La imagen muestra el rostro de Antonio Díaz-Araújo frente a un kiosco de diarios.

Agencia Uno

Columna de Antonio Díaz-Araujo: “Me enteré por la prensa”: El paradigma que hay que quebrar

Nombrar un gabinete es difícil, no es una tarea corta, hacerla en forma manual es un error. La tecnología está, lo datos también. Faltan con urgencia definiciones a usar por la nueva administración para elegir, priorizar e investigar. También es una pregunta válida el cómo se monitorea el gabinete y se evitan nuevamente las sorpresas de un titular.

“Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas”. Esta frase célebre del prestigioso matemático, filósofo y escritor británico, Bertrand Rusell viene como anillo al dedo para aplicarse a los desafíos que tiene el nuevo gobierno por delante.

Estas elecciones sumaron toda clase de ingredientes: la duda de un candidato que no juntaría las firmas; el drama de Carlos  Maldonado que se cansó de esperar en el Servel; sorpresas el día de la primaria, desfonde de candidatos y el surgimiento de dos candidaturas que en un principio sólo se veían simbólicas. Esta es la parte fácil del relato, del cual hemos sido espectadores y también protagonistas. Pero ahora se viene el escenario complejo de un aterrizaje duro, porque como dice el dicho “otra cosa es con guitarra”.

Esta campaña dejó en modo incertidumbre el cómo se elegirá el nuevo gabinete. Justamente por cómo se dieron las elecciones y la relevancia de un centro no organizado en la victoria. Porque si hay una certeza de este largo período electoral, es que nuestra sociedad ya no es capaz de tolerar ningún doble estándar. En inglés, esta búsqueda de candidatos se llama “vetting” y en muchos casos toma meses encontrar -y que estén dispuestas- las personas idóneas, en países desarrollados.

Pero hay una certeza, hemos ido de más a menos. Probablemente porque en los gobiernos de Aylwin, Frei y Lagos habían muchos postulantes para los cargos y  todos tenían méritos de sobra para ocuparlos. Eso llevó a que varios se repitieran “el plato” como lo mencionó la Presidenta Bachelet antes de nombrar a su equipo ministerial y ese, sin duda, fue un punto de inflexión. Otro lo tuvo el Presidente Piñera cuando presentó a su equipo y lo nominó el “Gobierno de los mejores”. El aterrizaje del gabinete de Bachelet II no estuvo exento de polémicas, como por ejemplo, el nombramiento de la subsecretaria de educación, cuyo marido tenia colegios subvencionados y su reemplazante, un familiar con acusaciones de violaciones de DD.HH. En varios de los gobiernos hemos tenido funcionarios sin los títulos que decían tener y/o conflictos de interés. Acá solo hablo de personas, porque si sumo el equilibrio político de los partidos, el tema se pone mucho más complejo.

Esta campaña dejó en modo incertidumbre el cómo se elegirá el nuevo gabinete. Justamente por cómo se dieron las elecciones y la relevancia de un centro no organizado en la victoria.

Los ejemplos anteriores solo buscan graficar lo difícil que es armar un gabinete. Agregaría un componente más, en el Chile pre Boric, las personas querían aparecer como candidatos a algún cargo, hoy se alejan de ellos. Eso puede ser consecuencia de que no son sólo la exposición en los medios los que los atemorizan, sino que las batallas campales en el nuevo circo romano que son las redes sociales. Basta mirar con rapidez lo ocurrido con las campañas de Karina Oliva, Franco Parisi, Catalina Parot y Rojo Edwards. Altamente cuestionadas por sus gastos electorales, demandas y condenas. Si lo que antes sólo lo descubrían los medios, hoy está al alcance de cualquier solicitud de transparencia e investigación particular. Los partidos políticos tradicionales no estaban acostumbrados a un escrutinio en vivo, pero hoy ese  desafío es 24/7.

En varios de los gobiernos hemos tenido funcionarios sin los títulos que decían tener y/o conflictos de interés. Acá solo hablo de personas, porque si sumo el equilibrio político de los partidos, el tema se pone mucho más complejo.

Donde para algunos pueden surgir certezas y para otros dudas, es en el  proceso y los requisitos que deberían cumplir los candidatos para ser nominados. El Presidente electo se autoimpuso una fecha, lo que parece razonable para ir generando confianzas, pero ¿es compatible el tiempo país y el cambio de paradigma que esta generación quiere quebrar? El episodio de Rojas Vade, muestra que no basta solo con mirar el envoltorio de candidatos o miembros del poder ejecutivo. El quebrar el patrón de “me enteré por la prensa” es evolución necesaria, sea cual sea la presión por generar confianzas.

Tenemos la Ley 20.393 que cubre la responsabilidad civil para empresas y un conjunto de normativas de probidad, pero ¿basta con una declaración de intereses?, ¿es  suficiente? Por ejemplo,  hoy para ser Presidente no es un impedimento tener una condena por no pago de pensión de alimentos.

Nombrar un gabinete es difícil, no es una tarea corta, hacerla en forma manual es un error. La tecnología está, lo datos también. Faltan con urgencia definiciones a usar por la nueva administración para elegir, priorizar e investigar. También es una pregunta válida el cómo se monitorea el gabinete y se evitan nuevamente las sorpresas de un titular.

El Presidente electo se autoimpuso una fecha, lo que parece razonable para ir generando confianzas, pero ¿es compatible el tiempo país y el cambio de paradigma que esta generación quiere quebrar?

Desafortunadamente cuando uno quiere cambiar moldes, pasará siempre un mal rato. La oportunidad, es subir el estándar de nombramientos, el perfil ético de conflictos de interés y antes de designar, filtrar con un método de investigación a todo candidato, venga del mundo público o privado.

*Antonio Díaz-Araujo es gerente general Unholster y fundador de DecideChile.

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