Juan Pablo Luna, cientista político: “Estamos viendo una élite muy desconfiada del proceso constituyente”

Su preocupación es que los errores y discusiones altisonantes de la Convención Constituyente puedan afectar la confianza ciudadana. “Hay que cuidar este proceso”, señala; al tiempo que pone la mirada en la elección presidencial. Dice que Sichel y Boric padecen el mismo problema: con quiénes van a gobernar.

Son tiempos políticos y de lecturas finas. Juan Pablo Luna, académico de la Escuela de Gobierno de la Universidad Católica, es uno de los intelectuales más lúcidos del momento. Lleva años estudiando los cambios de la sociedad chilena. Pero no sólo las angustias que empezaron a habitar en los hogares de la clase media, sino también la frustración y rabia de muchos jóvenes.

Politólogo e investigador, Luna advirtió tempranamente el abismo que se empezó a abrir entre la ciudadanía y las elites. Fue en el 2017 cuando publicó su libro “En vez del optimismo”.

Hoy, con la mirada puesta en el momento político, entró de lleno a estudiar el proceso constituyente pero desde la calle, con la gente. No va solo. En conjunto con el Instituto Milenio Fundamentos de los Datos, del cual es investigador, han puesto en marcha un levantamiento de datos y escuchas ciudadanas para seguir la ruta de la nueva Constitución.

-La Convención Constituyente lleva más de un mes funcionando. Se han visto tensiones, resistencias. ¿Cómo lo estás viendo en la perspectiva de ese nuevo clivaje que se ha dado entre la elite y el pueblo? 

-Lo que estamos viendo es que todavía hay una élite muy desconfiada del proceso constituyente. Nosotros estamos midiendo esto a través de distintos mecanismos en “Plataforma Telar”, y lo hacemos con paneles de escucha ciudadana. Y te diría que hay una percepción bifurcada; una translocación de la esperanza y del temor entre los sectores populares y los sectores más educados.

-¿Cómo?

-Claramente, en la élite ven con preocupación el proceso constitucional. Te doy un ejemplo. En los días en que aparecieron muchas críticas a Elisa Loncón porque frente al tema de la Araucanía, ella dijo que no era Mandela, nosotros estábamos haciendo paneles de escucha territorial y la percepción era totalmente distinta en los sectores populares.

-¿Por qué? ¿Cómo leían esa discusión?

-Hablábamos con mujeres del mundo popular que veían la Convención Constituyente con mucha esperanza. Decían: “Bueno, si eligieron a Elisa Loncón como presidenta quiere decir que ya no es la política que hemos conocido hasta ahora”. Ahí estaba puesta la esperanza. Entonces, lo que estamos viendo en estas conversaciones y en las mediciones que hacemos, es que existe una bifurcación súper fuerte.

-¿Pero en qué se traduce? ¿Cómo se podría aterrizar esa bifurcación?

-En que antes de la Constituyente había una crítica a la política tradicional casi sin matices. Y ahora, lo que hay en el imaginario ciudadano son dos formas de política: una es la política de la constituyente, que se espera que sea nueva y mejor. Y la política tradicional que es lo que rechazan virulentamente. De hecho, en las últimas semanas ha empezado a aparecer la idea de que esto podría cambiar la forma en cómo los políticos se relacionan con el mundo popular.

-En la Convención han habido tironeos, diferencias de fondo entre distintos sectores. ¿Eso podría poner en riesgo legitimidad del proceso?

