Declaración de principios: Los testimonios de cuatro niñas que entraron al Instituto Nacional

Declaración de principios: Los testimonios de cuatro niñas que entraron al Instituto Nacional

Nunca, en sus 207 años de existencia, el emblemático Instituto Nacional había matriculado mujeres en sus cursos. Hasta ahora. Desde mediados de marzo, 250 chicas ingresaron a séptimo básico. Cuatro de ellas cuentan aquí quiénes son y qué esperan. Las ansias de surgir, tener mejores oportunidades de vida y el sueño de una sociedad más igualitaria cruzan sus relatos.

El 15 de marzo marcó un hito en la historia de Chile. Por primera vez en 207 años, mujeres ingresaron al emblemático Instituto Nacional. La Municipalidad de Santiago, sostenedora del colegio, logró la autorización del Ministerio de Educación para que el establecimiento pasara a ser plurigenérico. Son 250 niñas las que se matricularon en séptimo básico. Su proceso de admisión no involucró pruebas o revisión de notas: los cupos se asignaron por orden de llegada. Todo partió en 2019, después que toda la comunidad educativa de la institución -directivos, administrativos, profesores, apoderados, estudiantes- votaron en un plebiscito el ingreso de mujeres como parte del alumnado.

Tais Palacios (12), Santiago Centro: “Espero formarme como una mujer pensante”

“El año pasado sucedió algo que me dejó sin ganas de seguir en mi ex colegio. Un niño me empezó a insultar por WhastApp sin decirme su nombre. Eran garabatos horribles. También me dijo que tenía fotos y videos míos. Luego él llamó a mi mamá para disculparse, le dijo que me había insultado porque nunca pesqué a su amigo… 

Hace tiempo mi mamá me había comentado que era posible que aceptaran mujeres en el Instituto Nacional, pero que sería para el próximo año. Cuando sucedió lo del niño yo me sentía mal, pensaba que ya no tenía amigues en ese colegio. Me quería cambiar urgentemente. Así que fue una sorpresa cuando mi mamá se enteró por la página web del Instituto Nacional de que se abrían cupos. Todo fue rápido y repentino. Ese lunes, mi mamá llegó a las 8 de la mañana para inscribirme y alcanzó un cupo. El día que ella vino con las noticias, yo ya había empezado las clases en la otra escuela. En ese momento me emocioné mucho, me sentí feliz. Pensé: voy a hacer nuevos amigues, voy a socializar más. 

Son 250 niñas las que se matricularon en séptimo básico. Su proceso de admisión no involucró pruebas o revisión de notas: los cupos se asignaron por orden de llegada.

Quise cambiarme al Instituto Nacional porque es un emblema de la educación pública del país. El hecho de que muchos presidentes hayan pasado por sus aulas, entre ellos Allende, Alessandri y Lagos, hace que esta oportunidad, más que un privilegio, sea un desafío. Formar parte de la primera generación de alumnas en más de 200 años, la verdad es increíble. No lo puedo dimensionar todavía. La exigencia del Instituto me da un poco de miedo, pero pienso: mejor, así aprendo más y me formo bien. Allí se forman estudiantes que piensan y son reflexivos. Yo espero formarme como una mujer pensante, lograr todas mis metas, y salir de ahí e irme a la Universidad de Chile.

Una de las cosas que me gusta es dibujar. Ahora en el Instituto Nacional me van a enseñar a dibujar mejor. También quiero aprender a tocar la guitarra eléctrica. Tengo una, pero no sé tocar. Me gusta el rock, grupos como Metallica, Iron Maiden, Nirvana y Deftones. En el Instituto tomaré clases de guitarra. Tengo la intención de retomar el violín y participar de la Orquesta Sinfónica del colegio. También voy a entrar a una academia de debate para aprender a dar buenos argumentos y a expresar mi opinión. Son cosas que no tenía antes.

