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Marcela Serrano, escritora: “Yo confío en Boric porque lo conozco”

Desde la esfera cultural y política, la escritora Marcela Serrano reflexiona sobre su generación y el rol de la izquierda hoy. Ella ya tomó la opción de salirse del PS y apoyar a Gabriel Boric. “Aquí nos hacemos cargo del cambio, o sería todo. Chile ya es otro”, asegura.

Vive en el Parque Forestal. Su escritorio está orientado justo frente a unas enormes araucarias. Hoy respira la placidez del paisaje, pero durante varios meses del 2019, en pleno estallido social, por su ventana seguía el pulso de una calle encendida.

Marcela Serrano habita en la zona cero.

Escritora premiada, reconocida a nivel mundial, Serrano es una mujer de izquierda. Es parte de una generación marcada por el golpe de Estado, por los duros años de la dictadura y también por los nuevos aires que trajo la recuperación a la democracia.

Su mundo político, social y familiar siempre ha estado ligado a la izquierda. De ahí, que su mirada sobre la cultura y la contingencia -a la que no le saca el ojo de encima- tenga especial relevancia en momentos en que las izquierdas redefinen sus derroteros.

Marcela Serrano renunció hace poco al Partido Socialista. Sus ilusiones están puestas en la camada de jóvenes que configuran el Frente Amplio. A Gabriel Boric lo conoce, lo quiere y lo admira. El actual candidato presidencial fue pareja de su hija Margarita y desde entonces mantienen una estrecha relación.  

Enamorada de su soledad, Marcela Serrano cuenta que le vino de perilla el tiempo de la pandemia. “Yo seguiría viviendo así para siempre. Nací para estar en pandemia”, dice mientras enciende uno de los tantos cigarrillos que fumará durante la entrevista.

“Lo mejor es que como el mundo estaba paralizado, la soledad no estaba cuestionada. No tenía ni siquiera que inventar disculpas para no salir… “La vida social me carga. Es de una banalidad impresionante. La cuarentena me vino regio. La escritura te quita cualquier soledad. La espanta”, añade.

-Han sido años intensos: estallido, pandemia… Tú eres parte de una generación con muchas heridas. ¿Qué cosas sientes que se han puesto en juego? ¿Se te despertó algún miedo, quizás?

-… Escuchar los helicópteros sobrevolando en el cielo; ver los tanques en la calle, eso fue lo más fuerte para mí. Se me apretó el corazón. Sentí muchas vueltas casi gráficas al pasado, al miedo. Sin embargo, también he sentido esperanza. Lo que nos ha pasado es muy profundo. La Convención Constitucional, el estallido  social son los primeros pasos de un cambio mayor.

¿Y qué nos está pasando? ¿Algo parecido a una revolución?

-Sí, pero a una revolución interior. Están cambiando los parámetros de todo. Aquí está pasando algo muy interesante, verdaderamente fascinante. Estoy optimista. 

¿Cómo has ido observando la evolución política y social de tu mundo en estos años?

-Es bien interesante mirar a una generación -la mía- que va de salida, pero que sin embargo está muy viva… Estamos muy atentos y sintiendo que todavía tenemos cosas que aportar, desde distintos lados, por supuesto. Pero podemos aportar porque acarreamos una mirada rara que, por un lado, está llena de entusiasmo y por otro, llena de dolores, de recuerdos. Es una mezcla interesante para la etapa que viene.

-Pero cargan con una mirada crítica por lo que hicieron mientras fueron gobierno. ¿Tú también la tienes?

-Es una generación tan marcada por la dictadura y después por la transición. De alguna forma, se quedó instalada en un “no movamos más nada”; en una especie de bloqueo, en un miedo. Pero no les pasó a todos. Hubo una gran diferencia entre los que entendieron y vislumbraron que esto no podía seguir así  y los que los que creyeron que realmente la tarea estaba hecha…

-¿Los que pensaban que estábamos en un oasis?