-Es responsabilidad de todos cuidar el proceso constituyente. En la primera etapa se vio a una derecha muy arrinconada, pero con el pasar de las semanas, se han empezado a ver quiebres naturales con gente que se acerca a conversar y que no apuesta tan unilateralmente al rechazo ni a minar la legitimidad de una nueva Constitución

-Sin embargo, algunas encuestas están mostrando una baja en las expectativas ciudadanas…

-Creo que esta campaña por denostar las formas y los estilos de la Constituyente está empezando a hacer mella en la confianza ciudadana. Y eso es preocupante. Hay que cuidar muchísimo el proceso constituyente, más allá de los errores o inconsistencias que puedan existir. Por ejemplo, la calidad de la discusión pública que hubo sobre el tema de las asignaciones, le hace muy mal a la Constituyente. Eso ya se empieza a ver en nuestros paneles de escucha…

En que antes de la Constituyente había una crítica a la política tradicional casi sin matices. Y ahora, lo que hay en el imaginario ciudadano son dos formas de política: una es la política de la constituyente, que se espera que sea nueva y mejor. Y la política tradicional que es lo que rechazan virulentamente.

-También pasó algo parecido con la discusión de si el ex almirante Jorge Arancibia podía ser parte o no de la Comisión de Derechos Humanos. Fue leído como una mala señal…

-Sí, por supuesto. Pero nos guste o no, Arancibia tiene todo el derecho a estar ahí porque fue votado popularmente para ser parte de la constituyente. Entiendo que hay que evitar la re victimización de aquellas personas que puedan sentirse mal por su presencia y por su rol. Pero así como lo de Arancibia y las asignaciones, también está haciendo ruido el tema de la Lista del Pueblo. Ha habido una serie de “escandaletes” que contribuyen a esto.

-¿Y eso no se contradice con la esperanza que tienen los sectores populares de que surja una nueva política? La Lista del Pueblo ha terminando funcionando con códigos de la vieja política…

-Bueno, ése es el problema de todos quienes prometen renovar la política una vez que entran al sistema. La probidad y la razonabilidad no se distribuyen por ideología. Están en todos los grupos. Finalmente, toda organización política es una organización humana, con sus virtudes y sus defectos. Y cuando uno hace política desde la superioridad moral, muy rápidamente se queda sin piso.

-¿No habrá también un espíritu de revancha? Me refiero a sectores que se resisten a aceptar al otro…

-Es parte de lo que estamos viendo. Y no es sólo desde la Lista del Pueblo. También lo vemos desde el lado de una derecha que perdió muchísimo poder y todavía no se da cuenta. 

-¿O se dio cuenta y lo resiste?

-…Después de tener mecanismos de veto durante mucho tiempo, debe ser difícil perderlos de un día para el otro. Pero son cuestiones de auto-afirmación que se dan al inicio. Poco a poco esas posiciones deberían ir cediendo. Ahí tienen un rol fundamental los “pivotes” de la Convención.

-¿Quiénes?

-Me refiero a quiénes intentar buscar consensos amplios en ese clima. Eso ya ha comenzado a suceder. Si miras los patrones de votación, hay grupos que han ido ganando espacio. Son posiciones más negociadoras, menos sectarias. Ahí se ve que los grupos más “resentidos”, empiezan a perder adhesión y cohesión interna. Es un proceso natural y deseable.

Pero nos guste o no, Arancibia tiene todo el derecho a estar ahí porque fue votado popularmente para ser parte de la constituyente. Entiendo que hay que evitar la re victimización de aquellas personas que puedan sentirse mal por su presencia y por su rol. Pero así como lo de Arancibia y las asignaciones, también está haciendo ruido el tema de la Lista del Pueblo.

LAS ELECCIONES COMO ESPEJO

-¿El espíritu de la Convención se está reflejando de algún modo en las elecciones presidenciales? Me refiero al tono y al acomodo de las fuerzas políticas…

-Claramente que por el lado de la derecha, Sebastián Sichel no está en la misma posición que sus constituyentes. Y ahí tiene un problema de manejo de su coalición o de viabilidad electoral.

-¿Por qué?

-Porque él tiene una coalición que en la Convención se está comportando de una manera más radical que la oferta de centro que él intenta promover o vender.

-En el mundo de la izquierda tampoco se ve unidad de propósitos ni horizonte común…

-En la izquierda hay fragmentación. Por un lado, se ve la consolidación del Frente Amplio y del colectivo socialista como el pívot de la Constituyente. Son una fuerza que está articulando y liderando la conversación. Ese mundo tiene interlocución con Independientes No Neutrales y con el resto de Unidad Constituyente. Pero a su izquierda hay un espacio muy heterogéneo entre Lista del Pueblo y el Partido Comunista. Si miramos las últimas semanas, lo que  vemos es un acercamiento entre los convencionales comunistas con este núcleo de Frente Amplio y el colectivo socialista. 