Tais Palacios. Crédito: Álbum familiar

El 2019 me involucré en la causa social. Me parece bien todo lo que pasó, podría cambiar la historia de la nación. Fue muy lindo cuando fui a las marchas con mis padres. El año pasado fui a la marcha feminista con mi mamá, mi abuela y una amiga de mi mamá. También fui cuando ganó el Apruebo a la Plaza Dignidad con mi mamá y mi papá. Conocí a una representante mapuche que es candidata a constituyente; es amiga de mi papá. A mí me gustaría que los mapuches tuvieran más derechos y que no les quitaran tierras. Hay que reivindicar sus derechos.

Formar parte de la primera generación de alumnas en más de 200 años, la verdad es increíble. No lo puedo dimensionar todavía. La exigencia del Instituto me da un poco de miedo, pero pienso: mejor, así aprendo más y me formo bien. Allí se forman estudiantes que piensan y son reflexivos.

El feminismo me interesa, pero no estoy muy informada. Lo que quiero es ser feminista y pertenecer a alguna rama. Me gusta la rama liberal porque su objetivo es lograr más derechos para las mujeres, ya que hay países muy machistas. Una de sus metas es lograr que la mujer decida sobre su cuerpo. Pero necesito saber más para llamarme feminista”. 

Colomba Antara (11), El Bosque: “Me gustaría que nos preguntaran cosas más serias”

“Mi hermano se ofreció a ir a inscribirme, porque quería asegurarme un cupo. Mi mamá y mi papá no podían porque tenían que trabajar. Así que se fue a quedar a la casa de su amigo que vive como a quince minutos del Instituto. Se levantó a las cinco de la mañana y llegó séptimo a inscribirme a séptimo (básico). En la tele se hizo conocida su imagen, porque aparece sentado en su silla azul plegable con un termo de café.

Siempre voy a sentir que es bacán ser parte de la primera generación de mujeres que van a salir del Instituto Nacional. Nunca lo imaginé. La verdad es que en cuanto a exigencia es un poco pesado, porque en el colegio que estaba tenía una o dos clases a la semana; ahora tengo cuatro al día. 

Mi esperanza es tener una buena calidad de educación. Quiero conseguir éxito. Para mí, el éxito es ser feliz. Me refiero a poder ser feliz con mi trabajo, hacer algo que me guste, ganar suficiente dinero -no quiero ser rica sí o sí-, tener un buen estatus, tener una casa. Siempre he tenido la ambición de tener muchas mascotas. El Instituto Nacional me puede ayudar a lograrlo. Al tener una mejor educación puedo estudiar y conseguir un trabajo de calidad. 

Colomba Antara. Crédito: Álbum familiar

Tengo tres opciones para ser cuando grande: programadora, diseñadora de moda o dibujante. Sería bacán ser programadora, porque puedo crear mis propias reglas. Los talleres que más me llaman la atención del Instituto Nacional son los de robótica -para aprender a programar más a fondo- y los de orquesta clásica, porque desde pequeña me ha llamado la atención aprender a tocar violín y piano. 

También voy a inscribirme en el taller de debate, porque me sirve. Yo soy consejera en el Consejo de Niños y Niñas de El Bosque donde participan personas de 6 a 18 años. Es como un congreso, y nosotros representamos a nuestros sectores. La última reunión que tuvimos nos preguntaron: ¿qué debería tener un niño para ser feliz? Me gustaría que nos preguntaran cosas más serias. Me gustaría que nos dijeran: miren, vamos a hacer este proyecto, y nos gustaría saber cómo les puede afectar a los niños y niñas. Es bacán que traten de tomar en cuenta a los menores de edad, porque se nos suele tratar como niños inmaduros que no podemos tomar decisiones. 

El 8 de marzo este año participamos de una caravana en auto con mi mamá, una prima y amigas de mi mamá. Era una conmemoración a las mujeres que se habían muerto por femicidio este año en todo el país. 

Pienso que todos somos iguales: mujeres, hombres, transgéneros, hermafroditas. Seai como seai, erí un ser humano y tení los mismos derechos. No suelo utilizar los pronombres, pero tengo amigues que prefieren que les llamen así. Si yo soy mujer y me gustaría que me trataran como hombre, ¿por qué no se puede?

