La doctora Andrea del Valle quedó tan conmovida por la historia de su paciente a quien intubó por Covid que escribió su historia. Ilustración: Patricio Vera.

“Le beso su manito repetidas veces, le doy ánimo”: La carta de una doctora a su paciente embarazada e intubada por Covid

El caso de una paciente conmovió tanto a la internista Andrea Del Valle, del Hospital Eloísa Díaz, que escribió un largo texto sobre las horas que pasó junto a ella. La joven estaba embarazada y el Covid-19 le tenía tan comprometido el sistema respiratorio, que debieron intubarla. En su escrito se mezcla el miedo y la angustia de quien teme morir; y la compasión y la humanidad de quien hace todo lo posible por salvarla. (Ilustración: Patricio Vera)

El 28 de marzo algo cambió en Andrea Del Valle (30). La internista de la Unidad de Pacientes Críticos (UPC) del Hospital Eloísa Díaz había hecho un turno de 24 horas el día anterior, pero ese domingo vivió algo con una paciente que la marcó profundamente. Todo el camino desde el hospital en La Florida hasta su casa en Macul se fue pensando en eso. Llegó a su domicilio al mediodía, pero no descansó. Sentada en el sofá, tomó su celular y se puso a escribir. No pudo parar.

A Andrea siempre le ha gustado escribir sus vivencias. Lo ha hecho aún más durante estos meses de pandemia. Se siente liberada al contar sus experiencias en la UPC, ya que dice que carga una mochila emocional enorme. Había escrito antes de ese domingo 28 de marzo, y volvería a escribir después. Pero nunca le había dedicado tanto tiempo a una paciente como lo hizo con esa historia.

Estuvo escribiendo hasta la noche. El resultado fue un texto de cinco páginas que tituló: “Una historia de 24 horas de amor, pasión, locura y llanto en la UCI haciendo turno”. No había tomado ningún apunte previo, pero todos los recuerdos estaban latentes. Ahí cuenta la historia de Paty, una paciente a quien había conocido el día anterior. Paty -como la denominó ella para guardar su identidad- había ingresado la madrugada del sábado 27 de marzo a la Unidad de Pacientes Críticos, en el segundo piso del hospital. A la doctora le llamó la atención su edad: era tres años menor que ella. Además estaba embarazada y tenía Covid-19.

Doctora Andrea del Valle en la Unidad de Pacientes Críticos Carol Ortíz Gutiérrez, en el Hospital Eloisa Díaz. Foto: Cedida.

Era un caso poco frecuente. En medio de la pandemia, son pocos los casos de una paciente embarazada que haya debido ser intubada por Covid. La propia doctora cifra en 2 ó 3 los que tuvieron el año pasado. Pero ha notado un drástico aumento: sólo en las últimas dos semanas, cuenta que cuatro mujeres embarazadas han tenido que ser sometidas a ventilación mecánica en la UPC del hospital.

El relato que la doctora Del Valle escribió ese 28 de marzo es dramático. Escribe con detalle el proceso que vivió Paty, desde sus primeras dificultades para respirar hasta que tuvieron que inducirle un coma para intubarla. Allí se lee la angustia de una paciente; y la compasión y humanidad de una doctora. Hoy Paty ya está de alta, sana, y sigue adelante con su embarazo. 

Éste es el relato de esas “24 horas de amor, pasión, locura y llanto en la UCI haciendo turno”.

***

“De los 6 pacientes que me toca ‘recibir’ en mi turno, recibí sólo a una persona despierta; es decir, sin un ‘coma inducido’ y, por tanto, no tenía un tubo conectado a una máquina para poder respirar. 

En la cama 2 mil y algo de una UCI de mi país, recibo a: paciente mujer, 27 años, sobrepeso (leve, según cálculos matemáticos no más), embarazada de 13 semanas y 6 días (aproximadamente 3 meses)…

Le voy a poner ‘Paty’… La paciente había llegado a la UCI durante la madrugada del sábado, algunas horas antes de las 8 de la mañana, mi hora de entrada. La Paty había llegado unas horas antes, trasladada desde el servicio de obstetricia a la UCI. Ella se había hospitalizado el jueves, pero ya el viernes comenzó a necesitar que se le administrara oxígeno. Se intenta conectar a la famosa ‘cánula nasal de alto flujo’ (que nos ha venido a salvar mucho, porque nos da tiempo y a veces sólo llega hasta ahí y el paciente mejora) …. La Paty se mantiene con ella por un par de horas de ese viernes, saturando bien por el dedo (famoso aparato que se pone en un dedo de la mano que mide la oxigenación de forma indirecta), pero necesitaba mucho oxígeno para lograr esa meta de saturación. Además, también requería que ese oxígeno entrara a su cuerpo a una alta velocidad… Paty mostrando señales ‘clínicas’ del compromiso del virus SARS COV 2 en sus pulmones. Eso también se vio reflejado en su ‘gas arterial’, que es una muestra directa de sangre de una arteria, la cual permite saber cuánta sangre logra oxigenar el cuerpo con lo que ‘le entra al pulmón’; es decir: ¿Llega poco o adecuado oxígeno a su sangre y cuerpo con la cánula nasal de alto flujo? ¿Estaba funcionando con la Paty? La respuesta fue no, si bien saturaba bien, la oxigenación en la sangre no era adecuada. 