-¿La consolidación del pacto político que ya tienen?

-Claro. Es lo que acaba de pasar entre el PC y el Frente Amplio al decidir ir con una lista parlamentaria única. Por otro lado, la consulta ciudadana de este sábado 21 de agosto, también es un reflejo claro de que la Unidad Constituyente está completamente desfigurada y desmantelada en la discusión constituyente. Y ese también es un reflejo de lo poco que ha prendido su primaria y su opción presidencial. 

-Quedan pocos días para la consulta ciudadana. ¿Qué se juega la centro izquierda ese 21 de agosto, más allá de elegir su carta presidencial?

-Mi impresión es que queda poco tiempo para generar una movilización electoral que hoy ese mundo no tiene. ¿Y por qué no lo tiene? Porque representa todo lo que la gente rechaza de la vieja política. Cuando yo veo a los pro-hombres de la ex Concertación apañando las candidaturas de Yasna Provoste o Paula Narváez, me agarro la cabeza y digo: “¿¡Pero quién está pensando esa estrategia?!”. O sea, cuando la gente ve a José Miguel Insulza, Jorge Pizarro, Guido Girardi, Álvaro Elizalde, Camilo Escalona, Heraldo Muñoz poniéndose en la foto y saliendo a hacer vocerías por las candidaturas, es como que no entendieron nada. Es justamente lo que la gente no quiere ver.

EL BOTÍN DE LA CLASE MEDIA

-En la vereda del frente, ¿Sichel está representando una nueva derecha?

Sichel ha logrado renovar una derecha que no tenía chance de ganar esta elección con sus elencos tradicionales. Él se ha perfilado como un liderazgo renovador. Un estilo nuevo para la derecha. Cada vez que habla dice que es de centro, autónomo y separado de la derecha tradicional. Pero la pregunta que hay que hacerse es ¿con quiénes va a gobernar? Ése es el problema que tienen los independientes.

-Pero ser independiente también puede tener un plus…

-Sichel es un muy buen candidato y lo han manejado muy bien hasta ahora. El tema es cuán sostenible es esa estrategia y esa imagen. Los gobiernos dependen mucho de su figura presidencial, pero también dependen de los apoyos, de los ministros, de los asesores. Ahí hay un problema de credibilidad de la oferta y desajuste entre lo que dice y lo que puede ser.

Por otro lado, la consulta ciudadana de este sábado 21 de agosto, también es un reflejo claro de que la Unidad Constituyente está completamente desfigurada y desmantelada en la discusión constituyente. Y ese también es un reflejo de lo poco que ha prendido su primaria y su opción presidencial. 

Eugenio Tironi decía que la entrada en escena de Sichel marcó un cambio sociológico en lo fue la Concertación. Recogió votos de centro y, además, interpretó a un mundo de clase media…

-Algo de eso hay. Mi impresión es que en Sichel hay parte del desfonde o del poco espacio que tiene la ex Concertación para crecer. De la misma manera, creo que Gabriel Boric moviliza a una nueva generación que se metió en política. Ambas candidaturas tienen un trasfondo generacional y socioeconómico de clase media. Hablamos de esos sectores que hoy tienen miedo de perder lo que consiguieron durante muchos años. 

-¿El tema es quién interpreta mejor a esas franjas medias?

-De distinta manera, las dos candidaturas están intentando hablarle a ese público. Y no están errados. En ese electorado se juega la elección. Son sectores medios que quieren cambios, que les ha costado mucho llegar donde están, que tienen vulnerabilidades en su vida, pero también tienen temor por lo que está pasando.

– Tú análisis se enfoca en Boric y Sichel. ¿A la Unidad Constituyente no le ves posibilidad?