La última reunión que tuvimos nos preguntaron: ¿qué debería tener un niño para ser feliz? Me gustaría que nos preguntaran cosas más serias. Me gustaría que nos dijeran: miren, vamos a hacer este proyecto, y nos gustaría saber cómo les puede afectar a los niños y niñas. Es bacán que traten de tomar en cuenta a los menores de edad, porque se nos suele tratar como niños inmaduros que no podemos tomar decisiones. 

Toda la vida me he juntado más con hombres que con mujeres, más que nada porque las mujeres eran unas aburridas que siempre jugaban a lo mismo, al Quita Pareja o a las Barbies. Yo tengo Barbies, pero no las tengo para jugar: las tengo para hacerles ropa. 

Si vai al mall a comprar un regalo para tu sobrina, ¿qué vai a comprar? Una Barbie, una cocinita, un vestido, pero si vai a comprar algo para un niño: un dinosaurio, un auto. Esos son estereotipos. Tengo muchas amigas que les gusta que le regalen ropa y cositas rositas, pero a mí no me gusta. Para mi cumpleaños, regálenme un videojuego, algo de animé, lo que sea menos ropa”.

Martina Teke (12), San Miguel: “Las mujeres nos estamos defendiendo”

“Al comienzo, cuando mi mamá me preguntó si quería cambiarme al Instituto yo estaba indecisa porque ya había partido clases en la otra escuela. Pero después me convenció al mostrarme todos los talleres que tenía y al decirme que presidentes y ministros salían de ese colegio. Ahora que hice el cambio no me arrepiento, porque los compañeros nos ayudan a los niños y las niñas a pasarse la materia, las guías, los diagnósticos, todo lo que nos falte. Me he sentido incluida y cómoda estos días de clases.  Armamos dos grupos de WhatsApp con mis compañeros: una con la profesora y otro sin. En el grupo sin la profe preguntamos cómo se hacen las tareas y a veces mandan puras leseras, hacemos guerra de stickers cuando estamos en plena clase o mandan videos de Tiktok. 

Mi otro colegio ya me tenía aburrida. Mis compañeros no eran tan simpáticos como los que tengo ahora en el Instituto Nacional. Me quería salir de mi ex escuela por los alumnos. A una compañera desde segundo a quinto le hicieron bullying. A mí también. Algunos niños me molestaban, se burlaban por mis notas.

Lo que más me gusta hacer es jugar hockey sobre patines. El año pasado casi no jugué, pero entrenamos puro físico por zoom: hacíamos salto de estrella, planchas, abdominales, carreras y cuerda. Antes practicaba patinaje artístico, pero me aburrió. Tenía que hacer siempre lo mismo, sólo tuve tres coreografías en los tres años que hice. Yo diría que los deportes no tienen género. Algunos dicen que el fútbol es para hombres. Yo llevo años jugando y tengo muchas medallas.  

Martina Teke. Crédito: Álbum familiar

También toco la guitarra acústica. Desde el 2019 que no lo hago. Aprendí en el colegio, pero sólo básico porque tenía muy pocas horas de clases de música. Ojalá que en el Instituto tenga más clases de música. A fines de abril me voy a inscribir al taller. En el Instituto Nacional también tienen muchos idiomas. Me gustaría aprender francés e inglés. Tengo parientes de Francia por parte de mi papá y mamá. 

En mi familia votaron por el Apruebo. Con mi mamá siempre caceroleamos. Ella sale a marchar por la salud desde hace mucho tiempo. Mi mamá es contadora en la Dirección de Salud y sale a marchar con sus compañeros porque sufren con el presupuesto que se les entrega. Yo por las noticias sé que la salud pública no es muy buena en el país. En educación tampoco tenemos las mismas oportunidades todos. 

Encuentro que está bien que las mujeres nos estemos defendiendo, que tengamos derechos de hacer nuestras cosas solas, que la mujer pueda decidir por sí misma y que no haya más machismo. Creo que las mujeres vamos ocupando cada día los mismos espacios de los hombres. También apoyo a la comunidad LGBTI+. Creo que deberían de tener igualdad de derechos. Todos tenemos diferentes gustos, ellos pueden ser felices siendo lesbianas, otros gays, otros bisexuales, otros transgénero. Ellos pueden amar a su manera a las personas que les gusten”. 

