Columna de Evanyely Zamorano y Emanuel Pacheco: Ciberacoso, ¿hasta cuándo?

Las denuncias de ciberacoso son solo la punta del iceberg de un problema aún mayor, que es el de la salud mental de los y las jóvenes en Chile.

Una triste y, lamentablemente, esperada noticia entregó esta semana el Ministerio de Educación: las denuncias por ciberacoso aumentaron un 86% en el 2020. 

El aumento, sin embargo, no nos sorprende. En diciembre de 2020 ya habíamos evidenciado, en nuestro estudio de ciberacoso y salud mental que hicimos juntos a la UDD, StatKnows y el Observatorio de Participación Ciudadana y no Discriminación del Ministerio Secretaria General de Gobierno, que el 49% de los y las jóvenes entre 15 y 19 años a nivel nacional vivieron ciberacoso en los últimos tres meses al menos en una ocasión y un 65% ha sido testigos de ese fenómeno.

La pandemia nos trajo grandes desafíos digitales para los que no estábamos preparados como sociedad y menos en los colegios. El acoso en las escuelas comienza generalmente en las relaciones cara a cara. Y se suele prolongar al ámbito online. Suele tratarse de una dinámica de abuso y violencia en escolares ejercido por los mismos pares, y el tipo de colegio ya sea municipalizado, subvencionado o particular, no influye en las conductas de violencia de sus estudiantes.

“El 49% de los y las jóvenes entre 15 y 19 años a nivel nacional vivieron ciberacoso en los últimos tres meses al menos en una ocasión y un 65% ha sido testigos de ese fenómeno”.

El acoso escolar no es una situación estática solucionable con un buen protocolo de convivencia, sino más bien, es la razón de fondo que genera espacios de mala convivencia, es el enfoque a los síntomas y no las causas. El principal motivo viene de las victimizaciones y sus síntomas que los y las jóvenes puedan estar viviendo.

Para ello, es necesario implementar herramientas eficientes de sensibilización, autocuidado y reportabilidad para prevenir victimización e identificarla de forma temprana antes que evolucione en autolesiones, agresiones a terceros o en suicidio. Las denuncias, entonces, son solo la punta del iceberg de un problema aún mayor, que es el de la salud mental de los y las jóvenes en Chile.

“El acoso escolar no es una situación estática solucionable con un buen protocolo de convivencia, sino más bien, es la razón de fondo que genera espacios de mala convivencia, es el enfoque a los síntomas y no las causas”.

Lo decimos desde cerca, desde nuestra experiencia. El 22 de mayo de 2018 nuestra hija, Katy Summer, murió por suicidio tras ser víctima de un aterrador ciberacoso por parte de su comunidad escolar.

El punto principal acá es que, como sociedad y como comunidades escolares, estamos llegando tarde al asunto. ¿Hasta cuándo permitiremos que esto sea así? Prepandemia, la discusión en temas digitales se centraba en la pertenencia del uso de dispositivos móviles en las aulas de clase. Es decir: se conversaba acerca de dispositivos y no de contenidos.

La pandemia nos obligó a incorporar ágilmente la tecnología en el proceso de aprendizaje, dejando en evidencia lo poco o nada preparados que estábamos en hacernos cargo de cómo mediar en estos espacios digitales. El foco inicial, y hasta cierto modo aún presente, ha sido en cómo entregar contenidos a través de un medio digital. Pero la conversación en torno a la convivencia, que es lo que más debiese preocuparnos como padres, no se ha dado con la misma agilidad ni prioridad que se ha requerido. Lo que finalmente se traduce en estas mayores denuncias.

¿Qué está pasando? ¿Por qué aumentan estas cifras? Por una parte, debemos valorar que haya una mayor sensibilización y desnormalización de estas formas de violencia y que finalmente los estudiantes denuncien estas prácticas. Pero el acoso y el ciberacoso no deberían ocurrir nunca.

“La conversación en torno a la convivencia, que es lo que más debiese preocuparnos como padres, no se ha dado con la misma agilidad ni prioridad que se ha requerido”.

Hacemos un llamado a todo aquel que presencie situaciones de ciberacoso a no quedarse callado. No sean testigos encubridores. No den like, ni compartan los contenidos siendo testigos cómplices. Actúen, asegúrense que quien esté viviendo situaciones de acoso y ciberacoso no estén solos. Sean testigos salvadores.

*Evanyely Zamorano es abogada y Emmanuel Pacheco es ingeniero comercial. El 22 de mayo de 2019 crearon la Fundación Katy Summer, dedicada a realizar prevención, acompañamiento y contención en casos de acoso y ciberacoso, como también tender redes de acción en torno a este tema. Para llegar a más personas, publicaron el libro “Yo Elijo Salvar” (Aguilar, 2021).

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