Christopher Ortega / Bboy Goma

“Entrena como un atleta, crea como un artista”: el breaking en Chile avanza hacia París 2024

La escena del breaking en Chile crece y se expande. ¿Quiénes son sus principales exponentes y de qué se trata el baile urbano que pasa de la calle a las olimpiadas de 2024? Aquí, finalistas internacionales relatan su historia y la del breaking en el país.

Las cuatro paredes de su pieza en la ciudad de Antofagasta hacían sentir atrapado a Matías Martínez, conocido como Bboy Matita en el mundo del break dance. Pero en esos tres rounds, en la final del campeonato mundial de breaking, no reflejó esa sensación en ninguno de sus movimientos: quedó en segundo lugar luego de una larga batalla internacional que incluía a 320 exponentes del baile urbano. Top 64 de América Latina, Top 64 de América del Norte, África, Asia y Europa.

“Nadie me conocía a mí. Nadie sabía quién yo era y después de esa competencia mi nombre apareció en la escena del breaking”, dice el joven de 21 años sobre el campeonato que elevó su nombre entre los bailarines de la nueva disciplina que aparecerá en los JJ.OO. en 2024

-¿Ahí aspiras?

– Sí. Sí o sí quiero representar a Chile en los JJ.OO. — dice Bboy Matita desde Bélgica.

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48 años atrás apareció el break dance en el Bronx, Nueva York. Aunque Rubén Parra, bailarín profesional hace 20 años, profesor de educación física y uno de los principales gestores de la disciplina en Chile, cuenta que este baile tiene muchas raíces.

Años antes, en África hacían movimientos parecidos en ceremonias espirituales y explica que en realidad “break dance”, es un término erróneo porque el baile se llama break o breaking.

“El breaking entró a Chile por Coquimbo. Por una persona que venía trabajando en un barco, se bajó en un puerto y comenzó a bailar”, dice Rubén sobre cómo esta cultura se fue expandiendo.

Es un baile que se puede realizar solo con un pedazo de cartón de base y muchas veces sin nada. Así comenzó bailando Bboy Matita a sus 10 años en el recreo. Sin cartón, sin música, en el piso del Liceo Lois Hart de Antofagasta.

“A veces ni siquiera poníamos música. Ni sabíamos qué música se usaba, era solo bailar. No tenía un entendimiento de lo que era el hip hop ni el breaking. Después empecé a averiguar más. Cuando ya llevaba como un año bailando y aprendiendo solo por YouTube, conocí que había toda una escena en mi ciudad, pero al principio solo probábamos cosas nuevas”, dice Matita. Cuando sus profesores lo retaban porque iba a romperse el cuello en las piruetas sobre el concreto.

Que no requiera de mucha implementación es uno de los motivos que lleva este baile a las Olimpiadas, cuenta el presidente de la Federación Nacional de Baile Deportivo, Francisco Mora.

“El breaking entró a Chile por Coquimbo. Por una persona que venía trabajando en un barco, se bajó en un puerto y comenzó a bailar”, dice Rubén sobre cómo esta cultura se fue expandiendo.

Sobre cómo se están preparando para tener éxito en esta nueva oportunidad, dice: “en la semana vamos a tener una reunión con la ministra del Deporte (Cecilia Pérez) para ver si nos pueden apoyar con infraestructura y recursos para que la gente pueda participar y prepararse. Como deporte olímpico, tenemos que ayudar para el desarrollo de la disciplina y esto vaya directamente en beneficio de los deportistas, o sea a mí no me interesa que me paguen por empleados administrativos, cuando no tengo como pagar un entrenador o la alimentación o un kinesiólogo a un deportista que nos va a representar internacionalmente”.

El plan es difundir la disciplina y motivar a niños y jóvenes a continuar con la cultura del baile urbano que cada vez se hace más conocido.

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“Mi nombre es Christopher Ortega. Me dicen Bboy Goma. Llevo aproximadamente 18 años bailando break y lo conocí en las calles de Viña. Había un vecino que bailaba y un día lo desafiaron a bailar. Me gustó tanto, que al día siguiente empecé con el break”, comienza contando Christopher (31) sobre su primer acercamiento al baile.

