Patricio Vera

Felipe Lecannelier, psicólogo especialista en infancia: “Los papás chilenos quieren que sus hijos sean un pequeño robot”

En conversación con The Clínic, el autor de "Volver a mirar: hacia una revolución respetuosa en la crianza", comenta sobre la epidemia del Síndrome Internalizante en Chile y sus efectos en la salud mental infantil. "Chile tiene una infancia enferma e infeliz. Además, tiene un tipo de crianza y educación que enferma más a los niños", sostiene.

Una mañana, Matías le pegó a un compañero de curso y el otro niño se quedó sangrando. Las profesoras quedaron sorprendidas: Matías, de seis años, era un niño bastante tranquilo, independiente, que no hacía berrinches. No era el tipo agresivo. Las maestras recomendaron entonces a los padres de Matías llevarlo al psicólogo.

El niño llegó a la consulta con cara de miedo. Esta se iba intensificando a medida que los padres relataban al profesional lo ocurrido y recalcaban que Matías es un chico obediente, que aprendió desde pequeño a dormirse solo, que era de muy pocas pataletas y enojos. El niño se entristecía al escucharlos. “Fui un chico malo”, dijo al psicólogo, quien pronto entendió que Matías sentía que no podía hacer cosas malas para no desilusionar a sus padres, para no volverlos fríos y alejados, para no aumentar su sentido de soledad.

Esa historia, verídica -aunque el nombre del menor fue alterado-, es un claro ejemplo de una nueva epidemia vive la niñez en Chile: el Síndrome Internalizante. Ese fenómeno es descrito por el doctor en Psicología, Felipe Lecannelier, en su libro “Volver a mirar: hacia una revolución respetuosa en la crianza” (Diana, 2021).

Felipe Lecannelier. Crédito: Planeta.

“Se trata de un síndrome que viene expresándose desde los primeros meses de vida hasta la adolescencia: dado que los niños no expresan hacia afuera todo el estrés que sienten, porque sienten que van a ser criticados, retados, castigados, desde el mundo de los adultos parecen ser comportados, tranquilos, tímidos, solidarios. Pero pueden estar sintiendo rabia, pena, frustración, miedo, ansiedad y muchas emociones más”, comenta Lecannelier, especialista en apego e infancia en la University College London, Universidad de Minnesota, Harvard y el Hospital de San Francisco/Berkeley a The Clinic.  

Evidencia

El psicólogo analizó una serie de estudios multiculturales que compara a Chile con otros países. El más reciente, que analiza a 25 naciones, nos ubica en el top 1 de las sociedades con peor salud mental en niños. “En todas las demás investigaciones vemos que Chile aparece con las tasas más altas de problemas de salud mental infantil. Chile tiene una infancia enferma e infeliz. Además, tiene un tipo de crianza y educación que enferma más a los niños”, comenta.

En la mayoría de los estudios internacionales, la prevalencia de problema internalizantes no supera el 3-5% de los niños. En Chile, ese porcentaje llega a entre 16-20%.

De acuerdo con su investigación, Chile muestra los índices más altos de un tipo de crianza basada en la búsqueda de la autonomía temprana del infante. Los padres chilenos tienden a promover desde temprana edad el juego solitario, el acatamiento rígido de las reglas, el control de las emociones y la promoción de un “buen comportamiento”. “Desde muy temprana edad el niño aprende y entiende que no puede llorar, no puede moverse, no puede hacer pataleta”, cuenta Lecannelier.  “Los papás chilenos quieren que sus hijos sean un pequeño robot: que no alegue, no llore, no se mueva, que tiene que ser perfecto. Eso va generando enfermedades graves a largo plazo”, agrega.  

“Chile tiene una infancia enferma e infeliz. Además, tiene un tipo de crianza y educación que enferma más a los niños”.

Según el psicólogo, ese síndrome va más allá de los niños: “Chile es un país en general que tiene una tendencia a internalizar, somos un país bien controlado, un país muy obediente, un país en donde todo lo que es la expresión externa del estrés siempre es criticada de alguna manera. Si las mujeres lloran mucho son ‘histéricas’, si los hombres alegan mucho ‘son criticones’. Somos una cultura que tiene un acervo cultural en donde todo lo que es la expresión externa es siempre mal vista, mal castigada”.  

