Dani Ride sobre su nuevo disco y contra la Iglesia: “Aquí en este infierno encontré mi propio paraíso”

"Tengo consciencia hoy de que mi vida se trató por mucho tiempo de fingir", dice el artista a The Clinic. A menos de un mes de su concierto en el Teatro Coliseo, el próximo 28 de enero, Dani Ride cuenta sobre su nuevo disco, "Drama pop", su relación actual con la Iglesia Evangélica, cómo supo que es intersexual y de sus batallas diarias. "No les doy el permiso de aminorarme", advierte.

Quizás sea solo una coincidencia, pero el número tres, poco a poco, ha ido adquiriendo una carga especial para Dani Ride (32). Tres es el número de entidades divinas (Padre, Hijo y Espíritu Santo) que le inculcaron de niño en la Iglesia Evangélica, de la cual hoy busca alejarse. Tres es la cifra de la cantidad de álbumes que lleva en su carrera musical. Y a los tres años, descubrió en junio pasado, sus padres le asignaron el género masculino.

Tras mucho tiempo preguntándose sobre sí mismo, Dani Ride encontró este 2021 una respuesta: es intersexual. Es decir, nació con órganos tanto femeninos como masculinos. A veces, cuando un bebé nace así, los doctores les hacen cirugías para que su cuerpo coincida con las ideas binarias que se tienen de lo que es ser mujer o hombre. Fue el caso del cantante.

“Mis padres me dijeron la verdad. Me dijeron que pasé por esa operación, que por eso tengo un tajo, una cicatriz bastante grande, y fue duro en parte, porque fue como ‘uff, se me mintió mucho tiempo’”, cuenta Dani Ride. “Pero luego ellos me dijeron: ‘naciste en Antofagasta en 1989, terminando la dictadura, nosotros no entendíamos mucho cuando tuvimos a nuestro primer hijo, nosotros pensamos que íbamos a tener un hijo varón hasta que nos dicen que no había una parte de tu genitalidad y que después se descubre que tenías dos ovarios, entonces para nosotros fue muy complejo entender esta situación e intentamos hacer lo mejor posible y te asignamos el género a los tres años’”, detalla.

“No te voy a mentir, los primeros cinco segundos, cuando mis papás me confirman esto, pensé ‘ay, los detesto, cómo pudieron hacerme esto’, pero después dije: ellos intentaron hacer lo mejor posible también por mí”, afirma el cantante. Se puso entonces a imaginar: si ya fue difícil vivir en la sociedad chilena noventera que lo veía como un hombre, quizás hubiese sido mucho más complejo vivir en una en la que sus compañeros de colegio, que a menudo le hacían bullying, supieran que era intersexual.  

“Entonces, pese a todo, fue súper liberador, porque yo necesitaba tener esta información para poder seguir desarrollándome y sanar ciertas heridas. Y de eso se trata ahora ‘Drama Pop’”, cuenta a The Clinic refiriéndose a su nuevo disco. “Se trata de mi experiencia siendo una persona LGBTIQ+ y del espectro no binario y la intersexualidad y todas estas cosas que ahora se están empezando a estudiar y que me alegra mucho que se estén hablando y que la gente se esté educando al respecto”.

Ese tercer disco de su carrera, que ya está disponible en las principales plataformas digitales, cuenta con colaboraciones con Mariel Mariel, Rebeca Black, Daniela Calvario, un track compuesto junto a Francisca Valenzuela y una reversión del clásico de Nicole “Tal Vez Me Estoy Enamorando”.

Inspirado en los sonidos de los años 1980 y también en artista de la década de los 2000, el disco será lanzado oficialmente en un concierto de Dani Ride el próximo 28 de enero en el Teatro Coliseo.

Es algo que no sale de su cabeza. El cantante dice que está todos los días pensando en esa presentación -la que considera una de las más importantes de su trayectoria musical hasta ahora. “Siempre se me ocurre una nueva idea, que qué cosa puedo poner en el escenario, que qué cosa puedo decir entre medio de cada canción, que cómo puedo tener contacto con mis seguidores”, afirma. “Quiero representarles y siento esa responsabilidad, la tomo con mucho amor y quiero que sientan esa conexión conmigo. Finalmente, estoy buscando una forma coherente de contarles una historia”, probablemente la más importante para Dani Ride: la de su vida.

-El disco pareciera avanzar desde el amor por uno mismo hacia el amor a otro…

-¡Sí! El disco nace bajo el concepto de mi recorrido en la vida. De conocerme primero, de tener esta primera impresión mía cuando era chiquitito hasta mi época adulta y qué camino he recorrido en eso. Y claro, justamente es como tú lo dices: primero parte con el tema del amor propio y luego como con el amor y el desamor y todas estas cosas que uno va comprendiendo en su vida sentimental amorosa y luego al final termina con el tema del amor propio. Esto tiene que ver netamente porque ese fue el camino que yo hice. Quise ser lo más coherente posible respecto a mostrar partes de mi historia.

