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Columna de Cristina Ñancucheo y Fernando Pairican: El día en que la Plurinacionalidad, como una propuesta para una nueva democracia entre pueblos, se ha comenzado a discutir

Esta es la crónica y la reflexión sobre un domingo histórico. Un día que comenzó con una ceremonia mapuche en el cerro Welen -como a lo largo del siglo XX lo han hecho nuestros antepasados- y culminó con la elección de Elisa Loncon en la presidencia de la Convención Constitucional. Creemos y vemos prometedor lo sucedido.

La naturaleza nos da todo lo que tenemos;

nosotros entendemos que

 todo lo que tenemos es sagrado.

(Nicolasa Quintreman)

A partir de las 7 de la mañana del 4 de julio se fueron reuniendo los constituyentes mapuches, sus equipos y quienes les acompañaron para este momento histórico. Algunas delegaciones viajaron desde diferentes puntos de Wallmapu, otras y otros desde las poblaciones en la Región Metropolitana, en donde vive un sector importante de nuestro pueblo en Santiago. El lugar de encuentro fue el cerro Welen o Santa Lucía, espacio en el que nuestros antepasados, a lo largo del siglo XX, se reunieron para descansar, esperar por algún trabajo, enamorarse y acompañarse hasta el momento de tomar el tren o los buses que los llevaran de regreso al país Mapuche.

Desde mediados del siglo XX, este cerro anclado en el centro de la capital, ha sido resignificado de manera política por el pueblo mapuche. Aburto Panguilef, dirigente de la Federación Araucana y escritor empedernido, en sus viajes a Santiago desarrollaba ceremonias para recordar a los antepasados en la década del 40. A veces solo y otras acompañado. Décadas después, hacia los 80, la organización Ad Mapu puso mayor énfasis en apropiarse de manera político-cultural, primero repudiando el 12 de octubre como fecha triunfalista y luego como un lugar en que concluía la manifestación iniciada desde la Plaza Italia/Dignidad. En las faldas del cerro se daban los discursos políticos de las dirigencias de Wallmapu y la piedra que contiene las palabras de Pedro de Valdivia era pintada con rojo.

El pueblo aymara y q’chua, de la diáspora, también hizo uso de este cerro como lugar de encuentro. Además de la fecha del 12 de octubre, el cerro Welen como ejercicio de auto afirmación identitaria y de acción política también fue usado por estas naciones en un sentido indianista, la ideología reflexionada desde Bolivia por el pensador amauta Fausto Reinaga. Era recurrente que los dirigentes aymara invitasen a mapuche a sus actividades; en alguna de esas ocasiones, las hermanas Quintreman, que señalaban sus puntos divergentes y críticos a la construcción de la represa hidroeléctrica Ralco, megaproyecto que finalmente inundó una parte de las tierras pewenche y puso en crisis la misma Ley Indígena promulgada en 1993, dieron sus conferencias en este simbólico cerro. Quien fuese Director de CONADI de ese entonces, Domingo Namuncura, escribió luego un desgarrador libro: “Ralco: ¿represa o pobreza?”,en el que detallaba las formas en que se vulneraron las normativas, se cambiaron los acuerdos y finalmente se construyó la represa sin el consentimiento y vulnerándose la misma resolución firmada por los Consejeros de CONADI. La Ley Indígena, una promesa del Acuerdo de Nueva Imperial de 1989, fue dinamitada por el mismo gobierno de la Concertación, generando la radicalizando las posiciones políticas de los mapuche.

Pero otra historia se fraguaba de una manera no oficial: la historia de la autoidentidad. La presidenta de la Convención Constituyente, Elisa Loncon, escribió en “Pelquitun”, un diario de los estudiantes universitarios en Temuco de 1983: “La historia de la humanidad, a través de siglos, ha ayudado a responder a las interrogantes que el hombre plantea, preguntas como: ¿quién es? ¿de dónde viene? ¿por qué es la lucha agitada que continuamente se realiza?” y responde: “aunque las generaciones pasen, las huellas quedan y cada cual tiene un sistema de darlo a conocer respondiendo a la particularidad de su cultura, es así como muchos pueblos mediante escritos atestiguan parte de su pasado”.