Lecannelier ejemplifica: Chile es uno de los países que más expresiones negativas tiene para referirse al niño que llora (“mamón”, “manipulador”, “niño difícil”, etc.). “Tenemos esa expectativa como país de ir criando a estos niños como ‘pequeñas ovejas obedientes’”, plantea. En ese contexto, la educación juega un rol negativo fundamental: la vida de los niños gira entre el colegio y la casa y en ninguno de esos dos espacios puede ser él mismo y expresar lo que siente.

Las consecuencias

De acuerdo con “Volver a mirar: hacia una revolución respetuosa en la crianza”, muchos estudios han demostrado que los problemas internalizantes son más graves que los externalizantes.

Quienes, en su infancia se guardaron lo que sentían, tienden a presentar síntomas depresivos, ideas suicidas, angustia, ansiedad, miedo a no rendir lo esperado, pesadillas y problemas psicosomáticos cuando llegan a la adolescencia. “La bomba del Síndrome Internalizante en Chile ya estalló: tenemos la peor adolescencia del mundo y somos, después de Corea, el segundo país que tiene la mayor tasa de suicidios adolescentes”, comenta el psicólogo.  

“Somos un país bien controlado, un país muy obediente, un país en donde todo lo que es la expresión externa del estrés siempre es criticada de alguna manera. Si las mujeres lloran mucho son ‘histéricas’, si los hombres alegan mucho ‘son criticones’. Somos una cultura que tiene un acervo cultural en donde todo lo que es la expresión externa es siempre mal vista, mal castigada”.

Eso genera un problema para la sociedad en su conjunto. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando las personas internalizantes se deprimen, piden licencias que suelen ser largas (de por lo menos tres meses). En esa línea, los problemas internalizantes a largo plazo terminan impactando la productividad y la economía de un país.

Se trata, según Lecannelier, de una gran paradoja: “si bien se crean estos niños internalizantes para aumentar la productividad de un país, lo que ocurre es todo lo contrario. Hay que tener mucho cuidado, porque el Síndrome Internalizante va a bajar toda la productividad, puede colapsar los mercados y todo el clima de bienestar de un país entero”.  

El experto ejemplifica con lo ocurrido durante la pandemia del nuevo coronavirus: “los padres parecen estar más preocupados de las notas de los niños que de su salud mental. Todavía no se ha generado la consciencia de que la salud mental o física es mucho más importante que el rendimiento escolar”.

Ese síndrome también puede, de acuerdo con varias investigaciones detalladas en su libro, acabar colapsando las estructuras sociales que necesitan de cooperación para subsistir. El psicólogo lo explica: “si te han enseñado desde la infancia que tienes que ser independiente, hacer las cosas por ti mismo, aprender a calmarte solo, que las emociones son de los débiles, pero, sobre todo, sentir que en el fondo estás solo y nadie te va a ayudar, ni contener, ni proteger, entonces toda la actividad cerebral destinada a la empatía está dormida”.

El gran problema, plantea, es que “sin empatía, no hay colaboración, ni cooperación, menos ayuda y, para qué decir, igualdad”.

Para el psicólogo, esas consecuencias ya se están evidenciando en diferentes estudios que comparan Chile con otros países. “Dentro de los rankings mundiales, somos una de las naciones menos colectivistas y más individualistas”, sostiene.

Recomendación

En su libro, Lecannelier entrega una serie de consejos para una crianza más sana. El principal de ellos es que los padres acepten las necesidades de externalización de los niños durante los primeros años.

“Chile es uno de los países que más grita, reta, controla y prohíbe a los niños. Somos una educación al estilo de Foucault de vigilar y castigar. El consejo a los papás es conversar”, comenta.  

“Si bien se crean estos niños internalizantes para aumentar la productividad de un país, lo que ocurre es todo lo contrario. Hay que tener mucho cuidado, porque el Síndrome Internalizante va a bajar toda la productividad, puede colapsar los mercados y todo el clima de bienestar de un país entero”.

“En Chile se tiene la idea de un niño como la que había en el siglo XVIII, como que el niño es un ser inmaduro, tonto, que no entiende nada, que yo lo puedo moldear a mi gusto… Y todos los estudios actuales muestran que los niños son mucho más empáticos e inteligentes de lo que somos los adultos. Nosotros nos vamos atontando a medida que pasa el tiempo. Vamos perdiendo la capacidad de creatividad, vamos perdiendo la capacidad de pensar siempre de una manera diferente, de pensar afuera de una caja. Debemos dejar a los niños ser. Porque cuando los dejamos, nos sorprendemos”, concluye.

Editorial: Diana

Número de páginas: 242

Precio: $14.900

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