-Claro. Pero hace bastante rato que se notaba que no estábamos en ningún oasis. Ya desde antes del estallido, me pasaba que cada mañana, al leer las noticias, sentía que me apuñalaban varias veces. Un día me pregunté: “¿Qué son estos puñales?” Y me di cuenta que la palabra que se me aparecía en letras de neón era: abuso, abuso, abuso. Yo estoy hablando desde una posición privilegiada. Piensa en lo que estaban sintiendo aquellos que tienen una vida muchísimo más difícil.

-¿Un abuso que te resonaba de qué manera?

-De que habíamos llegado a un punto donde el capitalismo salvaje nos había ganado. Ese capitalismo salvaje nos fue matando. Entonces, el día del estallido yo era la más contenta.

– ¿En serio?

-Te lo juro. Claro, me dieron miedo otras cosas… Yo viví el estallido aquí en la zona cero. Vi a los pacos a caballo arreando gente, vi escenas espantosas. Y mi única conclusión es que esa violencia –con la que tanto se llena la boca la derecha- también la hemos vivido todos hasta hoy…

O sea, ¿para ti el estallido era coherente con esos puñales que estabas sintiendo? ¿Se te configuró?

-Absolutamente, lo entendí en lo profundo. Entendí también que, al final, la dictadura nos ganó en varias cosas.

“Ya desde antes del estallido, me pasaba que cada mañana, al leer las noticias, sentía que me apuñalaban varias veces. Un día me pregunté: “¿Qué son estos puñales?” Y me di cuenta que la palabra que se me aparecía en letras de neón era: abuso, abuso, abuso. Yo estoy hablando desde una posición privilegiada. Piensa en lo que estaban sintiendo aquellos que tienen una vida muchísimo más difícil”

-¿Culturalmente?

-Tal cual. La dictadura nos ganó la batalla cultural. Lo colectivo desapareció. Se quebró irreversiblemente. Nos fuimos configurando como una sociedad de puros individuos.

-¿Por qué se perdió esa guerra cultural?

-La Concertación hizo que creciera el país monetariamente, pero no culturalmente. Le pusieron un cerrojo a todo lo que fuera participación. Lo sé porque una de mis hijas trabaja en eso. Va a los territorios, a las regiones, a las comunas. Aquí se ha producido un cambio muy profundo. No hay vuelta atrás. La ciudadanía sacó la voz, se han organizado. Por eso pienso que esto está recién partiendo. Mi optimismo tiene que ver con estos últimos dos años. Lo que ha pasado es como un despertar.

SER DE IZQUIERDA

-¿Te desilusionó la Concertación? Te lo pregunto porque el Frente Amplio se levantó y creció desde una impugnación a esa etapa…

-¡Que difícil! Porque estoy en los dos lados. Pero, además, porque casi no puedo hablar de la izquierda. Ya no sé ni quiénes son. ¿José Joaquín Brunner es de izquierda? Cada vez que lo leo, me espanto. Eso no puede ser izquierda. Entonces, hay cosas en las que estoy absolutamente de acuerdo con el Frente Amplio. De hecho, he votado por ellos en todas las últimas elecciones. Me salí del Partido Socialista. Sin embargo, también soy capaz de reconocer que durante los años de la Concertación se hicieron cosas valiosísimas. Por lo pronto, se pudo salir de una dictadura…

-Lo cual no es poco…

-Exacto, y eso se le olvida a la gente. Fue muy complejo armar ese proceso políticamente. Entonces, no estoy por impugnarlo todo, de ninguna manera. Sé lo difícil que fue. Lo viví al lado de alguien que estaba en primera línea en ese tiempo. Entonces, sé de lo que estoy hablando. Sin embargo, ¡por Dios que dejamos cosas por hacer!

“La dictadura nos ganó la batalla cultural. Lo colectivo desapareció. Se quebró irreversiblemente. Nos fuimos configurando como una sociedad de puros individuos”

-¿Y el Frente Amplio por qué te convoca?