Así es como mi paciente Paty se traslada a UCI a la cama 2 mil y tanto. Ahí se conecta a una máscara que cubre toda la cara y se conoce como ‘ventilación mecánica no invasiva’ o VMNI, algo que no es para nada cómodo, porque estás despierto. Lo digo por experiencia… hace ya varios años me la probé para saber qué se sentía, entender por qué, a veces, algunas personas te dicen ‘sácamela’. Sin embargo, no fue el caso de Paty; aguantó estupendo las primeras horas. Su nuevo examen de sangre había mejorado, porque sus pulmones necesitaban que el aire entrase a presión y con velocidad: es decir, el problema ya no era sólo cantidad de oxígeno. 

Pacientes COVID-19 conectados a ventilador mecánico en los pasillos de UTI en el Complejo Asistencial de Padre Las Casas. Foto referencial: Agencia Uno.

Así conocí a la Paty; paciente tranquila, con buena respuesta al manejo inicial de UCI. Incluso, disminuyeron sus requerimientos de oxígeno. 

La fui a examinar, nos conocimos. Para sorpresa de ambas, habíamos conversado por teléfono el miércoles de esa misma semana. El papá de la Paty, de 60 años, estaba grave, boca abajo, en diálisis (no le funcionaban los riñones) y con compromiso cardíaco por COVID 19. Y sí, su papá estaba en la habitación de al lado, aunque ella no podía verlo. Era otro paciente que me tocó recibir ese día, su papá ya llevaba una semana en la UCI. Ella solo me preguntó ‘¿sigue grave, cierto?’, a lo cual le dije que sí, y no dijimos más. Tenía que hablar con ella y examinarla, ella estaba entregada y luchando. 

“La fui a examinar, nos conocimos. Para sorpresa de ambas, habíamos conversado por teléfono el miércoles de esa misma semana. El papá de la Paty, de 60 años, estaba grave, boca abajo, en diálisis (no le funcionaban los riñones) y con compromiso cardíaco por COVID 19. Y sí, su papá estaba en la habitación de al lado, aunque ella no podía verlo”.

Le expliqué a la paciente que tenía que instalarle un dispositivo dentro de una vena más grande del cuerpo; un catéter venoso central a través de una vena del cuello. Le conté que, para el tipo y cantidad de medicamentos que su cuerpo necesitaba, no sirve el ‘simple’ pinchazo en mano y/o brazos. Además, el catéter sirve para tomar más exámenes sin tener que pincharla constantemente. Como era de esperar, la Paty se portó increíble. Yo de pie, detrás de su cabecera, ella acostada plana, con la máscara que le envolvía su carita y le entregaba oxígeno a presión. La tape con unas sábanas estériles, yo con ropa estéril. Desde arriba sólo veo unos pocos centímetros de cuello, ella cubierta de sábanas, me imagino que debe ver todo negro o verde oscuro. 

Le explico lo que voy haciendo; ‘esto es una agüita que desinfecta la zona de tu piel donde voy a pinchar’, ‘viene un pinchazo’, ‘vas a sentir un ardor que es la anestesia’, ‘ahora un poco de presión’, ‘aguántame un poco, sé que molesta’, ‘estamos casi’, ‘te portaste increíble’. Le cuento que le tomaré una radiografía, una foto de sus pulmones para comparar con la del día jueves y ver que el dispositivo instalado esté bien situado. Además, le cuento que se le pondrá una placa protectora en su abdomen para su bebé de 3 meses y la foto es portátil, no tendrá ni que moverse de la cama. 

Pacientes COVID-19 conectados a ventilador mecánico en los pasillos de UTI en el Complejo Asistencial de Padre Las Casas. Foto referencial: Agencia Uno.

Llegan los de rayos unos minutos después (pasado el mediodía del sábado a esa altura) y le toman la radiografía, me siento en el computador a ver y pienso ‘mierda, está peor que hace 48 horas, no quiero intubar a la mujer embarazada’. Llamé a mi jefe, porque me pareció que era el momento del escáner con contraste. Yo desconocía si el ‘contraste podía dañar a su bebé’. Sin embargo, en ese momento, mi paciente es la Paty; ¿y si tiene un trombo en las arterias de los pulmones?, ¿cuán afectados están sus pulmones? Ya había visto que la foto estaba peor, pero necesitaba más información para tomar la decisión más correcta. Insisto y clarifico que intubarla y saber lo que podría implicar en su bebé no era menor, sólo que tampoco era ni es menor retrasar la conexión al ventilador cuando tu cuerpo lo necesita.

