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8 de diciembre de 2021

Andrés Jullian, pionero de la ilustración naturalista en Chile: “Siempre he buscado más la belleza de los animales que su parte científica”

La imagen muestra un collage con distintas ilustraciones de Jullian

En conversación con The Clinic, el ilustrador repasa su trayectoria profesional, su paso por la histórica revista Expedición a Chile, sus viajes a la Antártica y su nuevo desafío personal: una serie de libros sobre pájaros. “Siento una comunicación con ellos”, dice.

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Si el trabajo de Andrés Jullian (Santiago, 1949) fuera un país, sin dudas sería Chile. Su obra, al igual que este territorio, es extensa. Abarca desde los seres vivos que viven en la profundidad del mar, hasta los pájaros en la inmensidad del cielo.

Quizás no sean muchos quienes reconozcan su nombre o su cara. Pero sin duda han visto sus ilustraciones en los libros de botánica de Adriana Hoffmann, o en los de narrativa infanto-juvenil de la Editorial Andrés Bello y, más recientemente, en la serie de libros “Hablan – El lenguaje de los pájaros”.

Algunos de los libros ilustrados por Jullian.
Portada del primer libro de la serie «Hablan».

Aunque no recuerda su primera ilustración, sabe que fue cuando era tan solo un niño. “Ha pasado un siglo. Pero me acuerdo muy bien de un día en que mi papá me regaló unas acuarelas y dibujé un barco en el mar, con el reflejo del agua”, cuenta.

Lo que sí, no hay quien borre de su cabeza los momentos de su infancia en la naturaleza. Los veranos en carpa, las colecciones de insectos que hacía con su hermano, mirar las flora y la fauna en cada lugar que visitaba.

No fue, sin embargo, hasta la década de 1970 que comenzó a dedicarse con la naturaleza de una manera, como dice, “más formal”. Estudió Arquitectura en la Universidad de Chile tras descartar -con el apoyo de su padre- la opción de Ingeniería Química, pero nunca se recibió y, objetivamente, no tenía ningunas ganas de ser arquitecto.

Empezó, entonces, a fotografiar, hasta que una oportunidad única se le presentó en 1974: la madre de una amiga trabajaba para el Instituto Antártico Chileno y le pidió que lo dejaran ir a la Antártica a cambio de fotos.

“Hice toda la expedición. Era por dos meses, enero y febrero, en barco. Fui fotografiando en la Antártica. Después cuando volví hice algunas acuarelas, pero en base a la fotografía”, recuerda. Las imágenes mostraban aquello que más le llamó la atención durante el viaje, la cercanía de la nieve con el mar. “Yo nunca había visto una relación de nieve y mar. Esa unión de colores, esa luminosidad tan especial que se da en la Antártica me llamó mucho la atención”, agrega.

Fotografía de un viaje suyo a la Antártica.

Una vez en Santiago, golpeó las puertas de la revista Expedición a Chile ofreciendo la venta del material. “Fue ahí cuando ellos me convencieron de trabajar y comencé a ilustrar la naturaleza”, relata.

No se trataba de una revista cualquiera. La Editorial Gabriel Mistral publicaba contenidos de divulgación científica y crónicas de viaje y era integrada, entre otros, por el botánico Manuel Schilling y el entomólogo Luis Peña.

En la revista, además, se hizo amigo del buzo y biólogo marino Juan Carlos Castilla (Premio Nacional de Ciencias Aplicadas 2010), quien comenzó a hacer un estudio en la Antártica e invitó a Andrés a ser parte del equipo.

“En ese tiempo, me sorprendió la cercanía que uno podía tener con los animales. En aquellos años eran muy pocas las personas que tenían acceso a la Antártica. De aquí de Chile continental solamente iba la gente que trabaja en las Fuerzas Armadas y científicos que iban por la temporada a hacer investigación…. Entonces uno se bajaba en una parte en la que había animales y como ellos no conocían al ser humano, entonces no le temían. No nos temían, no escapaban ni nada”, comenta Andrés sobre aquellos casi 10 años en los que pudo visitar la Antártica, pintar la naturaleza y bucear, y pintar mientras buceaba…

Crédito: Archivo personal

Casi 50 años después de esas expediciones, Andrés admite: “Siempre he buscado más la belleza de los animales que su parte científica”. Y lo explica: al hacerlo con ese rigor científico, siente que las ilustraciones “quedan tiesas, son como todas iguales”.

Al pensar en su trabajo, dice que lo que hace es ilustración naturalista. “Porque elijo las posiciones que destacan más la belleza de lo que estoy ilustrando, pero siempre respetando las medidas, colores, etc., que nos entrega la naturaleza”, detalla.  

Crédito: Archivo personal.
Crédito: Archivo personal

“Hermanos menores”

Andrés considera que hay algo de especial en ilustrar a la naturaleza. “Uno le da amor a los hermanos menores, como se dice, que no tienen nada de mejores, que son los animales”, comenta.

Entre los “hermanos menores” que más destaca están los pájaros. “Yo siempre sentí fascinación por ellos, pero no sé por qué, siempre que trabajé en la revista o en otras partes me tocaba la parte botánica, mamíferos, insectos, pero nunca pájaros, era una deuda pendiente”, dice.

Crédito: Archivo personal
Crédito: Archivo personal
Crédito: Archivo personal
Crédito: Archivo personal

El ilustrador sentía que los pájaros lo llamaban, que algo tenía que hacer con ellos.

Pero antes, desde su casa en Las Cruces, se sumergió en otros proyectos: en 2011 publicó el libro “Expedición al litoral central, del Rapel a Tunquén”; en 2013 una recopilación de sus ilustraciones de naturaleza; en 2015 las obras “Senderos naturales” y “ Senderos Marinos” de El Tabo y en 2016 resolvió hacer el documental “Un grano de arena”, junto a la Municipalidad de El Tabo.

