vida con las cartas porque de chiquito sobrevivió con la canasta -------------------------------- Sabía ud que... River Plate quiere venir a jugar a Chile porque acá los jueces favorecen a los millonarios -------------------------------- Sabía ud que... Al igual que Izkia, el Dalai Lama también sostiene que el dinero nos hace infelices -------------------------------- Sabía ud que... El hombre de 103 años que se tiró en paracaídas está bien, pero a sus padres casi les da un infarto -------------------------------- Sabía ud que... Piñera ve las películas después de que terminan, porque sólo le gustan los créditos --------------------------------