-La primera canción dice: “El rosado no es de niños/Me decían les mayores a los cinco/La pelota, y no el osito/No lo juzguen solo es educadito…” ¿Cómo fue para ti hacerla?

Uff. “Drama pop” es una canción que habla de mi infancia, de las dudas que yo tenía sobre mi cuerpo y sobre mi expresión. Ahí en una parte digo “tu secreto ya se ha abierto, muestra amor con tu instrumento”. Y el secreto es que yo nací intersexual… Y fue muy duro saberlo hace poco, pero a la vez siempre haberlo sabido, sin que nadie me lo dijera. Haber entendido que yo siempre pertenecí a este espectro -incluso físico-, que no calzaba ni con las mujeres ni con los hombres, o sea, no calzaba en esta binariedad.

-Me llama la atención el título de la canción y del disco, “Drama pop”. En especial en una sociedad en la que, si uno reivindica algo, dicen “estás siendo dramática”. Pero que, a la vez, es un término utilizado por muchos en la comunidad LGBTIQ+…

Sí (se ríe). Lo que pasa es que cuando yo era chiquitite siempre se me ponía encima ese adjetivo. Era un niño dramático, y dramático en todos los aspectos. Me decían “teatrero”. Yo siempre fui exagerade, siempre fui una persona sumamente exagerada, con expresiones súper amplias de mí, de mis emociones, de mis sentimientos. Nunca tuve vergüenza tampoco de mostrarlo, pese al bullying que se fue desarrollando en mi contra y que yo reprimí más que nada para mi interior, pero no para mi exterior. Siempre me mantuve como una persona sumamente dramática. Y me gustó apropiarme de ese adjetivo que muchas veces se ocupó de esa manera, como la que dices tú, de manera negativa.

-Pero no deja de ser duro que digan que, por ser como eres, eres dramático.

-Claro. Siempre me decían “qué teatrero”; “ya anda llorando de nuevo”. Y yo no le decía a mi familia que en el colegio me hacían un bullying horrible porque ya tenía muchos problemas en la familia y no quería acrecentarlos. Pero de repente me ponía a llorar o había cosas que me ponían más sensible porque en verdad viví una infancia dura, con maltrato intrafamiliar, y bullying en el colegio y mi otro mundo… Yo tenía tres mundos: la casa, el colegio y la Iglesia, y en la Iglesia me hacían sentir culpable por ser quien era, entonces era muy difícil recibir tantos dardos siendo un niño de cinco años.

En este punto de la conversación, Dani está visiblemente emocionado. Llora, pide disculpas, y explica: “perdón por emocionarme, es que esto… El disco es muy personal. Y tomo este concepto del drama también porque estos últimos años me habían dicho lo mismo de nuevo, pero de una manera extraña: era como ‘mira, Dani lo que está de moda vocalmente no es esto, lo tuyo está muy dramático y cantas increíble, pero está demasiado dramático’.

Siempre me mantuve como una persona sumamente dramática.

-Te volvieron a imponer cosas.

-Sí. Y yo no quería hacer reggaetón, ni hacer bachata, estilos que puse en mi disco anterior… No me gusta ese disco porque siento que es una mezcla de cosas que no entiendo. Entonces ahora yo dije: yo no quiero ser un producto, si yo nunca le he hecho caso a la norma. De alguna u otra forma siempre me costó hacerle caso en un 100%, incluso dentro de la Iglesia yo escapaba mucho de la norma. Y me cansé de nuevo, me cansé de perderme.

-Pero, como dicen, a veces uno tiene que perderse para encontrarse.

-¡Exacto! Bueno, por eso mi segundo disco se llamó “Tardé en encontrarme”, porque necesitaba encontrar mi identidad. Y dije: no, listo, al tercer disco voy a mostrarme tal y como soy. Y me apodero del concepto drama y del pop, que a mí siempre me molestaron por gustar, como Cristina Aguilera, Supernova y las Spice Girls. Durante un tiempo yo intenté reprimir esto también y ahora yo dije: “no, yo amo el pop, soy una persona súper dramática, mi voz es dramática, mi interpretación es dramática, no estoy dispueste a seguir ocultando quien soy realmente porque mi público merece que yo les muestre quien soy, pero, antes que todo, yo merezco respetarme, amarme, quererme tal y como soy sin importarme lo que diga el resto de mí o que lo que el resto quiere de mí”.

-¿Esto se asocia también con tu imagen? Veo que tienes justamente el pelo rosado y la primera canción dice que el rosado “no es de niños”.

