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24 de Febrero de 2022

Tres parejas cuentan de su inminente Matrimonio Igualitario: “Somos un tipo de familia más”

La imagen muestra a tres parejas LGBT sonriendo a la cámara Archivo personal

Celebrar un proyecto colectivo, celebrar que sus hijos podrán ser reconocidos y celebrar que sean protegidos y considerados iguales ante la ley. Ese es el espíritu de las familias que están ad portas de agendar el día de su matrimonio en el Registro Civil. Advierten que es un paso, dentro de un largo camino por recorrer aún, pero que esperan sirva para avanzar en menos discriminación y más reconocimiento de derechos.

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El próximo 10 de marzo entrará en vigencia en Chile la Ley de Matrimonio Igualitario, la que permitirá que, por primera vez, puedan acceder a él parejas del mismo sexo, algo que ya ocurre en otros 24 países del mundo (cinco de ellos en América Latina).

La tramitación del proyecto fue rápida. A la interna, se ha realizado un trabajo en conjunto entre el Registro Civil, la Subsecretaría de Derechos Humanos y la Subsecretaría de Justicia para coordinar la puesta en marcha de la ley. La apertura de fechas para reserva de horas se hará unos días antes del 10 de marzo a través de la web (www.registrocivil.cl) y con su clave única. Con motivo de esto, el Registro Civil también aumentará las horas disponibles para poder responder a la demanda. 

La abogada y activista trans y feminista Constanza Valdés explica que, además, la Ley de Matrimonio igualitario viene a regular los derechos de filiación para los hijos e hijas de parejas del mismo sexo, “ya sea con vínculo matrimonial o sin vínculo matrimonial. Modifica el padre o la madre, para decir el progenitor. Esto implica que dos madres o dos padres sean legalmente reconocidos y en torno a eso permitir las personas trans que pueden ser madres trans o padres trans”.

Aquí, tres parejas con distintas realidades que podrán casarse desde el 10 de marzo, cuentan sus historias.

 “No estamos para cumplir las expectativas de nadie”

Se conocieron a través de una aplicación de citas hace poco más de nueve años. “Para nosotros ese 17 de febrero empezamos la relación”, cuenta Christian Catalán (32) cuando recuerda el día en que conoció a Esteban Castro (39) en un restaurante en Pedro de Valdivia.

Estaban en etapas distintas de sus vidas: uno regresando de un MBA en Australia y el otro terminando una práctica profesional que no lo llenaba en lo personal. Luego, ambos comenzaron a trabajar y, sin vivir juntos, ya llevaban una rutina de pareja.

“En nuestra primera navidad me hizo el mejor regalo que me han hecho hasta este momento. Me regaló una enciclopedia gigante de la tierra, un banano súper práctico y además me regaló las llaves donde él estaba viviendo. Eso me marcó para siempre. Para mí esas señales son las que me hacen estar claro dónde estoy y hacia dónde vamos”, cuenta Christian.

Sobre su vida en pareja, dicen que han tenido que tener conversaciones incómodas para poder llevar una relación sana. Que no necesariamente van a hacer todo juntos y que se dan sus espacios. “Ha sido fundamental cómo hemos ido creciendo en nueve años, Christian ha sido mi compañero en este proceso de crecer y mejorar, por plantearme las cosas, desafiarme, y empujarnos a ser un poco mejores”, dice Esteban.

Esteban y Christian

Al no tener la opción del matrimonio, era difícil para ellos ver hace diez años la posibilidad de un proyecto colectivo. “Antes del 2010 era una cuestión impensada. El análisis de la gente en ese tiempo era súper retrógrado y no había chance de dar vuelta la página. Se pensaba que un gay, lesbiana o transexual era de una manera y era difícil sacarse ese prejuicio de encima. Yo no soy el gay, soy Christian”.