-La elección todavía está muy abierta y no sólo para Unidad Constituyente. Puede aparecer alguna candidatura rara que logre hacer un poco de ruido y que cambie el juego. Ahora, si Unidad Constituyente logra salir dignamente de esta consulta ciudadana y su candidato o candidata logra perfilarse bien en los próximos meses, tal vez tengan alguna chance. Por ejemplo, Yasna Provoste es una excelente candidata de segunda vuelta, pero tiene que llegar a esa papeleta. Y si llega a la segunda vuelta, puede tener chances reales de ganar la elección.

-¿Por qué sería una buena candidata de segunda vuelta si su mundo político está desgastado y tiene poco espacio para crecer?

-Básicamente, porque las segundas vueltas son de los menos malos. Provoste o sea quien sea el candidato de la Unidad Constituyente, pueden quitarle miedo a gente que está asustada.  Para un público de izquierda, una candidatura de Unidad Constituyente les asegura que no habrá otro gobierno con el sello de la derecha. Y para la derecha también puede ser bueno.

-¿Por qué?

-Porque podrían pensar: “No gobernaremos, pero por lo menos tenemos puentes tendidos con Unidad Constituyente y que no tenemos con ningún candidato más de izquierda”. En esa lógica, quien salga ganadora de la consulta, podría disputar en buen pie la segunda vuelta.

TECHOS BAJOS

-Dices que Sichel es una oferta interesante, pero el problema es con quién va a gobernar. ¿No le pasa lo mismo a Boric?

-No creo que Sichel tenga una oferta interesante. Creo es un candidato interesante en lo personal, pero no sé si tiene un producto detrás. Mi sensación de lo que pasó con Sichel es que generó entusiasmo en la derecha porque le ha podido dar viabilidad electoral a un sector que estaba muerto. Pero lo que no sé y me pregunto, es si no estarán sacando cuentas alegres respeto a cuánto más puede crecer Sichel. Aunque también es cierto que todos los candidatos tienen el problemas de tener un techo bajo.

-En la línea de las debilidades, ¿cuál es la duda que debe superar Boric?, ¿su poca experiencia y con quién va a gobernar?

-Exacto. Es el mismo problema de Sichel, pero con notas diferentes. Para decirlo de otro modo: el problema de Sichel es que sospechamos con quiénes va a gobernar y eso puede ser problemático para su candidatura. En el caso de Gabriel Boric la pregunta es con quiénes va a gobernar, lo cual también es problemático para él.

Cada vez que habla dice que es de centro, autónomo y separado de la derecha tradicional. Pero la pregunta que hay que hacerse es ¿con quiénes va a gobernar? Ése es el problema que tienen los independientes.

-Y en el caso de la ex Concertación sí se sabe con quiénes podría gobernar. ¿Dónde radica su problema: en liderazgos no prenden o es un asunto más de fondo?

-El problema de Unidad Constituyente es que Sichel le deja poco espacio para crecer en esa clase media de la que hablamos. ¿Y qué hacen ellos? En vez de competir con Sichel apostando al centro, están compitiendo hacia la izquierda. Ahí no sólo tienen menos espacio. También está el público que reacciona mal a los viejos nombres. Entonces, tienen que estar explicando todo el tiempo lo que hicieron en sus gobiernos. Entran en la autoflagelancia.  Con ese tipo de discurso no pueden crecer porque, además, es un terreno que ya ocupó Gabriel Boric y con más potencia electoral.

-Lo último: ¿Hay algún candidato que le esté hablando a ese Chile esperanzado?

-Por lo que hemos visto en trabajo en terreno, la gente está tratando de solucionar sus problemas cotidianos, lidiando con las incertidumbres. Y aunque hoy día seguimos teniendo una política que moviliza poco, el cambio fundamental, el más estructural, es que hay una activación política de nuevas generaciones que antes sólo protestaban o simplemente no estaban ni ahí. Hoy se activaron políticamente y empiezan a generar un poder electoral que no tenían. Ese es el dato más importante de este tiempo.

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