“Llegan los de rayos unos minutos después (pasado el mediodía del sábado a esa altura) y le toman la radiografía, me siento en el computador a ver y pienso ‘mierda, está peor que hace 48 horas, no quiero intubar a la mujer embarazada’. Llamé a mi jefe, porque me pareció que era el momento del escáner con contraste”. 

Mientras tanto, la Paty nuevamente no saturaba muy bien con el aparato en el dedo, así que nuevamente mayor cantidad de oxígeno y sin poder retirar la máscara. Le controlo nuevos gases arteriales (para ver su oxigenación directamente) y pensé ‘puta la wea’… Fui a hablar con ella, me parecía que había que dormirla e intubarla. Ahí fue cuando la Paty se quebró un poco y me suplica que no. No quería el tubo, ella se sentía bien y le preocupa su bebé. Llegamos a un acuerdo, me firma el consentimiento y le solicito el famoso escáner…. Siendo las 13-14 hrs de nuestro sábado de marzo, nos agendan a las 20.30 hrs el escáner, no se puede antes porque hay ‘muchos pacientes’, estamos en pandemia.

Van pasando las horas, a ratos la voy mirando cómo respira, veo los números del ventilador… no me gusta mucho lo que veo. 

Doctora Andrea del Valle en la Unidad de Pacientes Críticos Carol Ortíz Gutiérrez, en el Hospital Eloisa Díaz. Foto: Cedida.

Llega la hora del examen, pero no sin antes controlar nuevos gases… Vuelve a la UCI del escáner y veo sus pulmones; casi me caigo de espalda por el extenso compromiso en ambos pulmones de forma difusa y en parches. Con el tremendo daño visible a mis ojos, no me extrañó ver el resultado de los últimos gases arteriales…. había que dormir y conectar a mi sexta paciente del día a un ventilador mecánico invasivo, tenía que dormirla. 

Vuelvo a conversar con la Paty y se quiebra, se pone a llorar de forma desconsolada, le cuesta hablar y me cuesta entender lo que me dice a través de la máscara del VMNI, pero en resumen me dice repetidamente ‘no, no, no quiero’ y llora. Me asusta porque se agita mucho y sé que no es bueno… Converso con ella y le explico que tenemos dos opciones; o no hago nada y la dejo morir a ella y a su bebé en camino; o luchamos con todo y puede sobrevivir ella con o sin su bebé. 

Sigue llorando y mueve su cabeza diciendo no, le pregunto por qué no quiere y entre sollozos me dice ‘tengo miedo’, no deja de repetirlo. Le aprieto fuerte la mano y le explico lo que voy a hacer, le mostré la imagen de su pulmón (lo grabé en el celular para mostrarle el extenso compromiso que tenía) … Finalmente, tras 20 minutos de conversación, me acepta el paso a seguir, pero primero quiere llamar a su mamá y a su pareja. Ella sabe que su bebé no puede sobrevivir en una incubadora, pero también sabe que es probable que su bebé no lo logre, es posible que se produzca un aborto espontáneo. 

Foto referencial: Agencia Uno.

Como no es posible hablar muy fluido con esa máscara, el kinesiólogo se la retira y le vuelve a poner la cánula nasal de alto flujo para que pueda hablar. Yo le pongo una mascarilla quirúrgica, porque ella aún contagia. 

Dejo a la Paty en su habitación, pero me manda a llamar porque quiere que la acompañe mientras habla con sus seres amados. Entro nuevamente cuando la llamada ya había empezado, su mamá al altavoz rezando con mucho fervor, mientras ella llora sin decir nada. Con una mano le acaricio su pelito, con la otra mano nos apretamos mutuamente. Me pide que le hable a su mamá y le explico lo que venía, su vida corría peligro y era momento de dormir. Su madre me escucha y comienza a alentar a su hija, mientras la Paty llora y solloza, tiene miedo. Le acaricio su pelo con una mano y con la otra ella no me suelta y yo tampoco a ella. Le beso su manito repetidas veces, su mamá le empieza a dar ánimo, yo también. Es momento de decir ‘hasta pronto’, con el miedo de no saber si vas a volver a despertar, o cómo vas a despertar. 

Me pide que le hable a su mamá y le explico lo que venía, su vida corría peligro y era momento de dormir. Su madre me escucha y comienza a alentar a su hija, mientras la Paty llora y solloza, tiene miedo. Le acaricio su pelo con una mano y con la otra ella no me suelta y yo tampoco a ella.

