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Jorge Arrate: “No todos los socialistas van a apoyar a Provoste”

Convencido de que se debe impulsar una “refundación del socialismo chileno”, Jorge Arrate plantea que el PS ya no representa su vocación de izquierda. “La cúpula dirigente entregó la oreja a una visión claramente socialdemócrata”, afirma.

Fue un largo proceso de desafección. Hace 12 años que abandonó una larga militancia en las filas socialistas. No era sólo el universo de su pertenencia política. Era también un eje ordenador en su biografía.

Abogado, economista, escritor, ex ministro de Salvador Allende, Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Jorge Arrate es una figura insigne de la izquierda chilena y un actor clave en lo que se llamó el proceso de renovación socialista.

De ahí que su análisis cobre especial importancia en momentos en que el PS está masticando la dura derrota de su candidata presidencial, Paula Narváez, en la Consulta Ciudadana del pacto Unidad Constituyente.  

El foco está más puesto en la dirigencia del partido que en ella. Ya hay críticas veladas y la interrogante sobre cuál será el rol del PS en el actual mapa político. No son pocos los que señalan que ha perdido su rol articulador.

Aquí, Arrate da una mirada histórica a la crisis actual del PS y hace un llamado a la refundación del socialismo chileno.

-Hay una gran fragmentación en la izquierda. ¿Cómo lo está viendo? ¿Qué rol juega el PS en esta reconfiguración?

-Es cierto que está fragmentada, pero yo diría que la izquierda está en reconstrucción. Soy bastante optimista. Creo que será un proceso relativamente pausado, pero que va a ir dando resultados a cada paso. Eso es lo que se está expresando hoy día.

-¿En qué?

-Bueno, en el hecho de que finalmente tenemos una candidatura única de la izquierda. Me refiero a una candidatura que parte de un acuerdo entre la vieja vertiente comunista y una vertiente representada en Frente Amplio, que para mí tiene un fuerte contenido socialista. En ese sentido, soy optimista. Creo que vamos por un buen camino, buscando superar lo que fue una fragmentación mayor en los últimos años.

-Pero han entrado otros actores a ese territorio. Por ejemplo, la Lista del Pueblo que aparece tomando distancia de la izquierda…

-La emergencia de la Lista del Pueblo en la elección de constituyentes fue un acontecimiento que fortaleció a la izquierda. Más allá de que ellos sean muy críticos de otros sectores de la izquierda, lo que emergió ahí es básicamente una voz que yo califico de izquierda.

Es un hecho nuevo muy importante para una mirada futura.

-¿Y dónde ubica al PS en ese mapa?

-Bueno, no sé mucho del Partido Socialista, porque hace ya 12 años que me fui. No pertenezco a ningún partido, pero sí a un espacio que se llama “Plataforma Socialista”. Creo que desde ahí podemos hacer un gran llamado para refundar el socialismo chileno.

-Pero el socialismo tiene un domicilio político, un partido. ¿Desde ahí haría la refundación?

-Desgraciadamente, hoy día el socialismo no está representado en el PS oficial. Me refiero al que está inscrito en el Servel.

La emergencia de la Lista del Pueblo en la elección de constituyentes fue un acontecimiento que fortaleció a la izquierda. Más allá de que ellos sean muy críticos de otros sectores de la izquierda, lo que emergió ahí es básicamente una voz que yo califico de izquierda.

-¿Por qué? ¿Qué dejó de representar el PS?

-… Es un fenómeno más extenso de analizar, pero yo creo que el PS de hoy no representa esa vocación de izquierda que siempre fue la naturaleza del socialismo chileno

¿El PS ya no es de izquierda?

-La gran mayoría de los militantes socialistas -que hoy son como 30 o 35 mil- son de izquierda y se sienten de izquierda. Pero la cúpula dirigente entregó la oreja a una visión claramente socialdemócrata que no corresponde a la vida del Partido Socialista de Chile ni a sus grandes momentos. 

-Entonces, ¿el problema lo pone en la dirigencia socialista?

