Noam Titelman, economista y militante de RD.

Noam Titelman: “El de hoy es un Frente Amplio menos amplio políticamente, pero mucho más profundo socialmente”

El economista, militante de RD y fundador del Frente Amplio ve con muy buenos ojos la aparición de un nuevo referente político independiente. En esa misma línea, advierte que la izquierda no debe emborracharse en éxitos electorales y admite que el FA y el Partido Comunista no pueden gobernar solo el país, sino que tienen que sumar al mundo independiente y a parte de la ex Concertación.

Si alguien conoce a los principales rostros del eje Frente Amplio-Partido Comunista desde hace tiempo, ese alguien es Noam Titelman. Hace casi una década, el economista era parte de la camada de dirigentes estudiantiles que hoy se están consolidando en el escenario institucional. Titelman tomó la posta de Giorgio Jackson en la FEUC en 2011 y lideró el movimiento estudiantil con Gabriel Boric y Camila Vallejo en 2012. Además, fue uno de los fundadores del Frente Amplio. Es una voz más que autorizada para analizar el nuevo escenario, donde sus compañeros hoy son los protagonistas del principal referente político de la oposición.

30 de julio de 2012, Santiago. Gabriel Boric, Noam Titelman y Camila Vallejo realizan vocería de la Confech para referirse a la deuda del CAE. Foto: Agencia Uno.

A pesar de eso, ha tomado caminos distintos de Jackson, Boric o Vallejo. Sigue terminando su doctorado por la London School of Economics and Political Science, en Inglaterra, pero monitorea muy de cerca lo ocurrido en el país. ¿Le habría gustado ser constituyente? Titelman no quiso postular a ningún cargo porque ya no se ve como candidato. “Soy un pesimista crónico, y una de las cosas que un candidato tiene que tener es optimismo para creer que puede ganar”, admite, entre risas.

16 de agosto de 2012, Santiago. Los presidentes de la FEUC, Noam Titelman, y de la FECH, Gabriel Boric, se reunen con Zacarias Alarcon, due–o del conocido restaurante “Donde Zacarias”, para convocar a manifestaciones por la educación para la proxima semana. Foto: Agencia Uno.

Con el pesimismo que lo caracteriza, y desde la cercanía que tiene con los nuevos referentes de la izquierda, el ex dirigente estudiantil analiza la nueva configuración del mapa político chileno. Si bien reconoce un triunfo político de la izquierda, considera que el clivaje tradicional izquierda-derecha está quedando obsoleto en el nuevo panorama político. Para él, la nueva gran noticia es la fuerza independiente que emergió en las últimas elecciones. Y, a pesar de las divisiones entre el FA/PC y el PS/PPD, cree que más temprano que tarde terminarán trabajando en un proyecto conjunto.

¿Qué balance general haces de las elecciones?

-Hay cuatro noticias electorales. Hay un desplome de la derecha, un vaciamiento del centro, una consolidación de la izquierda y, sobre todo, la gran noticia es una emergencia en la institucionalidad de organizaciones encarnadas en candidaturas independientes. Y eso es algo en lo que quizás difiero con alguna de las cosas que se han dicho, porque en algún sentido no son solo candidaturas independientes, sino que son militantes de organizaciones y causas sociales. Todos van a estar más o menos de acuerdo en ello, pero yo creo que detrás hay algo más de fondo que está pasando.

“Hace rato que la política en Chile no se puede reducir simplemente al eje izquierda-derecha. Yo creo que esto ha sido una manifestación más clara de que la política tiene dimensiones mucho más complejas. Al menos, tiene una dimensión adicional, que yo llamo orden-certidumbre- autoridad y estabilidad, por un lado, y democracia-empoderamiento-poder popular-control sobre la vida propia, por otro lado”.

¿Qué sería?