Bailó en semáforos, hizo clases, participó en circos, viajó a campeonatos y ahora está estudiando para ser juez de competencias de breaking. Piensa que es importante que nuevos y nuevas bailarinas conozcan parte de la historia del break. Una visión general de dónde nace, al menos. “Y lo que sí valoro mucho más es que se acuerden de su ‘foundation’, que le dicen. Las raíces de dónde aprendieron a bailar, las primeras personas que le enseñaron, dónde se juntaban…”, dice Bboy Goma, recordando a su grupo o “crew” de 15 años atrás, Primer Contacto, y las batallas épicas que se daban en las calles de la ciudad. Tan llamativas que los autos paraban y se quedaban a mirar. “Igual a las películas”, recalca.

El baile viene del Bronx, pero eso no impediría que los modismos de cada país llegaran a personalizar los conceptos. “En Chile se hablaba del ‘enredo de piernas”’, cuenta Rubén Parra. “El enredo de piernas es lo que hoy día se conoce en fundamento técnico como footwork”, que serían los pasos circulares y trucos parecidos a patadas coordinadas, justo encima del piso, horizontales, pero elevándose con una extremidad que armónicamente los mantiene a flote.

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Round tras round avanzaba Bboy Matita el 26 de abril del 2020. Con un buzo blanco, una chaqueta morada sin mangas, un gorro gris sobre su cabeza y zapatillas blancas escucha la música y hace pequeños movimientos con los hombros y la cabeza, que muestran cómo comienza a dejarse llevar. Mira a la cámara en vivo y baila desafiante antes de comenzar su última batalla contra uno de los Bboys más reconocidos del mundo, Gravity.

Así funcionan la mayoría de los campeonatos de breaking. No es una coreografía exacta que siguen los participantes. No es un show con horarios ni precisión obligada sobre los movimientos. Es una batalla entre dos oponentes. Un baile que requiere un agudo oído que vaya con el beat de la música, como de habilidades físicas que permitan hacer ese tipo de movimientos, fluidos, demandantes, exigentes, pero, sobre todo, artísticos.

Comienza con un DJ que cambia y mezcla la música. Dicen quién comienza a bailar primero y luego de tres rounds de 30 o 60 segundos cada uno, los jueces estiran un brazo y apuntan al ganador.

Así de rápido fue cuando la bailarina de breaking, Carolina González, Bgirl Lil Mami, salió campeona internacional en Francia 2019. Luego de la final de la categoría uno versus uno de las Bgirls de la Battle of the Year (uno de los principales eventos mundiales del breaking).

Se notaba emoción en sus movimientos, una puesta en escena que era mucho más que trucos en el aire o en el piso del ring profesional que había preparado para los breakers. Una panorámica que no se ve muy seguido en Chile, donde los rings más conocidos están en las pérgolas de las plazas, afuera de los malls a veces de cerámica o fuera de las estaciones de metro.

El plan es difundir la disciplina y motivar a niños y jóvenes a continuar con la cultura del baile urbano que cada vez se hace más conocido.

Es difícil entender cómo estos bailarines llegaron a convertirse en goma. Cómo sus omoplatos no quedan planos. Es cuestionable si sus columnas cervicales no se convirtieron en alambre. Y a veces parecen monitos rellenos de aire, de esos que ponían de publicidad para el pan Bimbo o en estaciones de bencina.

Solo que, en estos casos, conscientemente tienen control sobre cada división de su cuerpo, y la hacen notar.

Carolina González / Bgirl Lil Mami

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Hace años que Rubén Parra conoce la cultura del hip hop y el breaking. Es más que bailar para él, todo su trabajo está siempre relacionado a eso. Fundó un colectivo que se llama South Kinta, donde a través de distintos programas educativos enseñan, informan y difunden información del baile que lo ha movido desde los 10 años.

