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Matías Lira, director de El bosque de Karadima tras su muerte: “Siempre hay que ejercer cierto control sobre las personas que tienen algún nivel de poder”

"No hay que quedarse en sus características personales, sino más bien hablar de los privilegios que tenía por el poder que se le había entregado", dice, en conversación con The Clinic luego del fallecimiento del exsacerdote.

El bosque de Karadima, dirigida por el director de cine Matías Lira cuenta la historia de los abusos sexuales perpetuados por el expárroco durante las décadas de 1980 y 2000. Se trató de una de las cintas más vistas en el país durante el año de su estreno, 2015, con más de 300 mil espectadores.

Su protagonista, inspirado en James Hamilton, es Thomas, un adolescente que acude frecuentemente a la parroquia El Bosque y que encuentra en Fernando Karadima un líder espiritual. Durante veinte años, vive en carne propia los abusos físicos y psicológicos por parte del sacerdote, hasta decidir hablar y enfrentar las redes de poder que lo protegen y desenmascarar definitivamente al verdadero Karadima, que en ese entonces era considerado como un santo en vida.

En conversación con The Clinic tras la muerte de Karadima, Matías Lira conversa sobre las principales características del exsacerdote y lo que significa hoy esta historia para nuestro país.

¿Cuál es su impresión personal en torno a Karadima?

-Preferiría no entrar mucho en detalle. En general, mi impresión está bastante plasmada en la obra: en la película y en la serie de TV. Creo que ahí hicimos un esfuerzo grande con el equipo de plasmar la realidad que se vivía en ese momento, la de esa persona y esa sociedad. Creo que nuestro trabajo está fundamentalmente ahí, así que materializarlo en una sola respuesta es complicado. En el guión trabajaron Álvaro Diaz, Alicia Scherson y Elisa Eliash. Álvaro y todo el equipo que nos apoyó hicieron una extracción bastante profunda de lo que era esta persona.

¿Cuáles cree que eran sus principales características?

-Es una pregunta interesante. En el fondo, todos conocemos sus características como abusador, eso está clarísimo, pero aquí es donde hay que tener especial cuidado. Era un abusador, pero en una instancia de poder muy profunda; una persona importante y con mucha ventaja. Con eso es lo que tenemos que tener cuidado. Siempre hay que ejercer cierto control sobre las personas que tienen algún nivel de poder, en toda índole, porque puede pasar lo que pasó con Karadima. Hablamos del poder desde lo más sencillo: el poder desde la confesión hasta el poder de ser la persona que encamina a futuros sacerdotes. Podría quedarme en el concepto de que sí, él era un abusador, pero la característica más importante y de la que tenemos que tener mayor conciencia siempre son las personas que están en puestos de poder. Ese poder puede ser utilizado de muy mala manera y en un beneficio personal tremendo. No hay que quedarse en sus características personales, sino más bien hablar de los privilegios que tenía por el poder que se le había entregado. Ese estatus puede ser muy negativo y darle cierto tipo de ventajas o beneficios que pueden ser terribles y en este caso quedó muy claro. 

¿Hay un antes y después en los casos de abuso sexual en la Iglesia Católica chilena con este sacerdote?

-Absolutamente. Lo que hicieron las víctimas que enfrentaron el caso de Karadima marcaron una pauta que desencadenó muchas cosas a nivel social en nuestro país a nivel político, porque enfrentaron a una institución tremendamente compleja y protegida. Creo que la fuerza que tuvieron James Hamilton, Juan Carlos Cruz y José Andrés Murillo fue muy poderosa y muy relevante para muchas cosas que pasaron después relacionadas al abuso en distintas índoles. Creo que no solamente fue un caso muy importante para la iglesia, sino que fue un caso muy importante para Chile en todo lo que respecta a los abusos. Esto ocurrió a principios del 2010, 2011, y si uno mira el arco de lo que ha pasado desde ese día hasta ahora ha sido muy impresionante. Pero aún nos quedan muchas cosas que estamos al debe como sociedad. Por ejemplo, estamos también profundamente al debe con el Sename; la discusión se abrió, pero todavía está pendiente. También el tema de la educación en torno al abuso. En ese sentido, José Andrés Murillo tiene la Fundación para la confianza que ha sido súper relevante respecto a plantear, apoyar y ayudar. Creo que el Caso Karadima fue un hecho súper importante, pero aún la sociedad está profundamente al debe en temas de abusos sexuales y ojalá se pueda materializar eso. Fue muy potente cuando en televisión, en Informe Especial y en Tolerancia Cero, se confrontó desde las víctimas a la iglesia y al abusador. Eso fue muy valiente desde todas las perspectivas, desde la de las víctimas y la de los periodistas en ese minuto, que abrieron este caso. Cuando salió James Hamilton hablando en Tolerancia Cero frente a la cámara, creo que fue una cuestión que desgarró a toda la sociedad. Eso yo no lo había visto nunca y fue muy potente, fue muy fuerte.

¿Cómo cree que Karadima pasará a la historia de nuestro país?

-No fue el inicio porque antes ya había habido abusos en la iglesia, pero creo que fue el primer caso donde, de alguna manera, se logró algo. Me parece que va a quedar marcado en este país por ese cambio. Aquí hay dos aspectos. El negativo, el que ya sabemos, porque fueron años y años de abuso, pero el positivo es que se están haciendo los esfuerzos para limpiar una institución. Creo que este caso marcó la posibilidad de que ocurriera algo al respecto, porque una cosa es visibilizarlo, pero otra es que se articulen cosas en torno a eso. Lamentablemente, por temas legales, existía la prescripción de los casos, pero igual se generó una catarsis interna en la iglesia y se tuvieron que tomar medidas. Ese tema es fundamental desde del punto de vista de las víctimas. Las víctimas fueron recibidas por el Papa también. Ahí hay un reconocimiento tremendamente importante. 

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