-Hace rato que la política en Chile no se puede reducir simplemente al eje izquierda-derecha. Yo creo que esto ha sido una manifestación más clara de que la política tiene dimensiones mucho más complejas. Al menos, tiene una dimensión adicional, que yo llamo orden-certidumbre- autoridad y estabilidad, por un lado, y democracia-empoderamiento-poder popular-control sobre la vida propia, por otro lado. Y yo tengo la impresión que las elecciones constituyentes fueron mucho más sobre este segundo eje que sobre el primero, y creo que es algo que le costó mucho entender a la derecha de este enfrentamiento electoral: que esta elección era mucho menos sobre la autonomía del Banco Central o la vieja pelea Estado-Mercado, y mucho más una pelea por esto, por el control de las personas sobre su propia vida.

Aunque hay nuevos clivajes dentro del análisis, indudablemente la izquierda salió más fortalecida luego de las elecciones. ¿Cómo se explica eso?

-Lo que logró demostrar la izquierda en general, y yo pienso sobre todo en el Frente Amplio, es que todavía tiene algo que aportar en este nuevo capítulo de la política chilena. No logró ni de cerca ser mayoría nacional y todavía le falta mucho para crecer en ese sentido, pero sí logró demostrar que tiene algo que decir para lo que viene hacia adelante y que tiene algo que simplemente no se puede desechar como parte del antiguo régimen. Había una discusión muy interesante en la militancia del Frente Amplio antes de las elecciones, que era si el Frente Amplio había sido la última coalición de un capítulo de la política que se estaba terminando, o si era la primera coalición de este nuevo orden que se estaba dando. Yo creo que esa pregunta se respondió, va a ser parte de esta discusión.

¿Crees que el Frente Amplio es más la primera coalición del nuevo orden y no la última del viejo orden?

-Yo creo que se ganó el derecho a tener una voz en esta nueva discusión, en este nuevo orden político que va a dar luz a partir de la Convención Constitucional. ¿Cuál va a ser ese rol exactamente? Todavía está por verse, pero por lo menos para muchos que lo habían dado por muerto y enterrado, les demostró que estaban equivocados. Y que tiene algo que aportar que nadie más aporta. Yo creo que el Frente Amplio ha aportado una mirada distinta, una izquierda nueva junto con una generación nueva que emerge en política, con una forma de plantearse, por ejemplo, reconociendo la importancia de las libertades individuales al mismo tiempo que la necesidad de reconstituir esas comunidades y esos derechos sociales que debe proveer el Estado.

“Yo creo que (el Frente Amplio) se ganó el derecho a tener una voz en esta nueva discusión, en este nuevo orden político que va a dar luz a partir de la Convención Constitucional. ¿Cuál va a ser ese rol exactamente? Todavía está por verse, pero por lo menos para muchos que lo habían dado por muerto y enterrado, les demostró que estaban equivocados”.

En una entrevista con The Clinic en diciembre, en medio del éxodo de algunos parlamentarios del Frente Amplio, señalaste que “el Frente Amplio debe hacer una profunda autocrítica”. ¿Crees que existió esa instancia de reflexión?

-Yo creo que en el momento que yo estaba diciendo eso, ya se estaba haciendo esa autocrítica. Yo creo que es un proceso que quizás tuvo su momento más álgido con la salida del grupo de diputados, pero venía de antes. Venía una serie de quiebres y peleas de antes que habían marcado los dos primeros años del Frente Amplio. Ya había habido una salida importante de diputados cuando se firmó el acuerdo y empezó el proceso constituyente. Pero incluso antes ya habían venido ciertas discusiones. Y estas discusiones habían hecho que, para mucha gente, el Frente Amplio se conociera más que por alguna propuesta concreta, por todas estas peleas y estos quiebres. Creo que hoy el Frente Amplio es un Frente Amplio distinto que el de 2017. 

¿En qué aspectos ha cambiado?