-Le insisto: no estoy hablando del pueblo socialista. Sino que de sus dirigentes políticos que han adscrito a la versión más light de la izquierda. Es la tercera vía de Tony Blair, la socialdemocracia europea que no tiene ni horizonte ni camino para una nueva sociedad. Y una fuerza socialista tiene que tener un horizonte y un derrotero. El PS del Servel no tiene ninguna de las dos cosas. 

EN PERSPECTIVA

-Esa versión light, ¿se instaló ahora, bajo la directiva liderada por Álvaro Elizalde, o es una situación que se viene arrastrando?

-Este es un proceso del que no se puede responsabilizar a personas con nombre y apellido. Cambiar una directiva, no va a resolver los problemas. Estamos hablando de una cuestión de fondo. El PS vivió en los últimos 50 ó 60 años momentos muy distintos y decisivos. Uno fue el gran momento revolucionario del gobierno de Salvador Allende. Revolucionario en el sentido de que la suma de reformas de su gobierno constituía un cambio cualitativo. Y bueno, ése fue un momento que ningún partido lo atraviesa sin rasguños.

-En esa perspectiva, ¿qué otros rasguños fueron minando al PS?

-La derrota… Ningún partido que está por la gran transformación de la sociedad atraviesa indemne por el camino de las derrotas. Eso significó para el PS una serie de fenómenos que sería largo enumerar ahora, pero que culminaron en una fragmentación y en una división profunda. No sólo entre las dos grandes corrientes -la que lideraba Carlos Altamirano y la que lideraba Clodomiro Almeyda-, sino también en otros grupos. Fue un momento de mucha erosión.

-Ahí vendría  la llamada renovación socialista de la que usted fue parte…

-Claro. Ahí surgió y se desarrolló la renovación socialista, que yo siempre denominé como un proceso de rescate y renovación. No era sólo renovación. Era recuperar la herencia socialista. Esencialmente, lo que representó y planteaba Allende. Mucho más tarde vino la recuperación de la democracia. Y tampoco nadie sale sin rasguños de una transición.

La gran mayoría de los militantes socialistas -que hoy son como 30 o 35 mil- son de izquierda y se sienten de izquierda. Pero la cúpula dirigente entregó la oreja a una visión claramente socialdemócrata que no corresponde a la vida del Partido Socialista de Chile ni a sus grandes momentos. 

-¿Por qué?

-Porque son procesos complicados. Las transiciones son negociaciones, momentos de avanzar y retroceder. Y la transición chilena fue muy compleja. No hay dudas de que el PS hizo una importante contribución, pero en ese proceso perdió el sendero.

-¿Perdió identidad? ¿O fue el costo de tener que tranzar en algunos temas?

-No tanto por eso. Yo creo, por ejemplo, que la forma en que se resolvió el problema PS-PPD a fines de los años 80 y comienzo de los años 90, fue equivocada. Se crearon dos partidos gemelos que se repartieron el espacio político y eso burocratizó. Creó una competencia insana que terminó moderando al PS al modelo del PPD, que era más light. Y después, cuando se produjo la prisión de Pinochet en Londres, ocurrió lo que para mí significó una distancia irrecuperable.

-¿No pudo perdonar que el gobierno de la Concertación trajera de vuelta a Pinochet?

-No pude entender que personeros del PS se hicieran cargo, con entusiasmo y eficacia, de que Pinochet saliera de la cárcel en Londres. Esos momentos difíciles llevaron al PS a perder su horizonte. ¿Y qué vemos ahora? Un PS sin horizonte ni derrotero.

¿Y qué representó Lagos en ese momento? Para el país era un hito que un hombre de izquierda volviera a La Moneda después de Allende.  Pero años más tarde, el PS mató al padre, como dicen varios socialistas.

-Lagos nunca fue el padre del PS, pero lo hipnotizó con su talento político, con la fortaleza de su liderazgo. Pero yo creo que el momento de la decadencia del PS se inicia con el triunfo de Ricardo Lagos en relación al tema PS-PPD. 