Esteban también recalca la importancia de casarse en el ámbito del patrimonio: “Hay conservadores de bienes raíces que no te permiten inscribir a dos propietarios a menos que estén casados. Y así te empiezas a topar con otras situaciones que no te dejan en igualdad de condiciones. Hay cuestiones que, como proyecto de familia, te empiezan a limitar a medida que vas queriendo hacer más cosas y te das cuenta que no es posible si no estás unido de una manera legal”.

Agrega que “este respaldo jurídico lo que genera es el compromiso y la obligación que toma el Estado mediante todos sus organismos, de acogerte y protegerte a medida que vayan saliendo cosas en tu vida. Por ejemplo, si en un momento una pareja está enferma, solamente los familiares pueden visitarle… Todas esas cosas se van a tener que respetar, no van a depender de la buena voluntad de una persona”.

Para Christian, esta ley de Matrimonio Igualitario le genera “una sensación de ánimo y de que tenemos trabajar en cosas mucho más importantes. Para mí lo más importante es que no nos maten, que no nos griten, que no nos descalifiquen. Nuestra misión como personas que formamos parte de un colectivo es poder mostrar y normalizar que somos dos hombres que nos queremos casar, tenemos una vida, proyectos, que somos parte de cualquier familia. Somos un tipo más de familia”.

La ceremonia la imaginan en un día de octubre, sin mucho frío ni mucho calor, en un lugar bonito, donde puedan comer rico y sentirse cómodos con la gente que más quieren. Dejar atrás la ceremonia tradicional. “No estamos para cumplir las expectativas de nadie. Es el día de nosotros”, recalca Christian.

“Vamos a celebrar el derecho de nuestra hija de tener dos mamás”

Para Antonella Sovino (38) y Montserrat Orellana (38) su matrimonio ocurrió tres años atrás. Optaron por el Acuerdo de Unión Civil (AUC), ya que pensaron que el matrimonio igualitario no era algo que fuese a avanzar tan rápido.

“El AUC fue la opción que teníamos, ya estábamos pensando en ser mamás y ya estábamos en el proceso del tratamiento. Mucho de esto tiene que ver con seguridad, con sentirnos más contenidas, involucradas en la sociedad y darle un tono de seriedad al compromiso”, dice Antonella.

Y entonces, dicen, “tiraron la casa por la ventana”. Hicieron un evento cerca de Santiago, ambas vestidas de blanco, las llevaron sus papás mientras bajaban de una escalera. Fueron alrededor de 80 personas, nadie que no conocieran, había niños, compartieron tradiciones chilenas como el “corre el anillo” y para muchos ese fue el primer matrimonio de dos mujeres al que asistieron.

Para llegar a ese momento, primero Monsterrat le pidió matrimonio a Antonella y ella le dijo que no. Un año después ella le pidió de vuelta. “Había procesos familiares difíciles de hacer y mi sueño era que gran parte de mi familia participara de esa ceremonia”, explica Antonella.

Montserrat cuenta que cuando preparaban la celebración, la gente que coordinaba los preparativos pensaba que cada una estaba organizando su matrimonio en paralelo, cada una con su pareja. “Esto va a ayudar que esos momentos incómodos que una tuvo que pasar, dejen de pasar”, afirma Montserrat.

Antonella y Montserrat

Para ellas, esta ley además viene a normalizar cosas que no les tocó con el AUC, sobretodo en temas administrativos: “Estamos constantemente dependiendo de la voluntad del que te está atendiendo en las clínicas, el banco o el Registro Civil. Resguardarse legalmente es importante. Tener los mismos derechos como familia a cuidarnos. Hay un cierto grado de homofobia y esto sirve para nivelar un poco”.

Cuentan que les ha tocado, por ejemplo, cambiar los contratos con la aseguradora para que incluya a personas con el Acuerdo de Unión Civil. O que el banco les acepte como cónyuge a la pareja. O al momento de atender, han visto que muchos colapsan al ver a dos mujeres y no saben qué hacer, no hay capacitación en el uso del lenguaje.

Y hay otros temas de salud, como que tuvieron que demandar a la Isapre por Ley Zamudio para que costeara el tratamiento de fertilidad.