-El Frente Amplio que emergió después del 2017 era muy joven y solo había conocido victorias, solo le había tocado ganar. Y yo creo que el Frente Amplio que hay ahora es un Frente Amplio que vio una posibilidad real de dejar de existir. Y lo vio como un futuro posible. Por lo mismo, es un Frente Amplio con mucha más humildad que la que tenía en un momento. Quiero ser más franco: creo que el de hoy es un Frente Amplio menos amplio políticamente, pero mucho más profundo socialmente. Y esto para bien y para mal. Es menos amplio y más consistente. Uno puede ver un proyecto más coherente, pero también un solo proyecto, y no diez proyectos distintos que están compitiendo y que en un momento daban cierta amplitud.

¿En algún momento el Frente Amplio estuvo cerca de morir? 

-Yo creo que en política los partidos mueren de nuevos, no mueren de viejos. Cualquier coalición o partido nuevos están siempre al borde de morir en sus primeros años. Y el Frente Amplio no fue una excepción en ese sentido. Y todavía nadie, sobre todo en este nuevo ciclo que se abre, tiene garantizada su existencia para siempre. Me parece que es un esfuerzo permanente demostrarle a la ciudadanía por qué un partido político o coalición debe seguir existiendo.

“El Frente Amplio que emergió después del 2017 era muy joven y solo había conocido victorias, solo le había tocado ganar. Y yo creo que el Frente Amplio que hay ahora es un Frente Amplio que vio una posibilidad real de dejar de existir. Y lo vio como un futuro posible. Por lo mismo, es un Frente Amplio con mucha más humildad que la que tenía en un momento”.

En esa misma línea, varios miembros del Frente Amplio han hecho un llamado a la calma respecto a las expectativas que se tienen. ¿El Frente Amplio y el Partido Comunista se pueden dar el lujo de tener un discurso triunfalista?

-Tomás Vodanovic, el alcalde electo de Maipú, dijo que el ego es como una droga. Y me parece que tiene toda la razón. Hay que tener mucho cuidado con emborracharse en los éxitos electorales. Hay que ser humilde en la victoria y orgulloso en la derrota. Además hay un gran desafío que yo creo que todavía todos los actores políticos no le han tomado el peso, que es cómo se incorpora y se reconoce a estos nuevos actores que han emergido.

¿Cómo puede tu sector consolidar ese apoyo de un sector tan heterogéneo? 

-Yo creo que en la izquierda ha habido varios intentos de congraciarse con el mundo independiente. Yo soy muy escéptico de que esos esfuerzos rindan frutos. Me parece que una de las razones por las que no van a rendir tantos frutos es justamente porque estos intentos por congraciarse se van a percibir como un esfuerzo deliberado por seducir y atraer a ese mundo. Y yo creo que eso se va a percibir casi como un gesto infantilizador para ese mundo que justamente nace en este clivaje autoridad / empoderamiento. Yo creo que la única manera real de relacionarse con ese mundo independiente es sentarse en la mesa de igual a igual y ponerse a ver en qué temas se está de acuerdo y en cuáles no. Y avanzar en lo que se está de acuerdo, sin pretender juntarnos en el agua del molino propio. 

Yo creo que la única manera real de relacionarse con ese mundo independiente es sentarse en la mesa de igual a igual y ponerse a ver en qué temas se está de acuerdo y en cuáles no“.

Boric batalló por conseguir las 34 mil firmas que necesitaba para inscribir su candidatura, y, por otra parte, uno ve que Tomás Vodanovic en Maipú sacó más de 90 mil votos o Macarena Ripamonti en Viña del Mar obtuvo más de 45 mil. ¿Cómo se explica esta dualidad?