“Llevamos trabajando alrededor de 14 años sobre todo en espacio público, escuelas, rehabilitación terapéutica, autocuidado, capacitación a empresas, profesores, programas educativos y todo desde el concepto del hip hop como herramienta de cambio social”, dice el profesor de break.

Ve esta cultura como una herramienta de cambio social porque cree que ayuda a niños y niñas en muchos sentidos: “Desde la autoestima y la base de perder el miedo a enfrentarse a un público, hasta reconocer sus capacidades y límites físicos y psicológicos. Eso se puede ir visualizando desde los primeros años de vida, de hecho, nosotros apuntamos a que haya estimulación temprana desde todas las variables de las personas para que finalmente puedan ir a una escuela que sea pensada en ellos y no una donde el niño se tiene que ir a adaptar a la escuela. Así podríamos tener una sociedad mucho más equilibrada que finalmente es lo que busca aportar el hip hop. Poder potenciar a las personas por lo que realmente son y desde ahí generar un mundo más equilibrado”, recalca Rubén.

“Llevamos trabajando alrededor de 14 años sobre todo en espacio público, escuelas, rehabilitación terapéutica, autocuidado, capacitación a empresas, profesores, programas educativos y todo desde el concepto del hip hop como herramienta de cambio social”, dice el profesor de break.

A Bboy Matita le costó encontrar el espacio para desarrollar esas habilidades personales. Más allá de lo que practicaba en el recreo con sus amigos, YouTube fue un gran aliado. Llegaba a su casa del liceo en 2012 y se ponía a ver videos, imitar pasos, memorizar rutinas y al día siguiente se las mostraba a sus compañeros. Así practicaba todos los días, pero su estilo libre, su baile propio y movimientos originales, eran algo que al principio le costaba más soltar. Una capacidad que ha tenido que trabajar con los años y competencias de por medio.

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Al ser una cultura, el breaking siempre ha tenido esa característica, de ser un aprendizaje heredado. En los 80 en Chile se mostraba en las calles, en los cerros de Valparaíso, en las pérgolas de Antofagasta, en los metros de Santiago. Actualmente también, pero los estilos se han globalizado más por la presencia de YouTube.

Muchos bailarines y bailarinas llegan a esta disciplina imitando videos que ven. Un baile deportivo de alta intensidad que es parte de toda una cultura urbana. Rubén Parra cree que en Chile hay posibilidades de tener buena representación nacional para los JJ.OO. del 2024 y los posteriores.

En 2016 se empezó a hablar de que el break podría entrar en una línea deportiva. “Nosotros ese mismo año empezamos a hacer conversatorios y seguimos trabajando en función de que hubiera un nicho al que llegar por si aparecía. Cuando apareció en los juegos olímpicos de la juventud teníamos varias personas que podían postular”, dice Rubén. Pero, no lograron pasar al top 16 que se hizo para Argentina 2018. Ahora apuntan a los JJ.OO. de 2024.

“Y hay mucha más gente porque como son juegos olímpicos adultos, está la posibilidad de que participen más bailarines y bailarinas. Tenemos representación con gente fuera del país como Bboy Matita, que se ha ido posicionado, le ha ido super bien, ha estado en hartos campeonatos, ha sido top 32, top 16 y sigue avanzando”, cuenta Rubén.

Matías Martínez / Bboy Matita

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Para llegar al campeonato mundial organizado por Break Free de manera virtual en abril del 2020, Matita tuvo que mandar un video de un minuto que demostrara su baile y habilidades para quedar en el top 64 de América Latina.

“Veo la lista y estaba yo en el top 64 del continente. Había puras personas conocidas y yo. Así que empecé a prepararme para la batalla”, dice sobre el evento online que marcó su carrera como breaker. Nueves meses después ya estaba en Houston, Texas, preparándose con Bboy Moy, una inspiración para él en el breaking.

Matita trabajaba, aprendía más de breaking, se juntaba con bailarines experimentados, entrenaba todos los días en el gimnasio y practicaba más su freestyle en casa.