BACHELET/NARVÁEZ

¿Diría que, en contra partida, Michelle Bachelet vitalizó el socialismo chileno?

-Ella marca un cambio, sin ninguna duda. Y a pesar de que no fui partidario de la Nueva Mayoría, tengo un aprecio por lo que significó Bachelet. En primer lugar, por haber sido la primera mujer Presidenta de Chile. Y eso no es menor. Bachelet fue una flecha lanzada hacia arriba y que recién ahora está comenzando a producir sus frutos en el movimiento feminista. Ahí hay una contribución enorme que hicieron los socialistas a través de ella.

Las transiciones son negociaciones, momentos de avanzar y retroceder. Y la transición chilena fue muy compleja. No hay dudas de que el PS hizo una importante contribución, pero en ese proceso perdió el sendero.

-¿Y por qué Paula Narváez no logró recoger parte de esa fuerza? Era la candidata de Bachelet.

-Creo que la nominación de Paula Narváez, a través de esa carta de Michelle Bachelet, fue sobrevalorada. Los partidos tradicionales tenían que tratar de apuntar a ese 50 ó 60% de chilenas y chilenos que no votan. El resto era un territorio repartido. La carta de Bachelet no llegaba a ese 60% de personas que rechazan la política tradicional.

-Pero el PS podría haber apoyado y concitado más apoyo, ¿o no?

-Es que además de sobrevalorar ese apoyo, la nominación de Narváez se hizo contra liderazgos que ya existían en el partido. Figuraban otros candidatos presidenciales como Carlos Montes, José Miguel Insulza e incluso Álvaro Elizalde. El problema es que se lanzó una candidatura en un partido que está desmoralizado y que carece de fervor político. Por eso la reacción a su candidatura fue de indiferencia y desinterés. Narváez no se merecía eso.

-¿Qué es lo que no se merecía?

-Sacar  35 mil votos. Eso es menos que el número de militantes…

Ahora la gran pregunta es: ¿Por quién va a votar el pueblo socialista? ¿Cumplirán la palabra de apoyar a Yasna Provoste o se irán con Boric?

-Hay versiones para los dos lados. He conversado con socialistas que van a apoyar la candidatura de Gabriel Boric. Y he visto en redes sociales a varios socialistas que están confirmando su apoyo a Yasna Provoste. El solo hecho de que haya esa discusión, ya te da la respuesta. No todos los socialistas van a apoyar a Provoste.

¿Y ahí no corre la orden de partido?

-Eso va a quedar a la subjetividad de cada uno. El PS no cree en sí mismo y tampoco es capaz de obligar a los demás a que crean. Ese partido no convence ni obliga. 

-Hay un nuevo acuerdo entre el PS y la DC. ¿Sigue viva esa alianza histórica?

– Yo estuve desde los inicios del entendimiento entre el PS y la DC. Muchos de nosotros nunca abandonamos la postura de que el PC tenía que ser parte. Nuestra relación con ellos estaba fundada en razones muy fondo, pero la DC fue inflexible en esa materia. Y durante 20 años los comunistas quedaron fuera de la representación parlamentaria. Bueno, el acuerdo con la DC se hizo y, a mi juicio, estuvo bien hecho. 

-¿Y cuándo dejó de estar bien hecho?

-Hubo varios momentos en que ese acuerdo se tendría que haber revisado. Aunque para ser justos, en el 2000 hubo una revisión de este acuerdo y que fue muy trascendente, porque cambió el signo de liderazgo.

-¿Cómo así?

-Hasta ese momento, el liderazgo había sido demócrata cristiano y cambió a un liderazgo socialista, llamémoslo así, con Lagos y luego con Bachelet. Lo que pasa es que esos gobiernos estuvieron por debajo de las expectativas de lo que significaba ese cambio.

El problema es que se lanzó una candidatura en un partido que está desmoralizado y que carece de fervor político. Por eso la reacción a su candidatura fue de indiferencia y desinterés. Narváez no se merecía eso.

-¿En qué sentido? ¿No movieron el eje?