Por estos días su hija Mila está a punto de nacer. La celebración del matrimonio, esta vez, dicen, se la imaginan más comiendo completos en la azotea que vestidas de blanco de nuevo.

“Probablemente esta sea una celebración más chica, vamos a celebrar los derechos filiativos de nuestra hija, celebrarle a ella el derecho de tener dos mamás. Va a ser un matrimonio más guaguatero que otra cosa”, dice Montserrat.

“Está abriendo paso a una realidad más invisibilizada aún, la de los hombres trans”

Se conocieron por Instagram y se hicieron amigos. Conversaban y para Freddy Heckersdorf (30) lo primordial fue el respeto. “Ser trans es parte de mí, pero no me define”, afirma Daniel Carrillo (33). A los meses de comenzar la relación Daniel se fue de su hogar en Concepción a vivir a Rancagua con Freddy. Dejó su trabajo, porque quería comenzar una nueva etapa laboral también.

Se definen como personas sencillas. Les gusta ver series, jugar videojuegos. “Somos compañeros, estamos el uno para el otro, disfrutamos de poder salir, de nuestros gatos, el poder armar nuestra vida, nuestra casa, estar proyectándonos. Son cosas muy pequeñas, pero que se disfrutan, como el almorzar juntos”, cuenta Daniel.

También dice que aprender el uno del otro y de sus trabajos: “Freddy es profesor y yo aprendo de su visión en esos temas, y trato de que él también sea una ayuda para sus alumnos que sean de la comunidad”.

Al inicio tenían temor de que sus familias no los entendieran por ser trans, pero todos esos miedos que tenían se pasaron, ya que cuentan que de las dos familias los recibieron muy bien a ambos.

Daniel, dice, viene una familia conservadora, en que siempre ha creído en el matrimonio. “Lo vemos como un compromiso de pareja muy importante, es una forma de respetarse por medio del matrimonio y no por el Acuerdo de Unión Civil, que era una especie de sucedáneo, pero no reconocía el derecho a formar una vida en pareja”, relata.

Ahora, con el matrimonio igualitario, quieren casarse, pero estando atentos a cómo se va dando el tema y la recepción que tenga en el país. “Nosotros, como trans, solemos tener discriminación en el Registro Civil. Hay que ir tanteando el terreno y la nueva institucionalidad. Yo soy un activista y para mí es muy importante cómo va a funcionar y cómo se van a reconocer los derechos de las personas”, explica.

Freddy y Daniel.

Él, como abogado, cuenta que vivió discriminación dentro de su trabajo, ya que no se reconocía su identidad ni su nombre, incluso cuando ya lo había cambiado legalmente. “Es parte de lo que yo viví y de lo que voy viendo con otros chiques, situaciones que van sucediendo y pasando en distintos ámbitos”.

Uno de esos ámbitos es el de la salud, en que, asegura, viven muchísima discriminación. “Ir a un ginecólogo para un hombre trans es difícil, porque hacen discriminación en recepción. Un médico una vez mandó a decir con la secretaria que él no atendía hombres como yo. En esos casos la pareja tiene que estar dispuesta a apoyar”.

En el mejor de los escenarios, afirma Daniel, “la idea es que esto (el matrimonio) sea exactamente igual para todos. Que esto no signifique ninguna cosa distinta: es la decisión de dos personas, igual que cualquier persona. Que yo vaya al Registro Civil y se celebre, y que en el país se reconozca el mismo derecho para todos”.

Y lo principal, recalca, es el tema de los hijos. “Eso es sumamente relevante, tanto para las parejas del mismo sexo como para las parejas trans. Por fin se distingue de madre y padre, sino que se habla de progenitores. Que a los hombres trans se nos reconozca el embarazo, que tenemos los mismos derechos que las mujeres cis género. Esto está abriendo paso a que se conozca una realidad más invisibilizada aún, que es la de los hombres trans”.

También puedes leer: Lorena Olavarría, primera alcaldesa de la comunidad LGBTIQ+: “El matrimonio igualitario no es suficiente, porque todavía nos siguen matando”


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