-Sí, Drama Pop fue el nombre que le di al disco y a la imagen que yo cuando tenía cinco años soñaba tener. Yo soñaba con ser una persona con pelo rosado, con muchos brillos y con unas hombreras eternas, muy Loco mía, Juan Gabriel, Miguel Bosé, soñaba con Rafael de España… Entonces le di a mi Dani de cinco años el drama pop: esta entidad de pelo rosado, con hombreras gigantes, lentejuelas, brillos y miles de anillos y accesorios. Eso fue un regalo en verdad, fue en un regalo a mis Danis pasades.

-Pareciera ser un regalo y un desahogo… Pienso en Infernodaga, la tercera canción del disco. ¿Cómo fue el proceso de esta en particular?

Fue súper duro. La canción yo la describo siempre como un poema bailable, en la que colaboré con mi amada y querida Mariel, una cantautora maravillosa chilena y feminista. Yo dije: “quiero decir lo que viví, cómo lo viví, solo que necesito que esté un poquito camuflado”. Y lo camuflé bastante.

-¿Por ejemplo?

-En una parte digo: “no llores por mí, flor de lirio”. Mi madre se llama Susana y es un nombre egipcio que significaba flor de loto, pero luego los hebreos lo adaptaron y el significado se transformó en flor de lirio. Entonces, cuando digo eso, estoy diciendo “no llores por mí, Susana”. Hay otra parte en la que digo: “tú sabes que no lo he elegido y que tu ley me hace un criminal”, y con la ley me refiero a mi padre y a la religión… Y es súper fuerte para mí escuchar esa canción porque, en el fondo, le estoy diciendo a mi Iglesia, a la que me crie: “Oye, ustedes me enseñaron que el camino hacia el paraíso era algo hermoso y que era algo de verdad muy sanador, cuando yo siento todo lo contrario, yo siento que cada vez me hundo más en el infierno con lo que ustedes me están enseñando y con lo que me enseñan a pensar de mi”. Entonces, con esta canción, con la música y el disco, yo quería decir que aquí en este infierno encontré mi propio paraíso, porque ya ese paraíso que me ofrecía sabía asqueroso, y me sabía al inferno.

Drama Pop fue el nombre que le di al disco y a la imagen que yo cuando tenía cinco años soñaba tener.

-¿Crees en algo actualmente, después de esa relación tan íntima y particular con la Iglesia?

-Mmm, yo tengo una vida espiritual desarrollada, sí. Yo sí creo que hay alguna fuerza creadora, pero yo creo que esa fuerza creadora habita dentro de mí, dentro de ti, dentro de todas las personas y que todas las personas somo parte de esa fuerza creadora. Entonces me veo a mí como un ser divine. Te veo a ti como una ser divina, veo a una persona que no conozco como esta fuerza creadora también y la respeto porque es parte de mí también. Esa es mi creencia actual. Y ahora también estoy haciendo el trámite de apostasía con la Iglesia Evangélica.

-¿Lo viste necesario?

-Sí, quiere salir de los registros de la Iglesia Evangélica porque yo no pertenezco a ella, no creo en absoluto. De hecho, me declaro enemigo de la Iglesia cristiana y enemigo de las instituciones religiosas. Y sé que suena fuerte, pero creo que las bases que tienen son bien enfermizas para las personas. Ahora, eso no quiere decir que yo esté en contra de Jesús, de su Dios, no tiene que ver con eso.

-Entiendo que al menos tu familia sigue bastante involucrada con la Iglesia Evangélica. ¿Cómo fue para ellos, o para tus amigos, escuchar una canción como esta?

Bueno, sí es fuerte y, de hecho, hubo quienes me funaron por la canción. Y, claro, mis padres y mis cercanes siguen en la religión, pero la verdad es que mi papá encontró que era increíble la canción y el video clip y dijo: “me encanta que estés criticando a la Iglesia, porque la iglesia tiene muchas deudas con sus feligreses y con la sociedad”. Pero también me dijo que es un video fuerte de ver, porque estoy haciendo alusión a estar crucificade, a tener una corona de espinas como la tuvo Jesucristo y también jugué con la imagen de la Virgen en referencia a las mujeres que tienen que cumplir con una imagen virginal y de lo contrario no son mujeres de bien. Jugué con estos conceptos porque me parece importante que destaquemos que la comunidad LGTBIQ+ y las mujeres han sido crucificadas y han sido violentadas de todas las formas metafórica y físicamente por estas creencias cristianas y las repercusiones que han tenido en la sociedad.

Ahora también estoy haciendo el trámite de apostasía con la Iglesia Evangélica.

-Saliendo de ese proceso, tu disco avanza hacia una lucha compartida con “Ven dímelo” y otras canciones al plantear que “pretendes ser alguien que tú no quieres ser”. ¿Cómo fue la elaboración de este y otros temas que ahondan en esta lucha compartida por las disidencias de amor libre?