-En política, 1 + 1 no siempre es 2, aunque suene un poco extraño. Traducir los votos de candidatos a alcaldes y municipios probablemente se deba mucho más a una visión sobre el Frente Amplio pero también a un trabajo territorial que hicieron estos candidatos, más que el llamado a militar en un partido y apoyar una apuesta presidencial. Yo discrepo con el primer supuesto de la pregunta. El haber logrado esa cantidad de firmas en un plazo tan corto, en medio de la pandemia y con el Servel autorizando la inscripción digital a pocas semanas que venza el plazo fue realmente impresionante. Yo creo que fue una de las primeras demostraciones -sin que nadie tuviera una bola de cristal- que algunos de estos pronósticos de infortunios hace el Frente Amplio parecía que estaban un poco equivocados. Para mucha gente, y me incluyo aquí, la candidatura de Gabriel fue como devolverle el alma al cuerpo a este proyecto, fue demostrar que todavía existía algo más que decir de esta apuesta. Y me parece que la junta de firmas le dio cierta épica a esa candidatura.

“A mí siempre me pareció que una debilidad del Frente Amplio fue haberse basado tan fuertemente en solamente la idea de reemplazo de elenco, de reemplazo de quienes están en la municipalidad, o en la diputación o en la Presidencia. Yo creo que un proyecto como ese prontamente se encuentra con muros infranqueables. Y me parece que la ciudadanía lo que ha demostrado es que está dispuesta a este Frente Amplio más maduro”.

No deja de ser llamativo que Boric estuvo cerca de quedarse fuera de la carrera presidencial. ¿No crees que quizás los Vodanovic y los Ripamonti son los nuevos rostros de la renovación y que que quizás Boric se volvió parte de los mismos que él impugnaba, los de la “vieja política”?

-Yo creo que hay una impugnación a toda la política, de forma transversal. Y a todos los partidos políticos. Y por lo mismo la imagen de Gabriel Boric hoy día es distinta a la de un recién electo diputado que viene directamente de la dirigencia estudiantil. Pero me parece que es una imagen que también tiene un espacio en este nuevo escenario, y eso lo demostró con las elecciones y la junta de firmas tan acelerada. Yo creo que la gente también valoró un Frente Amplio más maduro, un Frente Amplio que ya no puede ser solamente pura impugnación de los viejos sino que también tiene que ser una apuesta más concreta. A mí siempre me pareció que una debilidad del Frente Amplio fue haberse basado tan fuertemente en solamente la idea de reemplazo de elenco, de reemplazo de quienes están en la municipalidad, o en la diputación o en la Presidencia. Yo creo que un proyecto como ese prontamente se encuentra con muros infranqueables. Y me parece que la ciudadanía lo que ha demostrado es que está dispuesta a este Frente Amplio más maduro, que ya es parte del espacio de representación institucional como el Congreso y ahora los municipios y la Convención Constitucional.

“Muchas frases un poco rimbombantes y epítetos que se lanzaron de un lado a otro sobre “neoliberales”, sobre Allende, sobre vetos cruzados, tienen un cierto aura un poco patético. Y, mi impresión, es que para la mayoría de la gente no hay mucha distinción entre quién dijo qué y quién hizo qué, sino más bien hay una sensación de políticos politiqueando”.

Quiebre en la oposición

Más allá de las buenas voluntades de ambos bandos, finalmente la oposición va, nuevamente, dividida a una carrera presidencial. ¿Cuáles son los riesgos de esta división para las dos oposiciones?

-Lo primero que ocurre con los tres días que sucedieron al resultado electoral es que hay dos dimensiones del debate que se contraponen y que hacen que todo tenga un aura un poco patético. Y me refiero a que por un lado pasaron cosas de un calibre mayor. Una decisión del Partido Socialista de dar un giro hacia su política de alianzas de los últimos 30 años e incluso de los últimos 40 años y volver a una coalición que había tenido brevemente con el Partido Comunista en la Nueva Mayoría. Y eso convivía con la práctica política cotidiana de discusión de cupos parlamentarios, de listas electorales, de esa jornada maratónica en el Servel. Sin menospreciarla -porque claramente es un elemento necesario del ordenamiento de la política- hay algo extraño, hay algo patético en que esas dos cosas se encuentren en el mismo nivel. Y, por lo mismo, muchas frases un poco rimbombantes y epítetos que se lanzaron de un lado a otro sobre “neoliberales”, sobre Allende, sobre vetos cruzados, tienen un cierto aura un poco patético. Y, mi impresión, es que para la mayoría de la gente no hay mucha distinción entre quién dijo qué y quién hizo qué, sino más bien hay una sensación de políticos politiqueando. Y hay poco que ganar en lo que pasó en esa jornada.