El documental «Un grano de arena»

“Luego de todos esos proyectos en El Tabo, le propuse a la muni hacer un libro de pájaros de la comuna. Finalmente empecé a dibujar y a investigar, descubrí que hay más o menos 120 especies en la zona”, cuenta. A medio camino de la iniciativa, se distanció de la municipalidad y decidió seguir por cuenta propia.

“Ahí fue cuando un amigo de acá, el Lucho, me dijo que él conversaba con todos: con las piedras, con los árboles y yo caí en cuenta de que en realidad hay un lenguaje en todas las cosas de la naturaleza. Y decidí que mi serie de libros, cuya idea inicial era de un manual de terreno de aves, tenía que ser un libro de conversaciones con pájaro”, relata.

“No es que yo esté con demencia (se ríe), pero hay un modo de comunicarse con todos los seres de la naturaleza y eso es lo que hago yo y eso es lo que cuento en mis nuevos libros”, afirma, añadiendo que cada una de las obras las hace a mano -a pedido, a través de su correo [email protected]– gracias a una serie de materiales y herramientas que posee en su casa, y las envía físicamente a quienes la deseen.

Conversaciones con pájaros

En esa conexión con los pájaros, en más de una ocasión le pasaron cosas curiosas a Andrés. La última de ellas fue en agosto de este año.

Dos pájaros iguales, “extraordinarios”, a los que nunca había visto antes, llegaron al jardín de su casa. Tenían unos colores fuertes, amarillo y azul, muy distintos al de los pájaros de la zona. “Lo vi de pasada, hice unos bocetos y los subí a unos sitios de observadores de aves que hay en redes sociales y hubo una larga discusión de cuáles eran”, cuenta.

Boceto. Crédito: Archivo personal

Pocos días después, esos pájaros regresaron a su jardín a comer en un árbol frutal. Ahí Andrés logró fotografiarlos y descubrió que se trataban de Naranjeros, que en Chile solo existen en una zona muy restringida al norte de Arica.

“Era muy raro que estuvieran aquí… Empecé a ver en Internet, en los sitios de aves, y supe que había avistamientos de ese pájaro en la zona sur de Chile, por Valdivia, y los que más saben de aves se dieron cuenta de que es una especie que vive por el lado de Argentina, en la zona de Mendoza”, rememora. “Entonces esta pareja de pájaros cruzó la Cordillera y se vino a meter al jardín de mi casa, en Las Cruces. Ahí hay un lenguaje muy especial… Me hacen pensar que en parte tratan de retribuirme lo que yo estoy haciendo por ellos, ¿te fijas?”, dice, emocionado.

-¿Qué es lo que siente cuando ve un pájaro?

-Lo miro, lo respeto, lo disfruto. Aquí en mi casa tenemos un jardín que no es muy grande, pero mi señora lo tiene maravilloso. Y en la parte de atrás de mi casa hay una terraza, y ahí tengo un rincón con agua donde vienen los pájaros a bañarse, a tomar agua. Entonces los tengo muy cercanos.

La casa de Andrés Jullian. Crédito: archivo personal.

-¿Y qué permite esa cercanía?

-Me permite pararme en la terraza, mirarlos, ver sus actitudes, ver cómo lo captan a uno… Sienten que uno los está respetando, entonces no arrancan. No sé, siento una comunicación con ellos.

-¿Tiene algún pájaro favorito?

-Todos (se ríe).

-¿Alguno que le sorprenda particularmente?

-Podría ser el Chercán. Es un pajarito bien misterioso, audaz, no sé, un pájaro tan chiquitito que emite un ruido tan grande. Es súper cercano. Pero, así como el Chercán, todos tienen su gracia. Además, me encantan los colores de los pájaros chilenos.

-¿Qué tienen de especial?

-Normalmente, cuando uno piensa en los colores, piensa en los pájaros tropicales que son de colores fuertes. Y la gracia que tienen los pájaros chilenos es que tienen colores hermosos, pero hay que verlos desde cerca. Desde lejos uno los ve todos grises, pero cada pajarito que llega a tu jardín, si tú lo ves desde cerca, tiene combinaciones de colores extraordinarios.

Crédito: Archivo personal.
Crédito: Archivo personal.
Crédito: Archivo personal.
Crédito: Archivo personal.

-Me imagino que, de no haber nacido humano, le hubiese gustado ser un pájaro…

(Se ríe). No, no sé si sería tan feliz siendo un pájaro por la forma como son tratados… ¡Se tiene tan poco respeto por la naturaleza y en especial por los pájaros! No hay una preocupación por ellos, salvo cuando hay una especie en peligro de extinción. Pero yo nunca he visto que haya una ley de protección de los pájaros, por ejemplo.

-¿Le gustaría promoverla?

-No debiese ser necesario hacerlo.

Cuando piensa en qué le hace feliz de ser un ser humano, pese a todos los pesares, Andrés dice que poder observar la naturaleza. Y aunque se dedica a la ilustración desde hace casi cinco décadas, a pesar de que es conocido por eso, se niega a decir que ese es su trabajo.

“La ilustración para mí ha sido todo. Ha sido lo que me ha mantenido durante 50 años. He vivido exclusivamente de eso, nunca he trabajado. Porque para mí ilustrar no es trabajo, es una diversión, me lleva lejos…”, concluye, sin dejar claro si con ‘lejos’ se refiere al cielo, a las profundidades del océano o a su mente ilustradora.

También puedes leer: Las voces y el lenguaje de la Isla Robinson Crusoe, según la fonoaudióloga Pía Villanueva


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