Esa memoria acompaña este proceso histórico, cuando a las 7:20 de ayer domingo comenzaron a encenderse fuegos, a sonar las trutrucas, pifilcas y cascawillas en el cerro Welen. El mismo que urbanizó el Intendente de Santiago, Benjamín Vicuña Mackenna, quien en 1868 escribió: “¿Qué es la cuestión de Arauco? Para mí no es, señor, sino un gran fantasma, fantasma sangriento, que se pasea durante tres siglos en nuestra historia, engañando a todas las generaciones como una ilusión óptica”.

La presidenta de la Convención Constituyente, Elisa Loncon, escribió en “Pelquitun”, un diario de los estudiantes universitarios en Temuco de 1983: “La historia de la humanidad, a través de siglos, ha ayudado a responder a las interrogantes que el hombre plantea, preguntas como: ¿quién es? ¿de dónde viene? ¿por qué es la lucha agitada que continuamente se realiza?” y responde: “aunque las generaciones pasen, las huellas quedan y cada cual tiene un sistema de darlo a conocer respondiendo a la particularidad de su cultura, es así como muchos pueblos mediante escritos atestiguan parte de su pasado”.

Ahí estaban los mapuche en torno a un rewe elaborado con canelo, quila, maqui, entre otros árboles nativos, ofrendando semillas a la tierra, granos y muday. La delegación Lafkenche que acompañó al constituyente Adolfo Millabur, trajo con ellos agua de mar, el símbolo del negenlafken, la que también fue vertida sobre la tierra en el transcurso de la ceremonia.

Todos los convencionales de la Nación Mapuche se encontraban presentes, pero no sólo los electos vía escaños reservados, sino también los distritales, como Ramona Reyes Painequeo y Helmulth Martínez Llancapan. Mientras se desarrolló el Llellipun encabezado por la Machi Francisca Linconao, otro símbolo de la coerción estatal sobre nuestro pueblo y quien afrontó la cárcel y un juicio a su persona de manera ejemplar y digna. Ella también hizo uso de los instrumentos internacionales, como el Convenio 169 de la OIT para proteger su tierra y bosque de la tala de agricultores. Desde esos años, la Machi Linconao ha planteado una propuesta: los derechos de la naturaleza. Todo rodeado de jóvenes kona, mujeres y hombres que con wiños y coliwes custodiaron a las y los constituyentes electos de nuestro pueblo.

Al finalizar las rogativas se dio paso a los discursos que fueron breves. Todas y todos agradecieron a los presentes, a los que acompañaron y se hizo énfasis en tres cosas: la constituyente a representar al pueblo mapuche para la elección de la presidencia era Elisa Loncon; que se caminaría en tranquilidad hacia la Plaza de Armas, pues lo que debía trasmitirse a la opinión pública era el acto de unidad; y que estamos ante la oportunidad de la construcción de un nuevo país.

Ahí estaban los mapuche en torno a un rewe elaborado con canelo, quila, maqui, entre otros árboles nativos, ofrendando semillas a la tierra, granos y muday. La delegación Lafkenche que acompañó al constituyente Adolfo Millabur, trajo con ellos agua de mar, el símbolo del negenlafken, la que también fue vertida sobre la tierra en el transcurso de la ceremonia.

Elisa Loncon irrumpió como un consenso de los y las constituyentes mapuche a pesar de que no fue cumplido por una de las presentes. Desde el momento que su nombre comenzó a crecer como consenso, generó un interesante debate. Carlos Peña dijo desde El Mercurioque la decisión de los mapuche de proponer a Loncon no debería “entenderse como un privilegio para que sus razones sean particularmente atendidas o consideradas mejores o más fuertes que cualesquiera otras”. A favor de una cultura, no se podía reclamar ventaja en la deliberación y subrayó: “El reconocimiento que merecen las identidades en la democracia tiene por objeto lograr que todos se incorporen al diálogo y la deliberación, pero no que alguno de ellos, esgrimiendo su condición histórica desaventejada, pretenda eximirse del diálogo racional que exige evaluar las razones con presidencia de quien las profiere”.

Tal vez si existieran un país donde sus bases fuesen igualitarias, la opinión del destacado académico tendría asidero. Pero en Chile sucede lo contrario, las desventajas han forzado a tener que hacer uso de la identidad como ejercicio político de visibilidad y empoderamiento. En la medida que no se modifica aquello, no será posible un país distinto. Para que exista igualdad debe generarse una reparación y ello deriva de un reconocimiento. Una interculturalidad emancipadora.