Encuentro que está bien que las mujeres nos estemos defendiendo, que tengamos derechos de hacer nuestras cosas solas, que la mujer pueda decidir por sí misma y que no haya más machismo. Creo que las mujeres vamos ocupando cada día los mismos espacios de los hombres. También apoyo a la comunidad LGBTI+

Claudia Álvarez (12), Renca: “Para mí, el éxito es viajar por varias partes del mundo”

“Estábamos en la casa de mi abuela, cuidándola, cuando apareció la noticia. Dije: qué cool, me gustaría ir a ese colegio. Yo nunca había pensado que podía entrar ahí mientras era de hombres. Empezamos a ver los procedimientos, pero mi abuela murió esa semana y tuvimos que abocarnos al funeral. Después supimos que todavía había cupos, así que con mi mamá partimos a matricularme. 

Cuando sea más grande quiero irme de Chile, ojalá a un país fuera de Latinoamérica. Salir de un colegio emblemático como el Instituto Nacional me abre esas puertas. Yo venía del colegio San Joaquín, el mejor de Renca, pero el Instituto es el mejor colegio municipal del país. Es una y mil veces mejor estar ahí. Podría tener más oportunidades de trabajo y éxito. Para mí, el éxito es viajar por varias partes del mundo, vivir en una economía estable y tener buena salud. También es tener un buen trabajo que valga la pena, porque hay gente acá en Chile que puede estar trabajando todas las semanas, casi todo el día y le pagan muy poco.

Me gustaría estudiar afuera. Podría ser Alemania, Suiza, Dinamarca; o incluso Japón o Corea, porque ahí los estudios son muy diferentes. Siento que Chile es un país muy bonito en naturaleza, estéticamente, pero la economía y la seguridad no es tan buena como en otros países. 

Me gustaría estudiar lingüística o idiomas para poder viajar y comunicarme. Mi mamá dice que las sonrisas son universales. Podí comunicarte con la gente con sonrisas, pero hablando el idioma es más fácil. Encontrar trabajo también es más fácil. Creo que el Instituto Nacional puede potenciar más lo que a mí me gusta y lo que quiero de grande. En el Instituto enseñan alemán, francés, inglés y chino mandarín. 

Claudia Álvarez. Crédito: Álbum familiar

Lo otro es que con el Instituto Nacional te podí sacar el estereotipo de que vení de Renca. Yo decía ‘vengo de Renca’ y me miraban despectivamente. En cambio, si podí decir ‘vengo del Instituto Nacional’, no importa en qué parte de Santiago vivas. Te miran, te tratan de forma diferente. Y eso es porque Chile es un país muy clasista. 

He ido dos o tres veces a Plaza Dignidad y a varias marchitas acá en Renca. Usualmente voy con mi mamá y las dos tías que viven conmigo. Me divierte ese tipo de cosas, es adrenalínico. Eran cosas que se necesitaban: que la gente hablara, que soltara todo lo que tenía que decir y que pidiera justicia. El año pasado fui al 8M con las mismas personas, mi tía abuela y las mujeres de un grupo de cumbieros que tiene mi mamá. Nos despertamos temprano, preparamos las pañoletas, el agua con bicarbonato, y nos pusimos unas poleras que mandamos a hacer que decían ‘Ni Una Menos’. Llegamos hasta donde estaban los carabineros y nos empezaron a tirar lacrimógenas. Nos pusimos a correr. También llegó el guanaco a perseguirnos y corrimos más. 

Lo que caracteriza a la gente de mi edad es el cambio. El cambio ahora se está dando al aceptar mujeres en el colegio. Muchas veces los adultos dicen: no, tú no tení edad para estar opinando. Como que desvalorizan tu opinión, pero, aun así, estamos opinando. Las generaciones están cambiando. Ahora si tení nueve o diez años, podí entender muchas cosas. Los adultos piensan que no lo entienden porque ellos a esa edad, no lo entendían. Desvalorizan la opinión de los niños, pero es importante que nos tomen en cuenta porque cuando ellos mueran, los niños van a ser el futuro o el presente en ese tiempo”. 

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