A través de una videollamada por Zoom desde Europa, donde está ahora, muestra un video de uno de sus entrenamientos. Flexiones repetitivas y movimientos rápidos que parecen levantar a una pluma. Detrás, la pared verde limón del gimnasio hace resaltar un grafiti: “Entrena como un atleta, crea como un artista”.

Muchos bailarines y bailarinas llegan a esta disciplina imitando videos que ven. Un baile deportivo de alta intensidad que es parte de toda una cultura urbana. Rubén Parra cree que en Chile hay posibilidades de tener buena representación nacional para los JJ.OO. del 2024 y los posteriores.

De eso parece tratarse el breaking, de esa mezcla entre una técnica rigurosa y atlética en conjunto con la espontaneidad, originalidad y toque artístico de cada Bboy o Bgirl. Sin el freestyle, la música y la cultura hip hop, los bailarines pasan a ser considerados gimnastas. “Pero nosotros no somos gimnastas”, enfatiza Rubén. “Somos bailarines. Y bailarines de break”. 

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Llegar a posicionarse como breaker en una disciplina que no es tan conocida aún, donde no hay tantas escuelas como en otros deportes, requiere de mucha autogestión, como enfatizan los bailarines entrevistados. Conocer a los exponentes, atreverse a salir, mantener contacto con otros bailarines y bailarinas, y por supuesto el talento personal.

“Hay mucha gente que quiere bailar y sabe bailar, son buenos. Pero se necesita mucho compromiso y disciplina. Todas las personas que son deportistas olímpicos tienen que hacer un sacrificio de por medio. Ligado a juntar plata, a levantarse temprano. Eso falta fomentar y queremos fomentarlo”, expresa Bboy Goma, quien actualmente estudia para ser jurado internacional en competencias de breaking.

Ha bailado por 15 años y aún recuerda las experiencias de viajar a Brasil, Colombia, Europa, compitiendo con su “crew”. Esa sensación de sentirse “dentro de los videos” en los que encontraba inspiración en el baile, era una emoción inexplicable, enfatiza. “Cuando uno conocía a esos bailarines que uno los veía en video, de ahí tirarse a bailar con ellos, ser parte de ese ambiente que conocías a través de una pantalla es impagable. Se siente como superación, logro, de ver que todo lo que hiciste para atrás, dio resultados. Tiene que ver con cumplimiento de metas, cumplimiento de objetivos”, dice Bboy Goma.

Cuando él bailó en Brasil en 2011, el nerviosismo de estar junto a algunas inspiraciones hizo que no demostrara su potencial. Un riesgo que pasan muchos breakers por ese mundo enorme, pero a la vez familiar de la escena del breaking. Los campeones se van conociendo y posteriormente bailando en los mismos círculos, por lo que a la hora de presentarse es importante recordar que son personas, no dioses, recalca Bboy Goma.

Matita también vivió esta experiencia, pero con pocos años en la escena del breaking, se ha atrevido a adentrarse a los círculos de mayores exponentes. Ha bailado en contra de las mejores figuras y muchos lo recuerdan por algunas batallas épicas que ha tenido con reconocidos breakers, como Bboy Victor, atleta auspiciado por Redbull con más de 65 mil seguidores en Instagram.

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El presidente de la Federación Nacional de Baile Deportivo, Francisco Mora, recalca que Chile tiene una gran oportunidad. “Tres años donde la gente se va a poder lucir o va a pasar lo contrario y no vamos a avanzar. A nosotros por lo menos nos preocupa que se abran más espacios laborales, profesionales en pos del desarrollo deportivo. Nos favorece que la gente participe, de forma equitativa, que todos tengan las mismas condiciones. El resultado se verá en razón de que mucha gente participe y participen los mejores del país. Por lo tanto, sumando esas características deberíamos tener muy buenos resultados y buenos resultados para que eso se mantenga en el tiempo. Más allá de las expectativas estamos trabajando para que eso sea una realidad. Que logremos buenas representaciones en los distintos eventos que se ven a nivel mundial, no solo a nivel sudamericano”.