Pareciera que la politización de la identidad fuese algo que incomoda, sobre todo cuando se hace uso de la historia para dar cuenta de un punto de vista divergente. Carlos Peña, en su nueva columna, plantea que Loncon dio por zanjada la discusión, cuando lo sostenido es una propuesta que se ha venido desarrollando en América Latina y también en un segmento del movimiento mapuche que es compartida por miembros del pueblo chileno que creen en otro tipo de relaciones interculturales.

Para lograr ese momento es importante reconocer. La historia de Elisa Loncon nos recuerda que la ruptura de las relaciones interculturales fue con la Ocupación de La Araucanía. Ahí estuvieron sus antepasados, Loncomil luchando junto a Kilapan impidiendo la construcción del poblado de Traiguén en 1878. Lo mismo sucede con el resto de los y las constituyentes: la historia comienza con la Ocupación de La Araucanía y con los actos de expansión del Estado chileno sobre los territorios andinos que quedaron divididos en tres naciones; Rapa Nui que vivió una experiencia de esclavitud sobre su gente; y los pueblos australes que sufrieron un acto de genocidio.

Esa herida que no cicatriza es la que puede comenzar a cerrarse con este primer acto político. Loncon lo dio a entender en su discurso inaugural: “Aquí estamos lamgen, aquí estamos, agradecerle el apoyo a las diferentes coaliciones que entregaron su confianza, depositaron sus sueños en el llamado que hiciera la nación mapuche para elegir a una persona mapuche, mujer para cambiar la historia de este país”. También dio sus saludos a “la diversidad sexual, este saludo es para las mujeres que caminaron contra todo sistema de dominación” y agregó que era instalar “aquí una manera de ser plural, una manera de ser democráticos, una manera de ser participativos”. El Chile que se propone es uno Plurinacional e Intercultural. Uno “que no atente contra los derechos de las mujeres”. Uno que “cuide a la madre tierra, que limpie las aguas”. Es posible, agregó, “refundar este Chile, establecer una nueva relación entre el pueblo mapuche, las naciones originarias y todas las naciones que conforman el país”.

Tal vez si existieran un país donde sus bases fuesen igualitarias, la opinión del destacado académico tendría asidero. Pero en Chile sucede lo contrario, las desventajas han forzado a tener que hacer uso de la identidad como ejercicio político de visibilidad y empoderamiento. En la medida que no se modifica aquello, no será posible un país distinto. Para que exista igualdad debe generarse una reparación y ello deriva de un reconocimiento. Una interculturalidad emancipadora.

Ante la crisis de gobernabilidad que se desarrolló en Chile, los mapuche propusieron una salida democrática con identidad: la Plurinacionalidad con una perspectiva intercultural. Un laboratorio de democracia que ha tenido experiencias concretas en el Ecuador y Bolivia. En el caso de Chile, municipios han desarrollado esta forma de hacer política aunque no de manera exclusiva; en los últimos meses, sectores de la izquierda han repensado este mismo concepto como lo da cuenta el vicepresidente de la Convención, quien comparte que uno de los “principios fundamentales para la refundación orgánica del Estado” sea la Plurinacionalidad. Así lo da cuenta en el documento “Principios para una refundación orgánica del Estado”, suscrito entre otros por el hoy vicepresidente de la Convención Constituyente, Jaime Bassa, el cual sostiene la importancia de reconocer la “pluralidad y diversidad de los pueblos originarios”. Para ello resulta interesante “la táctica política de un sector del pueblo mapuche que se ha unido en la demanda por Plurinacionalidad e interculturalidad” abriendo para ello “un entendimiento entre pueblos con mayores niveles de autonomía política y sin pretensiones de imponer soluciones institucionales estandarizadas a todos los pueblos”.

Creemos y vemos prometedor lo sucedido. La Plurinacionalidad como un camino que avanza hacia una nueva democracia no sólo entre ciudadanos, sino, también entre pueblos, con relaciones interculturales que reconozcan la legitimidad del otro diferente, permitiendo con ello dar pie para debatir el poder y con ello rediseñar las estructuras del Estado.

*Cristina Ñancucheo es Magíster en Ciencias Sociales Aplicadas. Fernando Pairican es Doctor en Historia, posdoctorante del Centro de Estudios Interculturales e Indígenas (CIIR) y académico de la Universidad de Santiago.

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