Bueno, esa es una canción coquetona, bien como media sexini (se ríe). En la realidad la compuse a mí, es una canción que yo compuse mirándome al espejo. Pero claro, en “como los demás” yo digo “sin miedo de la mano a caminar, no importa el qué dirán” y eso es porque las parejas LGBTIQ+ tememos caminar de la mano en la calle, de que nos insulten, de que insulten a nuestras parejas, de que nos golpeen o que nos maten, y ese es un problema real que vivimos las parejas LGTBIQ+ y no las héteronormadas. Y eso es una lucha colectiva. Pero yo no me daba cuenta hasta que la canté en público y los resultados fueron visibles, mucho llanto, muchos mensajes de “me pasa exactamente lo mismo”, etc.

-Cuando compones, en general, ¿piensas en la comunidad?

-Sí, eso va a sonar un poco excluyente, pero en mi cabeza parto componiendo para mujeres y personas de la comunidad LGBTIQ+ porque somos comunidades que han sido discriminadas, oprimidas, y tenemos ciertas cosas en común. Por ejemplo, cuando compuse “Sentirme amante”, pensé en la importancia de disfrutar del cuerpo como une quiere disfrutarlo. Dije: “me importa una mierda: yo voy a sentirme amante de mi misme, voy a decirle a mi pareja qué es lo que me gusta sin ninguna culpa, mientras yo lo disfrute y a mí eso me guste, todo está bien”. Mientras haya responsabilidad afectiva, deseo y consentimiento, está todo cool. Y por eso yo digo “te doy mi consentimiento, honey” (se ríe). Lo digo porque creo que es súper importante que, entre tantas canciones que hoy en día están hablando de sexo, e incluso de sexo no seguro, haya una contrarrespuesta, que haya una parte de la comunidad musical que esté poniendo en sus letras temas importantes, como el consentimiento al momento de tener una relación sexual.

-Como Residente y Bad Bunny con Bellacoso, cuando dicen: “un perreo asqueroso / Bien bellacoso, pero sin acoso”.

Exacto! (Sonríe)

-Tras ese recorrido, el disco llega a su punto de inflexión con el tema “Ya no más”, en el que planteas “te besaré sin miedo, y si nos miran qué más da”. Sin embargo, luego vuelves a ti mismo, con dos canciones repetidas, pero ahora con Daniela Calvario y con Rebecca Black. ¿Por qué optas por hacer ese regreso a ti?

-Bueno, primero porque son los bonus track del disco (se ríe), pero también porque quería hacer la vuelta completa. Tengo consciencia hoy de que mi vida se trató por mucho tiempo de fingir, de darle a mis padres el hijo que querían tener, de darle a mis pares el Dani que querían ver, y no necesariamente me refiero a la mejor versión de mí. Me esforcé mucho por darle al resto un Dani que ellos amaran, pero que yo no podía amar. Pero hoy ya no permito que una persona me robe, y con robar me refiero a dinero, energía, tiempo, muchas cosas. Ya no permito tampoco que otras personas tomen decisiones sin consultármelo a mí y yo permitir que eso ocurra. Lo que está dentro de mis posibilidades no voy a permitir que pase más. Obviamente hay cosas que yo no puedo controlar, pero ya no permito, por ejemplo, que el odio me afecte de la manera en la que me ha afectado toda mi vida. Eso es lo que planteo a lo largo del disco y con los bonus track en el fondo muestro que sigo teniendo esta lucha colectiva, porque sigo en este proceso de querer amarme, sigo en este proceso de querer mirarme al espejo y decir como “puta, hay cosas de mí de las que no logro todavía enamorarme”.

Creo que es súper importante que, entre tantas canciones que hoy en día están hablando de sexo, e incluso de sexo no seguro, haya una contrarespuesta, que haya una parte de la comunidad musical que esté poniendo en sus letras temas importantes, como el consentimiento al momento de tener una relación sexual.

-No se ha ido del todo tu versión niñe…

-No… Estoy en proceso de decirme: “bueno, no me gusta tanto esto, pero aun así merezco sentirme amade por mi misme, merezco enamorarme de mi, coquetearme, merezco hacerme cariñito, merezco eso”. Y por otra parte también está la lucha colectiva, porque yo vivo en Providencia, camino por la calle y cuando hay taco te juro que no hay momento en la que alguien no me toque la bocina, que no me grite maricón, que no me silbe para molestarme. Ahora yo no permito que eso me afecte de la forma en que me afectaba. Hoy en día si alguien me hace eso, yo me doy la vuelta, saludo, le tiro un beso, tomo otra actitud porque -en el fondo-, lo que quieren es que yo me achique. Y yo no les voy a dar esa posibilidad. Tampoco es que yo celebre que me estén haciendo eso, pero sí les molesto de vuelta con el afán de indicarles “loco, no me estás provocando lo que tú quieres provocar en mí”.  No les doy el permiso de aminorarme.

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