-Porque son valientes. Porque no tienen esa cosa rígida y estática de que las cosas no se puede cambiar. No tienen ese temor. De repente, cuando oigo a algunos dirigentes de la ex Concertación, siento que se quedaron pegados en un “no se puede”. Pero todo se puede más de lo que creíamos. En ese sentido, el Frente Amplio ha llegado con nuevas respuestas. Vienen a renovar.

-¿Y el Frente Amplio unido al PC?

-No me interesa demasiado meterme a la política contingente…

-¿Pero cómo ves que se configura esa nueva izquierda con la vieja izquierda?

-Por un lado, el PC me parece un mundo anticuado, con una mirada internacional francamente contradictoria con cualquier espíritu de libertad. Por otro lado, alcanzo a acordarme de los tiempos de la Unidad Popular y de lo leal que es el PC cuando se pone con un proyecto.

-El tema hoy es quién puede conducir a un Chile en ebullición. ¿Podrá hacerlo esa alianza entre el FA y el PC?

-Lo primero, es que creo que no puede conducirlo nadie que no sea ese mundo de izquierda. He oído a Boric. Me hace mucho sentido cuando dice que la única forma de ingobernabilidad es que la derecha vuelva a gobernar. O aquí nos hacemos cargo del cambio, o sería todo. Chile ya es otro.

NO A LOS WINNERS

Este Chile que emerge, ¿lo reconoces?

-Cuando marcha, cuando se expresa, cuando se vuelve colectivo, sí. Pero no cuando se ponen a saquear locales, a destrozar. Eso no lo reconozco. Incluso, lo veo como un fenómeno separado.

“Casi no puedo hablar de la izquierda. Ya no sé ni quiénes son. ¿José Joaquín Brunner es de izquierda? Cada vez que lo leo, me espanto. Eso no puede ser izquierda. Entonces, hay cosas en las que estoy absolutamente de acuerdo con el Frente Amplio. De hecho, he votado por ellos en todas las últimas elecciones”

¿Pero es un país con el que te sientes reconciliada? ¿O nunca te enojaste con lo que estábamos siendo?

-O sea, cuando te digo lo de las puñaladas matinales con la prensa, era puro enojo. Y no solamente un enojo con el empresario y el abuso. También con esa cosa winners que se instaló. Me refiero al señor de La Florida que lo único que aspira es irse a vivir en San Damián. Me enoja tanto una cosa como la otra. Es la cultura la que me ha enojado todos estos años. Hoy veo esperanzada que eso se puede quebrar.

-¿Por qué?

-Porque siento que ahora podemos mirarnos las caras y reconocernos. Eso es lo colectivo. No más de esa cultura de los winners y de los loser que inventaron los gringos. Es una cosa muy feroz. Vivir pensando quién gana y quién pierde, me da horror. Y volvemos a lo mismo: el capitalismo salvaje no nos ha salido gratis. Nos ha destruido como seres humanos. Mira lo que pasó en Iquique. No me puedo imaginar en una sociedad con un “capitalismo amable”, quemando un coche a un inmigrante. No, eso no se hace en ninguna parte del mundo. ¿Por qué aquí sí?

-Dices que estás optimista, esperanzada. ¿Por qué? ¿Qué es lo que va apareciendo?

-Parto por decir que la Convención Constitucional es lo mejor que nos ha pasado. Y a pesar de que creo que la derecha nos ganó en la parte cultural, porque lo colectivo quedó muerto, yo estoy optimista  por la Convención. También por quiénes, muy probablemente, nos van a gobernar mañana. Y tercero porque no le tengo una gota de miedo a la juventud.

¿Estás apostando por Boric y esa nueva generación?

-Sí, yo me estoy jugando a eso.

-¿Por qué estás tan segura de que Boric podría liderar bien un momento tan complejo?

-A ver, ¿te contesto en la personal o en lo político?

“El capitalismo salvaje no nos ha salido gratis. Nos ha destruido como seres humanos. Mira lo que pasó en Iquique. No me puedo imaginar en una sociedad con un “capitalismo amable”, quemando un coche a un inmigrante. No, eso no se hace en ninguna parte del mundo”

En las dos dimensiones…

-Partamos porque en Boric hay una honestidad que es muy rara en los políticos. Muy rara, casi no existe. Segundo, porque Gabriel tiene una fuerza extraordinaria; una fuerza que convoca. Creo en su carisma, en su capacidad de aunar. Es bien impresionante ver cómo su proyecto ha ido creciendo, y sumando gente muy buena. En el fondo, yo confío en Boric porque lo conozco. 