-Es que ya se había consolidado la idea de que la Concertación era el pacto PS-DC. A mí me sorprende escuchar eso. Siempre la alianza histórica fue entre socialistas y comunistas. Eso era el allendismo: una alianza política y social. Por eso siempre dije que ese acuerdo debió ser revisado. El PS no podía seguir una alianza con la Democracia Cristiana sin el conjunto de la izquierda.

Ahora el PS quiso abandonar a la DC e irse con el Frente Amplio, pero tuvo que volver…

-Ese fue un buen gesto de Paula Narváez. Y creo que mostró un signo de lo que va a pesar en la próxima elección. Muchos socialistas van a mirar la foto de esa noche en el Servel cuando su candidata fue a participar en esa primaria y dejó a la DC. Finalmente, no resultó. Pero fue un gesto indicador de lo que el PS debía haber hecho mucho tiempo antes.

O sea, ¿el gesto de Narváez de abandonar la DC podría darse en la práctica y algunos socialistas ir con Boric?

-Eso está ocurriendo. Ya hay muchos socialistas que apoyan a Gabriel Boric.

VIENTOS DE REFUNDACIÓN

-¿Diría que los vientos están soplando hacia la izquierda o la política está en configuración?

-El viento está soplando hacia la izquierda. No sé por cuánto tiempo, pero me da la impresión de que es una ventisca que va a ser persistente.

-Cuando habla de una refundación del socialismo, ¿qué quiere decir? ¿Una fusión de todas las fuerzas de izquierda?

-Cuando yo hablo de refundar el socialismo no estoy diciendo que hay que apoderarse del Partido Socialista. No es la disputa por un nombre o por un timbre. Aquí hay que abrir un gran diálogo refundacional entre todos para impulsar los contenidos clásicos de la izquierda chilena. Es convocar a una reconstrucción, a un renacimiento.

-¿Pensando en quiénes?

-El socialismo chileno es más que el Partido Socialista. Estamos hablando de un espacio cultural, político y social. Ahí es donde tenemos que iniciar un gran proceso para recuperar la tradición de lucha y de ideas. Es lo que representó Allende como conjunción de lo político y lo social. Eso era el allendismo: una gran perspectiva transformadora, un horizonte. Tenemos que tratar de recuperar eso.

Muchos socialistas van a mirar la foto de esa noche en el Servel cuando su candidata fue a participar en esa primaria y dejó a la DC. Finalmente, no resultó. Pero fue un gesto indicador de lo que el PS debía haber hecho mucho tiempo antes.

-Pero eso huele a pasado. El mundo cambió tanto. Chile ha cambiado tanto. ¿Será posible?

-Yo entiendo que el pasado no sirve para calcarlo. Hay cosas que en el mundo contemporáneo no corren, pero hablar de tener una democracia con un contenido popular y participativo, son parte del legado del socialismo chileno.

-¿Y quiénes pueden recuperar eso?

-Pueden ser los jóvenes que no pertenecieron a esos partidos o que incluso los criticaron, porque son los que gobernaron los últimos 30 años. Las nuevas generaciones pueden inspirarse ahí. Y te voy a decir más: Gabriel Boric nunca ha ocultado la relación emocional e intelectual que él tiene con la tradición socialista chilena. Lo ha dicho. Lo ha escrito. Ahí hay una veta muy importante para conectar con este patrimonio histórico.

En el fondo, plantea una confluencia del socialismo histórico con los nuevos socialismos del Frente Amplio. ¿Algo así?

– Hablo de personas, de organizaciones, de pequeños medios de comunicación, de colectivos. No estoy planteando fusiones. Estoy pensando en una fuerza que se va constituyendo por la adhesión de personas, de grupos que reconocen en esa tradición y en las nuevas fuerzas de izquierda que han emergido.

Gabriel Boric nunca ha ocultado la relación emocional e intelectual que él tiene con la tradición socialista chilena. Lo ha dicho. Lo ha escrito. Ahí hay una veta muy importante para conectar con este patrimonio histórico.

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