“Me parece que ahí hubo una deuda de todos, del Frente Amplio, del Partido Comunista, del Partido Socialista y de toda la ex Concertación. Con esa discusión no sé si se hubiese podido llegar a un acuerdo o no, pero por lo menos hubiese habido claridad sobre las cosas en las que están de acuerdo y en las cosas en las que no. Yo creo que eso ni siquiera estaba claro en esta pasada, más allá de las listas o de los vetos”.

¿Qué lección se puede sacar de lo ocurrido el pasado miércoles?

-Dejando de lado lo anterior, yo creo que sí hay una convicción bastante fuerte que más temprano o más tarde los que se estuvieron tirando insultos en esa jornada van a tener que reencontrarse. Si no lo lograron hacer para la primera vuelta, lo van a tener que hacer para la segunda vuelta. Y creo que eso va a ir agarrando fuerza en la medida que se acerque la primera y segunda vuelta. Mucho se habla que quedaron muy cerca las elecciones de mayo con la inscripción de las primarias, y es verdad que eran solo tres días, pero incluso un mes me parece que era poco para el calibre de discusiones que se estaban dando en ese momento. Y si me preguntan, la gran farra fue no haber tenido la discusión programática que se tuvo que haber tenido, no hace tres días o hace un mes, sino que hace un año o dos años. Me parece que ahi hubo una deuda de todos, del Frente Amplio, del Partido Comunista, del Partido Socialista y de toda la ex Concertación. Con esa discusión no sé si se hubiese podido llegar a un acuerdo o no, pero por lo menos hubiese habido claridad sobre las cosas en las que están de acuerdo y en las cosas en las que no. Yo creo que eso ni siquiera estaba claro en esta pasada, más allá de las listas o de los vetos. Claramente la pregunta central que no estuvo en estas jornadas maratónicas es cómo este nuevo gobierno se va a relacionar con la Convención Constitucional. Y yo, al menos es lo que más eché de menos en esta discusión.

¿Crees que los sectores progresistas podrán lograr algún día la unidad?

-La unidad de la izquierda es un sueño que parece que se rompe una y otra vez en todos los debates políticos de los últimos 30 años. Pero yo creo que pocas veces había estado tan cerca como en esta pasada. Y yo tengo la impresión que, al menos desde el Frente Amplio, la idea de que más temprano que tarde se va a tener que incluir a muchas identidades distintas de la izquierda o incluso de la centro izquierda para hacer un gobierno de transformación y, sobre todo, con estas nuevas identidades que han estado surgiendo desde el mundo independiente, es una convicción que ha calado bastante hondo. Lamentablemente parece que no a tiempo ni con la profundidad suficiente como para que se tradujera en esta pasada, pero estoy seguro que más temprano que tarde se va a dar. Lo que pasó en Maipú, en Ñuñoa y en varios otros lugares son las primeras señales de esta confluencia.

¿Crees que la oposición está entrampada en una lógica de quién es más de izquierda?

-Uf. Me parece una lógica que siempre ha sido ridícula. Pero además tiene el agregado que en este momento está completamente desconectada de la discusión que está habiendo en Chile. Ojalá no, ojalá no sea eso. Pero claramente es un peligro que siempre ha existido en la izquierda.

¿Qué esperas de la oposición?