Segundo llamado, su pareja, el padre de su bebé. Él le dice que va estar bien y que va a estar esperándola. Se escucha seguro y convencido de aquello. Se dicen que se aman varias veces antes de cortar. El momento se acerca … Ella solloza y me pregunta por su papá, me pide que le diga la verdad. Lo hago, le explico el escenario real, también le digo que sigue luchando, seguimos luchando, y ahora le toca a ella. 

Ya eran cerca de las 23 hrs y estábamos listos. Me vuelvo a poner en su cabecera, a nuestra derecha, la enfermera encargada de las bombas de los fármacos que le iremos administrando para inducir el sueño, la Paty no va a sentir nada, va todo por el catéter venoso central. La enfermera con ojos llorosos y muy concentrada programa las bombas. A nuestra izquierda, el kinesiólogo con el ventilador listo y el ambú preparado (este último es una mascarilla especial que se pone en tu cara y tiene una especie de bolsa inflada que se presiona para dar oxígeno antes de la intubación). Al lado del kinesiólogo, se encuentra la TENS que ya había probado los instrumentos que me tocaba usar, así que ella se dedica a contener a la Paty y tomarle su mano. Ella está nerviosa, sé que tiene miedo… también lo tendría yo; he visto gente que nunca más ha despertado, he visto gente salir con muchas secuelas, perder su funcionalidad y tantas cosas… Pero no pienso eso en ese momento, tampoco pienso en su papá y lo mal que está. Mi universo se enfoca en el equipo, la Paty y yo.

Ella está nerviosa, sé que tiene miedo… también lo tendría yo; he visto gente que nunca más ha despertado, he visto gente salir con muchas secuelas, perder su funcionalidad y tantas cosas… Pero no pienso eso en ese momento, tampoco pienso en su papá y lo mal que está. Mi universo se enfoca en el equipo, la Paty y yo.

El kinesiólogo comienza a pre-oxigenar a la Paty con el ambú, lo hace tranquilo, una mano presiona y suelta a un ritmo constante la bolsa que infla y desinfla, su otra mano fija la máscara a la cara de la Paty. Yo le acaricio la frente con mi mano derecha, mientras que con la izquierda sostengo el laringoscopio; una herramienta metálica en forma de L y una luz en la punta. En un par de minutos, cuando la Paty se duerma, entraré con el laringoscopio por su boca para poner un tubo. Por su lado, la Paty se mantiene consciente y aferrándose a la vida; su mano derecha encima de su vientre bajo, su mano izquierda aprieta con todas sus fuerzas la mano de la TENS. 

La enfermera comienza la administración de drogas para dormir, ella suelta sus manos y yo uso mi herramienta para llevar el tubo a su vía aérea, la tráquea. Inicialmente no mejora mucho la saturación, el ventilador invasivo me está mostrando lo que sucede; sus pulmones están muy enfermos, hay poco pulmón sano funcionando. Así que llamamos a otro kinesiólogo a la habitación, hay que poner boca abajo a la Paty, ponerla en posición prono, para lo cual necesitamos cinco personas, dicho movimiento debe ser seguro, porque ella duerme… A los pocos minutos la saturación de Paty comienza a mejorar y dejamos programado el ventilador, ya es medianoche y sólo es tiempo, reposo, soporte. Ha comenzado la maratón de la Paty en la UCI, yo ya le había dicho que el camino era lento, en promedio va a estar 10 a 14 días necesitando ese tubo para respirar. 

A los pocos minutos la saturación de Paty comienza a mejorar y dejamos programado el ventilador, ya es medianoche y sólo es tiempo, reposo, soporte. Ha comenzado la maratón de la Paty en la UCI, yo ya le había dicho que el camino era lento, en promedio va a estar 10 a 14 días necesitando ese tubo para respirar. 

Me fui a acostar tipo 3.30 – 4 de la madrugada y dormí hasta las 8 am. Me desperté un par de veces, pero sólo por el teléfono, tuve suerte. 

Siendo las 9 de la mañana del domingo, le entrego mis seis pacientes a un colega, a un amigo. Ambos preocupados por cosas que les están pasando, o que no les están pasando a nuestros pacientes. Le presento a la Paty, hija del paciente de la cama de al lado. Sabemos que ella va a estar al menos 72 hrs boca abajo y quizás su papá no salga de ahí. ¿La buena noticia? El cuerpo de Paty, sus exámenes de sangre y la oxigenación estaban respondiendo, buen inicio de este largo camino por su vida. Espero poder leerle esto cuando esté despertando y decirle que lo está logrando… 

A. Del Valle”.

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