Un desafío nacional pero también de cada breaker. La competencia internacional y el nivel de habilidades que exige este baile demuestra que hay muchos requisitos que cumplir para alcanzar reconocimiento. “Entrenar de manera constante, alimentarse bien, saber publicitarse sacándose fotografías y videos, saber inglés y ojalá, ojalá, tener algún coach que te esté entrenando en el baile para potenciar todas esas habilidades”, enfatiza Bboy Goma.

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Durante tres días intensos de competencia, Matita bailó en su pieza de cuatro metros cuadrados en Antofagasta para el campeonato mundial organizado por Break Free en abril del año pasado. “Nunca creí que fuera tan pequeña como era, yo solamente hacía todos mis trucos en mi pieza, mortales, no les pegaba a las paredes ni a la puerta. No pensé que sería importante, pero cuando fue esta competencia online tu veías a toda esta gente en gimnasios, estudios, espacios grandes y yo estaba en mi pieza pequeña y le empecé a ganar a puros Bboys conocidos en la escena”.

Cuando pasó a Lil G, bailarín venezolano auspiciado por Red Bull, realmente empezó a hacer ruido el nombre Matita. “Le gané a él, avancé a la semifinal y ahí dije: logré algo grande. No creía que fuera nada especial y la gente decía mira el control que tiene en su pieza y yo no lo veía como nada especial, no creía que iba a sumar puntos. Siempre era como okay voy a defender mi estilo, bailar, hacer lo que hago siempre. Eso y el hecho de hacerlo en una pieza con tan poco espacio, hizo que yo empezara a aparecer más y como te digo la competencia era larga. Fueron tres días de top 100, top 64, top 32 y así”, cuenta Matita quien llegó a la final ese domingo 26.

Tres rounds cada uno. Matita se desplaza por su pieza. En la otra pantalla, su contrincante Gravity da saltitos de calentamiento junto a su familia que lo acompaña desde el garaje de su casa, un gimnasio profesional con piso deslizable y un grafiti detrás.

Comienza Matita. “Chile represent”, dicen en inglés los animadores de la final. Reconociendo la música empieza a desplazarse, a moverse en esos cuatro metros cuadrados. Da saltos, se gira y hace sus enredos de piernas, mueve sus brazos y da un mortal rápido. Su cuerpo, horizontal al piso, gira rápidamente como una tuerca. Se tira al suelo en piquero y su único apoyo son sus manos, pero Matita sigue girando, sin chocar con nada, sin tocar ninguna pared blanca. Levanta una mano, aun parece pluma girando con el ritmo que va a merced del DJ. Da varias piruetas. A través de la cámara se ven con un poco de letargo y termina el primer round de Matita, pero no se queda quieto. Siguiendo con el ritmo pausa un poco para ver el turno de Gravity, quien baila utilizando todo su espacio, aproximadamente 10 metros cuadrados de gimnasio.

En su último round Matita gira por dos segundos solo con sus omóplatos apoyados, impulsando sus piernas hacia el cielo y luego levantándose con fuerza que parece salir desde su cabeza.

“Perdí en esa final contra Gravity”, cuenta Matita. “Pero gané más que nadie porque se fue haciendo conocido mi nombre y ahora estoy acá en Europa. En Antofagasta con la pandemia ya me sentía un poco atrapado. El campeonato me dio la oportunidad de ir después a trabajar a Houston. Se me dio la oportunidad de ir a bailar allá, de viajar y mejorar en breaking. Pero en esa competencia fue cuando yo me di a conocer”. Desde esa pieza pequeña ha podido llegar a grandes lugares. Continentes y países donde la cultura del break lleva más tiempo y una organización más avanzada. Que impulsa a más bailarines a ser parte, a representar y competir.

Y desde esa pieza el nombre Matita, que empezó como una muestra de cariño de su mamá, se quedó pegado. Desde el liceo, hasta sus competencias en Chile, al nombre que resuena entre los breakers más famosos y posiblemente uno de los nombres que lleve el breaking chileno a París en 2024.

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