-Yo lo que espero, sin tener una receta clara, que hay algo inevitable en que varios de esos actores que hoy día se están tratando muy mal, se terminen encontrando. Será más temprano o será más tarde, pero me parece inevitable que se encuentren y ojalá también con estos mismos actores que han ido emergiendo. Porque el peligro de estar enfrascados en estas peleas de quién es más de izquierda es que se termine enajenando más a este nuevo Chile que emergió con fuerza luego del estallido de octubre.

“Yo lo que espero, sin tener una receta clara, que hay algo inevitable en que varios de esos actores que hoy día se están tratando muy mal, se terminen encontrando. Será más temprano o será más tarde, pero me parece inevitable que se encuentren y ojalá también con estos mismos actores que han ido emergiendo”.

Luego del episodio de la inscripción de primarias, algunos miembros de RD planteaban valía la pena el costo de tener al PPD si es que se sumaba al PS. ¿Compartes ese diagnóstico?

-Yo creo que el giro histórico que implicaba que el PS cambiara su alianza preferencial con la DC era algo tremendamente valioso para cualquier proyecto de izquierda. Yo entiendo que algunos consideraron que no era tan importante y por eso prefirieron mantener las coaliciones como se mantuvieron. A mí me cuesta ver cómo puede ser más relevante excluir al PPD de la firma del acuerdo, que ese giro histórico. A mí me cuesta entenderlo. Pero, por otro lado, tiene mucho que ver con la falta de confianzas que se construyeron o la falta de programa común. En definitiva, la falta de claridades que había al momento de hacer esa discusión. Yo tengo todavía la esperanza que en un proceso más amplio y más largo de la oposición, ese tipo de trifulcas van a caer por su peso. Y si ese costo vale la pena pagarse o no, es cosa que tendrá que definir cada coalición y cada dirigente.

A comienzos del gobierno de Michelle Bachelet, el entonces presidente del PPD, Jaime Quintana, afirmó que ellos iban a pasar una “retroexcavadora” al modelo neoliberal. ¿Crees que se castigó a todo el PPD a pesar que algunos de sus miembros, aparentemente, sí quieren impulsar esta fuerza transformadora?

-Yo creo que la discusión ha terminado centrándose en el PPD, pero que hubo un tema de confianza y de discusión mucho más complejo. Me da la impresión que si hubiese habido una relación de diálogo más fluido, todos estos problemas se hubiesen podido solucionar. Por último, la solución no hubiese venido de un espectáculo de la larga jornada del miércoles. Porque es legítimo que algunos partidos decidan que no quieren aliarse con otros. Lo extraño, y lo triste, fue el espectáculo con el que se dio. Y lo poco contundente y elaborado que fueron las discusiones para tomar esa decisión en vista del tema fundamental y estructural que se estaba discutiendo.

“Yo creo que el giro histórico que implicaba que el PS cambiara su alianza preferencial con la DC era algo tremendamente valioso para cualquier proyecto de izquierda. Yo entiendo que algunos consideraron que no era tan importante y por eso prefirieron mantener las coaliciones como se mantuvieron. A mí me cuesta ver cómo puede ser más relevante excluir al PPD de la firma del acuerdo, que ese giro histórico”.

¿Crees que el eje del Frente Amplio y del Partido Comunista pueden gobernar por sí solos el país?

-No. Yo creo que va a ser necesario sumar a muchos. Por cierto, sumar al Partido Socialista y a otras identidades de la izquierda histórica. Pero también me parece que, si algo han demostrado los últimos dos gobiernos, es que los partidos tradicionales no son suficientes para gobernar esta sociedad. Ya le pasó a Bachelet y le pasó a Piñera. Y sea quien sea el próximo Presidente, si es que no es capaz de incorporar a este nuevo Chile, a esta nueva presión social, le va a pasar también.

“El Chile que emerge”

¿Te preocupa el discurso anti partidista que ha manifestado parte del mundo independiente?