Pero está el tema de la experiencia, de asegurar gobernabilidad. ¿No temes que ese pueda ser un problema para un gobierno de Boric?

-No, no tengo nada de miedo. Estoy segura que se va a apoyar bien en las sabidurías antiguas. No van a estar solos. El propio Gabriel ha dicho que hay una historia que respetar. Lo importante es que estos jóvenes vienen con una frescura que nos hace falta. Tienen una energía que nosotros ya no tenemos.

-Pero también hay mucha gente de la centro izquierda que le teme a esa energía, a la falta de experiencia.

-¡La gente es tan miedosa! ¡Por Dios qué cantidad de miedo hay a que algo cambie! No lo entiendo. Sin cambio no hay ningún crecimiento posible.

-¿Quizá es porque fueron muchos años de estabilidad?

-Bueno, pero quién dijo que la estabilidad lo era todo. La estabilidad puede ser un líquido congelante también.

-Siempre has sido feminista, ¿por qué no Yasna Provoste?

-Primero, porque es demócrata cristiana. Segundo, porque creo que a Yasna la mató el cálculo político. Si se hubiera presentado dos meses antes, todo hubiera sido distinto. Entre medio, sucedió que Elisa Loncon le quitó el ser mujer y el ser de un pueblo originario. Ella nos llenó con esta maravillosa cosmología que nos hacía tanta falta. Entonces, sucedió que el hecho de que Yasna fuera diaguita ya no era importante. Y que fuera de regiones tampoco, porque Boric le quitó esa bandera al instalar el tema mucho antes. Entonces, mi impresión es que ella calculó mal.

-¿Y cuál es el problema de que sea DC?

-Personalmente, no me gustaría tener un Presidente o Presidenta demócrata cristiano. La DC se ha portado pésimo. Y no hablo de los tiempos del golpe ni de la UP… Mira, por ejemplo, algunas de sus votaciones en el Congreso y la cantidad de veces que votan a favor de la derecha. No. Con la DC ya basta…

En la vereda del frente, ¿cómo ves el destino político de la derecha?

-El poder de la derecha ha sido eterno. Hoy se está empezando a quebrar. Cambiando la Constitución, la derecha no va a poder abusar como ha abusado de todos nosotros estos años. Por eso la Constitución es una pieza clave.

¿La derecha está viva? Sebastián Sichel no ganó por poco…

-Absolutamente. Pero va en declinación. Es más, yo creo que la campaña de Sichel se va a desfondar. No sé cómo va a llegar al final de la campaña en dos meses más.

“Gabriel tiene una fuerza extraordinaria; una fuerza que convoca. Creo en su carisma, en su capacidad de aunar. Es bien impresionante ver cómo su proyecto ha ido creciendo, y sumando gente muy buena. En el fondo, yo confío en Boric porque lo conozco”

-El punto es si consideras que la derecha está siendo competitiva. Porque pareciera que das por hecho que va a ganar el Frente Amplio.

-O la Yasna, no sé, pero la derecha no va a ganar. Está fuera de perspectiva. Yo creo que ya perdió. Perdió con este gobierno que ha sido pésimo. Es una derecha que pierde todos los días. Es obvio que la derecha tiene que existir. Es parte del juego democrático. Lo que pasa es que una cosa es que existan y que ganen la plata que ganan, pero otra cosa es que abusen de nosotros de esa manera. Yo he vivido en cuatro países distintos y créeme, en ninguno me tocó ver una derecha así de ávida, de voraz.

-¿En qué sentido?

-Se juegan en la inmediatez; necesitan ganancias inmediatas. No hay proyecto a largo plazo. Hay algo insaciable en esta derecha chilena. Es un fenómeno muy raro el nuestro…


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