-Yo creo que el discurso anti partidista pone el dedo en la llaga a uno de los problemas principales, sino el principal problema, de nuestro sistema político. Y yo creo que hay que escucharlo y hay que entenderlo. Pero creo que no hay que simplemente someterse a él. Porque yo sé que hoy día soy una minoría en esto, pero yo creo que los partidos políticos no son solamente un mal necesario. Siento que por mucho tiempo la única respuesta que se le ha dado al discurso anti partidos es que las democracias sin partidos no funcionan, que básicamente es decir que los partidos son un mal necesario para que las democracias funcionen. Y yo creo que los partidos, cuando son buenos y funcionan, son mucho más que eso. Son la posibilidad de articular sociedad civil organizada con proyectos ideológicos, programáticos claros y concretos. Son la posibilidad de agrupar distintas demandas de la sociedad y generar sinergia entre todos ellos en proyectos comunes. Y generar una identidad. Cuando los partidos realmente funcionan, y no son solo máquinas electorales, son comunidades también.

“Yo creo que el discurso anti partidista pone el dedo en la llaga a uno de los problemas principales, sino el principal problema, de nuestro sistema político. Y yo creo que hay que escucharlo y hay que entenderlo. Pero creo que no hay que simplemente someterse a él. Porque yo sé que hoy día soy una minoría en esto, pero yo creo que los partidos políticos no son solamente un mal necesario”.

En los últimos años, y especialmente desde 2011, ha habido muchas aventuras independientes que disputan el poder. Solo a modo de ejemplo, pasó con Roxana Miranda con el Partido Igualdad en 2013, donde ella era candidata presidencial y llevaron candidatos al parlamento. Pero en ese momento no estuvieron ni cerca de tener el éxito que tuvo hace unas semanas la Lista del Pueblo, por ejemplo. ¿Qué cambió? ¿Fue solo el tema de las facilidades para la inscripción de listas o hay otro tema de fondo?

-Yo creo que hay dos aprendizajes para el mundo de los analistas políticos, columnistas u opinólogos después de estas elecciones. El primero, es que tenemos que tener mucho más cuidado con proyectar el pasado y creer que porque las cosas han sido de una manera van a seguir siendo así para siempre. El hecho que antiguamente la gente se identificaba como de izquierda, centro o derecha y votaba en función a eso, no tiene por qué significar que lo sigan haciendo hoy. Y el segundo aprendizaje para todos los que comentamos, discutimos, estudiamos e investigamos lo que ocurre en política, es que tenemos que hacerlo desde un puesto de mucho más humildad. Y reconocer cuando nos equivocamos y reconocer lo que no entendemos y lo que no sabemos. Y yo creo que este mundo de independientes y de militantes sociales que han emergido en la política, todavía estamos recién empezando a entender las causas profundas que explican su surgimiento.

¿Qué balance haces de los resultados obtenidos por la ex Concertación?

-Me parece que hay bastante consenso en esto. Al Partido Socialista le fue relativamente bien en prácticamente todas las disputas electorales. A la Democracia Cristiana y al PPD le fue particularmente mal en la Convención Constitucional y razonablemente bien en las otras elecciones. Pero yo creo que más de fondo y más relevante es lo que estábamos conversando antes. Yo creo que se desfondó un relato, un discurso.

A algunas personas le puede parecer raro que venga de mi parte, pero a mí me parece que hace bien a Chile que haya un centro y una centro izquierda política que puedan también representar esas visiones en el Chile que viene”.

¿Tienen futuro los partidos de la ex Concertación?

-A algunas personas le puede parecer raro que venga de mi parte, pero a mí me parece que hace bien a Chile que haya un centro y una centro izquierda política que puedan también representar esas visiones en el Chile que viene. Yo creo que ellos también son parte de esa discusión y yo creo que va a ser importante que generen espacios para esa discusión. Pero tiene que ser proporcional a los resultados que sacaron en la Convención. Así como el Frente Amplio tuvo que hacerse una autocrítica muy importante, también este sector va a tener que discutir cuál va a ser su rol en este nuevo capítulo y cómo se reconstituye. Yo creo que hay algo ahí.

Todo apunta a que el mapa político, de una u otra forma, se desplazó hacia la izquierda. ¿Crees que la derecha va a apuntar también a desplazarse hacia la izquierda?

-A la derecha me parece que le pasaron dos cosas. Una más estructural y de fondo, y otra más reciente. La más reciente, al igual como le ocurrió en su momento a la Nueva Mayoría, es la borrachera electoral. La idea de porque se ganó una elección con una mayoría relevante, realmente eso refleja un apoyo irrestricto y sólido de la sociedad al proyecto político. Creo que ocurrió en el comienzo del gobierno de Piñera y creo que eso se ha terminado. Veo hoy a la derecha con bastante más humildad enfrentando este escenario político y creo que esa humildad es una oportunidad. Y lo segundo, más estructural y más de fondo, es lo que comentábamos antes. Yo creo que hay un nuevo eje que ha tomado mucha fuerza, que es el eje autoridad versus empoderamiento, en donde la derecha, hasta ahora, se había marginado completamente. Me parece, en parte, porque podía descansar sobre algunos candados institucionales que, básicamente, le permitían no tener que preocuparse por esa profundización democrática, porque sabía que al menos había cierta estabilidad garantizada por los quórum supramayoritarios, por el sistema binominal, etc. Y el último de estos candados era la posibilidad de atrincherarse en la Convención Constitucional. Y ya no existe. 

“Me parece que hay una derecha que, por primera vez, va a tener que salir a convencer a segmentos mucho más amplios de la sociedad y que probablemente eso va a significar una derecha más heterodoxa y más heterogénea. Yo creo que vamos a ver muchas derechas: una derecha más nacionalista, una derecha más social cristiana, una derecha más comunitarista, una derecha más liberal”.

¿Qué implica eso para la derecha?

-Eso significa que hoy día la derecha va a tener que salir a convencer, como nunca antes en su historia. ¿Cómo va a ocurrir? No lo sé, pero me parece que hay una derecha que, por primera vez, va a tener que salir a convencer a segmentos mucho más amplios de la sociedad y que probablemente eso va a significar una derecha más heterodoxa y más heterogénea. Yo creo que vamos a ver muchas derechas: una derecha más nacionalista, una derecha más social cristiana, una derecha más comunitarista, una derecha más liberal.

Hace unos días, Mario Desbordes afirmó que estaba de acuerdo con un Congreso paritario, con escaños reservados para Pueblos Originarios y facilidades para la participación de independientes. ¿La derecha está comenzando a adueñarse de algunas banderas de lucha de la izquierda?

-La paridad, la participación de Pueblos Originarios y un montón de otras reformas sobre profundización democrática no son patrimonio de la izquierda ni nunca lo han sido. Me parece que la derecha no había querido tomarlas por distintos motivos, pero no son propiedad de la izquieda. Es un momento en el que todos los sectores políticos están abriéndose a cosas que antes no habían hecho porque perciben una crisis muy profunda. Y lo vamos a ver en la derecha, en el centro y en la izquierda. 

¿Qué conclusiones sacas del nuevo escenario político?

-Me gustaría reforzar algo. Ha habido mucha discusión sobre los políticos y la política, pero creo que hay que hacer una reflexión importante desde los académicos, los columnistas, analistas y los que hemos participado en el debate público. Creo que este es un momento de mucha humildad y de mucha incorporación de voces que han estado ausente también en este espacio. Estos movimientos sociales no solamente estaban ausentes en el Congreso, sino que también en el debate público en los medios y el foco público en general. Por lo mismo, creo que tenemos que ser bien humildes los que hemos tenido la posibilidad de tener una voz en esta discusión y escuchar harto.

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